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¡Vive la Totalidad ! - Emilio Carrillo

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Ser es lo Real; la Vida es lo Real. Estar es solamente una experiencia de lo que eres. Por tanto, céntrate en lo que eres, pon la consciencia en ser. La denominada realidad es fruto de una experiencia de ser en forma de estar. A partir de ahí, observa la realidad y observa lo que denominas tú: ambos son la forma de estar que la vida que eres adopta en esta vivencia humana. Observa la realidad y obsérvate sin pensamientos, mírala y mirate sin emociones y acéptala y acéptate sin más.

No te preguntes por qué la realidad es así y no de otra manera. Lo que eres no está aquí para hacer disquisiciones mentales, sino para vivir: ¡vivir! Simplemente, vive y saborea la experiencia...

No hay nada que cambiar. Este mundo es el marco absolutamente idóneo y perfecto para desplegar las experiencias conscienciales de ser que este plano posibilita. Hay infinitos planos donde lo que eres está. Pero aquí-ahora tienes consciencia de este. ¡Gózalo! Sin juicios, sin quejas... Ni pensando, ni sintiendo; solo siendo, solo viviendo...

¡Vive Viviendo!... Deja de gastar tu energía viajando con la mente a través del tiempo (del pasado al futuro, del futuro al pasado...) y permanece con la consciencia íntegra, total y completa en todas y cada una de tus acciones del día a día, sin excepción: cuando comas, come; cuando camines, camina; cuando hagas el amor, haz el amor; cuanto te cepilles los dientes, cepíllatelos; cuando medites, medita; cuando conduzcas, conduce... Desde la consciencia, tráete a ti mismo al aquí-ahora.

A causa del viejo hábito de viajar por el tiempo, la mente se irá una y otra vez. No te enfades con ella ni luches contra ella, y tráela conscientemente de regreso a este momento cuantas veces sea preciso. Así hasta que, sin prisas ni agobios, comiences a conectar con el aquí-ahora, a vivir realmente la vida...

No pienses, vive; no sientas, vive... Que vivir sea tu único pensamiento; que vivir sea tu única emoción; que vivir sea tu único sentimiento. Así te enamorarás de la vida y la vida se enamorará de ti, hasta que os fundáis en uno, en no-dos. Y ese Enamoramiento vital y esencial llenará de gozo cada instante, cada experiencia, cada hecho cotidiano.

Tu existencia es la vida y la vida es tu existencia. Eres la vida en su totalidad e integridad, sin excepciones: la vida que en ti bulle y palpita y sobre la que ahora permaneces alerta ("vivo, existo, soy") y la vida toda que se mueve y desenvuelve a tu alrededor y de la que eres el espacio que la hace posible. Y en esta toma de consciencia cesa todo lo que antes conjugabas como "yo", "me", "mí" "mío" o "mi"... Flotando en el río de la vida, percibes que no es que flotes en él, sino que eres el río, que eres la Vida: ¡la vida eterna!... Eres mucho más allá de lo que hasta ahora vienes considerando "tu" vida porque eres la propia vida (Unicidad) en todas sus manifestaciones y expresiones (diversidad). Eres todas las formas y modalidades de vida de la Creación y el cosmos y, a la vez, no tienes ninguna identidad concreta (ni física, ni espiritual; ni individual, ni colectiva). Eres Todo y, por lo mismo, eres Nada; eres Nada y, por lo mismo, eres Todo.

Ya no hay límites ni separación. No existe un punto, un lugar, una frontera donde termines tú y empiece todo lo demás. Ya no hay ruptura ni fragmentación alguna... La humanidad, la naturaleza, el mundo y el cosmos siguen ahí. Sin embargo, sus componentes ya no son objetos, sino que forman parte de ti: la roca ya no se sostiene en el exterior, sino dentro de ti; la flor ya no florece fuera, sino que brota en ti; los pájaros ya no vuelan en el cielo, sino en tu interior; el Sol ya no es una luz distante, sino que brilla en tu seno; las estrellas ya no son destellos en el espacio, sino que vibran en ti; el otro ya no es otro, sino que vive en ti y es tu propia vida. ¡Vives la totalidad! Ha saltado hecha añicos la barrera que te separaba de lo real. Esa barrera era la mente y ya no existe. Ella hacía que percibieras objetos a tu alrededor y a ti como sujeto distinto de ellos, pero ahora ves más allá de la mente y te percatas de que la división entre los objetos y el sujeto era solo un sueño.

Ciertamente, la roca, la flor, los pájaros, el Sol, la estrella o el otro no se evaporan. Continúan estando ahí. Sin embargo, ahora carecen de fronteras; no están limitados: la figura y el fondo se vuelven uno, sus identidades han desaparecido. Ya no son objetos y tú dejas de ser un sujeto. El observador se convierte en lo observado. Esto no significa que te hayas convertido en roca. Pero al no haber mente, no existe ninguna línea divisoria que te separe de ella; y la roca ya no tiene ningún límite que la separe de ti. Ambos os habéis encontrado y fundido. Tú sigues siendo tú, la roca sigue siendo la roca, pero existe una unión.

La visión acerca de tu existencia como sujeto se debía a la percepción que tenias de los objetos de tu entorno: tus límites existían a causa de los límites del resto de lo que te rodea; y al perder todo ello sus límites, tú pierdes los tuyos. Entonces estalla la unidad de la vida, de la existencia... Ya no está el yo. La consciencia egoica ha evolucionado hacia lo transpersonal y se ha expandido en la Unicidad. Ya no eres y aun así eres. Realmente, por primera vez existes. Eso si, como el todo; no como el individuo, el sujeto, lo limitado, lo demarcado, lo sometido. Esta es la paradoja: te pierdes a ti, pero ganas el todo. Es la paradoja implícita a la vivencia y la experiencia del Yo Soy, que es, a la vez, la del no-ser: cuando te pierdes a ti mismo, te conviertes en el mundo entero; cuando cesas de ser yo, te transformas en lo que siempre has sido: es decir, Dios.

Fuente: Emilio Carrillo, Consciencia, (Sirio, 2016)

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No ser "Nada” - Luis de Santiago

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Hoy en esta sesión Informal no vamos a hacer "Nada", vamos a ser "Nada".

Y en ese no ser "Nada" vamos a observar, vamos a darnos cuenta de cómo la mente nos va a proponer cosas constantemente, nos va a decir lo que tenemos que hacer, lo que tenemos que pensar, lo que tenemos que juzgar, lo que tenemos que opinar, lo que tenemos que cambiar, a quién tenemos que salvar... Nos dice que tenemos que movernos, que tenemos que hacer algo, que tenemos que ir aquí, que tenemos que ir allá….

Y lo hace con el único propósito de que no podamos ser "Nada", de que no podamos estar en paz, porque, en la medida que estamos en Paz, en la medida que no somos "Nada", nos damos cuenta que la mente tampoco es "Nada", que la mente no hace nada, que todas esas propuestas que nos hace no sirven para nada, que todo es un juego, y la mente no quiere que nos demos cuenta que ella es prescindible, la mente quiere que creamos que ella es importante, que hay que opinar, hay que saber, hay que entender, hay que juzgar, hay que criticar, hay que temer... todo eso no sirve de nada.

Y en la medida que seamos "Nada", lo vamos a ver claramente, por eso la mente no nos deja ser "Nada". Por eso no para de proponernos cosas, no para de proponernos opiniones, no para de proponernos cosas que hacer, no para de proponernos cosas que cambiar, no para de proponernos cosas que temer... constantemente. ¿Y qué pasa cuando no le hacemos caso? No pasa "Nada". Y ese no pasa "Nada", es la paz. Es la paz que decimos que buscamos, el que no pase "Nada".

(Largo silencio. )

Y en ese no pasar "Nada", sigue pasando todo, el viento sigue soplando, las manzanas siguen madurando en el árbol, seguimos durmiendo, seguimos despertando, seguimos haciendo el desayuno, seguimos amando a nuestros hijos, seguimos trabajando. Pero para ello no necesitamos de la mente.

 Nos damos cuenta que todo sigue igual, que eso que creíamos que era necesario para que las cosas pasaran, ese juzgar, ese empujar, ese moverse, ese hacer, ese pensar, ese opinar no hace falta.

 La mente es totalmente prescindible, no pinta "Nada". Lo único que trata constantemente es hacernos creer que es ella la que hace que todo pase, que es ella la que hace que hagamos el desayuno, que es ella la que hace que amemos a la gente que amamos, que es ella la que hace que el mundo se mueva.

Y cuando no le hacemos caso, no pasa "Nada", todo sigue igual, la mente no hace falta para "Nada".

 

Satsang con Luis de Santiago- La Coruña, 5 de agosto de 2017.

 

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Esto y aquello - por Annette Nibley

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Traducido con Amor desde...http://www.whatneverchanges.com/

 

Desecha todo lo que alguna vez aprendiste, todo lo que alguna vez se te dijo. Ahora mismo, la memoria no es necesaria para simplemente ser. Simplemente ahora, sin ninguna memoria ni experiencia ni preconcepción anterior, esto es lo que tú eres, esto lo que pensabas era necesario buscar. Ahora mismo, como tu sentido cotidiano normal de estar vivo: siempre fresco, creado de nuevo a cada momento. Conciencia, no de los objetos que existen, sino de la existencia misma.

Tan sólo conciencia de que existes. Tan sólo esto. Ordinario, sin requerir de ninguna memoria, ni mantra, ni recitación, ni práctica que llevar a cabo. Nada que retener en la mente, ninguna cosa que recordar. Ahora mismo, no recuerdes nada. Deja relajarse a la memoria. Dale un descanso. Tan sólo esto, tan sólo ahora. Ordinario. Esto es lo que tú eres.

No hay ninguna persona separada que tenga su propia realidad separada: hay sólo la realidad-una, la totalidad. ¿Cómo lo sabes? No con la mente, dado que la mente sólo aparece en ella. Lo sabes porque es lo que salta a primer término cuando la mente está quieta. Tú sabes, factualmente, que es más "tú" que lo que el cuerpo o los pensamientos son; estos últimos cambian constantemente de forma. Es lo único constante que jamás has conocido, y es exactamente la misma cosa que conociste desde que eras niño o niña. La conoces como el espacio claro y ordinario constantemente presente del conocer, en el cual todas las cosas cambiantes aparecen. Tú no puedes escapar de ese espacio. Nunca cambia y nunca muere, y tú apareces en él. Tú no eres y nunca has sido una entidad separada y autónoma viviendo una existencia arrancada o separada de él. Como eso, nada puede irte mal jamás.

¿Ves que todo es resuelto dentro de este conocer? ¿Ves cómo la verdad de quién eres resuelve todas las preguntas? Todas las preguntas se desvanecen dentro del conocimiento de que eres esta realidad eterna desplegándose. Ahora mismo, ¿alguna pregunta necesita ser resuelta? ¿Hay alguien a quien pudiera aplicarse? ¿O únicamente hay este inmutable amor, esta paz apareciendo como todas-las-cosas, ahora, ya completa?

¿Qué es lo que todo ser humano anhela? Todos anhelamos exactamente la misma cosa: no sentirnos aislados de nosotros mismos, de los otros, de la naturaleza, de la vida. Porque nos sentimos "arrancados" hay un hambre profunda de totalidad. Y así comienza.

Todos los sabios, todos los grandes libros, todos los profetas dicen la misma cosa: tú ya eres completo. Nunca abandonaste la totalidad, nunca abandonaste la fuente que te creó, nunca has sido otra cosa que la vida misma, la fuente misma. Pero el pensamiento, siendo lo que es, no puede captar esta verdad de quien tú eres. Y así, todos los pensamientos son falsos. No mires a ellos para hallar tu naturaleza verdadera. Abandona todo intento de encontrar algo útil en la mente.

Encuentra lo que estás buscando fuera de la mente. Esto es "ser-conciencia-serenidad". Es el primer principio, está presente y es obvio en todo momento, y es quien tú eres. Es todo lo que hay. No hay ninguna segunda cosa.

Aun cuando la mente gira en círculos, con sus preocupaciones, sus planes, sus intentos de mejorar las cosas, su necesidad de comprender, su deseo de dejar de girar en círculos, ¿hay algo que sea necesario en este momento? ¿Necesita la mente cesar ahora? ¿Y por qué habría de cesar? ¿Haría ello más entero o más completo a este momento presente de realidad pura y prosaica?

Esta realidad prosaica, o inteligencia-conciencia-totalidad, no tiene ningún problema con nada de lo que aparece dentro de ella, ahora mismo. No hay ningún problema. No hay nada equivocado. Cualquier cosa, todas las cosas son libres de aparecer.

El sentido de este ser quien eres está disponible para ti, ahora mismo: la tranquilidad, dentro de la cual todas las ansiedades aparecen, es obvia y está siempre presente; el amor, dentro del cual todo el antagonismo, la intolerancia y el auto-criticismo ocurren, es obvio y está siempre presente: Esas cosas ―el amor, la aceptación, la tranquilidad― nunca oscilan, nunca desaparecen, nunca varían, y nunca son oscurecidas. Tú puedes sentir esto: es tu conciencia ordinaria. No tu conciencia personal de sentir o pensar, sino la conciencia del espacio impersonal dentro del cual todo pensamiento, sensación y sentimiento ocurren.

Este espacio consciente no es afectado, en absoluto, por los pensamientos pasajeros que surgen en la mente de un "objeto" (persona), apareciendo dentro de él. Todos los objetos ―y los pensamientos surgiendo dentro de las mentes de objetos―, simplemente pasan, como lo hacen objetos y apariencias. Todos ellos aparecen momentáneamente en la pantalla que refleja perfectamente la realidad, y luego desaparecen.

Tú eres, únicamente, este perfecto reflejar. Tú eres únicamente este amor. No eres ―de ningún modo posible― algún objeto apareciendo dentro de este amor, porque todas estas apariencias son meramente momentáneos parpadeos sobre la pantalla de la realidad, destellando energía, creando imágenes sobre la pantalla, como una película... y que luego desaparecen. La persona que tú crees ser es meramente una apariencia momentánea sobre la pantalla reflejante de la realidad. Pero esta persona-objeto ha tomado consigo un sentido de su propia realidad, y ha consumido muchos años construyendo esta historia, agregando sobre ella capa tras capa. ¡Esta persona-objeto ha inventado una historia que está separada de esta realidad dentro de la cual aparece!

Ni siquiera recuerdes estas palabras. No trates de hallar en tu cerebro alguna breve frase que te ayude a salir de tu estado de temor o de confusión en curso. No rebusques en tu mente, presa del pánico, alguna perfecta sentencia que consiga apaciguarte y llevarte al lugar confortable que deseas. La mente no puede hacer eso. No puede conseguirlo con ninguna de esas frases. Esas frases sólo pueden perturbarte. Aún más.

No busques en la apariencia. Ni siquiera busques la respuesta a la pregunta "¿por qué no debería mirar en la apariencia?". Vuelve la espalda a la apariencia y descubrirás por qué. Mira todas las cosas como si fueran reflejos en un espejo, y ve cómo el espejo mismo no es afectado. El espejo sólo refleja; nunca piensa. Tú eres el espejo.

Esto es todo, o nada. Esto es totalidad. ¿Acaso no estás cansado ya de todas las palabras, de cada palabra? La totalidad de la apariencia, la totalidad de las palabras, son tan "pesadas"... Siempre hay algo que hacer; y ya estás harto de que haya algo que hacer. No tienes que creer una sola palabra. No lo necesitas. Cada pensamiento es experimentado como imperfección. Cualquier pensamiento se siente como si algo anduviera mal. Pensar siempre oscurece; nunca cura.

Tu estado natural es sin-causa. "Feliz sin ninguna razón" es tu estado natural. Si no estás experimentando este "feliz sin ninguna razón", entonces hay alguna historia resonando en tu cabeza. Ve tras esa historia. Búscala. Llévatela aparte. ¿Qué es esa historia? ¿Es real? ¿A qué se refiere? Eventualmente, toda historia será revelada como lo que es: actividad mental, fuegos neuronales en tu cerebro referidos a un "yo"-centro que no existe. Y cualquier historia arrastra tu atención fuera de la siempre presente felicidad, que es tuya a tu solo pedido. Sin la historia, la felicidad es. Y la felicidad es quien tú eres, en todo momento.

Entonces, esto es lo que ves cuando te vuelves y miras donde la palabra "yo" está señalando. Dejamos de mirar los objetos, para, finalmente, ver el espacio brillante y consciente dentro del cual los objetos aparecen. Y entonces se sabe que esto es quienes somos realmente. Este espacio: no los objetos, no el que observa los objetos, ni siquiera el que observa la brillante espaciosidad. No somos el "observador" de nada. Somos eso.

 Annette Nibley

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Fuente: Annette Nibley. What Never Changes

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La conciencia es un arte - Meg Blackburn Losey

8674205879?profile=RESIZE_710xTraducido con Amor desde...https://awaken.com

 

Se ha estudiado, supuesto, escrito, experimentado hasta la saciedad. Nunca ha habido respuestas definitivas a la pregunta, pero, sin embargo, ha habido vislumbres fugaces de posibilidades para la raza humana que tienen el potencial de cambiar toda nuestra experiencia terrenal.

La conciencia es superluminal. Es más rápida que la velocidad de la luz. Tiene un alcance ilimitado, no está ligada a los límites de nuestro cerebro, ni siquiera al tiempo o al espacio. Nuestra conciencia puede viajar fuera de nuestros cuerpos sin restricciones, alcanzando realidades infinitas para aprender, experimentar, sanar, las posibilidades son infinitas. El mayor error sobre la conciencia es que tiene algo que ver con nuestro cerebro. Nuestros cerebros son de naturaleza eléctrica, con neuronas encendidas, emocionantes vías específicas que se desarrollan en nuestros procesos cognitivos y de aprendizaje. Estos caminos son predecibles y pueden expandirse (¡o no!) Con nuestras experiencias de vida.

Nuestros cerebros se esfuerzan por crear lógica en nuestras percepciones, incluso llenando los vacíos en la información entrante para crear una historia completa para nosotros. Nuestros cerebros actúan como nuestro mecanismo de supervivencia, permitiéndonos saber cuándo estamos a salvo y cuándo no.

Además de la lógica pura que nuestros cerebros demandan y crean, nuestros egos influyen dramáticamente en nuestro pensamiento. Desafortunadamente, el ego es el mayor mentiroso del planeta. Basa todas sus deducciones en la experiencia pasada y nunca considera las posibilidades que están disponibles en el presente. Nuestros egos junto con nuestros cerebros nos mantienen atemorizados para que no salgamos de nuestras zonas de confort entendidas y predecibles.

La conciencia, por otro lado, no está limitada por ninguna experiencia terrenal excepto nuestras percepciones. A medida que deducimos nuestras experiencias en nuestra vida cotidiana, formamos historias que se convierten en nuestra realidad. Esa realidad a menudo se basa en el autoengaño o la desinformación.

Cuanto más vivimos estas ilusiones, más enredadas se vuelven las vidas y nos alejamos cada vez más de la verdad que permanece en lo profundo de nosotros. Afortunadamente, nuestra conciencia recuerda esas verdades. Nuestro acceso a una mayor conciencia a menudo se ve inhibido por el propio funcionamiento de nuestros cerebros. Cuanto más mentales seamos, más lineal será nuestro pensamiento, mayor será la activación de los nervios dentro de nuestro cerebro. A medida que aumenta la actividad eléctrica, nuestro acceso a las percepciones más sutiles de nuestra conciencia disminuye y nuestras percepciones se reducen a creencias finitas. Peor aún, perdemos nuestra naturaleza intuitiva.

La conciencia es electromagnética. Es un campo vivo de energía que anima nuestros cuerpos corporales y actúa como un flujo continuo de información tanto para nosotros como para la creación. La conciencia tiene la capacidad de visitar el pasado, el presente y el futuro de forma individual o simultánea. Puede traernos información como conocimientos completos en lugar de pensamientos lineales singulares. De hecho, nuestra conciencia es nuestra línea de vida hacia la creación.

La conciencia no es lógica. No sabe mentir. Simplemente es. Nunca duerme; de ​​hecho, cuando lo hacemos, nuestra conciencia trabaja muy duro para ayudarnos a procesar nuestra experiencia de la vida diaria en forma de sueños. A menudo, cuando estamos durmiendo y ya no somos defendidos como lo estamos en nuestros momentos de vigilia, nuestra conciencia nos lleva a lugares muy reales donde aprendemos en múltiples niveles de conciencia, recordamos experiencias pasadas e incluso vislumbramos experiencias venideras. Mientras dormimos, nuestra conciencia también nos ayuda a procesar nuestras poderosas emociones.

En nuestro tiempo de vigilia, nuestra conciencia nos ayuda con una alta conciencia, brindándonos mensajes sobre las posibles direcciones que podemos tomar, las oportunidades que tenemos y nos brinda orientación sobre todo tipo de cosas.

La pregunta es ¿estamos escuchando? Cuando nuestros pensamientos intuitivos vienen a nosotros, a menudo los descartamos como locos o no relacionados con el momento. De hecho, ¡esos pensamientos laterales son una parte mucho más consciente de nosotros que intentamos llevarnos a donde realmente queríamos ir!

La conciencia hace mucho más que simplemente guiarnos a través de nuestros días y noches. Lleva los recuerdos de todas nuestras experiencias en relación con toda la creación. A medida que nuestras experiencias se comunican a la creación, se mueven como un flujo de energía libre hacia afuera, contando a la creación sobre nuestras experiencias, nuestros pensamientos, sentimientos y emociones, nuestros deseos, necesidades y otros fragmentos ilimitados de información. A medida que la creación recibe nuestros mensajes, literalmente se reorganiza para traernos la misma realidad que hemos enviado.

No nos damos cuenta de lo poderosos que somos porque estamos demasiado ocupados creyendo en nuestro mundo externo quiénes deberíamos ser. Nos desviamos porque se nos enseña a no confiar en nosotros mismos, que somos imperfectos, carentes, lo que sea. La verdad es que nuestra conciencia nos permite actuar como co-creadores en la experiencia de la vida. Como aspectos de Dios, reflejados en forma humana, cada uno con el propósito de vivir e interactuar en cada momento lo mejor que podamos sin vacilar ni temer porque somos miembros completos y perfectos de la creación guiados divinamente por la parte de nosotros que es ilimitada, no sujeta a falsedades, desviaciones o cualquier otra cosa que pueda alejarnos del viaje que como almas hemos llegado a tener.

La conciencia es una expresión viva, desinhibida y sin cuerpo del arte infinito. Es la creación evolucionando en cada momento junto con nosotros y nuestras experiencias humanas. Puede traernos cualquier cosa y todo si tan solo podemos confiar en nosotros mismos para dejar ir, para bajar nuestras defensas diarias para que seamos accesibles a nosotros mismos. Es nuestra luz divina, mostrándonos el camino más allá de la imperfección y de regreso a la luminosidad como expresiones vivas de lo divino.

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Meg Blackburn Losey, Ph.D., es la autora de The Children of Now Evolution , que pronto se publicará , Touching the Light , The Secret History of Consciousness , Parenting the Children of Now , el best seller internacional, "The Children of Now" , “Conversaciones con los niños del ahora” , “Pirámides de luz, despertar a realidades multidimensionales” y los Mensajes en línea que se distribuyen globalmente. También es autora colaboradora de "Los misterios de 2012" y "Lo que mueve al mundo".

 

https://awaken.com/2021/02/consciousness-is-an-art/

 

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POR ENCIMA DE TODO – Dora Gil

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Podríamos creer que, por el hecho de meditar, seguir ciertas prácticas de consciencia, llevar una dieta supersana, profesar ciertas ideas espirituales, frecuentar determinados ambientes, relacionarnos con determinado tipo de personas, leer tales o cuales libros, ver hasta el hartazgo los mejores vídeos o haber realizado los cursos más avanzados siguiendo las enseñanzas de tales o cuales maestros... la paz que anhelamos está asegurada.

Nos parece imposible que después de haber "hecho" tantas cosas podamos seguir abriendo los ojos por la mañana, quizás sin haberlos cerrado del todo durante la noche, y notar que nuestra mente se apresura a engancharse en tales o cuales asuntos que resolver durante el día. Nos sorprende levantarnos agotados o temiendo la abrumadora jornada que nos espera y nos decepciona ver que seguimos mirando con desconfianza a nuestra pareja o temiendo las reacciones de nuestros amigos.

Podemos entenderlo fácilmente si miramos con honestidad donde no solemos mirar.

¿Para qué hacemos todo eso, para qué intentamos tantas cosas y desplegamos tanta búsqueda? "Para estar en paz", diríamos quizás.

Pero... esa paz que decimos querer... ¿es lo único que queremos? ¿la queremos por encima de todas las cosas? ¿o la queremos como aderezo de lo que aún nos parece prioritario: nuestra realización profesional, la aceptación de los demás, la seguridad económica, la comodidad de lo conocido, el éxito de nuestros logros, la compañía de nuestras relaciones...?

Si realmente esto sigue estando en la base de nuestros movimientos, la paz es literalmente imposible. Por una simple razón: no es lo que realmente deseamos. Lo que queremos en un alivio de la tensión producida por el esfuerzo, un descanso del agotamiento generado por tanta lucha, un bálsamo para las heridas que deja el sacrificar nuestra preciosa vida para ir en pos de objetivos que nos parecen más importantes que ella.

Lo hermoso de este viaje es que la vida es pura coherencia. Si buscas paz, la tienes al instante. Pero si no la deseas de verdad, al anteponer "otros dioses" a ella, lo que encuentras es más confusión todavía: autoengañarnos genera aún más contradicción en nuestra interioridad.

Si simplemente aceptáramos que lo que todavía deseamos no es la verdadera paz, todo sería mucho más sencillo. Desear el éxito, la aprobación, la seguridad, el poder, sentirnos especiales... no es "malo". Son preciosos momentos del camino, cargados de aprendizaje y de comprensión si los vivimos hasta el fondo sin superponerles otros ideales que aún no anhelamos de verdad.

La vida lo permite, tienen su sentido, pues al vivirlos en coherencia extraemos profunda sabiduría y desarrollamos recursos que podrán ser usados al servicio de lo que amamos de verdad, la libertad y la paz de nuestro ser. Ellas siempre están ahí, esperándonos y aceptando que las confundamos por momentos con sucedáneos de la superficie.

El autoengaño también es permitido y forma parte de nuestro despertar. No hay ni un solo milímetro de nuestra experiencia humana que sea desechable. Todo está ahí apuntando a lo que amamos de verdad y nos ama profundamente.

Pero está bien, cuando nos sentimos abrumados, detenernos y comprender el daño que nos hacemos con la falta de honestidad, sometiéndonos a una presión innecesaria.

Cuando deseamos la paz por encima de todas las cosas, ella es lo primero que aparece en nuestra consciencia al despertar, durante el sueño y más allá. Si la amamos por encima de todos los tesoros de la tierra, nos encontramos con ella sin cesar. Cuando nos enamoramos de esa dulce presencia no tenemos dificultad para dejar de lado todo lo que hemos superpuesto a su radical simplicidad. La verdadera paz es lo que somos, es nuestra vida y de la comunión con ella brota todo lo demás. Naturalmente, dejamos de invertir en tantos frentes y dedicamos nuestra energía a cultivar y saborear ese entrañable Hogar. Sabemos con total certeza, que por añadidura vendrá todo lo demás.

Pero cuando, desde nuestra confusión con un yo separado, absorbemos ciertas ideas sobre lo que es la paz y tratamos de usarlas al servicio de lo que aún privilegiamos en el mundo de forma (imagen, estatus, consuelo, seguridad, poder) el desastre está servido. Podemos meditar, hacer yoga o incluso indagar, viajar a la India y realizar todo tipo de prácticas... Y encontraremos momentos de tranquilidad, fugaces instantes de alivio, pero nada más.

Miremos lo ilusorio desde la verdad. Traer la verdad al servicio de las ilusiones nos aleja aún más de la paz.


https://www.doragil.com/post/por-encima-de-todo

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Consciencia, Conciencia y Atención

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¿Son la consciencia (consciousness), la conciencia (awareness) y la atención la misma cosa?

Primero, es importante tener en cuenta que estas no son más que palabras. Realmente no existe tal "cosa" como consciencia, conciencia o atención. Estas palabras se utilizan para señalar diferentes aspectos de la realidad viviente que no tiene fronteras ni límites reales. Y estas tres palabras son utilizadas de diferentes maneras por diferentes maestros, e incluso por la misma persona en diferentes oraciones, y esto puede generar mucha confusión. Podemos estar hablando de lo mismo usando diferentes palabras, o podemos estar viendo las cosas de manera diferente. Siempre es útil aclarar cómo se usan los términos si no es obvio, y también es importante no aferrarse a ningún uso particular o forma de expresar ideas profundas porque luego nos volvemos cerrados y rígidos e incapaces de escuchar a cualquiera que exprese las mismas ideas esenciales de manera diferente. Lo que sigue es la manera como yo uso estas palabras, pero lo que importa no son las palabras o el mapa particular que estoy presentando, sino más bien, despertar a la realidad viviente misma.

Consciencia

Diría que la consciencia (consciousness) es el factor común en todas las experiencias ― el innegable conocimiento de estar aquí ahora, la pura sensación de presencia. No necesitamos mirarnos en un espejo o leerlo en un libro o que alguien más nos lo diga, sabemos sin lugar a dudas que nosotros (como esta presencia consciente) estamos aquí.

La consciencia es también la división de la unicidad en multiplicidad aparente, la creación de formas aparentemente sustanciales de lo que en realidad es un gran vacío o energía pura sin forma. La consciencia es el mundo de la dualidad y la separación aparente, que incluye principalmente el sentido del pensamiento de sujeto y objeto, el yo y el no-yo. La consciencia es también la aparición del tiempo y el espacio en lo que en realidad es lo intemporal, sin dimensiones, sin lugar, siempre presente, absolutamente inmediato Aquí / Ahora. Sin la aparición del tiempo y el espacio, y sin la apariencia de la dualidad, nada podría percibirse ni experimentarse. La consciencia dibuja líneas divisorias alrededor de las "cosas" y reifica o congela lo que en realidad es un flujo continuo en entidades aparentemente sustanciales, separadas y persistentes: sillas, mesas, naciones, planetas, átomos, moléculas, personas, emociones, eventos históricos, situaciones de la vida, presidentes, etc. Nos cuenta historias sobre causa y efecto, éxito y fracaso, ganancia y pérdida. En resumen, la consciencia es lo que yo llamo la película de la vida despierta o la experiencia presente. Incluye el sentir, percibir, pensar, conceptualizar, recordar e imaginar. Sus creaciones no son diferentes a los sueños que se producen durante el sueño.

Conciencia

La conciencia (awareness) es más sutil que la consciencia, más sutil incluso que el espacio. En el sueño profundo, incluso la primera y más sutil sensación de estar presente desaparece junto con todo lo perceptible, concebible y experimentable. El aparente observador-pensador-autor-hacedor-experimentador también desaparece. Lo que queda no puede ser encontrado o visto como un objeto, o experimentado como una experiencia. Algunos lo llaman consciencia pura (pure consciousness), otros lo llaman consciencia sin objeto (objectless consciousness), yo lo llamo conciencia (awareness).

La conciencia es la simplicidad misma, lo que no puede reducirse más, la nada en el centro de nuestro ser, el vacío de la forma. Mientras que la consciencia divide la unicidad en aparente multiplicidad y dualidad, la conciencia es no-dual. Es unicidad, totalidad ilimitada, perfección. La conciencia no tiene principio, ni fin, ni adentro, ni afuera, ni opuesto. Es el Aquí / Ahora ―siempre presente, atemporal, inmediato, infinito y eterno― la Fuente invisible siendo y contemplándolo todo, el Sujeto Último. La conciencia es inteligencia infinita, potencial infinito. Es primordial, no nacida, eterna. Es lo que queda cuando todo el universo ya no existe. Algunos pueden llamarlo el Tao o Dios o el Sí Mismo o el Supremo o el Absoluto o simplemente "Yo". La conciencia es el "Yo" único e indiviso al que todos nos referimos.

La conciencia no está separada de la película de la vida de vigilia, pero no está enredada en la película ni atrapada en el drama. La consciencia, por otro lado, se deja fascinar e hipnotizar fácilmente por sus propias creaciones, es absorbida por sus propios dramas imaginarios, y se identifica con los personajes que ha creado, perdiéndose en las historias que está contando. La conciencia es lo que contempla el juego de la consciencia sin ser atrapado por ella. La conciencia ve los pensamientos como pensamientos, ve el drama y lo reconoce como una obra ilusoria. La conciencia es la luz detrás de la atención que ilumina y disuelve todos los problemas e identidades imaginarios. La conciencia es aquello que es consciente de sentir, consciente de percibir, consciente de pensar, consciente incluso de que la consciencia está desapareciendo cuando somos anestesiados o nos quedamos dormidos. La conciencia es lo que queda cuando la consciencia no está. La conciencia es lo que subyace a toda la aparente diversidad y dualidad, como la pantalla de cine o el espejo en el que todas las películas y reflejos van y vienen. La conciencia es el amor incondicional que permite que todo sea como es.

No puede haber ninguna consciencia sin conciencia pero puede haber conciencia sin consciencia, como en el sueño profundo. La conciencia es absoluta, la consciencia es relativa a su contenido; la consciencia es siempre de algo" (Yo Soy Eso).

Atención

La atención es la capacidad de enfocar la luz de la conciencia en objetos particulares (imágenes, sonidos, sensaciones, ideas, recuerdos, partes del cuerpo, etc.). Podemos prestar atención a nuestra respiración, o al sentido de presencia, o al hormigueo en nuestros pies, o a las nubes en el cielo, o al canto de los pájaros, o a los sonidos del tráfico, o al dolor en nuestros dientes. La atención se mueve de un lugar a otro, sin abandonar nunca el Aquí / Ahora. La atención puede ser estrechamente enfocada o muy abierta y global. A menudo se habla del despertar como un cambio en la atención de la identidad de la persona a la presencia, de la encapsulación y la separación a la conciencia ilimitada indivisa.

Pero recuerda, no existe tal "cosa" como conciencia o consciencia o atención. Estas son palabras, etiquetas, abstracciones conceptuales que utilizamos para señalar ciertos aspectos de la realidad viviente (realmente perfecta). A lo que apuntan esas palabras no es a un concepto, pero una vez que comenzamos a hablar sobre esta realidad viva y a usar palabras, es importante no confundir los punteros (las palabras o los mapas) con el territorio que nos ayudan a reconocer. No existe un límite real entre la consciencia y la conciencia, o entre el yo y el no-yo, o entre el interior y el exterior. No existen tales "cosas" en realidad.

Todos ven una película completamente única de la vida despierta. Cuando tratamos de encontrarnos en el nivel de las formas y las apariencias, los resultados a menudo son insatisfactorios. Pero como conciencia, somos un ser completamente indiviso.

Nuestra ilusión básica es que el innegable sentido de la subjetividad se combina con un objeto que aparece en la consciencia. Nos confundimos con un personaje en un sueño o una película. Nos identificamos como un fragmento en un mundo aparentemente fragmentado. Creemos que "el mundo" es en realidad una realidad objetiva e independiente del observador, que está "ahí fuera" en algún lugar, fuera de la consciencia, y creemos que nacimos en él y que algún día moriremos.

Pero el yo aparentemente separado, si se investiga detenidamente, es simplemente pensamientos, sensaciones, recuerdos, imágenes mentales e historias que cambian constantemente en la consciencia. En realidad, no se le puede encontrar como algún tipo de entidad sustancial o persistente. El conocimiento innegable de estar presente y consciente se combina con la historia mental de ser una persona, un cuerpo-mente separado. Nos han enseñado, y hemos llegado a creer, que la conciencia está de alguna manera encapsulada dentro de este cuerpo y que es personal. Hay "mi conciencia" y "tu conciencia", o eso creemos. Lo que está realmente siempre presente (la conciencia) presta el sentido de continuidad a lo que en realidad cambia constantemente, dando un sentido ilusorio de continuidad a la persona.

Si intentas agarrar un pensamiento, ¡no puedes! Es un estallido de energía, se ha ido en un instante. Puedes recordarlo, pero el pensamiento original se ha desvanecido. "El cuerpo" no es más que un flujo continuo y cambiante, inseparable del llamado "entorno" que lo rodea. No puedes encontrar ningún lugar o momento en el tiempo donde este cuerpo comenzó o donde termina. Puedes pensar que comenzó en la concepción o al nacer, pero ¿dónde comenzaron los espermatozoides y el óvulo? En la naturaleza, todo se recicla: los cadáveres se convierten en fertilizante para el suelo y en alimento para otras formas de vida, y todo se compone de todo lo que no es. El cuerpo no podría existir sin aire, luz solar, agua, padres, abuelos, comida y todo lo que hace posible la comida ― en resumen, sin el universo entero tal como es, el cuerpo no estaría aquí. Y todo esto es una apariencia en y de la consciencia.

¿Estás limitado al cuerpo o encapsulado dentro de él mirando hacia afuera? Hemos aprendido a creer que esto es cierto, y lo creemos tan fuertemente que en realidad parece ser nuestra experiencia. Confundimos el mapa que hemos aprendido con la actualidad de nuestra experiencia directa sin darnos cuenta. Pero si miras muy de cerca y con cuidado tu experiencia directa real, ¿es realmente cierto que estás encapsulado dentro de un cuerpo? ¿O es el cuerpo el que aparece en ti (es decir, en una conciencia impersonal sin límites)? ¿Qué está cambiando y qué permanece igual?

Si observas de cerca, no encontrarás un límite real entre el interior y el exterior, o entre yo y no-yo, o entre la conciencia y el contenido de la conciencia. El mundo relativo de la dualidad aparente y el sentido funcional de ser una persona con límites apropiados, etc., todo seguirá apareciendo según sea necesario, pero se puede observar que todo aparece Aquí / Ahora, en esta vasta conciencia que es ilimitada y sin ataduras. Todo lo que aparece se muestra a distancia cero, aquí mismo, completamente inmediato, inseparable del ver (o ser consciente) de ello. Incluso el sentido funcional de la distancia, la separación y el tiempo se muestra Aquí / Ahora, a ninguna distancia, inseparable del ver (o ser consciente) de ello.

La liberación es la desaparición de problemas imaginarios (basados en una falsa comprensión de cómo es la realidad). La liberación es un relajamiento de la mente que se aferra, un desprendimiento, una apertura de la Mente del Corazón, una disolución en lo ilimitado, una sensación intuitiva o percepción de lo que siempre está aquí antes de todo lo perceptible, concebible y experimentable; esto está más cerca que cerca, más sutil que el espacio, más vasto que el infinito. Si estás buscando esto, estás buscando en el lugar equivocado. Estás buscando en el reino de los objetos y las experiencias lo que es ilimitado, no-dual y sin ataduras ― tu propio Corazón, del cual nada está separado. La liberación es el reconocimiento de que nada perceptible o concebible es lo que yo soy y, sin embargo, al mismo tiempo, todo soy yo mismo y yo no soy nada en absoluto. No te confundas ni te desconciertes con las palabras. Simplemente quédate en silencio. Escucha. Siente. SÉ. Sé la conciencia invisible que no puedes no ser. SÉ Aquí / Ahora.

© Joan Tollifson, 2017

Fuente: Joan Tollifson. The simplicity of what is

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Una historia de amor con la vida misma

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Traducido con Amor desde… https://thisterriblelove.blogspot.com

 


Esta es una historia de amor con el amor mismo.

Todos son mis amados; todas las apariciones de nombres y rostros transitorios que parpadean en la pantalla de los sueños que llamamos vida, el único lugar en el que parecemos existir. Todos están hechos de amor; todo el mundo es el amor mismo. 

No hay nada que puedas hacer que te saque de este sueño de amor. 

La historia que cuentas sobre quién eres o no eres, las canciones que cantas, tu sufrimiento y esperanza, o la tranquilidad pacífica de la dicha cuando pareces disolverse en lo que simplemente es, nada de eso te separa del amor que tenemos/ somos, nada de eso importa en absoluto.

Esta es una canción de amor que ni siquiera es una, simplemente indivisa.

 El amor no es personal, porque no hay un centro para este amor desde el cual pueda mirar y verte como separado. Ningún centro desde donde pueda sentir nada por cualquier aparición separada, incluido este personaje de Miranda que simplemente está siendo vivido, animado por un tiempo como una hoja flotando en un río. 

La película se reproduce en una pantalla plana y, sin embargo, parece tener personajes y objetos que se mueven en tres dimensiones, y esa es su magia, su expresión divina, aunque no hay divinidad detrás de ella.

Ya no se ve ninguna palabra o acción aparente como proveniente de ninguna fuente, ningún personaje de la película. La vida misma escribe el guion, y eso incluye cada pensamiento y cada emoción. No hay yo aparte de ti y sin embargo aquí estamos, personajes soñados en una historia de amor sin principio ni fin.

 Tú eres sólo la luz parpadeante de un sueño, como yo, y somos inseparables mientras bailamos en este instante atemporal.

 Todos ustedes son mis amados, ya que se siente profundamente que ustedes son yo y yo soy ustedes, y sin embargo, no somos nada, ni siquiera somos en absoluto.

Eres la frágil iluminación que aparece y se desvanece en una perfecta noche sin fin de infinitas estrellas; cada estrella única en un cielo intemporal visto solo como efímeros destellos de la luz de las estrellas que brillan como la luminiscencia de un amor que realmente no tiene nombre.

 

Miranda Warren

https://thisterriblelove.blogspot.com/2020/09/a-love-affiar-with-life-itself.html

 

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Annette Nibley - La ley del amor  

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Traducido desde...http://nomindsland.blogspot.com

 

 Hay dos formas de ver el mundo en el que vivimos. (Bueno, hay muchas más de dos, pero las estoy tomando para ilustrar un punto). Una forma es pensar en el mundo como una apariencia en la conciencia, sin importancia, y algo de lo que no tengo que preocuparme en absoluto.

La otra forma de pensar en el mundo es como una manifestación del Amor, una versión manifiesta de la gloria del Amor Único que es Todo lo que Hay, y por lo tanto es algo de lo que quiero preocuparme mucho.

La principal diferencia entre los dos, en mi experiencia, es que, en el primer caso, la experiencia del ser humano se vuelve inútil y sin sentido. Eso puede atraer a mucha gente, me atrajo durante mucho tiempo, pero en última instancia, niega la vida y puede llevar a la desesperanza y la desesperación.

¡Aparece la vida! Es glorioso que lo haga. Si el glorioso Todo-Lo-Que-Es aparece en forma manifiesta, lo que obviamente lo hace, lo hace por Amor. Él mismo es solo Amor, por lo que la manifestación es su propio Ser. ¿Realmente quiere ignorar su propia creación?

El AMOR está tarareando debajo de todo esto, ejecutándolo todo. Aparece como yo. Aparece como tú. Aparece como mente. Aparece como un mundo. El amor es la máquina que lo impulsa todo. El amor le da sentido a todo. No es un fantasma imaginario no creado. El mundo está aquí, creado y sostenido por el Amor.

La conclusión es que no tenemos que preocuparnos por qué hacer, cómo manejarlo todo, el amor lo está haciendo todo. La presión está apagada. Podemos relajarnos. Solo existe la Ley del Bien operando, y todo lo que tenemos que hacer es reflejar este Bien a través de nuestros propios pensamientos y acciones, y observar cómo cambia el mundo frente a nuestros ojos.

Hay una oportunidad perdida cuando uno dice: "Yo no soy el cuerpo / mente". Para conocer el amor, uno debe experimentarlo a través de su ser manifiesto. Este es el don de ser humanos: pasamos de la oscuridad a la luz gradualmente, a medida que ganamos más fe en la Ley del Amor. Es a través del ser humano que se conoce el Amor.


Annette Nibley

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http://nomindsland.blogspot.com/2019/11/annette-nibley-law-of-love.html

 

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Unificación- Daniel Paglialunga

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Hemos creado dos dioses. Uno es el dios externo, ese dios separado de nosotros, ese dios tan severo al que le solemos suplicar por algunas de nuestras faltas más graves. Ese dios tan humano, tan hecho a imagen y semejanza del hijo.

Es gracioso siempre se nos enseñó que fuimos creados a imagen y semejanza de dios y es el hijo quien ha creado a su imagen y semejanza a dios, le dio vida, lo puso en un pedestal, lo idolatró y en cierto modo le dimos nuestro poder.

Este dios humano está en algún lugar al cual no podemos llegar. Nos convencimos que solo ese dios puede llevar una vida amorosa, gozosa, de gratitud y alegría, abundante y tanto más que en general está fuera de nuestro alcance.

Es una realidad que crea carencia, miedo, preocupación, necesidad…y nos enfoca en nuestras sombras más temidas, nosotros.

Por otro lado, está ese dios interior que sabe, que puede acceder a lo que desea, que es soberano, crea su realidad y lo hace desde lo original, sin los límites de aquello que está atrapado en el pasado, un dios de Amor, un dios pleno, un dios que trasciende al viejo humano y lo transforma en divino.

En este tiempo estamos comenzando a experimentar la unión de ambos, es el final de todas las batallas humana, la llegada de una comprensión que solo un corazón presente, en total presencia, moviendo su enfoque hacia dentro, puede experimentar.

Imaginar y vivir lo imaginado, ser lo imaginado que se experimenta a sí mismo, más allá del mundo humano, una nueva visión que está pariendo.

El miedo cede y sabes que ese dios que has estado buscando eres tú. Y te entregas a vivir. Un humano que se abre a recibir al gran espíritu para vivir una vida inolvidable y contar una hermosa historia que, en verdad, le haga sentido a estar vivo.

Vive en presencia, pon todo el enfoque ahí, cambia la dinámica, atrévete a ver la vida como un dios y vívela. Rompe las barreras, arriba y abajo, sintiendo la dicha de ser un dios caminando aquí en la tierra, honrando tu viaje, reconociéndote en el corazón. Amaneciendo a otra experiencia, aquí en tu cielo.

Daniel Paglialunga

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Daniel Paglialunga nació en Argentina, pero reside en nuestro Valencia, España, desde 2001. Aunque es licenciado en Administración de Empresas, su cometido actual es el de guiarte a través del autoconocimiento y la autorresponsabilidad sobre la vida que llevas.

Por medio de sus dos libros, Juntos en el río de la vida y La ecuación de la vida, el autor nos propone liberarnos de antiguos condicionamientos y desechar la idea de que las cosas suceden a pesar de nosotros: la importancia de los estados mentales y las emociones, nuestros patrones de comportamiento o cómo creamos nuestra realidad, son fundamentales en la vida que disfrutamos.

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Lo que nunca cambia - Annette Nibley

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Las ideas y enseñanzas referidas aquí derivan de una tradición espiritual denominada Advaita. La belleza del Advaita (a-duaita, literalmente "no dos") y lo que lo hace virtualmente diferente de cualquier otra filosofía en su género, es que no sustenta la idea de que la persona "no iluminada" debe hacer algo ahora para quedar "iluminada" en el "futuro". El Advaita descarta cualquier idea de algún tiempo "futuro" en el cual un aspirante trascenderá, eventualmente, la ilusión del ego y podrá declararse a sí mismo oficialmente "iluminado".

En principio, esto podría tomarse como "una mala noticia", porque ¿no es acaso lo que hemos estado intentando? ¿Acaso no aspiramos a liberarnos de la ilusión del "yo", de manera que podamos "despertar"?... Sí, a eso es a lo que aspiramos, pero desafortunadamente no es posible. Es aquí donde aparece "la buena noticia" del Advaita. El Advaita resuelve el dilema de la imposibilidad de llegar a la "iluminación" de la manera en que estábamos intentando (y fracasando) y señala las falsas suposiciones que eran la causa de que, durante todo este tiempo, miráramos hacia el lugar equivocado. Volveremos a ello más adelante.

Otra cosa única respecto al Advaita es que es experimental. No te pide que aprendas ni recuerdes nada: en lugar de ello te pide que deseches todo lo que habías aprendido y mires simplemente por ti mismo. No es la lectura ni el estudio sino el experimentar por ti mismo lo que te permitirá apartar el velo de la ignorancia, de manera tal que la verdad sea vista.

El Advaita tampoco te pide que practiques nada ni que "mejores" de alguna manera. No es un gradual aproximarse hacia algún objetivo. Tú ya lo has intentado, y puede que te sientas "más cerca" que cinco o diez años atrás, pero "más cerca" no significa la consecución del objetivo. En el Advaita no hay ningún objetivo, ni lugar a donde ir, ni nadie que pueda lograrlo.

A través de la popularización del Advaita en Occidente, a través de maestros como "Sailor" Bob Adamson, Jean Klein y otros ―todos ellos estudiantes de los grandes maestros de la tradición Advaita en la India durante las décadas 60 y 70 del último siglo―, estamos asistiendo literalmente a una explosión de la comprensión entre nuestros pares que nunca hubiéramos podido imaginar posible. Permítanme afirmar enfáticamente que el Advaita funciona, y al parecer es un asunto contagioso. Lo estoy viendo por mí misma: está ocurriendo por todas partes. Y aquellos para quienes ha funcionado están ahora compartiendo lo que ven, y la cosa continúa.

Tú ya no tienes que ir a la India, ni tienes que renunciar ni sentarte a los pies de algún gurú, y lo más importante, tampoco tienes que esperar hasta la "siguiente vida". Esto es tuyo ahora mismo. Está ocurriendo a tu alrededor.

Refiriéndome a la liberación de la ilusión del ego, había afirmado anteriormente que "no puede hacerse". Esta declaración podría haber sonado a "toque de difuntos" en lo que concierne a la esperanza del conocimiento de la verdad, pero realmente es liberación. Veamos cómo funciona.

En primer término: ¿Por qué no puede hacerse? ¿Por qué una persona no puede liberarse de la dolorosa ilusión de ser incompleta? ¿Y por qué esto es bueno?

No puede hacerse porque no hay ninguna "persona". El "yo" que desea trascender la ilusión del ego no existe. Esto es lo que los maestros Advaita, tanto antiguos como contemporáneos, nos señalan de muchas maneras diferentes, mostrándonos las distintas facetas del asunto, de manera tal que la verdad pueda ser vista.

Ninguna otra indagación espiritual o religiosa ―a menos que yo sepa― vuelve literalmente la mirada 180 grados hacia aquel que indaga o que busca, hacia el "buscador". ¿Quién es este indagador? ¿Cuál es la naturaleza de esta cosa que llamo "yo mismo"? ¿Es este "yo" real? Esta indagación es la base para que toda la estructura del "yo", del "buscador" y del maestro "iluminado" se venga abajo. ¡Y esto es iluminación! Pero es muy fácil emplear décadas enteras siguiendo meticulosamente una enseñanza, tan sólo para darse cuenta de que la pregunta "¿quién está preguntado?" nunca se había formulado.

Así que mira por ti mismo. ¿Quién está preguntando? ¿Cuál es la naturaleza de esta entidad que pregunta? La belleza de ello es que no toma demasiado tiempo indagar por ti mismo para descubrir que el "yo" ―que habíamos asumido como real― está parado sobre un terreno muy movedizo... Dejaré esta discusión para otra ocasión, pero abundan directivas para conducir esta indagación (aun cuando podría ser del todo autodirigida). Todo lo que necesitas realmente es preguntar: ¿Qué es esta cosa que llamo "yo"?... y luego aguardar una respuesta.

Y entonces, después de un breve período de indagación sobre la naturaleza de este "yo" (o sobre aquello de lo que está "hecho"), la pregunta puede responderse por completo. La entidad controladora, separada, llamada "yo", no resiste el escrutinio... Intenta convencerte a ti mismo de que existe una entidad controladora, separada, llamada "yo"... ¡y ve hasta dónde puedes llegar! Tú no eres ni nunca has sido este cuerpo ni esta personalidad. Míralo por ti mismo. Nadie puede proporcionarte esta información. Es algo que debes descubrir por ti mismo. Y una vez que un espejismo es visto como tal, nunca más podrá confundirse con agua nuevamente.

Esta indagación es la primera parte de la ecuación: lo que tú no eres.

De manera que, si yo no soy este cuerpo ni esta personalidad que llamo "yo", entonces ¿qué soy yo? Ello conduce a la segunda parte de la ecuación, la parte "¿qué eres tú?" Después de haber investigado como se sugiere más arriba, subsiste aún, en el mejor de los casos, una vacilante creencia en el "yo". Pronto, sin embargo, el castillo de naipes se viene abajo y te quedas únicamente con la Realidad de lo que tú eres, la luz de la conciencia, en la cual son vistos el "yo" individual y todos los demás objetos.

Como vimos en nuestra propia experiencia en tiempo presente, la única "cosa" que no cambia jamás, esto es, aquella "cosa" no afectada por ningún pensamiento, sentimiento, experiencia o circunstancia, es la clara y no-oscilante luz de la conciencia, en la cual todas las "cosas" aparecen. Esto es quien tú eres. Ninguna otra cosa. Y aunque es de lo más obvio, se pasa fácilmente por alto, del mismo modo que el espacio en una habitación que, de tan conspicuo, no es siquiera notado. La luz de la conciencia que tú eres es el trasfondo de todas las cosas, siempre-aquí, y la razón de que tan a menudo pase desapercibido, y por tanto tiempo, no es porque sea complicado ni algo "oculto", sino porque ¡es demasiado simple y evidente! Lo damos por hecho y lo vemos sin darnos cuenta.

Dije anteriormente "en tiempo presente", y quiero asegurarme que este punto quede claro. Nada de ello está en el "futuro". Nada de ello es gradual o adquirido a través de años de práctica. Esto es simplemente la realidad de lo que está presente, ahora mismo y siempre: tú no eres otra cosa que esta inmutable y estable Luz de la conciencia que ve todas las cosas y no es tocada por ninguna, y ESTO es todo lo que siempre has sido. Este siempre-fresco momento de existencia es espontáneo y nace por primera vez ahora, y vuelve a nacer ahora, y ahora, y ahora otra vez. ¿Cómo podrías hallar ESTO en el "futuro", o conocerlo después de años de estudio? Es únicamente AHORA.

Todo el tiempo has estado luchando, buscando y enfrentando los "problemas" de la vida. Y todo el tiempo fuiste sólo ESTO, y ninguna otra cosa. Esta Luz, este Espacio Consciente en el cual todas las cosas aparecen, es quien tú eres, sin la fantasía de un "yo" ficticio al cual aferrarte. Tú puedes entender esto ahora mismo, sin esperar algún otro momento y menos aún "otra" existencia (¿y de QUIÉN sería esa "otra" existencia?).

Y esto es aquello de lo que yoguis, santos y sabios han estado hablando siempre. No hay ningún otro "estado" o "experiencia" que esté por encima o más allá de este simple reconocimiento de tu verdadera naturaleza. No se requiere nada más. Conociéndote a ti mismo como ESTO, nada necesitas. No hay ningún problema. Como dice Nisargadatta: "No hay error posible nunca más".

Cualquier "estado" o "experiencia" deseado es para la persona, y esta persona "existe" tan sólo en una especie de "sueño de ignorancia". Así que cualquier estado o experiencia ―digamos de éxtasis, o de "iluminación"― es una ficción, un evento imaginario para una persona imaginaria en un tiempo imaginario. Nada de lo que ocurre en este sueño de ignorancia "toca" lo que es Real. Y lo que tú eres ya es ESO. ¿Y cuándo ves eso? Lo ves ahora mismo, mediante el simple reconocimiento de la luz de tu propia conciencia presente, observable ahora mismo.

Este espacio claro, consciente e iluminante nada tiene que ver con cualquier pensamiento o sentimiento que puedas albergar sobre él: es simplemente la "cosa" más resaltante en tu atención, y no es modificada por ningún sentimiento o pensamiento en torno a ella. Este es el espejo que refleja al mundo, inmodificado por aquello reflejado. Y ESTO es lo que tú eres... Tómate tu tiempo, date una oportunidad de conocer esta Luz y descubrir su naturaleza. Esto no puede hacerse con la mente. La mente queda atrás, y la Luz Se Ilumina a Sí Misma: ESTO es "Iluminación". ¡Y no hay ningún "alguien" que quede "iluminado"!

Cuando dejas de lado este "yo" personal y separado, y ves que todo lo que he estado señalando siempre es esta luz de la clara conciencia presente, todas las religiones, de pronto, comienzan a cobrar sentido. Incluso la ciencia y la moderna física comienzan a cobrar sentido cuando se ven desde este punto de vista. Pero interpretar una u otra, sin dejar al mismo tiempo de asumir que el "yo" es real, te llevará a inconsistencias y verdaderos callejones sin salida.

Así que no, jamás podrás ser una "persona iluminada". Porque la verdad (de la iluminación) que se ve, es ésta: aquello que está realizando el ver no es una persona: es la conciencia. No es una conciencia personal, no es "tu" conciencia, sino la conciencia universal, la conciencia dentro de la cual todas las cosas aparecen, la conciencia que nunca es alterada o nublada por nada de lo que aparece. Esta conciencia también puede ser llamada Luz, Realidad, Unidad, Ser, Dios, Brahman, pero da igual: es la Realidad-Una, sin-forma, sin-atributos, más allá del tiempo y del espacio, más allá de toda descripción.

Esto no es algo místico, ni espiritual. Es sencillamente Real. Únicamente hay Una Realidad. Esta Luz es quien tú eres, y es AHORA. Vuelve a ella una y otra vez, ahora y ahora y ahora otra vez, y se convertirá en la "opción por defecto". La Luz se vive a Sí Misma a través de ti, y no hay ninguna otra cosa aparte de esta vida espontánea, sucediendo ahora y siempre. Iluminación, eternamente presente, para nadie.

Así que esto es lo que la "persona" desea pero no puede obtener. La persona no puede ser "iluminada". Y la persona no puede liberarse de su propia ilusión, porque el "yo" surge de su propia creencia en sí mismo. El "yo" es ilusión... Así que descubre realmente quién eres. La liberación es aquí y ahora, pero no para esta "persona". Indaga en esta persona y ve a dónde conduce tu indagación. Ella conduce al tesoro que todos los sabios y profetas de todos los tiempos han querido que encontraras. Has hallado ya el lugar marcado con una "X": no vayas a cavar ahora en algún otro lugar.

Annette Nibley

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https://www.nodualidad.info/articulos/lo-que-nunca-cambia.html

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No-dualidad Artículos | La Esencia del Vedanta Advaita, por InnerQuest

 

¿Cuál es el principal obstáculo para la comprensión, la experiencia y la realización de la no-dualidad? El ego. La identificación exclusiva con un aspecto de la realidad total, con el cual nos hallamos ligados y comprometidos de un modo particularmente intenso. ¿Qué es, pues, el ego? ¿Cuál es su naturaleza y su sentido? ¿Es el único tipo de "individualidad" que existe?

Preguntarse qué es el ego significa preguntarse al mismo tiempo qué es el ser humano, qué soy yo, cada uno de nosotros. Y si partimos de la concepción habitual, dominante hoy en día, lo primero que reconocemos es que somos un cuerpo físico, un organismo biológico, muy probablemente surgido a través de una larga evolución de especies anteriores. Es frecuente pensar que el ser humano no es más que un organismo biológico físico-material cuyo cerebro se ha desarrollado de manera extraordinaria y en él han emergido unas funciones que llamamos mentales y que le permiten tener pensamientos y un tipo de sentimientos que probablemente el resto de animales no poseen, si bien algunos primates genéticamente cercanos a nosotros podrían aproximarse a tales facultades.

En lo que podemos llamar una concepción materialista del ser humano, que asume un evolucionismo biologista, tal como se ha venido desarrollando en el último siglo y medio, con la muerte del cuerpo físico nada quedaría ya del ser humano, excepto sus componentes materiales, descompuestos ya de su forma anterior, un cúmulo de moléculas o átomos que se reintegran a la naturaleza de la que proceden, para pasar a formar parte de otros cuerpos, humanos o no. Lo que llamamos mente, lo que llamamos conciencia, no sería más que una función cerebral. Destruido el cerebro, cesan aquellas por completo.

Ahora bien, en una concepción que podemos llamar "espiritualista" del ser humano, este no es esencialmente su cuerpo, sino que su ser esencial es de orden espiritual. A su vez, dentro de las concepciones espiritualistas podemos distinguir distintas versiones. En lo que ahora nos interesa basta con distinguir dos de ellas. La primera es la que se asume muy frecuentemente como característica de buena parte del hinduismo y del budismo. Consiste en afirmar que más allá del cuerpo físico, estamos constituidos, en tanto que seres humanos, por un conjunto de elementos, que podemos concebir hoy como "campos de conciencia-energía" (los tres cuerpos y las cinco vestiduras del vedanta, o los cinco agregados del budismo), de los que cabe aceptar que tienen cierta independencia respecto al cuerpo físico y que sobreviven a la muerte de este, pero que en ellos no hay ningún yo espiritual auténtico. En todo caso cabe hablar de un "ego" como constructo psicológico, con el que nos identificamos y que constituye el error metafísico fundamental que nos impide reconocer nuestra verdadera realidad más profunda. El ego tendría que ser trascendido, en ocasiones se habla de "matar al ego", de eliminarlo, suprimirlo, desmontarlo, deconstruirlo. Hecho esto, anulado este intermediario fastidioso entre la Realidad no-dual y la existencia material, habiendo mostrado que todo lo existente por debajo de la Realidad no-dual no es otra cosa más que procesos energéticos en constante transformación y sin ninguna sustancialidad ni entidad propia, pues siempre están producidos por causas y condiciones determinadas, anulado el ego —decíamos— podría brillar la única Realidad verdaderamente real, algo para lo que no tenemos nombre, que resulta impensable, pero que podemos llamar brahman o dharmakaya, sat-chit-ananda o shunyata, Yo o No-yo, Ser o No-ser, pero que, en cualquier caso, constituye lo único verdaderamente Real, lo único por lo que merece la pena esforzarse, la única Identidad auténtica. La metáfora predilecta de esta versión de la no-dualidad es la de la gota de agua —o el río— que se sumerge en el océano, llega al fin de su carrera y desaparece en tanto que gota o río individual.

Esta versión del advaita (no-dualidad), que se puede formular con distintos matices no es la única versión posible de una concepción no-dualista. Veamos el papel del ego, de la individualidad espiritual y su relación con la conciencia no-dual, en esas otras versiones del no-dualismo. Si la primera podríamos relacionarla con dos nombres claves: Shankara y Nagarjuna, hindú el primero, budista el segundo, cada uno destacado exponente de sus respectivas tradiciones, la segunda podríamos relacionarla con Sri Aurobindo y con Almaas.

Yo diría que ambas coinciden en lo siguiente:

1-Existe una Realidad no-dual, infinita, eterna, inefable. Coinciden pues en ello con los anteriores y no hace falta desarrollarlo más aquí.

2-una Manifestación múltiple de esa Realidad, extendida en el Espacio y el Tiempo. Y dicha manifestación es, aunque espacio-temporal, "real" y "valiosa".

3-El ser humano es mucho más que su cuerpo y algo en él no deja de existir cuando este perece.

4-Además del cuerpo físico y de la realidad no-dual (que, sin duda, se concibe como el Ser último de cada ser humano y de todo lo existente, nuestra naturaleza última) existe el "ego".

5-El "ego" es una construcción psicológica pero que no es de "naturaleza espiritual". El ego constituye una cierta identidad personal provisional, se forma básicamente en los primeros años de vida y solemos identificarnos plenamente con él. La identificación plena con él, útil y necesaria en una etapa de nuestra "evolución", constituye el principal obstáculo para descubrir una identidad personal más amplia y profunda.

6-Esa identidad personal más amplia y profunda es el "alma", el "ser anímico", nuestra "esencia personal" …este sí es nuestro "yo espiritual", no es un constructo de la naturaleza (prakriti) ni una mera configuración de elementos psíquicos, sino una "presencia espiritual".

7-En ocasiones se distingue incluso entre el alma y el espíritu, el ser anímico y el jivatman (Sri Aurobindo), entre el alma y la mónada (Alice Bailey), entre el polo terrestre y el polo celeste de nuestra individualidad espiritual .El primero, desciende a la manifestación y se compromete con la evolución personal, como una manera de recrear lo divino en la tierra. El segundo, permanece más allá de la manifestación, en unión y comunión permanente con lo Divino, Brahman, la Realidad no-dual. Dado que dicha dualidad (dualidad no implica dualismo, que hay dos en la manifestación no significa que estén divididos, ni separados, ni que sean radicalmente distintos) puede crear más confusión y en última instancia deberse a problemas de formulación mental-verbal, de esa presencia que está más allá del espacio y el tiempo, prefiero dejar de lado, provisionalmente, la distinción.

8/-Este yo anímico, este yo espiritual no cesa ni con la muerte del cuerpo físico ni con la trascendencia del ego. No puede ser entendido ni como una cosa material, corporal, espacial, ni como una realidad puramente mental, psicológica, temporal. Es nuestra "esencia personal" y quizá la noción de "presencia no-dual" evite un poco mejor la tendencia de la mente a cosificar y espacializar toda realidad.

9-Esa "esencia personal", el alma, la presencia siempre presente en nosotros, vive en comunión permanente con la Realidad supraesencial. Es una faceta, un rostro, un nombre, una figura, un aspecto, un Hijo, del Absoluto, de la Realidad no-dual, del Padre-Madre, de la Unidad. Es más, vive en perfecta comunión no al modo de dos entes que se unen, de manera más o menos accidental o pasajera, sino que comulgan porque son siempre ya dos-en-Uno o Uno-en-dos, ilustrando el Misterio de la Unidad-en-la-multiplicidad. Es la misma Conciencia no-dual la que se ha diversificado (la que Es —en una de sus facetas— eternamente diversificada) en multitud de centros de conciencia individualizados, pero no como entes cosificados y separados entre sí, sino como presencias campales, campos presenciales, que se superponen, se funden, se diferencian, se distinguen, se reúnen, según las necesidades.

10-La evolución en el campo de la manifestación tiene una realidad, un sentido y un valor, en tanto que expresión recreativa de la Inteligencia absoluta, del Amor desbordante, de la Voluntad libre. Esas "presencias anímicas" juegan en el campo de juego de la manifestación querida por el propio Absoluto (que ellas en el fondo son también) y es en dicho Campo donde tiene lugar la evolución, la transformación, la recreación.

11-El Misterio último es la realidad tri-una: trascendente, universal e individual, simultáneamente.

Como "trascendente" es Realidad fontanal, origen y fin de todo, No-ser previo a la manifestación, Vacío cuántico, Vacuidad primordial, Padre eterno que estás en los Cielos.

Como universal es Conciencia cósmica, Inteligencia infinita, Amor absoluto, Espíritu Santo, Shakti primigenia, Madre cósmica, Matriz de todo lo existente, Materia prístina.

En tanto que individual, es Hijo de Dios, singularidad irrepetible, Presencia no-dual en cuyo corazón es universal, pero puede olvidarlo, en cuya corona es trascendente, pero puede olvidarlo. En realidad, no es la presencia no-dual individualizada quien puede olvidarlo, sino su reflejo, manifestación, expresión en tanto que ego. En el "juego" de la manifestación, la Presencia no-dual (individualizada, cosmicizada y trascendente) se autolimita voluntariamente para recrear la realidad desde una individualidad ignorante de su fondo, fondo oculto que late permanentemente y que guía secretamente todo movimiento de la individualidad, hasta que comienza el camino de vuelta, el retorno al Hogar, la unión con el Padre y la Madre, la ascensión a los cielos, la entrada en nirvana. O bien el descenso del cielo a la tierra, el estado de nirvana, la voluntad del Padre cumpliéndose en la tierra, el espíritu hecho carne y la carne hecha espíritu, espíritu corporizado y carne espiritualizada.

 

En todo ello, el Amor como clave de toda relación. Ya entre el Padre, la Madre/Espíritu Santo y el Hijo.

 Y como arriba, así es abajo.

Y como adentro, así es afuera.

 

Fuente: Vicente Merlo, Espiritualidad Transreligiosa

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Doctor en Filosofía, escritor y profesor, especializado sobre todo en yoga, budismo e hinduismo. Vicente Merlo Lillo (1955) ha vivido varios años en la India, especialmente en el ashram de Sri Aurobindo (Pondicherry). Fue socio-fundador de la Sociedad de Estudios Índicos y Orientales, así como de la Asociación Transpersonal Española.

 https://www.nodualidad.info/maestros/vicente-merlo.html

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LA ESTACIÓN Y LOS TRENES - Yolande Duran

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Hay una metáfora que ayuda a ver con más claridad lo que somos en realidad y lo que no somos.

Esta unidad, esta conciencia que está aquí sin hacer ningún esfuerzo, que es también inamovible, que no cambia ni evoluciona, la podríamos comparar con una estación de trenes. Los pensamientos, las emociones, todo lo que se mueve en nosotros y fuera de nosotros, serían los trenes. Pasamos una gran parte de nuestra vida creyéndonos que somos esos trenes, cargando a menudo a cuestas el equipaje, sin ni siquiera dejarlo en el portaequipaje. Nos subimos a ellos y padecemos el sufrimiento que implica estar identificado con los mismos.

El hecho de reconocer que somos la estación, el hecho de reconocer que somos el Silencio, el hecho de ver que somos este espacio ilimitado, nos permite también reconocernos en él, ver que nunca se mueve y que sólo por un tiempo habíamos olvidado lo que éramos, tomándonos por los trenes que vienen y van.  Este error hace parte de la vida. Llega el momento en el que no hay lugar para la equivocación: somos este espacio como el de una estación, desde donde se ven los trenes pasar, simplemente. Y esto se hace posible cuando uno ha tomado conciencia del ser que es, de su naturaleza absolutamente inmóvil, de su paz constante. Mientras que la naturaleza de todo lo que es movimiento (los trenes, los pensamientos, las emociones, etc.) es como su nombre indica, moverse; pensar, creer, actuar son también del orden del movimiento. Cuando uno conoce bien la naturaleza de lo que creía ser y la naturaleza de lo que es verdaderamente, deja de haber conflicto.

Somos esta mirada lúcida, neutra, transparente, por lo tanto, sólo el hecho de darnos cuenta que nos hemos tomado por el tren, nos vuelve a poner en nuestro lugar.

Y ser fiel a si mismo es osar ser esta conciencia pura. Esto no quiere decir que uno no vaya a cuidarse del vaivén de los pensamientos, pero dentro de una claridad que va por delante.

Nuestra verdadera naturaleza es ver y estar presentes a todo aquello que se nos presenta en la vida. Esta mirada única, esta presencia, es lo que hace que todo el resto quede absolutamente libre.

Esta estación, esta conciencia que somos, es una meditación natural. En cambio, podemos comparar a los trenes con la meditación activa e incluye como ya hemos dicho todo lo que es movimiento, como la mente, el cuerpo, la persona, el yo soy, etc. Mientras imaginamos ser la mente, olvidamos que somos la estación que está aquí constantemente sin moverse y que lo que hace es mirar cómo pasan los trenes por ella. Todos vemos en algunos momentos que no somos los trenes, que somos la estación. Lo sabemos. Sólo hay que osar serlo constantemente. Y esto no quiere decir que haya que serlo más, sino más bien tomar conciencia de ello para reconocer que es así. A partir de este reconocimiento se va expresando a su manera una enseñanza silenciosa, puesto que atrevernos a ser lo que somos abre una puerta invisible que permite que nos hagamos conscientes del hecho que esta capacidad de pensar que todos tenemos no es lo que somos: está aquí más bien al servicio de lo que somos profundamente. Y no al contrario. Es importante saber que la mente no sabe estar en el momento presente, que tampoco hay en ella capacidad para ver lo que somos de verdad. La mente sólo puede ver el pasado y el futuro. En los momentos de apertura, en los que uno deja de identificarse con sus pensamientos, se puede vivir lo que uno es frente a ese instante presente.

En lo que se refiere al conocimiento de uno mismo no hay cincuenta soluciones: o bien somos lo que realmente somos, del todo, o bien somos los trenes yendo de un lugar a otro sin parar. Sólo hay estas dos posibilidades: ¿somos la estación o somos los trenes? En verdad, todos somos la estación, pero a pesar nuestro cometemos el error de identificarnos con los trenes. La identificación hace que haya un constante vaivén entre lo que uno es de manera natural y lo que aparece y desaparece, es decir todo lo que creemos ser.

Conocerse a sí mismo es reconocer con la suficiente fuerza que somos la estación para no seguir en este vaivén. Las dudas que a veces tenemos son porque olvidamos lo que somos en realidad. Basta con verlo para poder percibirse de nuevo como estación hasta el día donde no queden dudas y dejemos de olvidar cuál es nuestra verdadera naturaleza.

Yolande Duran.

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Yolande Durán Serrano, nació en Moraleja, Cáceres (España), en 1963. Con tres años se mudó a Francia acompañada de su familia, tenía una carrera prometedora como agente inmobiliario y agente FIFA en Ginebra, pero la abandonó desde su despertar espontáneo. Yolande ha viajado por diversos países para compartir con "buscadores", cuyo máximo deseo es llegar a conocerse a sí mismos, la transmisión del silencio infinito y el valor espiritual de la atención de cada uno. Durán, es coautora de El silencio sana, y su segundo libro, Enamorada del Silencio, ha sido elaborado junto a Chantale Rémus.

Hace una década, en 2003, dos meses antes de la muerte de su hijo único, ignorando la existencia de cualquier dimensión espiritual, Yolande vivió una experiencia indescriptible. A través de un despertar claro y espontáneo se sintió conectada a su verdadera naturaleza en un instante eterno: "Entonces ya no hay esta voz que juzga, te condena, te somete, te cansa. Ya no hay este sufrimiento, estos pensamientos que te impiden existir". El sujeto se confunde con el objeto: hay un giro, un despertar a la conciencia impersonal y a sus perfumes: paz, luz y amor.

Este estado (este no-estado) se manifestó a través de un silencio intenso, un vacío, una plenitud al mismo tiempo tan extraordinaria y tan simple que, durante mucho tiempo, Yolande no tuvo palabras que decir. Dejándose poco a poco guiar y enseñar por este silencio, sintió cada vez más el goce de compartir esta manera de estar en el mundo, impregnada de ligereza y simplicidad. Ella ofrece su testimonio de esta liberación interior espontánea, impactada por la realidad última de sí misma y de todo, que es "la última sanación, ya que te sana de la idea de ser una persona".

¿De qué silencio se trata? El que se percibe cuando el pensamiento yo, el pensamiento que se piensa a sí mismo automáticamente, que comenta constantemente, que sueña el futuro y el pasado, se detiene. Es el silencio que se percibe cuando el pensamiento que vocifera, que se queja, que dramatiza la tristeza o la ira, se apaga.

 

https://yolandeduran.com/la-estacion-y-los-trenes/

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DEL HACER ADICTIVO AL HACER INSPIRADO - Dora Gil

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Conectar con nuestro ser no supone dejar de actuar en el mundo. Se trata, simplemente, de permitir que nuestros actos surjan de otra fuente, nuestra esencia más auténtica.

Como ya hemos tenido ocasión de observar, el mismo mecanismo mental del pequeño yo es adictivo. Busca constantemente escaparse de las sensaciones y emociones que no quiere sentir. No se da cuenta de que son generadas simplemente por sus propios pensamientos.

Al no permitirse la experiencia de acoger lo que siente y descubrir de qué pensamientos erróneos procede, emprende acciones que le permitan evitarlo de mil maneras. Hace cosas, como decíamos, para alejarse de su sentir presente. Sus actos surgen de una consciencia empequeñecida que no admite vivenciar las emociones resultantes de su forma restringida de pensar. Ahí estamos y, aunque no nos damos cuenta, nuestro actuar cotidiano se convierte en una búsqueda de todo lo que pueda calmar nuestro malestar o prevenirlo.

Si nos preguntáramos antes de cualquier acción o decisión: ¿Para qué es esto?, descubriríamos que, en casi todo lo que emprendemos, lo que queremos conseguir es algo muy personal. Esperamos que las personas, los encuentros, los trabajos, las posesiones, la comida, las distracciones, las sustancias, incluso el pensar, nos ofrezcan un alivio a nuestro malestar o que nos produzcan la sensación de ser más de lo que creemos ser. Es decir, provienen de un yo empequeñecido que cree poder encontrar en esas actividades o relaciones lo que cree no tener o evitar a través de ellas lo que no quiere sentir.

Dicho de otro modo, el actuar del pequeño yo es un modo de eludir la realidad, el presente, que no sabe sostener. Por eso es un hacer adictivo, basado en reacciones automáticas de búsqueda, huida, evitación, lucha, ocultación... El hacer al que nos referíamos hasta ahora en este libro.

Sin embargo, esos objetos de nuestra búsqueda adictiva no poseen la capacidad de llenar nuestra profunda necesidad: descubrir nuestra amplitud y descansar en ella. Sólo pueden calmar momentáneamente la inquietud que sentimos al estar fuera de nuestro verdadero lugar. Nuestro auténtico espacio interno es ilimitado, pleno y abundante. Renunciar a vivir ahí y confundirnos con una consciencia empequeñecida de carencia es lo que nos hace sufrir.

La experiencia que se deriva de esa confusión es siempre la misma: frustración, decepción, depresión, culpa y malestar. Indicios claros de que ese actuar no se origina en nuestra esencia profunda y serena, sino que proviene de un lugar falso e inestable: el pequeño personaje buscador con el que nos hemos identificado y reducido.

Así vamos moviéndonos por la vida. La insatisfacción de fondo que experimentamos no es ni más ni menos que el efecto de estar viviendo desde un lugar que no nos corresponde.

Y como hemos podido ver, esta experiencia no hace sino intensificar y confirmar el sistema de pensamiento erróneo del que proviene.

Pasamos mucho tiempo tratando de perfeccionar nuestras situaciones y acontecimientos, queriendo controlarlos en su forma, según las coordenadas de nuestra pequeña mente. No nos damos cuenta de que lo que vemos, las experiencias que ahora tenemos, son sólo el efecto de nuestro condicionamiento del pasado, de nuestros modos de pensar limitantes. Centrarnos en nuestras circunstancias actuales no nos permite avanzar hacia lo que anhelamos de verdad. Sin embargo, es lo que solemos hacer: utilizar las situaciones, sucesos, pensamientos y emociones que aparecen en nuestra vida como excusa para no seguir abriéndonos a un camino mayor, a la expansión que realmente anhelamos.

Constantemente justificamos nuestro estancamiento o la no consecución de nuestros deseos más profundos con argumentos como: “Si no fuera porque tal circunstancia me lo impide” o “Cuando haya conseguido tal o cual cosa... entonces podré centrarme en lo que deseo de verdad”. Sin embargo, todo funciona de un modo muy diferente en la realidad.

Precisamente porque creemos en esas condiciones limitantes y nos quedamos dando vueltas en torno a ellas, tratando de arreglarlas o soportarlas, es por lo que nos cerramos a una vida más amplia, más expandida, a la realización de nuestra felicidad.

Las circunstancias son usadas por nuestro sistema de pensamiento como una justificación de su filosofía de carencia. Como demostración de que no podemos ir más allá. Pero no es verdad. No podemos seguir creyéndonos esta falacia o estamos abocados a continuar dando vueltas en los mismos círculos viciosos del estancamiento y la escasez.

Es necesario comprender profundamente que el mundo físico que nos muestran los sentidos es sólo el efecto del pasado, no la causa de nada. La causa, el origen de nuestra felicidad, es la Vida que nos vive y que quiere expresarse a través nuestro ahora. Por eso, como hemos ido viendo en estas páginas, mantener la conexión con ella es la esencia de toda realización y la base de nuestra felicidad, pues sabemos que desde esa sintonía con la existencia todo se ordena con total perfección. Nuestras emociones se procesan y las creencias de las que derivaban son comprendidas y descartadas como limitantes. Sin este contacto y aceptación profunda de nuestros sentimientos, nos separamos de la energía viva que los sustenta, y ésta se queda bloqueada. Nos cerramos así a la fuente de creatividad extraordinaria que encierran y que se libera cuando nuestro mundo emocional es comprendido y procesado, no rechazado.

En mi experiencia, los momentos de mayor conexión con mi dolor emocional, con mis zonas de sombra anteriormente rechazadas, han sido la fuente de un gran flujo creativo, de una poderosa inspiración. Aparentemente, es contradictorio. Sin embargo, respirar y permitir desde el silencio lo que no había sido aceptado nos reconcilia con un manantial poderoso de energía sin nombre, que queda disponible para la creación. Nos pone en contacto con la quietud profunda del ser, fuente primigenia de todo movimiento.

Entonces nos abrimos a un modo de ser completamente distinto. No es que dejemos de hacer cosas, no terminan nuestras relaciones, no dejamos de trabajar, y mucho menos de crear... Lo que sucede es que todo eso brota de una fuente diferente. Surgen las ideas inspiradas, aparecen las nuevas áreas a explorar que nos entusiasman sin que ello sea un modo de rellenar huecos emocionales. Las cultivamos por el simple placer de expresarnos y expandirnos.

No hay formas predeterminadas que nos expresen. Podemos sorprendernos instante a instante de cómo se va modulando la energía a través nuestro. Aprendemos a escuchar las intuiciones felices que nuestro ser interno nos va susurrando en forma de anhelos. Éstos tienden hacia una vida más expandida, más amplia. A través de ellos, la existencia se revela así misma en su grandeza infinita.

Empezamos a movernos intuitivamente, por inspiración. Nos sentimos libres y se desencadena la creatividad verdadera. Ya no nos guía la huida, la lucha, la evitación, la represión de nuestros sentimientos a la hora de actuar. Nos sentimos impulsados por una pasión profunda que, al entrar en contacto con nuestra energía vital, se ha despertado.

Ahora todo se convierte en un modo de expresar nuestro ser más auténtico. Lo que antes había estado al servicio de un yo empequeñecido que quería agrandarse artificialmente a través de todo aquello con lo que entraba en contacto, ahora cambia de propósito naturalmente.

Somos total creatividad que se expresa por sí misma sin esfuerzo si nos mantenemos conectados con su fuente. Así entramos naturalmente en una dimensión más profunda de nuestra consciencia. Y en ella, nos sentimos expandidos y reconocemos lo que somos.

Las cosas empiezan a suceder de un modo sincrónico, como respondiendo a una íntima inteligencia que se despliega naturalmente, sin tensión. A esto lo seguimos llamando no hacer, aunque muchas veces nos vemos envueltos en un estado de actividad intensa. Pero no hay un forzado intento personal, sino un fluir con la existencia. Es el hacer creativo, la más genuina expresión de lo que somos, que no conlleva en sí ningún esfuerzo. A veces toma un cariz milagroso: nos vemos realizando o consiguiendo cosas con una extrema facilidad, inconcebibles desde la percepción del pequeño yo.

Desde la perspectiva de nuestro ser profundo, en cambio, podemos hacer cualquier cosa que anhelemos realmente, ya que en nuestra amplitud, todo nos pertenece. No es que atraigamos algo ajeno a nosotros a base de tesón y empeño, utilizando todo tipo de técnicas y procesos. Podemos creer en ello, eso sí, y es posible que lo veamos funcionar por momentos. Pero, en realidad, no hay nada ahí afuera que atraer. Lo que sucede es que estamos moviéndonos en un nivel de consciencia diferente, en el que nos sentimos unidos a todo y todo forma parte de nosotros, es nuestro.

A través de nuestros deseos inspirados, esa totalidad que es la vida puede explorarse a sí misma en todas sus posibilidades.


Extraído del libro "Del hacer al ser", Editorial Sirio.

Capítulo 9: "Vivir desde el corazón"

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https://www.doragil.com/post/del-hacer-adictivo-al-hacer-inspirado

 

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EL AMOR AL DESNUDO - Matt Licata

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“¿Y si el amor no hace que te sientas seguro?

¿Y si nunca tuvo la intención de darte seguridad?

¿Qué pasa si no importa cuántas percepciones profundas tengas,

cuántas experiencias de despertar increíblemente poderosas acumules

o cuán convencido estés de que lo tienes todo junto,

de que siempre estarás en riesgo de que el ser amado llegue y te lo demuestre?

¿cuán vulnerable tu realmente eres?

Y para revelarte de una vez por todas

que tu vulnerabilidad no es una debilidad

o una parte de ti que necesita ser trascendida,

sino que es el regalo que tienes para ofrecer a este mundo.

¿Qué pasa si el amor ha llegado furioso a tu vida,

en todas sus formas y expresiones,

no para ofrecer seguridad y fundamento,

sino para revelar tu integridad?

El amor nunca te pedirá que renuncies a tu vulnerabilidad,

que cuentes historias de un despertar en el que seguirás siendo inmune a la angustia,

o que sueñes fantasías de resolución, seguridad y tierra.

El amor quiere que te desnudes.

Para que estés dispuesto a desmoronarte.

Morir y renacer una y otra vez.

Cuando estés desnudo, de todos tus conceptos espirituales,

el amor te mostrará lo que eres.

Cuando lo conocido se desmorona, todo lo que queda es tu corazón ardiente.

No hay nada más vivo que eso. No hay nada más sagrado que eso.

Anhelas la libertad. Estás ardiendo por dentro. Te estás volviendo un tonto por amor.

Tan pronto como la tristeza haya desaparecido,

la desesperación haya disminuido,

el miedo haya pasado,

dices: Entonces seré libre, entonces conoceré el amor,

luego abriré mi corazón por completo. Entonces me despertaré.

Pero amigo, esta libertad está aquí.

Está en el centro de tu dolor, si tan solo lo tocas.

Está saliendo de tu tristeza, bañando este mundo con la esencia de tu corazón.

Está encerrada dentro de tu miedo,

escondido en tu rabia y desbordado en tu soledad.

El amor está en todas partes y viene por ti.

¿Lo verás incluso en los lugares más inesperados?

Mientras tengas un cuerpo, corres el riesgo de sufrir una angustia.

Al despertar, prepárate para sentir más, no menos.

El amor nunca te pedirá que trasciendas esta forma humana  para acercarse.

Quítale la ropa.

Ve la belleza y la magnificencia que ha tomado en la forma.

en todo lugar de este o cualquier universo.

 

  Matt Licata

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LA VIDA ES EL MAESTRO - Barry Long

marisel@reflexiones.com: El maestro llevaba muchos años predicando que la  vida no era más que ilusión....

 

Esotéricamente se puede decir que la vida sólo consiste en enseñar y aprender, lo cual tiene lugar principalmente de modo inconsciente, y que, a todos, no sólo a los que son ‘avanzados’ o tienen una conciencia religiosa, se les brinda un maestro o una enseñanza en cada etapa de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte. En otras palabras, el maestro es la vida misma.

¿Cómo funciona esta enseñanza omnipresente y cómo se manifiesta en forma de circunstancias? Esotéricamente, toda cosa viva atrae hacia sí aquello que es esencial para su propia supervivencia física y crecimiento. Por ejemplo, la vida vegetal atrae agua, y aunque haya plantas individuales que se vean privadas del agua por una sequía o por otras circunstancias, la vida vegetal como un todo sobrevive y prospera por la simple razón de que llueve. La vida vegetal y el agua se atraen y sostienen mutuamente su existencia. Lo mismo ocurre con el espíritu. El grado de desarrollo de la conciencia de una persona determina el tipo de ‘enseñanza-sustento’ que necesita y atrae.

La necesidad espiritual o consciente de cada uno se manifiesta en forma de intereses y entusiasmos individuales. Seguimos nuestros intereses y nos ocupamos de ellos. Cuando nos encontramos con personas que pueden darnos una nueva perspectiva acerca de nuestros temas preferidos, decimos que es ‘interesante’. Y ellas a su vez recurren a nosotros cuando estamos en condiciones de ayudarlos o alentarlos. Obtenemos inmensa satisfacción de recibir y dar de esta manera. Todos los días, en el nivel común de conversación con amigos, familiares, compañeros de trabajo y hasta con extraños, estamos continuamente intercambiando información y cambiando de roles: como maestro y como estudiante.

Sólo podemos ayudar o escuchar realmente cuando estamos interesados. Entonces nuestros intereses nos impulsan hacia aquellos que nos necesitan y hacia aquellos a quienes necesitamos. Todos estamos aprendiendo. Todos estamos enseñando. Cada uno es a su manera un gurú.

¿Cuál es la verdad del interés y el entusiasmo? Cada interés individual es un deseo, primero de absorber y digerir un tema; y segundo, de irradiar ese conocimiento hacia fuera, a otros, enriquecido por nuestro particular entendimiento y experiencia del asunto. Hablamos de nuestros intereses y los compartimos. Otra vez alternamos incesantemente entre ser el maestro y el aprendiz.

Entonces, ¿cuál es la necesidad de que haya guías espirituales o un maestro espiritual? Como ya habrás notado para el momento, no es suficiente con tener interés por la verdad. El interés o el entusiasmo por la verdad podrán llevarte a investigar en ti mismo, pero no producen auto-conocimiento. Las discusiones interminables hasta altas horas de la noche acerca de Dios, la verdad o el universo sólo producen opiniones, más y más avenidas para seguir explorando, más y más caminos que te apartan de la simple e íntima verdad que nunca se puede expresar de esa manera. Sólo quien no tiene interés en el mundo, quien está desapegado de él, puede mostrarte el camino.

La vida funciona de manera tal que cuando llegas a estar más interesado por la verdad que por el mundo, eres atraído hacia el maestro o la enseñanza que necesitas. Entonces la enseñanza inconsciente de la vida se convierte en la vida espiritual consciente.

¿Cómo ocurre que el maestro llega cuando estás listo? Cualquiera sea el grado de auto-conocimiento que poseas, ése es tu centro de gravedad – el poder de atracción de tu nivel de conciencia particular. Irradia y emite ondas abstractas de un valor positivo particular. Estas atraen a una fuerza correspondiente y polarizante, en la forma del maestro o la enseñanza que necesitas.


Barry Long

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BARRY LONG (1926-2003) fue un maestro espiritual australiano y autor de libros sobre meditación, auto-conocimiento y la naturaleza espiritual del hombre y del universo.

© The Barry Long Trust

Un extracto del libro de Barry Long The Way In.

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LA TRAMPA DE LA ILUMINACIÓN - Stephen Levine

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A veces estamos tan ocupados meditando que no podemos ver la verdad. Estamos tan llenos de buenas estrategias, de maneras de captar la Luz, que obstruimos nuestra sabiduría natural con todas nuestras acciones.

La iluminación es sinónimo de la capacidad de estar simplemente presentes, de estar en este momento sin apegarnos a ningún otro sitio, con toda nuestra vida aquí mismo y ahora mismo.

Nos sentamos para meditar durante una hora, pero ¿qué parte de esa hora nos limitamos a permanecer sentados? ¿Cuánto tiempo pasamos en pensar en la manera de sentarnos, en vez de sentarnos simplemente? ¿Qué parte de ese tiempo estamos perdidos en la mente que piensa.

 Ser capaces de estar simplemente sentados, o simplemente de ser, suele ser muy difícil. La mayor parte de nuestra vida nos han estado estimulando para estar en otra parte, usando planes y estrategias.

 Tal vez tengamos que librarnos de todos los medios eficaces y de todas las respuestas a nuestras preguntas si queremos seguir con nuestro trabajo.

 Los medios eficaces no van a aclararnos nada, como tampoco lo hará pensar que alguien o que algo externo a nosotros vaya a hacerlo, porque nos daremos cuenta que lo que estamos buscando está ya aquí.

 Incluso la mente errante, si la observamos sin desear que cambie, es la clave de una gran sabiduría porque es exactamente quienes  somos en ese momento. No necesitamos ser nadie más.

 Cuando experimentamos el momento, conocemos la verdad, y esa verdad es aplicable y útil en ese momento. Pero no nos aferremos a ella porque esa verdad es la verdad de ese momento. En otro momento podría ser un obstáculo. Igualmente también los métodos son verdades de un momento, herramientas para usar y tirar. Los métodos pueden ser medios para ir más allá del condicionamiento o pueden convertirse simplemente en una carga adicional. Los métodos son como una espina que se usa para quitar otra espina. Cuando se extrae la primera espina de la carne, hay que tirar las dos espinas juntas. Todos los métodos, todas las respuestas profundas, son reflejos del momento que hay que mirar y abandonar.

 Podemos mantener un compromiso con una sola práctica sin mostrar rigidez ni tener prejuicios. Confiando en el sentido interno de lo que necesitamos, podemos mantener una relación profunda con la fuente que buscamos.

 La confianza en la naturaleza búddhica, en el corazón de Cristo, en la esencia de cualquier linaje que sigamos, nos permite incluso equivocarnos a veces. Nuestra adicción a "tener razón " siempre es un gran obstáculo para la verdad. Nos mantiene alejados de ese tipo de apertura que proviene de la confianza en nuestra sabiduría natural.

 El maestro zen Suzuki Roshi hablaba de la "iluminación previa a la iluminación" que es el estado de la mente en el que hay atención, cuando no estamos interesados en que las cosas sean de una determinada manera distinta a lo que son. Se trata de ver simplemente el momento presente, con paciencia y una visión clara.

 Cuando usamos algún método para ayudarnos, muchas veces pensamos en el concepto de una mente iluminada o no iluminada. Y así, continuamos separados de nuestra globalidad, seguimos sin estar en el momento presente.

 La iluminación no es la iluminación. La iluminación es una palabra.

 Una de las causas que nos separa de lo que podría ser la iluminación son nuestras ansias de lo que imaginamos que es la iluminación. La iluminación puede convertirse en nuestra mayor causa de sufrimiento, porque es nuestro mayor anhelo. En nuestro mayor anhelo por "estar en otra parte", está nuestro mayor vacío.

 La iluminación es la libertad, la idea de la iluminación es una cárcel.

 La verdad existe en el momento. Si estamos en cualquier otra parte buscando algo, fuera de “ese” momento, estamos encarcelados.

 Yo pensaba antes que las experiencias intensas eran una indicación de haber conseguido algo. Tenía una experiencia nueva y poco después tenía otra visión, y pensaba "¡Oh!, realmente voy avanzando, ¡cada vez estoy más cerca!", y después había una experiencia vaga y después una experiencia intensa...y,( cada vez la misma idea), " Oh, aquí está!"... Y después estaba el "mundo de la sabiduría insuperable", y, luego el "ningún tipo de yo, en ninguna parte", y después otra experiencia, y otra, y yo decía, "bueno, ¡ ya, no puede estar demasiado lejos"!...

 Y cada vez más experiencias. Después, empecé a darme cuenta de que lo que pensaba era que habría unas cuantas docenas de experiencias, y que ya estaba todo terminado; una realización pura veinticuatro horas al día.

 Pero resulta que hay cientos y cientos de lo que llamamos "experiencias intensas" Y no son más que experiencias...

 Un amigo cuyo maestro de meditación había hablado mucho de él en la India, por varias experiencias extraordinarias que había tenido, regresó a su país. Poco después de regresar fue a visitar a un célebre maestro del Zen coreano. El maestro Zen le preguntó cómo iba su práctica. Con cierto orgullo mi amigo le habló de sus visiones extraordinarias y de sus experiencias y de la profundidad de ciertos momentos de su meditación. El maestro coreano miró despistadamente por la habitación hizo una pausa y le preguntó: " ¿y donde están esas experiencias ahora?”

 El valor de las experiencias profundas es la purificación. La penetración en lo que es, lo que ocurre en el momento. Pero aferrarse a cualquier experiencia como una consecución o como una verdad capturada aparta la atención de la realidad del momento siguiente.

 Entonces, ¿cómo podemos trabajar hacia la iluminación sin aferrarnos al deseo?

 Desgraciadamente, en inglés usamos la palabra "deseo" para definir dos actitudes mentales muy distintas.

 Existe el "deseo" que busca la iluminación, tal vez en pos de la satisfacción de una vida más fácil, y existe el "deseo" de que todos los seres estén libres del sufrimiento, de que el mundo tenga paz. Puede existir el deseo de la purificación, que es esencialmente una "motivación" hacia la plenitud. Es un abrir las manos, es estar dispuesto a recibir, antes que un deseo de ser el primero de nuestro bloque de pisos en haber atrapado la sabiduría universal.

 El deseo de libertad, cuando nos empuja a ir hacia nuestro estado natural, es un gran júbilo. El deseo de ser libres de las cosas tal como son es un gran sufrimiento.

 Nadie que desee estar iluminado estará nunca iluminado, porque aquello de lo que nos liberamos con la iluminación es de querer estar iluminados. Desear la iluminación es como el ego deseando estar presente en su propio funeral.

 El yo imaginado, al tratar de poseer la iluminación, .no se da cuenta de que está cometiendo suicidio, porque es la destrucción de este "yo" separado lo que permite la experiencia de nuestra naturaleza universal.

 Es un despertar gradual, pero, aun sabiéndolo, podemos a veces ver cómo nuestro condicionamiento desaparece en un momento de gran paz o de clara visión, muy parecido al pez que salta del agua para coger un insecto.

 Podemos decirnos, no busques experiencias intensas porque sabemos que no son sino parte del espectáculo transitorio, pero sin embargo a veces nos fijamos en la mente condicionada que quiere ser algo distinto a lo que es. Pero no es más que este apego, este constante convertirse, lo que hace que la mente parezca no estar iluminada.

 Cuando no hay ningún apego en ningún punto, ya está; esa es la mente original, la esencia de la mente original, la esencia de la mente. Ya es pura. Ya es luminosa. Cuando experimentamos eso durante una milésima de segundo, el mundo se detiene y podemos desapegarnos de cualquier necesidad de estar en ninguna parte excepto en la perfección del momento.

 Todos sabemos más de lo que creemos saber. La sabiduría es más accesible para nosotros de lo que nos damos cuenta. No confiamos en nuestra visión porque creemos que no estamos iluminados. Un amigo mío decía "sal a la calle y finge estar iluminado. Si sigues actuando así, lo estarás. Pues bueno, ¿por qué no?".

 En lugar de eso, fingimos no estar iluminados. Pero "no iluminados" e "iluminados" no son más que ideas.

 Cuando observamos la mente, vemos lo débil que es el pensamiento, porque el movimiento del pensamiento consiste sobre todo en palabras. Pero a un nivel más profundo hay un movimiento de la mente que puede experimentarse cuando ya no nos basamos en palabras, cuando no nos limitamos a experimentar.

 A ese nivel experimentamos una urgencia que podríamos llamar casi "una añoranza de Dios", un anhelo estático de regresar a Casa, de volver al origen, de ser completos.

 Este es el infinito incondicionamiento que está más allá de la mente, el ser puro e indiferenciado.

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Stephen Levine (17 de julio de 1937 - 17 de enero de 2016) fue un poeta, autor y maestro estadounidense mejor conocido por su trabajo sobre la muerte y el morir. Es uno de una generación de maestros pioneros que, junto con Jack Kornfield, Joseph Goldstein  y Sharon Salzberg, han hecho que las enseñanzas del budismo estén más ampliamente disponibles para los estudiantes en Occidente. 

 (Extracto del libro “A Gradual Awakening”, .Cap. 14 )

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¿QUÉ LE DAS AL AÑO NUEVO? - Dora Gil

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A veces queremos, en momentos como los del inicio del año, que sucedan cosas nuevas en nuestra vida. Formulamos intenciones, elaboramos peticiones, damos rienda a nuestros deseos y nos proponemos cambios por los que apostamos con nuestra mejor voluntad. Nos ponemos manos a la obra convencidos de que, con un poco de esfuerzo, vamos a soltar de un plumazo la pesadez de lo conocido.

Es posible que nuestras peticiones de Año Nuevo sean ahora más espirituales o sutiles. Quizás ya nos hayamos dado cuenta de que las cosas o consecuciones materiales no nos llenan y nos propongamos cambiar nuestros patrones, ensayar nuevas actitudes, ser conscientes, vivir en el presente, estar llenos de alegría, no enfadarnos, no cultivar pensamientos de temor, mantener la calma, abrirnos a la abundancia...

 Y, sin embargo, puede que pronto empecemos a decepcionarnos... las cosas no parecen reflejar en seguida nuestras ansiadas expectativas. Henos aquí, ya el primer día del año, repitiendo historias que no creíamos que volverían a darse, inmersos en actitudes que pensábamos que desaparecerían, intentando ser amables sin conseguirlo, sintiendo ansiedad en las mismas situaciones... y peleándonos con nosotros mismos quizás por haber "fallado" de nuevo, tratando de corregirnos ante la frustración de seguir experimentando lo que ya no queremos.

 ¿No será que, aunque hayamos cambiado los objetos que deseamos por otros más espirituales nos seguimos moviendo en la misma perspectiva?

 Quizás, inmersos en la inercia de pedirle cosas al universo, a la vida, al año nuevo... aún no se nos ha ocurrido plantearnos... ¿Y yo, qué le doy a la vida, al año nuevo? Y más concretamente: ¿Qué le doy a este instante, siempre nuevo, el único en el que estoy viviendo?

 Quizás sea ya tiempo de comprender que los verdaderos cambios que anhelamos no tienen que ver con las cosas que pasan (incluyendo en ellas lo que pensamos, sentimos, hacemos o decimos).

 Desde nuestra vieja perspectiva condicionada, pedir es lo que sabemos, ya que hay un implícita sensación de carencia que nos mueve a buscar llenarnos como sea, esforzándonos por ello. Queremos que pasen cosas o que dejen de pasar otras, para sentirnos contentos, realizados o llenos.

 Pero... ¿y si lo realmente nuevo fuera ofrecer a lo que pasa una nueva perspectiva, la del cielo? Sí, esa que le ofrece al sol a cada momento: total presencia, amor, aceptación. Incluso darles a esos frustrantes intentos de cambiarnos por dentro, lo que en realidad necesitan: el amor de sabernos completos, de no depender de que las "cosas" cambien. Estas son hijas de un condicionamiento que no siempre sabemos ni podemos controlar con nuestros voluntariosos intentos.

 El miedo, la frustración, el desconsuelo, el vacío, el desamor, la soledad o la tristeza, la torpeza de nuestros intentos, el dolor de no conseguirlo... no están pidiendo más esfuerzo, no están pidiendo corrección ni censura. Quizás sólo esperan una nueva respuesta, una nueva mirada, quizás sólo anhelan Amor.

 No el amor meloso de la sentimentalidad aprendida, sino Amor radical, una nueva perspectiva. Un SÍ total a la vida, sea cual sea la forma que tome. Presencia incondicional, que abraza con ternura cada instante, incluyendo nuestros "fallidos intentos". Ese Amor es lo que somos y no depende de ninguna modificación ni consecución en el mundo de la forma para darse en abundancia. Cada momento es una oportunidad para derramarse, secando con su calidez la lágrimas de la impotencia, suavizando y envolviendo la dureza de la mente que exige cambios en las formas sin nunca cuestionarse a sí misma.

 Ese Amor no juzga: contempla los juicios en su insubstancialidad, dejando que se muevan como hijos de una vieja mentalidad.

 ¡Qué alivio, quitarnos de encima el peso de tener que conseguir que las situaciones o experiencias cambien para sentirnos plenos! ¡Qué descaso, poder permitirnos que las cosas sigan aún moviéndose como lo hacen sin tener que regañarnos ni regañarle al mundo por ello! O, si el regaño sucede, ofrecerle también a él el abrazo que necesita sin saberlo...

 Quizás sea ya el momento de dejar de pedir que sucedan cosas en el Año Nuevo y decidirnos a darle a todo lo que sucede una nueva respuesta, la que está esperando desde el inicio de los tiempos. La respuesta que, precisamente, no requiere tiempo y que siempre estuvo disponible en nuestro corazón: AMOR, no separación, abrazo, espacio, intimidad en nuestros adentros... el poderoso cambio de perspectiva que aguardaba en silencio.

 

 https://www.doragil.com/post/qu%C3%A9-le-das-al-a%C3%B1o-nuevo

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LA TEMIDA SOLEDAD- Dora Gil

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¡Cuántas decisiones y movimientos cotidianos tienen que ver con evitar o paliar eso que llamamos soledad! En nuestra cultura se tiende a creer que estar solo es estar sin otros seres humanos al lado. Nuestras pequeñas mentes asumen que tal situación es algo indeseable, lanzándose a la búsqueda de compañía, aunque sea virtualmente, a través de las redes sociales.

Se asocia la experiencia de soledad con toda una cadena de pensamientos y connotaciones de desamor, abandono, rechazo... que, claro, generan mucha tristeza, dolor, impotencia, temor o depresión.

Si lo miramos bien... ¿Es realmente la soledad la causa de esos estados emocionales? ¿No provienen estos más bien de todos los significados que adherimos al hecho de no estar físicamente acompañados? ¿No es esto lo que realmente tememos cuando evitamos la soledad? Para mí es importante acercarnos a esta cuestión, tan teñida de confusión y mirar más profundo.

Para empezar, ¿es la soledad la ausencia de seres humanos alrededor? Todos hemos constatado que esa sensación de aislamiento que relacionamos con estar solos puede darse también en medio de una multitud o incluso rodeados de seres que nos son familiares y queridos. Y también hemos comprobado que, sin ninguna compañía, podemos sentirnos profundamente unidos a la vida y en paz.

La conexión con la existencia es nuestro estado natural. Somos esa vida, que no se puede encerrar en cuerpos aislados de la totalidad. Es, precisamente el pensar en términos de separación lo que nos sumerge en la ilusión de ser entes separados, aislados unos de otros y

necesitados de cercanía física para superar ese supuesto aislamiento en el que nuestros pensamientos nos encierran.

Esa experiencia interna de aislamiento es lo que llamamos soledad, una desconexión que es ilusoria y artificial, ya que la unidad absoluta es la base de la realidad. Por eso la vivimos con dolor y buscamos paliativos en el mundo. Sin embargo, lo que percibimos en él son objetos, entes separados, que no pueden más que aliviar superficialmente un anhelo mucho más profundo: la unidad con la vida que somos, la consciencia de totalidad.

Nos sentimos solos cuando nos olvidamos de nuestra amplitud, de ese campo vivo y poderoso de consciencia que somos, más allá de nuestra apariencia. Cuando nos recluimos en pensamientos solitarios, privados, concernientes a un supuesto yo aislado del mundo y víctima de él, se bloquea la comunicación natural con la existencia. Nos encerramos en una nube diminuta en la que damos vueltas, perdiendo de vista la radiante amplitud del sol que somos.

Puedes observarlo, no me creas. Estés o no en compañía de otros seres humanos, cuando te sientes solo... ¿qué pensamientos estás albergando? Y cuando te sientes conectado, rodeado o no de otras personas ¿no es verdad que tus pensamientos, si los tienes, te hablan de expansión, de aprecio, de amor

Sentirnos aislados no es algo que dependa de la presencia de otros seres humanos alrededor ni de ninguna condición externa. Seamos responsables. Es mucho más simple y accesible reconocer en cada instante: ¿Con qué me estoy identificando? ¿Qué estoy alimentando mentalmente? ¿Estoy usando mis pensamientos para separarme? Y si así es... ¿Estoy dispuesta a soltar todo aislamiento mental y sumergirme en la realidad, el océano acogedor de la vida, cuya base es la unidad?

 

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Dora Gil

 

https://www.doragil.com/post/la-temida-soledad

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EL MIEDO A LA MUERTE  -Luis de Santiago

 

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(En los primeros días de la pandemia)

Hablamos el otro día de las opciones que teníamos en cada momento de nuestra vida, y os decía que en mi experiencia solamente hay dos opciones. Una es luchar en contra de lo que te está pasando. La otra es simplemente quedarte tranquilo, tratar de aprender de la situación y aceptarla. En la primera de las opciones luchas, lo pasas mal, no aprendes, y al no aprender estás pidiendo al universo que te vuelva a colocar en la misma situación. Lo que os aconsejo es que aceptéis lo que haya, porque el universo os ama a todos. Aunque la mente te diga que el universo te está colocando en una situación difícil o en una situación mala, lo que el universo te da, cuando lo ves en retrospectiva, te das cuenta que fue muy importante y que aprendiste mucho con eso. Es muy importante tener esto claro, porque si no la misma situación se va a repetir una y otra y otra vez. Como ser humano, como animal que vive en este planeta, si lo que queremos es que esto que está pasando termine lo antes posible para volver a hacer lo mismo que estábamos haciendo antes, no hemos aprendido nada. Si usamos esto que está sucediendo para aprender, para darnos cuenta, para abrirnos, esto nunca más va a suceder, hemos aprendido nuestra lección y no tenemos que repetirla.

El miedo a la muerte es una sensación muy fuerte, es el miedo más grande que hay. Es más, el miedo a la muerte es el único miedo que hay, todos los demás miedos son parte del miedo a la muerte. Todos esos pequeños miedos que sentimos en nuestra vida diaria, en el fondo, son miedo a la muerte. Aprovechad este momento en que el universo nos pone la muerte tan claramente delante de nosotros, es una gran oportunidad para verlo, para ver lo que está pasando.

Os dije que iba a compartir mi experiencia, así que os voy a contar una historia que me pasó a mí, una situación por la que pasé. Estaba volando en un avión desde Miami a Caracas, no me acuerdo que tipo de avión era pero sé que tenía dos motores. Media hora antes de llegar al aeropuerto de Maiquetía en Caracas, uno de los motores se paró y el avión empezó a inclinarse hacia un lado. Por supuesto, el motor que funcionaba tiraba para arriba y el motor que no funcionaba tiraba para abajo, y el piloto estaba todo el tiempo tratando de nivelar el avión y de encender el motor que se había parado. Lo trató varias veces, y al ver que no podía, en vez de aterrizar en el aeropuerto de Caracas dio media vuelta, y se echó tres horas más hacia Miami. El capitán nos lo comentó por los altavoces, de manera muy tranquila, pero yo sabía que la situación era difícil. Al ver que el piloto prefería volar a Miami y no tratar de aterrizar en un aeropuerto bastante primitivo como era el de Maiquetía en Caracas, me di cuenta que la situación era muy grave, casi todo el mundo en el avión se dio cuenta. La gente empezó a llorar, a gemir, a agarrar el asiento como si fuera el salvavidas. Y de repente yo me dije que tal vez, si en vez de hacer lo mismo que he hecho siempre, que es tratar de evitarlo, tratar de hacer lo que hacemos todos cuando sentimos miedo, que es volverlo a meter por donde vino ¿qué pasa si le doy permiso para que se abra, para que me haga sentir todo lo que quiere hacerme sentir? Y esas tres horas de vuelta, contando que en cualquier momento no íbamos a llegar a Miami, fue una gran experiencia para mí. Cuando llegué ya no había miedo, había desaparecido. Me di cuenta que el miedo era como mis pensamientos, como las sensaciones que nos pone ahí la mente. Si no luchamos en contra de eso, sino que simplemente lo observamos, desaparece. Y el miedo a la muerte desapareció. Eso fue una experiencia que me marcó, porque desde entonces sigo pasando por las mismas situaciones que pasaba antes, pero en ningún momento he vuelto a sentir miedo.

Aprovechad esta situación porque si no la aprovecháis se va a repetir, el miedo va a volver, y el miedo no es agradable. El miedo es lo que nos mantiene en constante lucha, lo que no nos deja disfrutar de estos pequeños momentos que se presentan en esto que llamamos vida. Aceptemos que este cuerpo va a desaparecer, va a morir irremediablemente, por mucho que luchemos, por mucho que tratemos de avanzar en la ciencia y congelemos los cuerpos para después tratar de revivirlos. Al final este cuerpo va a desaparecer, y con él va a desaparecer la mente. Por eso la mente no quiere que el cuerpo se muera, quiere que trates todo el tiempo de mantener el cuerpo con vida, que dediques tu tiempo en este mundo a mantenerlo con vida, porque manteniéndolo con vida, mantienes a la mente activa. La mente sabe que si no hay cuerpo ella desaparece.

La mente nos hace creer que nuestra función en este mundo es mantenernos con vida de cualquier forma, pero esa no es la función de nuestro paso por esto que llamamos mundo. La función de nuestro paso por el mundo es poder llegar al momento en que el cuerpo deje de funcionar, en paz, tranquilos, aceptando. Y así nunca mas vamos a tener que repetir la experiencia.

Aprovechad esta oportunidad única. Lo podemos ver como una tragedia, pero todo tiene su yin y su yang. Si quieres verlo como una tragedia y sufrir, es tu escogencia, pero puedes usarlo como todo lo contrario, como un momento en que puedes ver a la mente trabajando, en que puedes mirar al miedo a los ojos y decirle “no te voy a sentir nunca más”. Sobre todo cuando llegas con vida al final de la experiencia y con una lección muy bien aprendida, como me pasó a mí con ese vuelo a Caracas. Salí ganando por los dos lados. Y así, siendo pacientes, estando abiertos, aprendamos de esto que está pasando, experimentemos con las sensaciones que nos plantea la mente. Daros cuenta que todo es mentira, que todo son ideas y sensaciones que nos crea la mente, que no son reales. Enfrentémosla, diciendo: “a ver qué pasa si dejo de hacer lo que he hecho toda mi vida y hago todo lo contrario, me quedo tranquilo y acepto”. La mayoría vais a llegar al final de la experiencia con vuestra vida y sin el miedo, ganando por los dos lados.

Luis de Santiago

Satsang en La Coruña, 12 de Abril 2020.

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 Luis de Santiago es un maestro advaita discípulo de Robert Adams. Luis viaja por el mundo dando Satsang e intensivos de Atma Vichara. Su perfecto dominio del Ingles y el Castellano lo lleva frecuentemente por Irlanda, Inglaterra, Estados Unidos, latinoamerica y especialmente por España donde nació y reside actualmente. Su experiencia profesional como comunicador (Teatro, cine y publicidad) hace que destaque por su claridad y sentido del humor.

 

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¿TE SIENTES CULPABLE?- Dora Gil

 

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La culpa ha sido una constante y pesada carga en mi vida. Un peso incomprensible del que he querido siempre librarme por medio del esfuerzo. Y, sin embargo, todo ese afán por redimirme de mis fallos y de mi supuesta inadecuación, nunca ha dado resultado. Más bien, al contrario: más lo intentaba, más razones seguían surgiendo para acusarme y castigarme de nuevo, instándome a intensificar mis esfuerzos por salir del pozo de la insuficiencia.

 Esforzarnos por evitar la culpa se convierte a veces casi en un modo de vivir. Tan desagradable nos resulta esa experiencia que haríamos cualquier cosa por no sentirla. Ponemos todo de nuestra parte sí, pero... "Inténtalo, pero no lo consigas nunca", es el lema del ego. Y la culpa es una de sus herramientas básicas para mantenemos en un nivel de consciencia disminuido y miserable, alejándonos de nuestra radiante realidad.

 En realidad, ahora lo veo con una claridad liberadora, eso que llamamos culpa es un sentimiento más profundo que necesitamos comprender y abrazar. Separarnos de lo que somos, olvidarnos de nuestro verdadero ser, abdicar de nuestra naturaleza infinita y luminosa negando nuestra realidad ilimitada, no puede por menos que generar dolor, sensaciones abruptas y sombrías en nuestro sentir. Todas ellas están relacionadas con una extraña sensación de fallarnos a nosotros mismos, con una especie de traición a lo que somos que sigue activa en nuestra inconsciencia. De ahí surge ese malestar congénito que llamamos culpa. Alejados del Hogar, no sabemos cómo explicarla.

Absorbida nuestra mente por un sistema de pensamiento que no conoce la profunda esencia del ser, elabora explicaciones y justificaciones para esa sensación de culpa basadas en lo que ella conoce: el mundo de la forma. Entonces, proyecta en las acciones que hemos realizado, en las palabras que se han dicho, en los objetivos o ideales que no hemos alcanzado, en las torpes experiencias que hemos tenido, la culpa de nuestro sentir. Y, claro, al asumir estas explicaciones, nos lanzamos a castigar y corregir lo sucedido, creyendo que así evitaremos sentirnos culpables. Propósitos de enmienda, planes de mejora se precipitan constantemente tratando de aligerar la pesada carga por la que nos culpamos.

 Y, sin embargo, como decía Albert Einstein... "Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de consciencia en que se creó".

 Efectivamente, la culpa no es algo que pueda explicarse ni resolverse en el nivel de la mente separada, ya que es nuestra identificación con ella la que nos ha hecho olvidar nuestra verdadera naturaleza y sentir, por tanto, ese pesar que arrastramos mientras sobrevivimos en un mundo que no es nuestro hogar.

 Cuando nos decidimos a descansar en el Corazón, entregándonos profundamente a lo que somos, estamos recurriendo a lo único que es necesario para que la culpa se esfume como la nube de humo que es. Desde ahí podemos contemplar esa absurda comedia de proyecciones y justificaciones que nos disminuye y nos mantiene ensombrecidos desde tiempos inmemoriales, una loca pesadilla que ya no se sostiene.

 Es fácil, mucho más fácil de lo que la mente egoica nos plantea. Sólo recuperando la unidad con nuestro ser, aceptando nuestra poderosa esencia y dedicando nuestra vida a ella, la culpa se revela inexistente y deja de tener fundamento.

Un sólo problema (creernos separados), una única solución: volver al amor, a la unidad que nunca ha dejado de sostenernos.

 Hoy te invito, me invito, a descansar en la inocencia del Ser, ese que no juzga ni condena, que sólo abraza, ilumina y llena todo de calidez.

 

https://www.doragil.com/post/te-sientes-culpable?

 

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ABRIENDO EL CORAZÓN

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Sin embargo debo sustentarla monetariamente cada mes, por lo que he resuelto aceptar las donaciones que sean hechas con Amor y gratitud...aunque el monto sea mínimo. Sus corazones lo decidirán

QUE LAS BENDICIONES FLUYAN EN SUS VIDAS!!!

 

LO NUEVO...Abril 2021

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El problema con los problemas - Judy Lief

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El camino del jardín - Cheryl Wilfong

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Salud Espiritual- Tahíta

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Esta vida, que es maravillosa e impermanente- Blanche Hartman

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Ser paz en todo momento - Richard Miller 

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La biología del amor – Charla con el Dr. Bruce Lipton

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¿Es usted un pensador excesivo? 11 formas innegables de saber - Elyane

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