En InterZen encontrarán diversos textos relacionados con el Zen,  el Budismo como filosofía de vida y otros textos orientales.

Como siempre...respetamos nuestros procesos y recibimos lo que resuena con él, dejando atrás lo que sería una carga innecesaria

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Principios básicos de la filosofía Zen

filosofia Zen

¿En qué se basa exactamente la filosofía zen? Se podría traducir de una manera sencilla a una práctica que te ayudaría a acercarte a ti mismo. Para ello, existen una serie de principios que se deberían considerar como unos mandatos de la filosofía zen budista.

Estos son los 12 principios de la filosofía Zen

Conducta pura

Para poder practicar la filosofía zen, es importante la pureza. Para ello hay que demostrar, utilizando el cuerpo, el habla y la conducta mental, que somos un todo y que todo nuestro ser debe reflejar esta conducta pura.

Tranquilidad en la vida

Uno de los principios de la filosofía zen más importante. El mundo que nos rodea transita a una velocidad que no es la más adecuada para todo ser humano, lo que lleva a una vida ajetreada y agobiante.

Pero, el zen se basa en la calma, la tranquilidad y el sosiego. En el zen, la tranquilidad se traduce como la relajación de la mente, no alborotar verbalmente y evitar a toda costa la violencia, ya sea verbal o física.


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Lleva una vida segura

La vida es un cambio constante, y nuestra capacidad de integrarnos nos permitirá transitar sin necesidad de perturbar nuestro interior. Por ello, la flexibilidad es un gran precepto del zen. Saber adaptarse a todo tipo de situaciones ayuda a llevar una vida más segura.

Estabilidad vital

¿Sabes cuál es el rumbo que quieres tomar en tu vida? La vida es un camino que podemos seguir en línea recta, dando vueltas en círculo, encontrarnos con curvas o toparnos con un muro que quizás parezca infranqueable.

Pero para poder lograr la estabilidad vital, una persona debe saber cómo es y qué límites tiene. Gracias a esto, será más fácil dirigir el rumbo de la vida por el camino que necesitamos.

Vive el aquí y ahora

Mucha gente mira hacía el futuro pensando en el que podría pasar, mientras que otros no hacen más que estacar su vida en el pasado. Este podría ser uno de los principios de la filosofía Zen más importantes.

El pasado solo se puede alcanzar a través de los recuerdos, pero estos pueden alterar nuestra percepción de lo que sucedió de verdad.

Por otro lado, el futuro es algo que solo se encuentra en nuestra mente. Por ello, es mejor vivir en el aquí y ahora, sin perturbar la mente con cosas pasadas o futuras.

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Focalízate en lo que haces

¿Cuántas veces has estado haciendo alguna tarea y de pronto tu pensamiento ha cambiado a otra sin que te hayas dado cuenta? El ser humano tiende a entretener su mente con cosas triviales que desvía su atención de lo que está haciendo.

Hay que aprender a focalizar y prestar más atención al momento presente, y centrarse en la tarea a realizar.

Se fiel eternamente a tus sentimientos

Si hay algo en lo que crees, si hay algo que estás seguro que sientes, ¿por qué lo ibas a cambiar? Los sentimientos pueden asemejarse a un termómetro: ser muy intensos o poco perceptibles. Sin embargo, estos forman parte de las decisiones que se toman en la vida.

Por ello, es mejor ser fiel a ellos y confiar en lo que crees. Esto es uno de los pilares de la filosofía zen.


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Aprende a soltar

Sin apenas saberlo, mucha gente lleva muchas cargas sobre sus hombros. Es como una mochila llena que no les deja subir por la cuesta de la vida. Por ello hay que aprender a ir ligeros de equipaje, porque así se viven mejores experiencias.

Hay que dejar ir lo que nos daña, aquello que agobia o que puede frenarnos en el camino. Siguiendo la filosofía zen, hay que apartarlo de nuestra vida.

Acéptate cómo eres y ámate cómo eres

¿Sabes dónde comienzan todos los cambios? Desde dentro de una persona. No puedes amar a los demás sino eres capaz de amarte a ti mismo. Eihei Dogen dijo una vez “Cae una flor, aunque la amemos; y la hierba crece, a pesar de que no la amemos”.

Si quieres empezar a tener un buen rumbo en tu vida, debes aceptarte cómo eres y amarte así.

La honestidad debe ser tu lema

En la filosofía Zen, la honestidad es muy importante. Gracias a ella se pueden crear mejores relaciones con los demás y contigo mismo, a través de lo que se conoce como autoconocimiento. Es un valor que abre todas las puertas que te vayas a encontrar en tu camino.

Acepta las responsabilidades que encontrarás en tu vida

A mucha gente le da miedo aceptar responsabilidades. No obstante, no se puede seguir la filosofía Zen sin haberlas aceptado. Las decisiones que tomes afectarán a tu entorno, a tus relaciones a todo lo que te rodea. No obstante, siendo responsables de nuestros actos esto acercará tus objetivos a tu vida de una manera más directa.

Encuentra la paz interior

 


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El último de los principios zen se basa en conseguir la paz interior en tu vida. Cada persona es diferente, y cada uno encuentra la paz interior a su manera. Si quieres una vida estable y en la que el rumbo sea el adecuado, tendrás que localizar la forma de traer paz interior a tu vida

https://www.debuda.net/zen/filosofia/

 

 

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Traducido con Amor desde...https://www.lionsroar.com

 

En el Sutra de los Tres Conocimientos, Buda presenta los "cuatro estados sublimes " de bondad amorosa, compasión, alegría compasiva y ecuanimidad a un joven brahmán, diciendo:

“Es por esta meditación por esta liberación del corazón a través de la bondad amorosa, que no se deja nada sin tocar, nada sin afectar en todo el mundo. Esta, es la forma de unirse con Lo Esencial".

Los cuatro estados sublimes nos recuerdan que siempre estamos en relación unos con otros.

Se conocen de diversas maneras como las moradas divinas, moradas celestiales o los cuatro estados sublimes o excelentes. Son excelentes porque, en su manifestación, son ilimitados. Son sublimes porque señalan la forma más sana, amorosa y afirmativa de relacionarnos con los demás y con nosotros mismos.

 Si queremos ser liberados, debemos cultivar la bondad amorosa, la compasión, la alegría y la ecuanimidad ilimitadas. 

No es difícil ver por qué debería ser así. Cuando nuestras acciones crean daño, nuestra mente se agita. Vivimos en el miedo o el arrepentimiento; luchamos con la ira, la codicia o los celos. Hay muy pocas cosas en este estado que conduzcan al asentamiento necesario para el desarrollo de la concentración y la sabiduría, y menos aún la capacidad de hacer espacio para los demás en nuestras mentes. Pero es importante recordar que el Buda no estaba diciendo que necesitáramos perfeccionar la conducta virtuosa antes de poder extender la bondad o la compasión hacia los demás. Simplemente estaba repitiendo lo que nuestra experiencia deja muy claro: cuanto más integrados y hábiles sean nuestros pensamientos, acciones y palabras, más estables y equilibradas serán nuestras mentes. Lo contrario también es cierto: cuanto más concentrados nos volvemos, más probabilidades tenemos de actuar con habilidad. Por otro lado, cuando estamos distraídos o inquietos, Confundidos o agitados, nuestras buenas intenciones pueden ser contraproducentes. Nosotros queremos hacer lo correcto, pero no estamos seguros de qué es eso, por lo que actuamos sin claridad y terminamos creando más daño. O damos y damos y damos, y luego nos preguntamos por qué nos sentimos agotados. 

En definitiva, nuestras acciones no solo deben basarse en la concentración, sino también acompañadas de sabiduría. Cuando nos falta sabiduría, nuestra concentración puede volverse fría o áspera. Es posible que estemos concentrados y, sin embargo, no podamos ver realmente en quién o en qué nos estamos enfocando. Este es uno de los peligros más comunes de la meditación intensa: sin una base sólida puede volverse impersonal y desapegada. En la soledad de nuestra meditación, podemos ser amables, pacientes y comprensivos. Protegidos por la quietud y el silencio, podemos desear felicidad a los demás sin importar lo que esté sucediendo en nuestras vidas. Sentados erguidos y ecuánimes, no nos dejamos llevar por altibajos, por nuestras preferencias y opiniones. Sin embargo, nadie vive en un cojín de meditación, por lo que el desafío es llevar esa bondad y alegría, esa compasión y ecuanimidad a nuestra vida diaria.

Que todos los seres tengan la felicidad y las causas de la felicidad.
Que todos los seres estén libres del sufrimiento y las causas del sufrimiento.
Que todos los seres se regocijen en el bienestar de los demás.
Que todos los seres vivan en paz, libres de codicia y odio
.

De esta manera, los cuatro inconmensurables se convierten verdaderamente en una ciencia de la compasión.

Una vez le preguntaron a Mahatma Gandhi: "¿Qué harías si un avión volara sobre tu ashram con la intención de bombardearlo?" Su respuesta: "Rezaría por el piloto".  Sin embargo, no necesitamos ser heroicos, ni siquiera particularmente avanzados espiritualmente, para cultivar los cuatro estados sublimes. Debido a que estas excelentes cualidades son nuestra propia naturaleza, podemos practicarlas "tal como somos". Todo lo que necesitamos es querer para los demás lo que queremos para nosotros.

El lama tibetano contemporáneo Mindrolling Jetsün Khandro Rinpoche dice que cuando practicamos estas cualidades como un medio para un fin, cultivamos los cuatro estados sublimes "limitadamente". 

Básicamente, todos queremos ser felices. A veces buscamos esa felicidad de maneras muy poco hábiles, pero esto no cambia esa intención fundamental. El desafío que afrontamos como seres humanos es cómo ser felices juntos, cómo actuar para que nuestra felicidad no impida la de los demás. Hacer espacio para otros a través de la práctica de los cuatro inconmensurables es un excelente lugar para comenzar.

El maestro tibetano del siglo XIV Longchenpa dijo que hay cinco características que debemos cultivar para practicar los cuatro estados sublimes: (1) una actitud fundamental tan vasta como el espacio; (2) una mente tan constante como las profundidades del océano; (3) ver todos los sucesos, internos y externos, como niebla flotando en el cielo; (4) una actitud compasiva como los rayos del sol; (5) sentir que las negatividades son como motas de polvo en nuestros ojos.

Primero, debemos cultivar una actitud fundamental tan vasta como el espacio. Una visión estrecha, no conduce a la bondad ni a la alegría. Las opiniones correctas e incorrectas, por definición, excluyen a otras. Así como estas cuatro cualidades son inconmensurables, nuestra misma actitud también debe ser inconmensurable.

No hay duda de que esta práctica nos desafiará a ser mucho más grandes de lo que pensamos posible. Desear felicidad y alegría a quien nos hace daño o se opone a nosotros, quien nos evita o nos ignora —incluidas todas las muchas versiones hostiles de nosotros mismos en nuestras mentes— no es una tarea fácil. Por eso, cuando practicamos los cuatro estados sublimes, siempre comenzamos por nosotros mismos.

Que tenga la felicidad y las causas de la felicidad. Que pueda estar libre del sufrimiento y las causas del sufrimiento ... Esto puede parecer egoísta al principio, pero aumentando la felicidad dentro de nosotros mismos, naturalmente alentamos el deseo de que otros sean felices para que surja en nuestro interior. Además, el tipo de amor en el que descansan los cuatro estados sublimes nunca puede ser egoísta porque no puede ser contenido. Es inconmensurable.

A continuación, debemos tener una mente tan constante como las profundidades del océano. Las profundidades del océano no se ven afectadas por lo que esté sucediendo en la superficie. En lo más profundo de nuestras mentes, no nos dejamos engañar por nuestros estados de ánimo volubles o nuestras circunstancias cambiantes. Sostenidos firmemente por el ancla de la conciencia a través del poder de nuestra concentración, cabalgamos sobre las olas de nuestra mente sin naufragar por nuestras emociones fuertes o las opiniones de los demás. No importa cuán feroz sea la tormenta, cuán aparentemente insegura sea nuestra posición, sabemos que estamos amarrados de manera segura hasta el fondo de nuestro ser.

Esta cualidad está estrechamente relacionada con la siguiente: ver todos los sucesos, internos y externos, como niebla flotando en el cielo. Lo que sea que estemos pensando, lo que sea que estemos sintiendo, lo que esté sucediendo, va a cambiar. Los pensamientos, los sentimientos, las condiciones, son todos como niebla. Son insustanciales. Por eso, aferrarse a ellos requiere tanto esfuerzo. Es como intentar agarrar la niebla con nuestras propias manos. En medio de una situación dolorosa, podemos recordarnos a nosotros mismos que no siempre nos sentiremos así.

Los neurobiólogos han descubierto que las emociones duran unos noventa segundos. Son nuestras reacciones hacia ellos lo que las mantienen activas. Vea todos los sucesos como niebla flotante, permitiendo así que su mente permanezca constante y vasta.

También debemos tener una actitud compasiva como los rayos del sol. Esta es la longitud y la amplitud de nuestra bondad amorosa, compasión, gozo y ecuanimidad. Ésta es su inconmensurabilidad. El sol no planifica cuánta luz dará ni cuándo. No elige sobre quién brillará. Simplemente brilla.

El Sutra del loto habla de un bodhisattva llamado "Nunca menospreciativo", cuya práctica consistía en saludar a todos los que encontraba con reverencias y las palabras: "¡Nunca me atrevería a menospreciarte, porque seguro que alcanzarás la budeidad!" Indignados, las personas a las que elogiaba se volvían contra él, diciendo que no tenían tiempo para predicciones tan irresponsables. Algunos lo criticaron, algunos lo maldijeron, algunos le arrojaron palos y piedras. Pero el Bodhisattva Nunca Despreciativo simplemente se escapó y gritó su bendición desde una distancia segura: "¡Nunca me atrevería a menospreciarte, porque seguro que alcanzarás la Budeidad!"

De la misma forma, nuestro deseo de que todos los seres sean felices y libres se extiende a todas partes, sin prejuicios ni inclinaciones.

Finalmente, trabajamos para sentir que las negatividades son como motas de polvo en nuestros ojos. Cuando algo entra en nuestros ojos, es una tortura. Haremos cualquier cosa para eliminar lo irritante. De la misma manera, no podemos desarrollar bondad amorosa, compasión, alegría o ecuanimidad sin primero lidiar con nuestra propia negatividad: nuestra ira, orgullo, celos, resentimiento. Cuando reconocemos que nuestra negatividad afecta nuestra visión, estamos en una mejor posición para trabajar con ella, de modo que podamos ser realmente amplios, constantes y compasivos.

En última instancia, los estados sublimes nos recuerdan que siempre estamos en relación unos con otros. Mis acciones te afectan. Tus acciones me afectan. Entonces, como la regla de oro, nos presentan una ética de reciprocidad.

Una historia judía dice que el rabino Hillel el Viejo fue abordado una vez por un hombre que dijo que se convertiría al judaísmo si el rabino podía recitar toda la enseñanza judía mientras estaba de pie sobre una pierna. Humildemente, el rabino hizo lo que le pidió el hombre. Se puso de pie sobre una pierna y dijo: “Lo que te es aborrecible, no se lo hagas a tu prójimo. Esa es la Torá; todo lo demás es solo un comentario. Ve y estúdialo ".

Asimismo, los cuatro estados sublimes nos animan a desear que los demás estén libres de sufrimiento, porque a nosotros nos gustaría no sufrir, a estar tan alegres por la felicidad de los demás como lo estaríamos por la nuestra. “Haz con los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti”, dice el Evangelio de Mateo. Pero los cuatro estados sublimes también van un paso más allá. Nos piden que veamos a los demás como a nosotros mismos y que los tratemos en consecuencia. La reciprocidad se convierte en unidad. La relación se transforma en identidad. Lo que te hago a ti, me lo hago a mí. No hay brecha porque somos un cuerpo vasto y unificado.  Esta es la liberación del corazón a través de estas cualidades sublimes que no dejan nada sin tocar, nada sin afectar, en todo el mundo.

Como "ciencia de la compasión", los cuatro estados sublimes hacen más que simplemente ayudarnos a hacer espacio para los demás en nuestras mentes. Al cultivar la bondad amorosa, la compasión, el gozo compasivo y la ecuanimidad indivisibles, ilimitados, excelentes, podemos vernos a nosotros mismos ya los demás como realmente somos: indivisibles.

 

Vanessa Zuisei Goddard
Retreat Teachers – Zen Mountain Monastery

Vanessa Zuisei Goddard es escritora y profesora de Zen con sede en la ciudad de Nueva York. 

https://www.lionsroar.com/the-four-immeasurables-leave-nothing-untouched/

 

 

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Nuestra Luz Interior - Shinge Roko Sherry Chayat

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Traducido desde... https://www.lionsroar.com

 1 DE SEPTIEMBRE DE 2020

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“Solo cuando despertamos a nuestra propia luz podemos estar completamente presentes en la vida y la luz interior de otra persona”, dice Shinge Roko Sherry Chayat Roshi. “Solo entonces podremos responder completamente, sin nada en el camino”.

 

No hace mucho, había un artículo encantador en la sección Sunday Review del New York Times titulado " El coraje de estar solo ". La autora, Megan Craig, escribió sobre dar un paseo con su hija menor, quien le decía que su muñeca podría tener el coronavirus. Craig estaba tratando de escuchar, pero se sintió preocupada, y luego pensó en el ensayo de William James "Sobre cierta ceguera en los seres humanos", sobre la dificultad de estar plenamente presente en la vida de otra persona.

James "estaba escribiendo sobre lo difícil que es ver la luz interior de otra persona, lo que los mantiene iluminados en tiempos oscuros, especialmente cuando estamos obsesionados con nuestras propias vidas".

“Cada uno tiene su propia luz ".

¿Cómo salimos de las fijaciones del ensimismamiento que aseguran una “cierta ceguera”? La práctica básica es sentarse y enfrentar lo que viene con coraje y ecuanimidad. Volvemos a la respiración; volvemos a la presencia plena.

Al enfrentar viejos patrones a medida que surgen, podemos dejar que regresen al vacío del que vinieron. Después de todo, las reacciones repetitivas que han formado surcos tan profundos en nuestra conciencia se basan en estrategias anticuadas de autoprotección. Al fijarnos en ellas, pensamos que eso es lo que somos. Pero nuestro verdadero yo no necesita protección, porque no está sujeto al nacimiento y la muerte. Es ilimitado, más allá de la concepción; es nuestra propia luz interior; nuestra vida interior.

Mientras caminaba, Craig recordó un ensayo del filósofo Emmanuel Levinas, en el que escribió sobre la vida interior que lo mantuvo vivo después de ser capturado por los nazis y enviado a un campo de prisioneros en Francia en 1940. Era “Algo secreto que guardar, algo que no puede perecer, agrietarse o caer, algo privado y aún en el centro de una vida ".

Y mientras su hija relataba los planes para la fiesta de cumpleaños de otra muñeca, Craig se dio cuenta: “Simplemente responder como si esto fuera lo que importa es lo mejor que puedo hacer…. es su mundo y estas son sus diminutas luces ... todo es ferozmente real e importante a medida que el mundo parece desmoronarse a nuestro alrededor ".

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Esto es lo que nuestra práctica nos llama a hacer: estar completamente presentes con un supuesto otro, cuyas preocupaciones son tremendamente reales e importantes, estén o no nuestras mentes de acuerdo. La vida interior, la luz interior, está más allá de la perspectiva o la vista; más allá de la preferencia o condición.

Ummon Bunen dijo: “Cada uno tiene su propia luz. Si intentas verlo, todo es oscuridad. ¿Cuál es tu propia luz? "

Cada uno tiene su propia luz. Brilla a través de tu fe en el no saber, en la intimidad absoluta del otro. Tu propia luz es la que te mantiene vivo sin importar las circunstancias: encarcelamiento, enfermedad, dolor, incluso la muerte. Es lo que no puede perecer. Y nadie es dueño de esta luz. Es la misma luz, la misma fuente, que se manifiesta de manera única dentro de cada ser, al igual que una llama enciende velas de diferentes orígenes, formas y tamaños.

Ummon también dijo: "Si intentas verlo, todo es oscuridad". No podemos ver nuestra propia luz cuando buscamos una entidad objetiva y separada. Meister Eckhart lo expresó de esta manera: "El ojo no puede verse a sí mismo". Cuando tratamos de definirlo, caracterizarlo o capturarlo, ese mismo intento cierra la luz, y caemos en una individualidad separada y nos volvemos ciegos.

Solo cuando despertamos a nuestra propia luz podemos estar plenamente presentes en la vida y la luz interior de otra persona; solo entonces podremos responder completamente, sin nada en el camino. En su Prefacio al Blue Cliff Record, Engo Kokugon escribió un verso que dice:

 

El viento y la luna sin límites yacen en los ojos.
Cielo y tierra inagotables,
La luz más allá de la luz.
El sauce oscuro, la flor brillante.
Diez mil casas.
Toca a cualquier puerta,
Hay quien te responderá.

Ummon preguntó: "¿Cuál es tu propia luz?" ¿Qué es esta luz más allá de la luz? Todos tienen esta luz, dentro de los ojos, no fuera de ellos. Viento y luna ilimitados; cielo y tierra inagotables. Dentro de las 10,000 cosas - sauce oscuro, flor brillante - dentro de las 10,000 casas. Toca cualquier puerta. Hay uno que responde, hay uno que está listo, que se ha dado cuenta del Ojo dentro de los ojos. ¿Quién es? Estás aquí para experimentarlo; por el bien de todos los seres, debes despertar a Aquel que brilla solo, que no es otro que tú, tu verdadero yo, respondiendo.

La historia cuenta que Ummon seguía preguntando a sus alumnos: "¿Cuál es tu propia luz?" Y nadie pudo responder. Así que finalmente, veinte años después, respondió por ellos. "Los pasillos y la puerta". Sólo eso. Justo lo que está frente a ti, aquí mismo, lo que te rodea. Nansen dijo: "La mente ordinaria es el Camino". Nada especial, sin dorados, sin bordados, sin metáforas floridas, solo, "Los pasillos y la puerta". ¡Pasillos! ¡Puerta! ¡Maravilloso!

La luz brilla en todas partes, si tenemos ojos para ver. ¡Mira! Cada uno de ustedes ahora, en su propia habitación, sus pasillos, su puerta. La puerta está justo aquí, mientras nos miramos a los ojos. Nada más que esto nos da refugio. El triple refugio. Y la puerta siempre está abierta de par en par. Es la puerta a "El Único", como dijo Vimalakirti. “El viento y la luna ilimitados se encuentran en los ojos”, como dijo Engo.

Esta luz es autocumplida, brilla en todo el cosmos, luz brilla sobre la luz: la actividad ilimitada. Estás impregnado de ella de principio a fin, pero debes experimentarla. El secreto está en brillar.

 Vayas donde vayas, estás entrando completamente en casa. En casa sentado, en casa escuchando, confiando en tu propia luz. Sin nada que averiguar, sin obstáculos en la mente, por lo tanto, sin miedo, eres guiado por la lámpara de tu propia luz. Ten el coraje de estar solo, en este momento, siendo todo Uno e interconectado.


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Shinge Roko Sherry Chayat es el abad de la Sociedad de Estudios Zen.

 

 https://www.lionsroar.com/our-inner-light/

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El envejecimiento es realidad - Lewis Richmond

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 Traducido desde...https://tricycle.org

 

Es una verdad ineludible que todos envejecemos y morimos. Ahora tengo setenta años. (Si decidió hacer clic y leer este artículo, es posible que también esté bien avanzado en sus años). El envejecimiento es la esencia de lo que enseñó el Buda. Dijo que debemos vivir nuestras vidas de acuerdo con la realidad, no de acuerdo con opiniones, especulaciones o doctrinas. El envejecimiento es una realidad. 

La realidad es impermanencia. La realidad es cambio. 

Mi propio maestro, Shunryu Suzuki Roshi , dijo una vez algo muy similar. Después de dar una charla en el monasterio Zen de Tassajara en California, un estudiante levantó la mano. “Sabes”, dijo el estudiante con algo de angustia, “has estado hablando una y otra vez sobre todas estas complicadas enseñanzas budistas, y realmente, no entiendo nada de lo que estás diciendo. ¿Hay algo que puedas decirme que pueda entender? "

Todo el mundo miró alrededor de la habitación, riendo nerviosamente. Parecía una pregunta tan impertinente, pero Suzuki Roshi se la tomó muy en serio. Esperó a que todas las risas se apagaran. Y luego dijo en voz baja: "Todo cambia". 

El lama tibetano y Suzuki Roshi estaban enfatizando la verdad de la impermanencia. Aprendí de estos maestros que necesitamos vivir nuestra vida de acuerdo con cómo son las cosas en realidad, y que tal vez puedas ver esta realidad más claramente reflejada en tu propio cuerpo y mente envejecidos.

Tengo un recuerdo de otra charla con Suzuki Roshi en la que un estudiante preguntó: "¿Por qué meditamos?" Parecía una pregunta descartable, pero Suzuki Roshi no la tomó de esa manera y en realidad respondió de una manera que no esperaba. Dijo: "Meditamos para poder disfrutar de nuestra vejez". En ese momento, probablemente tenía sesenta y tantos años y se estaba recuperando de una enfermedad que había durado un año, pero parecía estar disfrutando y reía mucho, como siempre. 

No estoy seguro de haber entendido lo que quiso decir en ese entonces, pero creo que ahora sí. Para abrazar y disfrutar la etapa de ser una persona mayor, de llegar al final de la vida, necesitamos tener una base y una base en lo que es la realidad. 

Las enseñanzas sobre la realidad de la "vejez, la enfermedad y la muerte" son fundamentales para la tradición budista. En la superficie, "envejecer es una realidad", no suena tan agradable; puede parecer posiblemente morboso o deprimente. (De hecho, cuando mis hijos eran más jóvenes, les decían a sus amigos: "Mi papá es un maestro budista", y sus amigos se burlaban de ellos. "Oh, esa cosa budista, es la 'cosa' del sufrimiento, decían). Es gracioso: el objetivo de enfatizar la realidad del envejecimiento, la enfermedad y la mortalidad no es deprimir a las personas. Es una forma de recordarle a la gente la naturaleza de la realidad: todo envejece y finalmente muere. Por supuesto, esto es cierto para todos los seres humanos que han vivido. No importa si eres rico o pobre, poderoso o impotente.

Para muchos de nosotros hoy, la verdad de la mortalidad es más difícil de evitar que nunca en nuestras vidas. La pandemia mundial de coronavirus es una realidad que definitivamente no podemos negar ni evitar. Encuentro útil pensar en COVID-19 como un momento de “relámpago”, un momento de realización similar a los primeros encuentros del Buda con la vejez, la enfermedad y la muerte. 

La historia del joven Siddhartha Gautama, antes de convertirse en Buda, al dejar el palacio de su padre y encontrarse con un anciano, un enfermo y un muerto, parece un cuento de hadas. Es casi seguro que no es literalmente cierto, pero es psicológicamente profundo. Cuando nació el Buda, se había hecho una profecía de que él se convertiría en un gran rey o en un gran líder espiritual. Su padre, un gobernante él mismo, no quería que su hijo siguiera el camino espiritual, por lo que prohibió al joven Gautama salir del palacio para que nunca viera nada que pudiera afligirlo. Pero finalmente la curiosidad del Buda lo obligó a escabullirse de los terrenos del palacio, junto con su leal sirviente, Chandra. 

Lo primero que vio fue una persona enferma. Él preguntó: "Chandra, ¿qué, ¿qué le pasa a la persona?" Y Chandra dijo: “Bueno, esa persona está enferma. Están enfermos, eso es enfermedad ". Lo mismo sucedió cuando vio a un anciano y un cadáver: dos momentos más del Buda encontrándose con nuestra realidad ineludible. Sin embargo, la cuarta persona que vio el Buda fue un monje de semblante sereno, lo que lo despertó a la posibilidad de que hubiera una manera de ver más allá de estas duras verdades de la muerte, la enfermedad y el envejecimiento.  

Con el coronavirus, hemos regresado parcialmente al mismo mundo en el que vivía Buda, que es un mundo de incertidumbre, miedo y ansiedad. Puede parecer que estamos en un miasma, una sopa de realidad en la que nos estamos ahogando. Pero la cosa es, nos demos cuenta o no, al sintonizarnos con este sufrimiento, estamos viviendo una forma de la enseñanza del Buda. Enfrentar su envejecimiento, la posibilidad de enfermedad y la inevitabilidad de la muerte lo convierte en un budista natural. Hay que tener sabiduría para profundizar en todos los aspectos de su envejecimiento, no solo ahora, en un momento en que el envejecimiento hace que uno sea aún más propenso a morir por COVID-19, sino siempre. 

Creo que cuando te enfrentas cara a cara con tu mortalidad, ya sea que estés meditando o no, estés tranquilo o no, en realidad estás practicando la enseñanza central del Buda. Ahora que nos ponemos máscaras y guantes y estamos a dos metros de distancia, nuestro miedo a la muerte se activa constantemente. Pero estos recordatorios constantes de que estamos sujetos a la impermanencia pueden servir como recordatorios útiles para enfrentar nuestros miedos a la vejez, la enfermedad y la muerte con valentía y el deseo de aliviar nuestro sufrimiento y el sufrimiento de los demás. 

 

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Lewis Richmond, un discípulo ordenado de Shunryu Suzuki Roshi, fue durante muchos años Director Religioso del Templo Zen de Green Gulch. 

https://tricycle.org/trikedaily/lewis-richmond-aging/

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Sí, podemos tener esperanza – Joan Halifax

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Traducido con Amor desde… https://www.lionsroar.com

 

Una buena parte de mi vida la he pasado relacionándome con situaciones que podrían considerarse desesperadas: como activista contra la guerra, trabajadora de derechos civiles, cuidadora de personas moribundas. También me ofrecí como voluntaria con presos condenados a muerte, trabajé en clínicas médicas en áreas remotas del Himalaya, donde la vida es dura, la comida es escasa y el acceso a la atención médica es nulo, y trabajé en Katmandú con refugiados rohingya que no tienen estatus en ningún lugar. Podrías preguntar, ¿por qué molestarse? ¿Por qué mantener la esperanza de poner fin a la guerra o la injusticia? ¿Por dar esperanza a las personas que están muriendo, o a los refugiados que huyen del genocidio, o para encontrar soluciones al cambio climático?

A menudo me ha preocupado la noción de esperanza. Pero recientemente, en parte debido al trabajo de la crítica social Rebecca Solnit y su poderoso libro Hope in the Dark, me estoy abriendo a otra visión de la esperanza, lo que yo llamo esperanza sabia.

Sabemos que la esperanza ordinaria se basa en el deseo, en el deseo de un resultado que bien podría ser diferente de lo que realmente sucederá. No conseguir lo que esperábamos se suele vivir como una especie de desgracia. Alguien que tiene esta esperanza tiene una expectativa que siempre se cierne en un segundo plano, la sombra del miedo a que sus deseos no se cumplan. Esta esperanza ordinaria es una expresión sutil de miedo y una forma de sufrimiento.

Una esperanza sabia no significa negar estas realidades. Significa enfrentarlas.

La esperanza sabia no es ver las cosas de manera irreal, sino ver las cosas como son, incluida la verdad del sufrimiento, tanto su existencia como nuestra capacidad para transformarlo. Es cuando nos damos cuenta de que no sabemos qué sucederá cuando este tipo de esperanza cobre vida; en esa amplitud de la incertidumbre está el espacio mismo que necesitamos para actuar.

Con demasiada frecuencia nos paralizamos por la creencia de que no hay nada que esperar, que nuestro diagnóstico de cáncer es una vía de un solo sentido sin salida, que nuestra situación política no tiene remedio, que no hay forma de salir de nuestra crisis climática. Se vuelve fácil pensar que ya nada tiene sentido, o que no tenemos poder y no hay razón para actuar.

A menudo digo que debería haber solo dos palabras sobre la puerta de nuestro templo ¡Mantente Presente! Sí, el sufrimiento está presente. No podemos negarlo. Actualmente, hay 65,3 millones de refugiados en el mundo, solo once países están libres de conflictos y el cambio climático está convirtiendo los bosques en desiertos. La injusticia económica está llevando a las personas a una pobreza cada vez mayor. El racismo y el sexismo siguen siendo rampantes.

Pero entienda, la esperanza sabia no significa negar estas realidades. Significa enfrentarlas, abordarlas y recordar qué más está presente, como los cambios en los valores que reconocemos y nos mueven a abordar el sufrimiento en este momento. “No encuentres fallas en el presente”, dice el Maestro Zen Keizan. ¡Nos invita a verlo, no a huir de él!

El estadista checo Václav Havel dijo: “La esperanza definitivamente no es lo mismo que el optimismo. No es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo resulte”. No podemos saberlo, pero podemos confiar en que habrá movimiento, habrá cambio. Y que seremos parte de él. Avanzamos en nuestro día ymeditamos, o nos sentamos al lado de la cama de un paciente moribundo, o enseñamos esa clase de tercer grado.

Comparto la aspiración de despertar del sufrimiento; para muchos de nosotros, esta aspiración no es un programa de superación personal "pequeño". Pero lo intentamos a diario.

Dostoyevsky dijo: "Vivir sin esperanza es dejar de vivir". Sus palabras nos recuerdan que la apatía no es un camino iluminado. Estamos llamados a vivir con posibilidades, sabiendo muy bien que prevalece la impermanencia. Entonces, ¿por qué no dar la cara?

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Joan Halifax es abad y directora del Instituto Upaya y Centro Zen en Santa Fe, Nuevo México. Su libro más reciente Standing at the Edge: Finding Freedom Where Fear and Courage Meet explora cómo podemos enfrentar los desafíos que enfrentamos en nuestro actual clima político tenso.

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Budismo Zen para tiempos de incertidumbre - Dokushô Villalba

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Vivimos tiempos inciertos, tiempos acelerados que previsiblemente se irán acelerando cada vez más. Tiempo de transformaciones veloces en nuestros hábitos de vida, valores y comportamientos. Tiempo en el que los avances tecnológicos (redes de comunicación, ingeniería genética, medicina, etc.) nos imponen un ritmo de adaptación que a veces nos dejan sin aliento.

La estructura de la familia tradicional, las mismas relaciones entre los empleados y sus empleadores, por no hablar de la relación de pareja, pareciera que todo se está desmoronando bajo nuestros pies y que los valores que recibimos en nuestras familias, escuelas, universidades e instituciones no nos sirven ya como mapa ni referencias seguras en una realidad cada vez más imprevisible, incierta y cambiante.

Es interesante observar el hecho que, en estos comienzos del siglo XXI, muchos hombres y mujeres del occidente hipertecnologizado se están volviendo hacia una vía de conocimiento surgida hace veinticinco siglos, en un lugar geográfico tan distante como el norte de India, surgida en el seno de una sociedad agrícola.

¿Qué encuentran los ciudadanos occidentales en la Vía del Zen, por ejemplo?

Básicamente una experiencia corporal, emocional, sicológica y espiritual profundamente clarificadora, pacificadora y liberadora.

En el núcleo de la experiencia existencial facilitada por la práctica del Budismo Zen se encuentra una profunda reestructuración del sentido de identidad. En definitiva, la pregunta esencial tanto hace veinticinco siglos como en la actualidad es ¿QUIEN SOY YO?

Lo que el Budismo Zen nos trae es una tecnología espiritual que nos permite responder progresivamente a la pregunta ¿quién o qué soy yo? Esta respuesta no viene dada en forma de ideología, o de sistema dogmático, sino en forma de una experiencia profundamente personal, subjetiva, que afecta a la totalidad de nuestro ser individual y a nuestro ser-en-el-mundo-

La mayor parte de los estudiosos de la religión están de acuerdo en que el sentimiento religioso surgió en la humanidad primitiva al mismo tiempo y de forma indisociable al surgimiento de la conciencia individual y a la sensación de separatividad del yo de su entorno.

El emerger de la visión dualista en la mente humana vino acompañada por un irresistible anhelo de recuperar la Unidad perdida. Podemos decir por ello que toda espiritualidad es un camino unitivo, un camino que trata de conducirnos a la vivencia de Unidad Original.

La paulatina irrupción de conciencia individual va irremediablemente acompañada por la angustia del yo separado. Esta angustia podría representar la “caída” y la “expulsión” del paraíso de la fusión inconsciente con el Todo, fusión propia del estado de conciencia pre-egoico.

Podemos ver pues en la base del sentimiento religioso el anhelo de liberación de tal angustia del yo separado. Un anhelo de totalidad, de Unidad Primigenia.

En la raíz de nuestras angustias, miedos, incertidumbres se encuentra un sentimiento de identidad que nos separa, nos atenaza, nos opone y nos enfrenta al mundo, al mismo tiempo que escinde nuestra totalidad interior. Por ello, lo que la enseñanza budista nos propone es una profunda reflexión, una introspección sobre la naturaleza de nuestro sentimiento de identidad, de ser yo, y una transformación de las imágenes mentales ilusorias que nos hacemos sobre nosotros mismos y sobre la realidad.

 

¿COMO DEFINIR EL YO?

“El yo es la esencia de mi ser, mi identidad como persona, una entidad individual (no divisible), fija, estable, sólida, densa, claramente definida e independiente del medio en el que vive con el que sin embargo se relaciona”.

Preguntémonos: ¿tenemos siempre el mismo sentido de identidad? La psicología evolutiva nos hace ver que el sentido de la identidad evoluciona y se transforma enormemente desde el estado intrauterino hasta el momento de la muerte.

Por otra parte, el término “persona” proviene del griego “per son”, literalmente, “aquello a través de lo cual pasa el sonido”, es decir, máscara. En efecto, esta era el término que designaba en griego antiguo las máscaras que usaban los actores de las tragedias. La persona es el “YO REPRESENTADO POR LA MENTE”, la imagen mental que tenemos de nosotros mismos, de ninguna forma el ser que somos realmente.

La personalidad es por ello muy a menudo un baile de máscaras (de personas o subpersonalidades).

“No somos un yo sino una república de yoes” (“Sostiene Pereira”).

Visto esto, tenemos que admitir que el yo es una construcción lingüística, fruto de la mente analítica (conceptual, abstracta), ampliamente consensuada por el sistema socio-cultural, con un valor de uso y de ordenación de la realidad a nivel humano, pero que CARECE DE EXISTENCIA REAL EN TANTO QUE ENTIDAD PROPIA.

Es una máscara (o un grupo de máscaras). Cuando olvidamos esto, cuando el ser que somos se identifica con la máscara a través de la cual se expresa, surge el sufrimiento. Un sufrimiento que siempre acompaña al sentido de identidad.

 

EL SUFRIMIENTO ASOCIADO A LA IDENTIDAD

El Buda habló de tres niveles en la experiencia del sufrimiento:

  1. Sufrimiento corporal: dolor físico, malestar, común a plantas, animales y seres humanos.
  2. Sufrimiento mental-emocional: originado por la discrepancia entre nuestros deseos e ilusiones y la realidad; los desengaños de la vida; la imposibilidad de satisfacer todos nuestros deseos; propio de los seres humanos que han desarrollado una conciencia egoíca.
  3. Sufrimiento existencial: surge de la identificación con la individualidad.

Desde este punto de vista, cuanto mayor sea nuestra identificación con la individualidad o el yo que creemos ser, mayor será nuestro sufrimiento.

La causa del sufrimiento que experimentamos se encuentra siempre en el interior de nuestra propia mente que es quien lo experimenta. Es nuestra propia mente la que está continuamente recreando, instante tras instante, nuestro sentido de identidad a través de un complejo proceso.

Es nuestra propia mente la que crea el mundo y todo el sufrimiento asociado a él. Somos nosotros, cada uno de nosotros, los que percibimos nuestro mundo, el mundo que nuestra propia mente ha creado, en general, de forma inconsciente. Debemos por tanto hacernos responsables de nuestras percepciones. Somos los responsables del mundo que percibimos.

Nuestros sufrimientos no provienen del exterior, de un mundo externo hostil, de nuestros enemigos, de un dios malvado, sino que proceden de nuestro propio mundo interno.

A partir del momento en el que reconocemos que nuestro sufrimiento no proviene del exterior sino de nuestra propia manera de organizar y representarnos mentalmente nuestra identidad y la realidad, nos damos cuenta de que la superación de este sufrimiento está en nuestras manos y que, para ello, basta con reconocer sus causas y eliminarlas.

Cuando analizamos nuestros sufrimientos nos damos cuenta de que en todos los casos las causas estriban en que nuestros deseos se hallan en conflicto con las leyes de la existencia y, dado que esas leyes son imposibles de cambiar -, la única alternativa posible consiste en transformar nuestros deseos.

LA ILUSION DE LA IDENTIDAD

En el budismo, la condición fundamental del sentimiento de identidad y del sufrimiento asociado a él es la ignorancia (avijja).

Esta ignorancia es un estado de ofuscación (ceguera, oscurecimiento) mental y emocional del que brota la ilusión de ser un “yo”, una entidad fija y estable, un ego permanente que se opone al resto del mundo. La creencia en este yo y el apego emocional a esta creencia es lo que hace que el equilibrio interno y la relación con el entorno se perturbe.

Para comprender cómo se produce esta ruptura del equilibro podemos considerar la energía cósmica en su doble movimiento de contracción y expansión.

La contracción actúa de un modo centrípeto y representa a la unificación mientras que la expansión, por su parte, lo hace de un modo centrífugo y representa la diferenciación, la interrelación y el crecimiento. Para que cualquier organismo vivo pueda seguir viviendo, es necesario que ambas tendencias se mantengan en equilibrio. Si la tendencia al crecimiento prevalece sobre la unificación termina abocando en la desorganización, la desintegración, el caos y la enfermedad. De este modo, la hipertrofia de la vida orgánica lleva a la destrucción final del organismo (cáncer) y la hipertrofia de la vida mental -el crecimiento sin unidad que permita integrarlo (centralización)- conduce a la locura, a la disgregación mental. Si, por el contrario, la centralización prevalece sobre el crecimiento terminaremos -ya sea a nivel físico como mental- atrofiados y completamente estancados.

Es esta falta de armonía mental la que es llamada avijja, ignorancia o ilusión del “yo”. En tal caso, todo será valorado desde el punto de vista egocéntrico del deseo (tanha) ya que una entidad egoíca que se cree permanente anhela seguir siéndolo. Pero, como tal cosa es imposible, esa situación termina abocando al desengaño, el sufrimiento y la desesperación.

El deseo básico del sentimiento de identidad es querer seguir siendo esa misma identidad para siempre jamás. Pero la misma esencia de la vida es cambio mientras que la esencia del apego es conservar, estabilizar e impedir el cambio. Es por ello que el cambio se nos presenta como sufrimiento. Vemos en todo cambio una amenaza para la sensación de identidad alcanzada. Si no sintiéramos apego a nuestra identidad virtual no nos sentiríamos perturbados por las transformaciones del yo ni por su desaparición. Entonces disfrutaríamos del cambio. Si este fuera un mundo absoluto y estático y si nuestra vida permaneciera inmutable no existiría la menor posibilidad de liberación.

No es, por tanto, el mundo ni su transitoriedad la causa de nuestro sufrimiento sino nuestra actitud, nuestro apego, nuestra sed, nuestra ignorancia, en definitiva.

 

SER SIENDO

Ser no es, pues, un estado. No hay ningún ser que sea siempre el mismo ser. Ser significa “siendo” (Heidegger). Es un proceso. El ser es un siendo que fluye hacia el océano del no-ser (muerte). “El ser es un siendo abocado a la nada” (Heidegger). Es un proceso abierto en el que muchos “siendo” se entrecruzan, se interinfluencian, se apoyan y se intergeneran de forma pluridimensional. Esta es la red de la vida. Una red de complejas interdependencias entre individuos fugaz y relativamente independientes.

La incertidumbre y la indeterminación no son exclusivas de la época que nos ha tocado vivir. Forman parte de naturaleza misma de la vida. En el budismo se dice que solamente podemos estar seguros de dos cosas: que vamos a morir y que no sabemos ni cuándo ni dónde ni cómo.

No hay más remedio que aprender a fluir sobre las olas de la realidad siempre cambiante.

 

 No-dualidad Entrevistas | Dokushô Villalba: ¿Cuál es el sentido de ...

Francisco Dokushō Villalba, es un maestro budista español. En 1984 fue el primer español en obtener el reconocimiento como maestro zen.​​ Fue discípulo del maestro zen japonés Taisen Deshimaru difusor del zen en Europa quien le ordenó monje budista zen en 1978.

http://www.concienciasinfronteras.com/PAGINAS/CONCIENCIA/dokusho_incertidumbre.html

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ZEN A LA HORA DE COMER - April Thompson

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Comidas conscientes con gratitud silenciosa

 

En los monasterios Zen, el cocinero jefe (conocido como tenzo) es uno de los puestos más importantes que pueda ocupar un monje. Eihei Dogen, fundador de Soto Zen, una de las comunidades más antiguas del budismo dijo que esto es “porque la posición requiere una práctica incondicional”. Con relación al libro, Instructions for the Zen Cook, Dogen escribió, “En la preparación de los alimentos es esencial ser sincero y respetar cada ingrediente sin importar cuán grueso o fino sea”.

Los rituales alrededor de la comida son un elemento importante del budismo, al igual que en muchas tradiciones espirituales. Pero no tenemos que ser budista o tener una práctica en meditación para aprender a cocinar de manera más consciente, disfrutar más de las comidas y comer en mejor equilibrio.

“Cocinar puede ser una meditación. Cocinamos con todos nuestros sentidos: probamos, tocamos, olemos y escuchamos para determinar si la sartén está lo suficientemente caliente. Solo tenemos que estar en conciencia plena”, dice Jean-Philippe Cyr, autor del libro The Buddhist Chef: 100 Simple, Feel-Good Vegan Recipes.

“Cocinar es un acto de amor y generosidad, por lo tanto, esto se debe hacer con cuidado —tomarse el tiempo para considerar los ingredientes y los sabores generales, prestando atención mientras se pican los ingredientes. Estas cosas son la base de una gran comida”, dice Gesshin Claire Greenwood, sacerdotisa Zen en San Francisco. Greenwood se formó en monasterios budistas en Japón durante más de cinco años, experiencias que recoge en sus memorias recientes y a su vez en el libro de cocina, Just Enough: Vegan Recipes and Stories from Japan’s Buddhist Temples.

Aunque el vegetarianismo se fomenta en todas las escuelas de budismo y la mayoría de los monasterios se abstienen de comer carne, no es un requisito estricto. Cyr, que es vegano y practicante de budismo por más de 20 años se toma en serio, como chef, el concepto del ahimsa, o “no hacer daño”. “El veganismo y el budismo comparten el valor común de la compasión hacia los animales, así como a la Tierra. El cambio climático causado por el consumo de carne también causa mucho daño”, dice Cyr, radicado en la zona rural de Quebec, Canadá. 

El “camino intermedio” es un principio budista importante en la cocina —lograr el equilibrio entre la indulgencia y la privación el “justo lo suficiente”, según se plantea en el título del libro de cocina de Greenwood. “Es importante usar suficiente sal para que la comida sepa bien, pero no tanta que sea abrumador. Cuando vamos de compras o comemos algo, también podemos prestar atención a cuándo hemos tenido suficiente”, dice ella.

La mente sobre la boca

Comer de manera consciente puede abrir una nueva y hermosa relación con la comida, dice Jan Chozen Bays, sacerdotisa budista Zen y co-abad en el Monasterio Great Vow Zen, en Clatskanie, Oregón. “Este país tiene una epidemia de alimentación desequilibrada. Las personas están estresadas y temerosas de comer, pero cocinar y comer deben ser actividades humanas intrínsecamente placenteras”, dice Bays, autora de Mindful Eating: A Guide to Rediscovering a Healthy and Joyful Relationship with Food. “En la práctica Zen, los rituales conscientes nos ayudan a aprender a estar presentes y en paz durante las comidas”.

El comer con conciencia plena no se trata de restricciones, sino más bien de curiosidad e investigación, una aventura para los sentidos. “La investigación muestra que las dietas no funcionan ya que dependen de fuentes externas en lugar de ayudar a ir hacia el interior y aprovechar la sabiduría innata del cuerpo”, dice Bays.

Sintonizar a la hora de comer

Al apresurarnos al comer sin pensar nos ha vuelto sordos a las señales de nuestro propio cuerpo, dice Bays. “Vaya al supermercado cuando tenga hambre y diríjase al lugar donde está la comida de verdad, deténgase y pregúntele a su cuerpo: ‘¿Quieres naranjas? ¿El broccoli sería bueno para nosotros?’ Sintonice con su hambre celular”, dice ella.

En el Monasterio Great Vow Zen, la primera comida en la mañana se lleva a cabo en silencio, junto con una “oración para agradecer la comida y a todos los seres vivos cuya vida influye en nosotros a través nuestra comida”, dice Bays, al añadir que la investigación muestra que las ceremonias y los momentos de reflexión conducen a una alimentación más consciente y saludable. 

“En lugar de hablar por teléfono, trate de cocinar en silencio. Prestar atención a los detalles como el olor de la albahaca, el color del tomate y toque de la cuchara que aporta tanta riqueza al acto de cocinar”, dice Bays.

Tal enfoque lleva a un sentido de apreciación por los ingredientes de las comidas y la vida, dice Myoju Erin Merk, sacerdotisa del Centro Zen de San Francisco. “Hacer una comida es una extensión activa de nuestra práctica de meditación sentada”.

 April Thompson, escritora independiente radicada en Washington, D.C. en AprilWrites.com.

 

Sopa de verduras de otoño asadas

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1 camote

1 cebolla

3 zanahorias

30 ml 2 cdas. aceite de oliva

0,5 ml 1/8 cucharadita nuez moscada

1 ml 1/4 cucharadita canela

1 ml 1/4 cucharadita comino

1 ml 1/4 cucharadita cúrcuma

sal y pimienta para probar

1 litro 4 tazas de caldo de verduras

 

Precaliente el horno a 350 ̊F (180 ̊C).

Pelar y picar las verduras y colocarlas en un bol grande.

Agregue el aceite de oliva, la nuez moscada, la canela, el comino, la cúrcuma, la sal y la pimienta. Mezclar bien.

Transfiera las verduras a una bandeja para hornear o un plato apto para horno.

Ase durante 30 minutos.

Retire las verduras del horno y transfiéralas a una olla.

Agregue el caldo de verduras y deje hervir a fuego alto.

Reduzca el fuego, cubra y deje hervir a fuego lento durante 20 minutos, o hasta que las verduras estén tiernas.

Haga un puré con una batidora de mano y sirva.

Extraído con permiso de The
Buddhist Chef (El Chef Budista, libro), de Jean-Phillippe Cyr.

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April Thompson es escritora, editora y consultora de marketing y comunicaciones. Trabajando como escritora independiente durante más de 20 años, April ha cubierto alimentos, viajes, sostenibilidad, espiritualidad y otros temas para decenas de publicaciones

https://prnatural.com/zen-a-la-hora-de-comer/

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LOS OCHO VIENTOS

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“Estas ocho condiciones del mundo siguen al mundo y el mundo no se separa de estas ocho condiciones . ¿Cuáles ocho? Ganancia y pérdida, fama y fracaso, crítica y elogio, felicidad y dolor.”

“El ser ordinario no conocedor experimenta los ocho vientos mundanos. También el discípulo con conocimiento. ¿Cuál es la diferencia? ¿Cuál es la diferencia de esfuerzo? ¿Cuál es la diferencia entre el ser sin conocimiento y el ser con conocimiento?”

Claro, todos los experimentamos. Vienen y van, a veces sopla uno y a veces otro. A veces son brisas, a veces ráfagas, a veces vendavales. Nos elogian, llega la fama o ganamos lo que deseamos, para luego ser criticados, fracasar o perder lo que hemos ganado. La felicidad y el dolor nos sacuden.

“Cuando el ser  sin conocimiento obtiene ganancia, él no considera así, ‘He obtenido esta ganancia. Pero esta es impermanente y de naturaleza transitoria.’ No comprende esto de acuerdo con la realidad. Cuando obtiene pérdida … cuando obtiene fama … cuando obtiene fracaso … cuando obtiene crítica … cuando obtiene elogio … cuando obtiene felicidad … cuando obtiene dolor, él no considera esto. No comprende esto de acuerdo con la realidad.”

“La ganancia se apodera de su mente, la pérdida se apodera de su mente. La fama se apodera de su mente, el fracaso se apodera de su mente. La crítica se apodera de su mente, el elogio se apodera de su mente. La felicidad se apodera de su mente, el dolor se apodera de su mente. Él se deleita con la ganancia obtenida, se contraría con la pérdida obtenida. Se deleita con la fama obtenida, se contraría con el fracaso obtenido. Se contraría con la crítica obtenida, se deleita con el elogio obtenido. Se deleita con la felicidad obtenida, se contraría con el dolor obtenido. Él así, deleitándose y contrariándose, no se libera del sufrimiento.”

¿Entonces?

“Cuando el discípulo con conocimiento obtiene ganancia, él considera que, ‘He obtenido ganancia. Ésta es impermanente, y de naturaleza transitoria.’ Comprende esto de acuerdo con la realidad. Cuando obtiene pérdida … cuando obtiene fama … cuando obtiene fracaso … cuando obtiene crítica … cuando obtiene elogio … cuando obtiene felicidad … cuando obtiene dolor, él considera: ‘He obtenido este sufrimiento. Éste es impermanente de naturaleza transitoria’. Comprende esto de acuerdo con la realidad.”

Los ocho vientos no se apoderan de su mente-corazón. Ni la ganancia, ni la pérdida, ni la fama, ni el fracaso, ni la crítica, ni el elogio, ni la felicidad, ni el dolor.

“Así, no deleitándose y no contrariándose, se libera del sufrimiento. Ésta es la diferencia, ésta es la diferencia, ésta es la diferencia entre el ser con conocimiento de la impermanencia y el que no lo tiene”.

Ganancia y pérdida, fama y fracaso, crítica y elogio, felicidad y dolor, son condiciones de la vida humana. Existe un sendero de paz, de claridad, de bondad, de creatividad, de lealtad, de comprensión ... y pasa justo en medio de ellos. Es difícil de vislumbrar y requiere compromiso al caminar. Pero así, y sólo así, se vive sin ser sacudido tan duramente por estos ocho vientos.

 

http://moksananda.blogspot.com/2008/02/los-ocho-vientos-mundanos.html

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Lo que aprendí al estudiar con un monje - Robert Piper

7332961098?profile=RESIZE_710xTraducido desde...https://upliftconnect.com

 

 

Eres tu mejor maestro

Tenemos que encontrar la felicidad en el interior y también encontrar nuestro propósito en el exterior.

Cuando tenía 18 años, sufrí de ansiedad y problemas de estómago. Un médico compasivo y budista practicante me remitió a un monje taoísta que se especializaba en meditación y artes marciales. Terminé curándome de la ansiedad y los problemas estomacales haciendo meditación y emprendí un gran viaje de autodescubrimiento.

Estas son las lecciones que aprendí mientras estudiaba con el monje:

Sigue intentándolo hasta que lo hagas bien

La lección de vida más importante que aprendí fue intentar algo tres veces (tal vez incluso cuatro) antes de dejar de intentarlo y seguir adelante. Además, este monje me enseñó que, incluso después de varios intentos, debes trabajar en diferentes ángulos para abordar las cosas que son difíciles.

Si sigues intentándolo, eventualmente llegarás a dónde vas.

La respuesta a tu pregunta está dentro de ti

Como parte del entrenamiento original del monasterio, un monje no respondía preguntas directas de un estudiante a menos que fuera una pregunta bien pensada. Un proverbio chino dice:

Los maestros abren la puerta, pero debes entrar tú solo.

Algunas formas de budismo zen utilizan un estilo de entrenamiento muy similar. Un viejo dicho (de monjes taoístas) dice así:

Al hacer una mesa de cuatro esquinas, el maestro muestra al estudiante cómo hacer una esquina. Es trabajo del estudiante descubrir cómo hacer las otras tres.

Hicieron esto porque estaban preparando al estudiante para lidiar efectivamente con problemas en el mundo real.

Una vez viajé a Corea del Sur y me pareció fascinante cuánto tienes que confiar en tu intuición cuando no hablas el idioma nativo de un país. Recuerdo un caso, tuve problemas para explicarle al taxista dónde estaba mi hotel, y él no hablaba inglés. Así que tuve que salir del taxi y preguntar a varias personas hasta que pudiera encontrar a alguien que le dijera al taxista en coreano cómo llegar a mi hotel.

En la vida, cada vez que probamos cosas nuevas, tenemos que ir a lugares nuevos con solo una pequeña cantidad de información. El mundo real no nos da todas las respuestas. El mejor maestro está dentro de nosotros.

La verdadera sabiduría en la vida proviene de hacer algo y fallar

Antes de comenzar a meditar, solía enojarme cuando intentaba algo y fallaba.

He estado en ventas desde que tenía dieciséis años. Recuerdo que fui a trabajar y me enojé mucho conmigo mismo porque no logré una venta. Si alguna vez me rechazaban, me enojaba conmigo mismo y querría dejar mi trabajo. Pero seguí fallando una y otra vez, hasta que me volví bueno en eso.

Recuerdo que cuando comencé a hacer meditación, me encontré con varios problemas. Por ejemplo, al principio fue difícil calmarme; pero si uno se mantiene firme, será cada vez más fácil. Lo intenté solo por unos minutos, y luego, todos los días, agregué más tiempo a mi meditación.

Cuando comienzas a hacer meditación, reconoces la mente egoísta

Todo en el mundo del ego es el resultado de la comparación. Me comparaba con otros vendedores y me culpaba porque no ganaba tanto dinero como ellos.

Cuando comencé a hacer meditación, comencé a construir una separación de esta mente egoísta, que constantemente hace estas comparaciones. Muchos de nosotros intentamos algo y somos rechazados, así que nos damos por vencidos. Peor aún, nos culpamos durante mucho tiempo y nos deprimimos. Cuando comencé a hacer meditación, comencé a identificar mi ego y pude lograr una separación de él.

Eso es lo que sucede cuando meditamos: nos separamos de la parte de nosotros mismos que se basa en las comparaciones y comenzamos a aprender a vivir una vida que no está impulsada por nuestros egos.

Debemos ser compasivos y resilientes

El monje no se reuniría conmigo para entrenar a menos que lo llamara un mínimo de tres veces. Odiaba esta parte. Solía ​​llamar y llamar y él nunca contestaba. Pero así es la vida. ¿Cuántas veces tienes que llamar o enviar un correo electrónico a alguien para hacer algo en el mundo real? Suele ser varias veces.

La mayoría de nosotros nos culpamos a nosotros mismos cuando intentamos hacer algo una vez y fallamos. En ese momento, odiaba esta parte del entrenamiento, pero ahora creo que fue la lección de vida más importante.

Hay un proverbio taoísta que dice:

Algodón por fuera, acero por dentro.

Nos recuerda que debemos ser compasivos, pero no débiles.

La paciencia es una virtud

El monje siempre me hacía esperar, y eso me daba pavor.

Por ejemplo, cuando llegaba a su casa para entrenar, me hacía esperar un mínimo de media hora, a veces más. Salíamos a cenar los viernes por la noche y él aparecía en el restaurante una hora tarde.

Me decía que me encontrara con él en un restaurante en particular a las 7:00. Llegaba y descubría que él no estaba allí. Así que por lo general me sentaba en el restaurante a buscar a tientas mi teléfono, actuando como si estuviera enviando un mensaje de texto a alguien mientras me preocupaba por lo que todos en el restaurante pensaban de mí.

Luego aparecía como a las 8:15 y actuaba como si nada.

Su primera pregunta siempre era: "¿Cómo están tu madre y tu padre?" (Por supuesto que en mi cabeza estoy pensando, "¿Qué quieres decir con, '¿Cómo están mi madre y mi padre?' Esperé aquí durante una hora y quince minutos").

Pero después de unos años de esto, nunca me molestó; y no solo eso, se extendió a todas las áreas de mi vida. Debido a este entrenamiento, puedo decir honestamente que muy pocas veces me enojo por algo. Nunca más me agito cuando tengo que esperar en una fila larga o cuando alguien me cierra el paso en la carretera.

La paciencia es el regalo de la calma interior.

Separarse de su ego

Al principio, es difícil sentarse solo en un restaurante. Te preocupas constantemente, pensando que la gente probablemente piensa que eres un perdedor porque estás sentado solo. Pero la realidad es que nunca serás feliz si te preocupas por lo que otras personas piensan de ti.

Antes de comenzar a meditar, me molestaba por casi cualquier cosa. Ahora, nada realmente me molesta. Recientemente, estuve en el aeropuerto y hubo un retraso de varias horas en mi vuelo. Solo usé ese tiempo para hacer meditación. Hace diez años, me habría molestado mucho. Un retraso en el avión me habría arruinado el día.

Cuando dejas ir las necesidades de tu ego, es más fácil aceptar e incluso beneficiarte de lo que te venga.

"Sin yo, sin enemigo"

Es el enemigo interno el que causa todos nuestros miedos, preocupaciones e inseguridades. Si acepta este enemigo interno, afectará todas las áreas de su vida. Es la identificación con el 'yo / ego' lo que causa todos los problemas de la vida.

¿Cuántas veces no buscamos algo por miedo? Piense en todos los miedos que hemos evocado en nuestra mente que nos impiden ser verdaderamente felices. Si puedes conquistar al enemigo dentro de ti, no tendrás un enemigo fuera de ti.

La felicidad viene de adentro y de afuera

Aprendí esto observando al médico budista que conocí. Solía ​​hacer meditación en su oficina antes de interactuar con sus pacientes. Fue una de las personas más felices y compasivas que he conocido.

Al crear felicidad en el interior, pudo aumentar ese estado emocional al transmitirlo a los demás.

Debemos cultivar la felicidad desde dentro y trabajar para difundirla entre todas las personas con las que interactuamos. El monje solía decir:

Todos tienen un propósito o una misión en la vida.

 

Robert Piper

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Frente a la muerte, conscientemente - Bhante Henepola Gunaratana

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Traducido con Amor desde… https://www.lionsroar.com

 

Había recibido noticias de la enfermedad terminal de mi madre. En el camino a Sri Lanka desde Washington, DC, cambié de avión a un jumbo en Hawai. Una o dos horas después de despegar de Hawái, miré por la ventana y noté llamas provenientes del motor del avión.

Luego, la voz del piloto llegó a través del intercomunicador: el motor estaba en llamas y estábamos regresando.

Me exhorté a mí mismo: 'No importa cuán fuerte sea mi apego a la vida, debo dejar ese apego ahora'.

Les dijo a los asistentes de vuelo que dieran instrucciones sobre cómo deberíamos salir del avión si logramos regresar a Hawai. Teníamos que sentarnos en silencio con los cinturones de seguridad puestos. Cuando aterrizamos, las luces del piso nos llevarían a las ocho puertas de emergencia. Las puertas se abrirían y saldrían toboganes de emergencia. Debíamos saltar a las rampas sin dudarlo un momento, deslizarnos hacia abajo y huir del avión.

Dudo que alguien haya entendido muchas de estas instrucciones. Desde el momento en que el piloto anunció que el motor estaba en llamas, todos en la cabina parecían estar atrapados por miedo a la muerte. Algunos comenzaron a persignarse, las parejas se abrazaron y se besaron, otros lloraron o parecían tensos y ansiosos.

Pensé: “Si este es mi momento de morir, bueno, moriré de todos modos, ya sea que tenga miedo o no. Mantendré mi mente despejada. Primero recordé mi comprensión intelectual de lo que es la muerte. Consideraba que la muerte es inevitable, y que este sería un buen momento para morir porque había estado haciendo buenas acciones y no tenía nada de lo que arrepentirme. Luego pensé en la probable secuencia de eventos. "Si el avión cae rápidamente desde una altura de treinta y nueve mil pies, estaremos inconscientes antes de que el avión llegue al océano". No sé si esto es científicamente cierto, pero eso es lo que pensé en ese momento.

Me exhorté a mí mismo: “Tengo que mantener mi mente muy clara, muy pura antes de perder el conocimiento. Este es el momento de usar mi atención plena para darme cuenta de la inevitabilidad de la muerte. Si muero pacíficamente con un estado mental puro y claro, mi vida futura será brillante. Quizás logre una etapa de iluminación al ver la verdad de la impermanencia. No debo bloquear mi mente con miedo o confusión. No importa cuán fuerte sea mi apego a la vida, debo dejarlo ahora”. Por lo tanto, hice el esfuerzo para evitar que surgiera cualquier estado mental perjudicial frente a la muerte y alenté a que surgieran estados saludables.

Estaba demasiado aturdido para sentir miedo, y no sentía miedo, ¡realmente disfruté viendo las llamas saliendo del motor a treinta y nueve mil pies! Las llamas eran azules, amarillas y rojas. Rara vez se ven esas llamas azules. Algunas veces estallaban saliendo; a veces eran bajas. Parecían fuegos artificiales, o la aurora boreal.

Mientras disfrutaba del drama, veía la agonía que sufrían los trescientos pasajeros al pensar en la muerte. ¡Parecían casi muertos antes de morir! Sin embargo, noté que los niños pequeños no parecían afectados. Siguieron riendo y jugando como lo hacían antes de la crisis. Pensé: "Déjame situarme en una mente infantil".

Volvimos a Hawai y el avión hizo un aterrizaje de emergencia. Salimos por las puertas de emergencia según las instrucciones, deslizándonos por las rampas. Bajar la rampa fue una experiencia completamente nueva para mí. Quizás todos los demás en el avión al menos habían bajado por un tobogán en su infancia, pero nunca había hecho algo así en la pobre aldea donde crecí.

Hasta el final lo disfruté mucho.

Bhante Henepola Gunaratana

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Bhante Henepola Gunaratana, known affectionately as “Bhante G,” was ordained as a Buddhist at age twelve in his native Sri Lanka. In 1968 he was invited to the United States to serve as general secretary of the Buddhist Vihara Society in Washington D.C., where he received his Ph.D. in philosophy from The American University. He is the founder of the Bhavana Society and abbot of its monastery in the Shenandoah Valley. He is the author of Eight Mindful Steps to Happiness and Mindfulness in Plain English.

 

Texto cortesía del Monasterio Cittaviveka, compilado por Don de Silva.

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Buen corazón – Dalai Lama

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Un buen corazón es la fuente de toda felicidad, dice el Dalai Lama, y ​​todos podemos ser de buen corazón con un poco de esfuerzo. Pero mejor aún, dice, es tener bodhichita, un buen corazón imbuido de sabiduría.

Cualquier persona que tenga buenos pensamientos, que haga mucho para ayudar a los demás y que deje buenos recuerdos es respetada por personas de todo el mundo, independientemente de si son religiosos o no. Por otro lado, la ignorancia, la arrogancia y la obstinación de ciertos individuos, ya sea que sus intenciones sean buenas o malas, han estado en la raíz de todas las tragedias de la historia

Mi práctica es el camino pacífico de la bondad, el amor, la compasión y no dañar a los demás. Esto se ha convertido en parte de mí.

Hablando de mi propia experiencia, a veces me pregunto por qué a muchas personas les gusto. Cuando lo pienso, no puedo encontrar en mí ninguna cualidad especialmente buena, excepto una pequeña cosa. Esa es la mente positiva, que trato de explicar a los demás y que hago lo mejor que puedo para desarrollarme. Por supuesto, hay momentos en los que me enojo, pero en el fondo de mi corazón, no guardo rencor contra nadie. No puedo fingir que soy totalmente capaz de practicar bodhichitta [corazón despierto], pero me da una tremenda inspiración. Muy dentro de mí, me doy cuenta de lo valioso y beneficioso que es, eso es todo. Y trato lo más posible de considerar a los demás como importantes. Creo que es por eso que la gente toma nota de mí y le agrado, por mi buen corazón.

Cuando la gente dice que he trabajado mucho por la paz, me da vergüenza. Tengo ganas de reír. No creo que haya hecho mucho por la paz mundial. Es solo que mi práctica es el camino pacífico de la bondad, el amor, la compasión y no dañar a los demás. Esto se ha convertido en parte de mí. No es algo para lo que me haya ofrecido voluntariamente. Simplemente soy un seguidor del Buda, y el Buda enseñó que la paciencia es el medio supremo para trascender el sufrimiento. Él dijo: "Si un monje daña a otros, no es un monje". Soy un monje budista, por lo que trato de practicar en consecuencia. Cuando la gente piensa que esta práctica es algo único y especial y me llama líder de la paz mundial, ¡me da vergüenza!

Un buen corazón es la fuente de toda felicidad y alegría, y todos podemos ser de buen corazón si hacemos un esfuerzo. Pero aún mejor es tener bodhichita, que es un buen corazón imbuido de sabiduría. Es el fuerte deseo de alcanzar la iluminación para liberar a todos los seres del sufrimiento. Esta idea de ayudar a los demás está enraizada en la compasión, que surge de un sentimiento de gratitud y amor por los seres afectados por el sufrimiento. . .

Nuestro mayor enemigo es considerarnos más importantes que otros, lo que nos lleva a nosotros y a los otros a una ruina segura. De este apego al "yo" surge todo el daño, el miedo y el sufrimiento en este mundo. 

Si no hay entrega propia,

tampoco se puede evitar el dolor.

Un hombre no escapará de ser quemado

si no se mantiene alejado del fuego.

Para liberarte del daño y de otros de sus sufrimientos,

dónate por los demás,

abraza a los demás como lo haces contigo

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Tenzin Gyatso, el decimocuarto Dalai Lama, es el líder espiritual del pueblo tibetano y ganador del Premio Nobel de la Paz. Es estadista, maestro espiritual y teólogo. Él aboga por una "religión universal de la bondad humana" que trascienda las diferencias sectarias. El Dalai Lama es universalmente respetado como portavoz de la resolución pacífica y compasiva de los conflictos. 

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Si tuviera que resumir la totalidad de la vida de la mayoría de las personas en pocas palabras,
sería una resistencia infinita a lo que es.
A medida que nos resistimos, estamos en constante movimiento tratando de ajustarnos,
y aun así seguimos descontentos con lo que es.

Si tuviera que resumir la totalidad de la vida de una persona iluminada en pocas palabras, sería una completa aceptación de lo que es.

A medida que aceptamos lo que es, nuestras mentes se relajan y se componen mientras el mundo cambia rápidamente a nuestro alrededor.

Cuando te rebajas, el mundo te eleva. Cuando te elevas, el mundo te baja.
Cuando llegues a la cima de la iluminación, comprenderás que: Tu cima es de la misma altura que la de tu vecino.
En la cima, ves la santidad de todos.

Para los practicantes espirituales, las relaciones son la prueba final.
Incluso si ha despertado a tu naturaleza iluminada, aún hay más por recorrer en tu viaje espiritual si no está viviendo en armonía con los demás.

 

Del libro:  Las cosas que solo puedes ver cuando disminuyes la velocidad, por Haemin Sunim . . 

https://tricycle.org/magazine/things-can-see-slow/

 

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Cómo transformar la ira en 4 pasos- Judy Lief

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Según la psicología budista, la ira es una de las emociones conflictivas que causan nuestro sufrimiento. Sus compañeros son la avaricia, la ignorancia, la pasión, la envidia y el orgullo.

La ira puede ser candente o muy fría. La ira puede ser dirigida hacia otras personas, hacia una situación particular en la que estás atrapado o hacia la vida en general. Puede volverse hacia adentro, en forma de odio a sí mismo, resentimiento o rechazo de esas partes de ti mismo que te avergüenzan o te hacen sentir vulnerable. La ira puede hacerte matar, puede llevarte a suicidarte.

La ira es alimentada por el impulso de rechazar, alejar, destruir. Está asociada con un estado de dolor intenso y claustrofobia. Esa cualidad de claustrofobia o sentirnos arrinconados también se refleja en los orígenes de la palabra inglesa ira, cuya raíz significa "estrecho" o "restringido" “ceñido” “apretado”.

La ira puede ser extremadamente enérgica. Te sientes amenazado y claustrofóbico, y esa sensación dolorosa se intensifica hasta que arremetes como una rata acorralada. O puede manifestarse como un sutil hervor de resentimiento que siempre llevas contigo, como un chip en tu hombro.

La ira es parte de nuestra composición. Todos la tenemos, pero la tratamos de manera muy diferente, tanto individualmente como culturalmente.

Debido a que la experiencia de la ira es tan potente, generalmente tratamos de deshacernos de ella de alguna manera. Una forma de tratar de deshacernos de ella es taparla o suprimirla, porque nos da vergüenza reconocer o aceptar sentirnos de esa manera. Otra forma de tratar de deshacernos de nuestra ira es actuando impulsivamente a través de palabras o acciones violentas, pero eso solo alimenta más ira.

 

Dado que la ira es una parte natural de nosotros, no podemos deshacernos de ella, no importa cuánto lo intentemos. Sin embargo, podemos cambiar cómo nos relacionamos con ella. Cuando lo hacemos, comenzamos a vislumbrar una cualidad oculta dentro de esta fuerza destructiva que es sensata y valiosa.

Hay muchas estrategias y prácticas para lidiar con la ira. El enfoque general adentrarnos en la meditación. En ella, podemos comenzar a comprender la energía de la ira ​​y a establecer una nueva relación con ella. Sobre esa base, podemos comenzar a aplicar esta información en la vida cotidiana.

Cómo la atención plena socava la agresión

La práctica formal de la atención plena es la base para explorar la poderosa energía de la ira. Es difícil lidiar con la ira una vez que ha explotado, por lo que la práctica de la meditación es una herramienta muy útil. Al reducir la velocidad y al refinar nuestros poderes de observación, podemos detectar el surgimiento de la ira en una etapa anterior, antes de que tenga la oportunidad de superarnos por completo.

La práctica de quedarse quieto, respirar naturalmente y mirar atentamente la experiencia de cada momento es en sí mismo un antídoto contra la agresión. Esto es así porque la ira y otros arrebatos emocionales crecen sin ser vistos. Prosperan con la capacidad de acechar debajo de la superficie de nuestra conciencia y aparecer cuando lo deseen. Entonces, extender el límite de nuestra conciencia quita el hábitat natural que sostiene a la ira.

A través de la meditación, aprendemos a sintonizar con lo que estamos sintiendo y observar esa experiencia con desapego y simpatía. Cuanto más podamos hacer eso en la práctica formal de mindfulness, menos bajo el control de la ira estaremos. A su vez, hay más posibilidades de que también podamos transformar nuestra relación en ira en medio de la vida diaria.

¿Dónde surge la ira? Está en la mente Entonces, al apaciguar la mente, podemos establecer una base sólida para comprender cómo surge la ira en nosotros y cómo respondemos habitualmente a ella. Podemos ver cómo la ira se propaga y se instala en nuestro cuerpo, y cómo desencadena dramas basados en la culpa y el dolor. Podemos exponer nuestros conceptos sobre la ira, nuestras justificaciones, defensa y encubrimientos. Sobre esa base podemos ir más allá utilizando la siguiente práctica.

 

El árbol venenoso: una práctica de ira de 4 pasos

Una analogía tradicional para un enfoque progresivo, paso a paso, para lidiar con la ira es el árbol venenoso.

¿Cómo lidias con un árbol venenoso? Lo primero que puede hacer es podarlo, para evitar que se agrande demasiado o se propague. Pero eso solo lo mantiene bajo control. El árbol sigue ahí.

Sin embargo, una vez que el árbol tiene un tamaño más manejable, es posible desenterrarlo y deshacerse de él por completo, lo que parece ser un enfoque ligeramente mejor.

Pero justo cuando estás a punto de hacerlo, puedes recordar que un médico te dijo una vez que las hojas y la corteza de este árbol tienen cualidades medicinales. Te das cuenta de que no tiene sentido simplemente deshacerse de ese árbol. Sería mejor utilizarlo.

Finalmente, según esta historia, aparece un pavo real, nota el árbol y, sin más preámbulos, lo engulle felizmente. El pavo real convierte instantáneamente ese veneno en comida.

 

1-Poda del árbol: abstenerse de caer en la ira

El primer paso es abstenerse del habla y las acciones basadas en la ira. Cuando surge la ira, generalmente ya nos ha controlado cuando nos damos cuenta. La intensidad de la emoción y nuestra reacción a ella están tan ligadas como para sentirse casi simultáneas. Estamos desesperados por hacer algo con esta ira, ya sea alimentarla o reprimirla.

En este paso, nos abstenemos de hacer cualquier cosa, no importa cuán fuerte sea la necesidad de hacerlo. La práctica es permanecer con la experiencia de la ira. Comenzamos en el límite, con el segundo nivel de pensamiento, donde estamos tentados a agregarle combustible a la llama o tratar de pisarla y deshacernos de ella. La práctica es no participar en ninguna de esas dos estrategias. Es estar con nuestra ira sin interpretarla o elaborar estrategias.

Nuestras reacciones tienden a ser tan fuertes e inmediatas que inicialmente no podemos llegar realmente a la ira. Pero a medida que nuestra reactividad se vuelve menos dura, se abre una pequeña brecha, casi minúscula, entre nuestra ira y nuestra reacción. En esa brecha es posible estar con la ira y al mismo tiempo abstenernos de quedar atrapados en ella. Podemos relacionarnos con nuestra ira de manera más pura y simple, sin dudas.

 

2-Desarraigar el árbol: ver a través de la aparente solidez de la ira

Una vez que podamos estar enojados con más apertura y menos juicio, el segundo paso es observarla con mayor precisión.

Cuando surge la ira, la examinamos. Hacemos preguntas ¿A qué le atribuimos la etiqueta "ira"? ¿Es una percepción sensorial, un pensamiento o un sentimiento? Que tan real es ¿Qué tan invencible? ¿Aún está? ¿Se está moviendo? Cuando tratamos de fijarlo, ¿se escapa? ¿De dónde viene? ¿Dónde vive? ¿A dónde va? ¿Cuáles son sus cualidades? ¿Su textura? ¿Su color? ¿Su forma? ¿Qué le da a la ira su poder sobre nosotros?

En este paso examinamos la ira como un fenómeno simple. ¿De dónde viene la ira? ¿A qué se dirige? ¿Es culpa nuestra o es culpa de alguien o de otra cosa?

Mira lo más directamente que puedas. ¿Cuáles son las raíces de la ira? ¿Qué la alimenta? Ve nivel por nivel, más y más profundo. ¿Puedes encontrar su causa raíz?

 

3-Destilando la medicina: descubriendo la sabiduría en medio del dolor

En el tercer paso contemplamos de qué se trata la ira dañina y la que podría ser beneficiosa. ¿Cómo podría la ira ser una forma de medicina? Si nos libráramos de nuestra ira, ¿qué perderíamos?

Aquí la práctica es discernir la diferencia entre la ira perjudicial y la ira que beneficia de alguna manera. Claramente, la expresión sin sentido de la ira a través de palabras o hechos nos lleva a dañar a otros y sufrir daño a nosotros mismos. Sin embargo, reprimir nuestra ira también causa daño. La ira en realidad no desaparece, sino que aparece de maneras tortuosas, con un disfraz. Entonces, ¿hay otra opción?

Según el budismo tibetano, la ira tiene otra cara: hay sabiduría en ella. Normalmente estamos demasiado atrapados en nuestras luchas personales para conectarnos con esta sabiduría, pero la ira en realidad tiene integridad y agudeza. Es un mensajero de que algo está mal, que algo necesita ser abordado. Se dice que la energía despierta de la ira es cristalina, como un espejo perfecto. Lo dice como si fuera indisimulable. La ira despeja el aire. Es inmediata, y es abrupta, pero capta nuestra atención y se hace entender. La ira interrumpe nuestra complacencia y nos moviliza para actuar.

Cuando nos encontramos con una injusticia que se está cometiendo a otro, cuando vemos violencia infligida a seres inocentes, cuando vemos las formas en que los humanos justifican casi cualquier acto loco de violencia, es desgarrador y nos enoja. Entonces, la ira podría ser el catalizador que nos haga actuar con coraje y compasión para enfrentar la violencia, la injusticia y la ignorancia arraigada. Y cuanto más claramente vemos tales tendencias en el mundo que nos rodea, más llegamos a reconocer dentro de nosotros las huellas de estas mismas tendencias a la violencia y el disimulo. De modo que la ira tiene el poder de quitar las pantallas de nuestros ojos, cortar nuestra ignorancia y dejar de evitar las duras realidades.

La fuerza destructiva de la ira es real y aparente. Al abordar su fuerza destructiva, practicamos la moderación en el primer paso y comenzamos a ver a través de la aparente solidez de la ira en el segundo. Ahora estamos trabajando con el potencial de sabiduría de la ira.

De hecho, puede que no sea la ira en sí misma, sino nuestra tendencia a aferrarnos a nuestra ira y su argumento y autoabsorción lo que es tan dañino. Cuando la ira nos despierta a un problema real que debe abordarse, podemos responder revolcándonos en la ira y sintiéndonos bien con nosotros mismos por hacerlo. O realmente podemos escuchar cualquier mensaje que la ira nos esté trayendo, mientras que al mismo tiempo descartamos al mensajero. Entonces podemos lidiar con lo que nos ha sido expuesto por el claro espejo de la ira.

 

4-El pavo real: enfurecerse sin miedo ni dudas

El paso final no es en realidad una práctica adicional, sino más bien el resultado o el fruto de dominar los otros tres pasos. Continuamos practicando abstenernos de las muestras impulsivas de ira, ver a través de la aparente solidez de la ira y abrirnos a los mensajes que la ira trae sin aferrarnos al mensajero. Cuando podemos hacer todo eso con facilidad, finalmente podemos comenzar a utilizar la ira como una herramienta o un medio hábil. Si se requiere ira y fuera útil, no tendremos miedo de aplicarla. Y cuando surge la ira destructiva, no somos seducidos ni escapamos de ella. Lo engullimos en el acto. No queda rastro.

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Judith L. Lief es maestra budista, escritora y editora. Ella era una estudiante cercana de Chögyam Trungpa Rimpoché, quien la empoderó como maestra, y ha editado muchos de sus libros. Ella ha sido maestra y practicante por más de 35 años y continúa enseñando y dirigiendo retiros en todo el mundo.

 

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Sé una lámpara para ti mismo- Larry Rosenberg

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La práctica es aprender a vivir, y es un camino alegre y desafiante. Le pide que abra su mente para ver de nuevo sus puntos de vista y opiniones, y que no acepte nada solo por fe.

Los Kalamas eran un grupo de personas que vivían en la India en la época del Buda, y le preguntaron cómo reconocer las enseñanzas sabias y auténticas.

Me crié en lo que podríamos llamar una tradición de escepticismo. Mi padre fue el primero en enseñarme la importancia de hacer preguntas. Provenía de una línea de catorce generaciones de rabinos, pero, al igual que su propio ex padre rabino, rechazó esa herencia. Antes de la clase de escuela hebrea, mi padre me apartaba y decía cosas como: "Pregúntale al rabino cómo Moisés logró que se separara las aguas". Como se puede imaginar, el rabino Minkowitz no estaba particularmente complacido de ser interrogado de esta manera.

Mi padre me inculcó su creencia en la necesidad del pensamiento crítico.

Como mi padre, los Kalamas escépticos pero responsables. Su mundo estaba vivo para los asuntos espirituales y estaba invadido por maestros que a menudo competían por una audiencia y defendían diferentes filosofías o caminos. Su entorno no era diferente al que vives hoy. Estás inundado de opciones.

La respuesta del Buda a las preocupaciones y confusiones de los Kalamas te da un antídoto para tomar decisiones poco hábiles. Él guía en la selección de un maestro y también en la habilidad de investigación en todos los ámbitos de la vida:

“Entonces, como dije: "No sigas los informes, las leyendas, las tradiciones, las escrituras, las conjeturas lógicas, las inferencias, las analogías, los acuerdos a través de reflexionar sobre las opiniones, la probabilidad o el pensamiento". La contemplación es nuestro maestro. Cuando sabes por ti mismos que algunas cualidades son poco beneficiosas o útiles, culposas, criticadas por los sabios; que conducen al daño y al sufrimiento, entonces debes abandonarlas".

La respuesta del Buda a los Kalamas destaca la importancia de la experiencia directa. El Buda reconoce que las personas confían en múltiples tipos de autoridad: algunas internas, algunas externas, algunas confiables, algunas fuera de lugar. Les dice que solo porque una enseñanza sea antigua o considerada sagrada no la hace verdadera. El hecho de que parezca razonable, o que te atraiga la persona que la enseña, no significa que sea sabia.

Entonces la pregunta es: ¿Cómo distinguir lo auténtico de lo falso o equivocado? ¿Dónde buscas orientación para aprender a vivir?

Buda no rechaza la razón y la lógica. Él no dice que las antiguas enseñanzas son irrelevantes. No, el Buda le da a los Kalamas, y a nosotros, pautas que son precauciones, no prohibiciones. Nos advierte contra la obediencia ciega a la autoridad de las tradiciones y los maestros, o a la autoridad de nuestras propias ideas. También advierte contra la obediencia ciega a la razón y la lógica.

Para los estudiantes nuevos en la vida meditativa, estas advertencias pueden ser especialmente relevantes. Al comenzar a practicar, descubrirá que las convicciones inspiradas por las enseñanzas, los maestros y el apoyo de la comunidad ayudan a motivarlo y energizarlo para comenzar a practicar. Sin embargo, esta fe es provisional. Podemos probar las enseñanzas e ideas como "hipótesis de trabajo" en nuestro laboratorio interno. Hay una "fecha de vencimiento" de apoyo a algo externo para dar paso a la experiencia personal. En ese punto, nuestra comprensión ya no se toma prestada de otros. Es auténtica y nuestra. Esto sucede a medida que se desarrolla la capacidad de despertar y estabilizar la atención plena.

Siendo ya un meditador nuevo o experimentado, cuando realmente investigas tus creencias y convicciones, ¿no encuentras que te desafían y lo amplían? Esta ciertamente ha sido mi experiencia. Las enseñanzas pueden inspirarte. Solo escucharlas puede satisfacer tu intelecto y alimentar tus emociones. Aun así, recuerda preguntar: ¿A dónde me lleva esto? ¿La práctica de la meditación me mueve en una dirección para actuar con más amabilidad y sabiduría? Investiga una y otra vez.

Pero no te detengas ahí. Para tener un conocimiento de primera mano, tienes que vivir íntimamente con él, observarlo y someterlo a escrutinio. "Sé una lámpara para ti mismo", dice el Buda.

Finalmente, tus ideas de la verdad deben ponerse a prueba en la experiencia vivida. A lo largo de sus enseñanzas, el Buda ofrece una fórmula simple que nos guía en esta dirección: examinar todo en términos de causa y efecto. Cualquier cosa que no te sea útil, que cause daño o sufrimiento para ti u otros, debe ser reconocida y abandonada. Cualquier cosa que sea útil, que conduzca a la felicidad y la paz para ti y para los demás, debe sostenerse.

Recuerde, al principio de su vida como maestro, el Buda dijo: "Solo enseño una cosa: el sufrimiento y el final del sufrimiento". Y nos dio un conjunto de prácticas que enfatiza el aprendizaje de cómo vivir y cómo disminuir el sufrimiento, llamadas las cuatro nobles verdades: hay sufrimiento; hay una causa de sufrimiento, que es anhelo y apego; hay cesación del sufrimiento; y hay un camino de práctica que provoca este cese.

Las cuatro nobles verdades son mi brújula inagotable para todas las formas de vida, ya sea enseñando en una sala de meditación o encontrando a un extraño en la calle. Durante miles de años, han sido compartidos por todas las escuelas y guiado a innumerables yoguis. Las cuatro nobles verdades ofrecen el vehículo para aprender las habilidades para disminuir el sufrimiento en el mundo, incluso para liberarte del sufrimiento. La primera verdad noble, existe el sufrimiento, describe la aparición y el reconocimiento del sufrimiento. La segunda noble verdad, el anhelo y el apego, es la causa que produce este resultado dañino. La tercera verdad noble, la cesación del sufrimiento, se logra siguiendo la cuarta verdad noble, un camino óctuple caracterizado por la ética, la estabilidad de la mente y la sabiduría.

Sin embargo, incluso las enseñanzas más fundamentales del Buda, como las cuatro nobles verdades, merecen ser expuestas a nuestra propia investigación y Luz. Aprendí esto en mis primeros días como yogui Vipassana, cuando el maestro forestal tailandés Ajahn Chah visitó la Sociedad de Meditación Insight en Barre, Massachusetts. En ese momento, muchos de nosotros estábamos cautivados con el poder liberador de "dejar ir". En nuestras discusiones, todos soltaban esto y soltaban aquello, y solían soltar "simplemente todo". Mientras escuchaba, Ajahn Chah pareció ponerse escéptico. Nos animó a reducir la velocidad, retroceder y examinar cuidadosamente los momentos en que realmente estábamos sufriendo. En lugar de apresurarnos a dejarlo ir, nos instó a hacer contacto directo con el sufrimiento y ver si fue causado por alguna forma de deseo y apego, de querer que las cosas no seas como son. Sentía que el verdadero abandono se aprende al ver el precio que pagamos al aferrarnos y resistirnos, y la alegría se experimenta cuando estamos libres de la carga del apego.

Prestar atención a nuestra propia experiencia de sufrimiento, en lugar de nuestras nociones conceptuales de dejar ir, nos da la oportunidad de ver los beneficios de las cuatro nobles verdades en nuestras propias vidas. La transformación del sufrimiento que proviene de la conciencia es más poderosa cuando surge la experiencia de tu propia vida. Investiga, cuestiona y prueba tu comprensión de las enseñanzas para que se vuelva más profunda.

Del libro “Tres pasos hacia el despertar” deLarry Rosenberg

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Sobre Larry Rosenberg

Larry Rosenberg es el fundador del Cambridge Insight Meditation Center en Cambridge, Massachusetts, y autor de varios libros, entre ellos Respirar por Respirar y Tres pasos hacia el despertar

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Una pregunta central que confronta la vida espiritual hoy es cómo podemos responder mejor a los tremendos conflictos e incertidumbres de estos tiempos. La guerra contra el terror, la violencia aparentemente insoluble de Medio Oriente, la pobreza y la enfermedad, el racismo, la degradación del medio ambiente y los problemas en nuestras propias vidas personales, todos nos llaman a preguntar: ¿Cuál es la fuente de esta gran masa de ¿sufrimiento? ¿Cuáles son las fuerzas en el mundo que impulsan la intolerancia, la violencia y la injusticia? ¿Hay fuerzas que mantienen la promesa de la paz? ¿Realmente entendemos la naturaleza del miedo y el odio, la envidia y la codicia? ¿Sabemos cómo cultivar el amor y la bondad, la energía y la sabiduría?

El gran descubrimiento del viaje meditativo es que todas las fuerzas para el bien y el mal que se desarrollan en el mundo también están aquí en nuestras propias mentes. Si queremos entender el mundo, necesitamos entendernos a nosotros mismos. ¿Podemos hacer esto?

Estas tres cualidades (atención plena, compasión y sabiduría) no son birmanas o tibetanas, tailandesas o japonesas, orientales u occidentales. No pertenecen a ninguna religión, pero son cualidades en nuestras propias mentes y corazones.

Creo que ha surgido algo útil de la interacción de varias tradiciones budistas en Occidente durante los últimos treinta años. 

No es un conjunto de enseñanzas mezcladas en una mezcla confusa y diluida de métodos y metafísica.  Es lealtad a una pregunta simple: "¿Qué funciona?" ¿Qué funciona para liberar la mente del sufrimiento? ¿Qué funciona para engendrar el corazón de la compasión? ¿Qué funciona para ayudarnos a despertar de la ignorancia?

En lugar de considerar los puntos de vista religiosos y las enseñanzas como declaraciones últimas de la verdad absoluta, podrían entenderse mejor como medios hábiles para liberar la mente. Podríamos preguntarnos:  “¿Esta enseñanza está llevando mi corazón y mi mente a una mayor sabiduría y paz, a una mayor bondad y compasión? ¿O conduce a una mayor división, a más egoísmo, a más violencia?

Este enfoque de la religión es de vital importancia ahora, a medida que exploramos métodos para comprender las diversas fuerzas que actúan en la mente. Cualquiera sea el camino espiritual en particular que sigamos, podemos recurrir a elementos de diferentes tradiciones, armonizando métodos de atención plena, motivación de la compasión y la sabiduría liberadora de no apegarse. Estas tres cualidades (atención plena, compasión y sabiduría) no son birmanas o tibetanas, tailandesas o japonesas, orientales u occidentales. No pertenecen a ninguna religión,  son cualidades en nuestras mentes y corazones.Final del formulario

La atención plena es la clave del momento presente. Sin ella simplemente nos mantenemos perdidos en los vagabundeos de nuestras mentes. Tulku Urgyen, el gran maestro Dzogchen del siglo pasado, dijo: "Hay una cosa que siempre necesitamos y es el vigilante llamado mindfulness: el guardia que siempre está atento cuando nos dejamos llevar por la inconsciencia".

La atención plena es la calidad y el poder de la mente que está consciente de lo que está sucediendo, sin juicio y sin interferencia. Es como un espejo que simplemente refleja lo que viene. Nos sirve de la manera más humilde, manteniéndonos conectados para cepillarnos los dientes o tomar una taza de té. Nos mantiene conectados con las personas que nos rodean, de modo que no nos apresuramos en el ajetreo de nuestras vidas. El Dalai Lama es un ejemplo de alguien que encarna bellamente esta calidad de atención: después de una conferencia en Arizona, Su Santidad solicitó que todos los empleados del hotel se reunieran en el vestíbulo para poder saludar a cada uno de ellos antes de partir su próximo compromiso.

El Buda también habló de la atención plena como el camino hacia la iluminación: “Este es el camino directo para la purificación de los seres, para la superación de la tristeza y la queja, para la desaparición del dolor y la aflicción ".

Podemos comenzar la práctica de la meditación de atención plena con la simple observación y sensación de cada respiración. Inhalando, sabemos que estamos inhalando; exhalando, sabemos que estamos exhalando. Es muy simple, aunque no fácil. Después de unas pocas respiraciones, nos subimos a trenes de asociación, perdiéndonos en planes, recuerdos, juicios y fantasías. Este hábito de la mente errante es muy fuerte, a pesar de que nuestras fantasías a menudo no son agradables y a veces ni siquiera son ciertas. Como Mark Twain dijo tan acertadamente: "Algunas de las peores cosas en mi vida nunca sucedieron". Así que necesitamos entrenar nuestras mentes, volviendo una y otra vez a la respiración, simplemente comenzando de nuevo.

Sin embargo, lentamente, nuestras mentes se estabilizan y comenzamos a experimentar un espacio de calma y paz interior. Este ambiente de quietud interior hace posible una indagación más profunda de nuestros pensamientos y emociones. ¿Qué es un pensamiento, ese fenómeno extraño y efímero que puede dominar nuestras vidas? Cuando miramos directamente un pensamiento, vemos que es poco más que nada. Sin embargo, cuando pasa desapercibido, ejerce un tremendo poder. Observe la diferencia entre estar perdido en un pensamiento y ser consciente de lo que estamos pensando. Tomar conciencia del pensamiento es como despertarse de un sueño o salir de una sala de cine después de estar absorto en la historia. A través de la atención plena, nos despertamos gradualmente de las películas de nuestras mentes.

¿Cuál es también la naturaleza de las emociones, esas poderosas energías que se extienden sobre nuestros cuerpos y mentes como grandes olas rompientes? De manera sorprendente, la atención plena y la indagación de las emociones comienzan a profundizar nuestra comprensión del desinterés. Vemos que las emociones mismas surgen de las condiciones y desaparecen a medida que las condiciones cambian, como nubes que se forman y se disuelven en el cielo despejado. Como el Buda le dijo a su hijo, Rahula, "Deberías considerar todos los fenómenos con la sabiduría adecuada: 'Esto no es mío, no soy yo, no soy yo mismo'".

La compasión es la actividad del vacío.

En el nivel más sutil, aprendemos a no identificarnos con la conciencia misma, eliminando cualquier sentido de esta facultad de conocimiento como "yo" o "mío". Como una forma de cultivar esta transformación radical de la comprensión, he encontrado útil replantear la experiencia de meditación en la voz pasiva; por ejemplo, el aliento conocido, las sensaciones conocidas, los pensamientos conocidos. Esta construcción del lenguaje elimina el "yo" de la imagen y nos abre a la pregunta "¿Conocido por qué o quién?" Y en lugar de saltar con una respuesta conceptual, la pregunta puede llevarnos a experimentar directamente el misterio de la conciencia que se desarrolla, momento tras momento.

La sabiduría de comprender el desinterés encuentra expresión en la compasión. Podríamos decir que la compasión es la actividad del vacío. La compasión surge tanto en el nivel personal de nuestras relaciones individuales como en el nivel global de las grandes culturas y civilizaciones que interactúan entre sí. La integración de la comprensión de nuestras propias mentes con lo que está sucediendo en el mundo de hoy tiene enormes implicaciones.

Seis semanas después del 11 de septiembre, estaba enseñando meditación de bondad amorosa (metta, en Pali) en un retiro para abogados. En esta práctica, comenzamos a enviarnos deseos amorosos a nosotros mismos, y luego enviamos esos deseos amorosos a varias categorías de seres, incluidos benefactores, amigos, personas neutrales, enemigos y, finalmente, a todos los seres. En el retiro, sugerí la posibilidad de incluir en nuestro metta incluso a aquellos involucrados en actos de violencia y agresión. Uno de los participantes de Nueva York comentó que no podía enviar bondad amorosa a Al Qaeda, ni querría hacerlo.

Para mí, esa declaración simple y honesta planteó muchas preguntas interesantes. ¿Cuál es nuestra respuesta a la violencia y la injusticia? ¿Cómo entendemos la práctica de la bondad amorosa y la compasión? ¿Cuáles son nuestras aspiraciones fundamentales para el mundo y para nosotros mismos?

Al hacer la meditación sobre la bondad amorosa, repetimos ciertas frases; por ejemplo, "Que seas feliz, que estés libre de sufrimiento mental y físico, que puedas vivir con facilidad". Sin embargo, cuando llegamos a personas que nos han hecho daño, ya sea individual o colectivamente, a menudo no queremos incluirlos en nuestros deseos amorosos. No queremos desearles felicidad. De hecho, es posible que queramos verlos sufrir por el gran daño que han hecho. Estos no son sentimientos inusuales para tener.

Pero justo allí, en esa situación, está la coyuntura crítica de la práctica contemplativa y nuestra vida de acción en el mundo. Si queremos mejorar las posibilidades de más compasión y paz en el mundo, y en nosotros mismos, debemos mirar por debajo de nuestras respuestas emocionales habituales y, tal vez, instintivas. En situaciones de sufrimiento, ya sean pequeños conflictos interpersonales o grandes desastres de violencia y destrucción, hay una pregunta que tiene la clave para una respuesta compasiva: en esta situación de sufrimiento, sea lo que sea, ¿cuál es nuestro deseo más fundamental?

En la situación actual de Medio Oriente, con tanta violencia en ambos lados, encuentro que mi práctica metta incluye todo en el deseo: "Que estés libre de odio, que estés libre de enemistad". Si nuestra aspiración es la paz en el mundo, ¿hay alguien a quien excluiríamos de este deseo, ya sean terroristas, terroristas suicidas, soldados perdidos en la violencia o responsables políticos del gobierno? "Que todos estén libres de odio, libres de enemistad".  Si nuestra propia respuesta es enemistad, odio o mala voluntad, lo reconozcamos o no, somos parte del problema.

Este mensaje no es nuevo, pero la pregunta desafiante sigue siendo qué hacer con estos sentimientos cuando surgen, porque para casi todos nosotros, en diferentes situaciones, lo harán. ¿Cómo encontramos compasión en medio de tormentas de ira, odio, mala voluntad o miedo?

Lo más importante, debemos reconocer que estos sentimientos están surgiendo. A este respecto, es la atención plena la que puede aportar el don de la compasión, tanto para nosotros como para los demás. La atención plena ve todo el desfile de sentimientos, por intenso que sea, sin perderse ni ahogarse en ellos, y sin juzgarnos por sentirlos.

Uno de los momentos transformadores de mi práctica de meditación ocurrió cuando me perdí durante varios días en sentimientos recurrentes de miedo intenso. Intenté ser consciente de ellos cuando surgieron, notando "miedo, miedo", pero aún me sentía atrapado en la intensidad de la emoción. Luego, en cierto punto, algo cambió en mi mente y me dije: "Si este miedo está aquí por el resto de mi vida, está bien". Ese fue el primer momento de aceptación genuina, y cambió por completo mi relación. miedo. Aunque todavía surgiría, ya no lo estaba bloqueando con mi resistencia. La aceptación consciente genuina permitió que el miedo simplemente se extendiera.

A través de la atención plena, nuestros corazones se vuelven lo suficientemente amplios como para contener las emociones dolorosas, sentir el sufrimiento de ellas y dejarlas ir. Pero se necesita práctica, y quizás varias prácticas diferentes, para abrirse a las emociones difíciles de las que somos conscientes e iluminar las que están ocultas.

Hay algunas dificultades y desafíos particulares en estar con las emociones difíciles. A menudo vivimos en negación. No siempre es fácil abrirse a nuestro lado oscuro. E incluso cuando somos conscientes, podemos quedar atrapados al justificarnos estos sentimientos: “Debería odiar a estas personas, mira lo que hicieron”. Al justificar estos sentimientos de odio y enemistad (que es muy diferente a ser consciente de ellos), puede surgir un fuerte sentimiento de justicia propia. Olvidamos que los sentimientos y emociones que tenemos son todas respuestas condicionadas, que surgen de las condiciones particulares de nuestras vidas. Otras personas en la misma situación pueden sentir cosas muy diferentes. Aunque a veces puede ser difícil de creer, nuestros sentimientos no son necesariamente el reflejo de alguna verdad última. 

No se trata de si surgirán estados mentales nocivos en nosotros, o en el mundo que nos rodea. Los sentimientos de odio, enemistad, miedo, justicia propia, avaricia, envidia y celos surgen en diferentes momentos. Nuestro desafío es verlos a todos con atención, entendiendo que estos estados son la causa del sufrimiento y que ninguna acción que tomemos en base a ellos conducirá al resultado deseado: paz en nosotros mismos y paz en el mundo.

El método es la atención plena, la expresión es la compasión y la esencia es la sabiduría. La sabiduría ve la naturaleza efímera e impermanente de la experiencia y la falta de fiabilidad básica de estos fenómenos cambiantes. La sabiduría abre nuestras mentes a la experiencia del desinterés. Esta comprensión, a su vez, genera un compromiso compasivo con el mundo. Dilgo Khyentse Rimpoché, un gran maestro tibetano, enseñó: "Cuando reconoces la naturaleza vacía, la energía para lograr el bien de los demás surge sin esfuerzo". Y la sabiduría revela que no aferrarse es la experiencia unificadora esencial de la libertad. Vemos que no apegarse es tanto una práctica para cultivar como la naturaleza de la mente despierta misma.

TS Eliot lo expresó bien en unas pocas líneas…

Una condición de total simplicidad
(que cuesta menos que cualquier otra cosa),
y todo estará bien.
Todo tipo de cosas estará bien.


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Joseph Goldstein es cofundador de Insight Meditation Society en Barre, Massachusetts, donde es uno de los maestros guías residentes. Es autor de varios libros, incluido One Dharma: The Emerging Western Buddhism .

 

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Encontrar el centro - Andrew Olendzki

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Traducido con Amor desde… https://tricycle.org

 

Imagine que entra en una pequeña habitación vacía que está totalmente oscura y se le pide que ubique su punto central. ¿Cómo podrías proceder? Incapaz de usar el sentido de la vista, puede comenzar caminando por la habitación con una mano en la pared, explorando el perímetro. Una vez que hayas doblado la esquina cuatro veces, puedes estar bastante seguro de que estás más o menos atrás de donde empezaste.

A continuación, puede empujar audazmente desde una pared y atravesar toda la habitación hasta chocar contra la pared opuesta. Saltando de un lado a otro entre estas dos paredes, eventualmente obtendrás una idea del punto medio entre ellas. Así orientado, puede arrastrar los pies entre las otras dos paredes a lo largo de esta línea central hasta encontrar lo que parece ser la mitad de la distancia entre ellas.

A estas alturas ya tiene una buena idea de dónde se encuentra y puede ubicar el centro de la habitación con cierta confianza. Al acercarse, su mano encuentra una cuerda que cuelga del techo; cuando lo jalas, la luz se enciende y la oscuridad se disipa.

Me parece una metáfora útil para la práctica de meditación. En particular, describe el proceso de retirarse de los Cinco Obstáculos para encontrar el punto central quieto y pacífico de la mente. Todo estudiante de meditación conoce bien estos cinco obstáculos (nivaranas). La palabra deriva de una raíz que literalmente significa "cubrir, obstruir u ocultar", y en esta aplicación la conciencia está siendo obstruida por el deseo sensorial, la aversión, la inquietud y la lentitud (las cuatro paredes de nuestra habitación), mientras se oscurece por de la duda

Lo primero que la mayoría de las personas notan cuando se sientan a meditar es que la mente está inquieta. Estamos acostumbrados a procesar tanta información que la mente ha desarrollado el hábito de trabajar rápidamente y siempre tiene hambre de más información. El antídoto para esta tendencia natural es disminuir la velocidad y relajar tanto el cuerpo como la mente, lo que por supuesto es más fácil de decir que de hacer. En las instrucciones que se ofrecen desde la atención plena se comienza por ser conscientes de la respiración; luego se pasa inmediatamente al entrenamiento para tranquilizar la actividad de la respiración.

Ya sea que tome unos minutos, unos días o unos años, eventualmente uno puede aprender la habilidad de la relajación profunda. La tranquilidad es una experiencia de vida que se puede cultivar manteniéndose quieto, soltándose y permitiéndose asentarse en las profundidades tranquilas de la mente, una y otra vez, un momento tras otro. El efecto acumulativo de esta perseverancia paciente es una sensación creciente de tranquilidad, comodidad, bienestar gentil, hasta que... ¡bonk! Te das contra la otra pared de pereza mental y el sopor.

En algún momento, toda esta tranquilidad se convierte en somnolencia, pereza o una mente lenta que hace que sea una lucha mantenerse consciente. Esto también es natural y no significa que esté haciendo algo mal. Una vez establecidos estos dos puntos finales en un continuo, la práctica implica moverse hacia adelante y hacia atrás entre ellos hasta encontrar el punto de equilibrio. Puede tener una idea cuando la mente está demasiado activa, momento en el que suelta su apego a la estimulación del día y permite que la mente descanse. Y cuando sienta que se está adormeciendo, es hora de sentarse más derecho, respirar más profundamente y darse un pequeño impulso mental para despertarse.

Eventualmente, al familiarizarse con ambos extremos del espectro, encontrará el punto medio donde la mente está simultáneamente tranquila y alerta.

Moviéndonos perpendicularmente, notamos que la mente es atraída habitualmente hacia objetos de experiencia que encuentra gratificante. Esto no tiene por qué ser lujuria o el impulso irresistible de la adicción; más a menudo es una suave inclinación hacia lo que nos gusta. Los sentidos se deleitan en la sensación, la mente se deleita en la gratificación, siempre estamos "inclinándonos" al siguiente momento y nos aferramos débilmente a la próxima experiencia. Observe esto y retroceda suavemente.

En la otra dirección, también podemos observar la tendencia a retirarse de las cosas que no nos gustan o no queremos. Gran parte de lo que encontramos se puede experimentar con una sutil sensación de molestia o insatisfacción. Sí, estoy notando la respiración bien, pero no me gusta ese dolor en la espalda y deseo que simplemente desaparezca. ¿Podemos también rebotar entre estas dos paredes, entre el impulso de que nos guste o no lo que está sucediendo? La experiencia del placer y el dolor es inevitable, parte del cableado del cuerpo y la mente. Pero el deseo y el no deseo que surge con estos tonos de sentimiento son respuestas emocionales opcionales que pueden modificarse por medio de la intención.

El punto medio entre el deseo sensorial y la aversión es la ecuanimidad, un estado mental equilibrado de manera uniforme. Está totalmente comprometido con la experiencia, pero ni favorece ni se opone a lo que está sucediendo. Somos conscientes de lo que está surgiendo y desapareciendo sin ninguna inclinación a cambiarlo por otra cosa. Cuando esta ecuanimidad se combina con una mente que está a la vez tranquila y alerta, hemos encontrado el centro inmóvil de la mente. Es posible que tenga que toparse con las cuatro paredes una y otra vez en su búsqueda, pero seguramente sabrá cuando encuentre este "punto dulce", porque se siente maravilloso.

Las dudas que oscurecen los estados mentales ordinarios y nos mantienen alejados de este punto central, dudas sobre si tenemos el maestro adecuado, sobre si estamos haciendo la práctica correctamente y muchos otros, se disipan (por el momento), y todo se ilumina con confianza y confidencia. El cuerpo se siente completamente cómodo, incluso si está gravemente afectado. La mente se siente clara y poderosa, incluso si normalmente está maltratada por la ansiedad o el miedo. El centro inmóvil de la mente es un lugar de refugio universal al que se puede acceder una y otra vez una vez que uno aprende el camino hacia allí. E incluso si la experiencia se desvanece tan pronto como ocurre, lo cual es muy probable que haga, puede volver sobre sus pasos para encontrarla nuevamente. Incluso puede aprender a flotar allí indefinidamente.

Esto es una base estable y tranquila desde la cual se puede explorar el paisaje interior de la experiencia y ver las cosas más claramente, como realmente son.

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Andrew Olendzki es el Director de Estudios de Mindfulness en la Universidad de Lesley y Senior Scholar en el Integrated Dharma Institute. Enseña dos cursos en línea : ir adelante y vivir en armonía.

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El Camino, el Tao, la Esencia – Lao Tze

 

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Existe algo, un todo indiferenciado, que antes de los cielos y la tierra. Sólo tiene imágenes abstractas, ninguna forma concreta. Es profundo, oscuro, silencioso, indefinido; no oímos su voz. Asignándole un nombre, lo llamo el Camino.

El Camino es infinitamente elevado, insondablemente profundo. Abarcando el cielo y la tierra, recibiendo de lo que no tiene forma, produce una corriente que fluye intensa y ampliamente sin desbordarse. Opaco, se sirve de una clarificación gradual mediante la calma. Cuando se aplica, es infinito y no tiene día ni noche; pero cuando es representado, ni siquiera llena la mano.

Es reducido, pero puede expandirse; es oscuro, pero puede iluminar; es flexible, pero puede ser firme. Absorbe lo negativo y emite lo positivo, manifestando así las luces del sol, la luna y las estrellas.

Gracias a él son altas las montañas, son profundos los océanos, corren los animales, vuelan los pájaros.  Gracias a él vagan los unicornios, remontan el vuelo los fénix, siguen su curso las estrellas. Garantiza la supervivencia mediante la destrucción, la nobleza mediante la bajeza, y el avance mediante la retirada. En la antigüedad, los Tres Augustos alcanzaron el orden unificador del Camino y permanecieron en el centro; sus espíritus vagaron con la Creación, y así reconfortaban a todo el mundo en los cuatro cuadrantes.

De esta manera, el Camino produce el movimiento de los cielos y la estabilidad de la tierra, girando incesantemente como una rueda, fluyendo sin cesar como el agua. El Camino se encuentra en el principio y en el fin de las cosas: cuando se levanta el viento, se condensan las nubes, ruge el trueno y cae la lluvia, responde como un concierto sin fin.

Devuelve lo esculpido y lo pulido a la simplicidad. No se las ingenia para hacerlo, sino que se funde con la vida y la muerte. No se las ingenia para expresarlo, sino que comunica virtud. Conlleva en sí una felicidad pacífica que no tiene orgullo, y así alcanza la armonía.

Existen infinitas diferencias cuando el Camino facilita la vida: armoniza la oscuridad y la luz, regula las cuatro estaciones y armoniza las fuerzas de la naturaleza. Humedece el mundo vegetal, impregna el mundo mineral. Los animales salvajes se hacen grandes, sus pieles lustrosas; los huevos de los pájaros no se rompen, los animales no mueren en el seno materno. Madres y padres no sufren la pena de perder a sus hijos, los hermanos no experimentan la tristeza mutuamente. Los niños no quedan huérfanos, las mujeres no enviudan. No se ven signos atmosféricos de mal agüero, no se producen robos y bandolerismo. Todo esto es aportado por la virtud interna.

El Camino natural incesante da nacimiento a los seres, pero no los posee; engendra la evolución, pero no la gobierna. Todos los seres nacen dependientes de él, pero ninguno sabe cómo agradecérselo; todos mueren a causa de él, pero ninguno puede quedar resentido por ello. No se enriquece por el almacenamiento y la acumulación, ni se empobrece por el desembolso y el disfrute.

Es tan inasible e indefinible que no puede ser imaginado; no obstante, aunque sea indefinible e inasible, su función es ilimitada. Profundo y misterioso, responde a la evolución sin forma; triunfante y efectivo, no actúa en vano. Se enrosca y se desenrosca con firmeza y flexibilidad; se contrae y se expande con oscuridad y luz.

 

Tomado del libro...Wen Tzu, de Lao Tze 

Wen-Tzu: Descubre los Misterios del Tao eBook: Tse, Lao: Amazon.es ...

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La naturaleza del miedo – Joseph Goldstein

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 Traducido desde...https://www.lionsroar.com

 

Imagínese un gran amante de la música, a punto de escuchar al mejor músico del mundo interpretar una composición desconocida. Imagínese escuchando esa actuación. ¿Cómo estaría la mente? ¿Cómo sería la atención mientras suena la música? Creo que habría una sensación de no anticipar y no pensar, porque siempre habría una nota desconocida, el próximo tramo desconocido de la música. Habría una cualidad de presencia mental, de apertura mental, sin anticipación, sin apego, sin resistencia.

Es posible para nosotros vivir nuestras vidas así, para ver que en realidad en cada momento existe el don de experienciar. ¿Podemos estar con él de tal manera que no haya anticipación de lo que vendrá, sin ansiedad, sin preocupación, sin aferrarse a lo que realmente hay en este momento? ¿Podemos estar sin apego a lo que ya pasó?

Existe la posibilidad de una maravillosa espontaneidad si de alguna manera podemos acomodarnos en el momento y permitir el fluir natural de nuestras vidas. Las palabras suenan tan simples: ¿qué impide eso? La tendencia de la mente es aferrarse, anticiparse y resistirse. ¿Qué hay debajo de ese apego y resistencia, ese condicionamiento que impide la apertura espontánea a cada momento?

Si investigamos lo que está debajo del apego, debajo de la resistencia, a menudo encontramos que hay algo de miedo básicoDebajo del apego está el miedo de que vamos a perder algo. Entonces nos aferramos, tratamos de preservarlo. Debajo de la resistencia está el miedo a experimentar algo que no queremos, por lo que creamos una barrera.

¿Cómo podemos trabajar con una fuerza tan profundamente condicionada que nos influye y condiciona de tantas maneras? En su mayor parte, hemos evitado explorar la naturaleza del miedo, mirarlo directamente y, de manera inconsciente, nos domina.

Chuang Tsu, el sabio taoísta de la antigua China, dijo: "Los pequeños temores causan ansiedad, y los grandes temores causan pánico". Podemos ver cómo esas cualidades operan en nuestras vidas. Tenemos un pánico subyacente sobre nuestras experiencias porque no entendemos la naturaleza del miedo, no lo hemos examinado cuidadosamente.

El miedo no es algo aparte, que debemos evitar. Más bien, es simplemente otra faceta de nuestra experiencia, de cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo.

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¿De qué tenemos miedo? ¿Cuáles son los temores básicos que la mayoría de nosotros compartimos? Uno es el miedo al dolor. Tenemos miedo de sentir dolor y, por lo tanto, construimos nuestras vidas de tal manera que tratamos de evitarlo. Sin embargo, el dolor es u parte de nuestra experiencia.

La cosmología budista incluye diferentes reinos de existencia: los mundos inferiores del sufrimiento; el reino humano; y los reinos superiores: los planos celestiales. El reino humano es de alguna manera el más interesante, porque es una combinación de dolor y placer. Si vivimos nuestras vidas siempre con miedo al dolor, entonces nos aislamos de una parte importante de la experiencia de la vida. Cuando intentamos crear un lugar exclusivamente seguro, indoloro y cómodo, se pierde una gran parte de la vitalidad de ser un ser humano. Esto no sugiere que tomemos una actitud simple hacia todo el dolor; es decir, cuando pones tu mano en el fuego, no necesariamente dices "dolor, dolor, dolor", ya que comienza a arder. Obviamente, un poco de dolor es una señal de peligro, y debemos prestarle atención y responder.

El tipo de dolor con el que es muy interesante trabajar sentados, es el dolor o la tensión que hemos acumulado a través de acciones pasadas de aferrarnos, apegarnos y sentir aversión. Cada una de esas reacciones ha almacenado una tensión o un tipo de nudo en nuestro sistema energético; así que cuando nos sentamos y prestamos atención, comenzamos a descubrir que nuestro sistema mente-cuerpo parece ser una colección de nudos de energía, bloqueos, tensiones. Si podemos ver el miedo en ese tipo de incomodidad y aun así permitir que la mente se vuelva suave, abierta y relajada, comenzamos a comprender que es posible comenzar a liberar ese tipo de nudo, ese tipo de tensión.

En general, el miedo es a algo en el futuro. Digamos que está sentado, y tal vez hay lugares en tu cuerpo que duelen. El dolor en sí mismo, la sensación en sí misma, no es el problema, y ​​usted responde con aceptación. Pero luego viene la anticipación: "Mientras sigo sentado, algo horrible va puede suceder". El miedo surge de esa anticipación futura. Muy raramente surge el miedo en respuesta a una experiencia en el momento. Puede haber sensaciones o sentimientos intensos (sorpresa o conmoción) en respuesta al momento, pero esos no son miedo.

Podemos aprender mucho sobre la naturaleza de la aversión, la naturaleza del juicio y la naturaleza de la apertura, a través de la voluntad de estar incómodos. Podemos ver cómo tratamos de protegernos constantemente de las molestias, no solo mientras estamos sentados. Una de las cosas que me gustan mucho de los inviernos en Nueva Inglaterra es que son muy intensos. Ya sabes, el frío es muy frío. A veces sales a fines de diciembre o en enero, e incluso tu aliento es como hielo. Es fácil observar la reacción condicionada de la mente a eso, que es contraer todo. La mente se contrae, el cuerpo se contrae. Es una oportunidad maravillosa, salir a ese frío, a la gravedad del mismo, para ver si es posible simplemente abrirse, para decir "Está bien, ¿cómo es esta experiencia?" Y hay una maravillosa sensación de fuerza y ​​vitalidad en tal capacidad de apertura.

La vida en realidad es tan frágil.

Hay otro tipo de miedo con el que, de alguna manera, es aún más difícil y sutil trabajar: miedo psicológico, miedo a la inseguridad, miedo a ser vulnerable, miedo a estar expuesto. ¿Qué pasaría si estuviera totalmente abierto y expuesto? A la gente no le agradaría. Si me vieran como yo me conozco, no les agradaría, no me respetarían, no serían amigos, no me amarían. Me juzgarían con dureza. Todos esos temores de ser vulnerable, estar abierto, estar expuesto nos hacen construir una autoimagen que presentamos. "Joseph es un buen tipo". Ponemos esa imagen al frente, mientras que realmente todas estas cosas oscuras y turbias acechan detrás de ella. 

Cuando investigamos ese miedo a ser juzgado, a no ser amado, a no ser aceptado, vemos que realmente no tiene nada que ver con otras personas. En cambio, tiene que ver con el miedo a experimentar ciertos sentimientos y emociones nuestros. Somos nosotros quienes nos juzgamos a nosotros mismos, no nos aceptamos, no nos amamos. ¿Qué es lo que tememos al ver, estar con… y abrirnos? Puede imaginar a alguien sentado frente a usted que tiene el poder de ver su mente. Si pudiera ver su mente totalmente, ¿qué trataría de ocultar? ¿Qué parte le gustaría cubrir y proteger? Ese es el lugar para investigar, y para abrirse, para comenzar a amar y aceptar.

Si podemos hacer eso, si podemos ser totalmente nosotros mismos, sin ningún pretexto, si podemos permitirnos sentirnos vulnerables e inseguros, entonces hay una maravillosa sensación de libertad. No tenemos que proteger nada. Estar vulnerables y expuestos, a pesar de que hemos sido condicionados para tener miedo de eso, en realidad puede ser maravilloso porque es un momento en que la armadura se afloja.

Otro tipo de miedo profundamente condicionado en nosotros, y muy parte de nuestra cultura, es el miedo a la muerte. No miramos mucho la muerte en las culturas occidentales. No observamos el proceso de descomposición y envejecimiento, y no nos relacionamos mucho con los cadáveres. Fingimos que eso no sucede. Debajo de toda esa pretensión hay un verdadero miedo a morir. ¿De qué se trata el miedo a la muerte? Es un condicionamiento muy fuerte, especialmente cuando no entendemos claramente la naturaleza de nuestra mente y cuerpo. Creemos que este cuerpo mental es algo sólido y seguro, yo. Naturalmente, cuando tenemos ese punto de vista, la posibilidad de la muerte del "yo" es aterradora.

Para comenzar a penetrar en la naturaleza de este proceso mente-cuerpo, debemos ver que literalmente, no metafóricamente, sino literalmente, nace y muere en todo momento. Vemos que no hay nada sólido, nada estático, nada estable que vaya de un año a otro, de un mes a otro, de un momento a otro. Este cuerpo mental es un flujo de constante creación y disolución. Cuando podemos experimentar eso, sentirlo de una manera muy inmediata, entonces el miedo a la muerte se disuelve, porque vemos que no hay nada a lo que aferrarse.

Ahora piense por un momento cuál es realmente su experiencia de un momento a otro. Es un sonido, una vista, un pensamiento, una sensación, una emoción, un olor, un sabor. Momento a momento, están surgiendo y desapareciendo, naciendo y muriendo. Entonces, ¿cuál es el miedo? El miedo proviene del apego, que tratamos de mantener. Pero, por supuesto, como podemos ver claramente si estamos atentos, si queremos mantenerlo o no, la naturaleza misma del proceso es un cambio constante, inmediato y continuo. No hay posibilidad de aguantar. En la práctica de la meditación, al desarrollar una atención cuidadosa al momento, este proceso de flujo se vuelve tan claro. En esa conciencia de la insustancialidad e impermanencia de todo esto, la mente está descondicionada de su aferramiento y apego. Comenzamos a ser uno con el nacimiento y la muerte, y vemos que suceden en cada momento de nuestras vidas.

La vida en realidad es tan frágil: el corazón dejará de latir algún día; los pulmones dejarán de funcionar. Al darse cuenta de esto, uno tiene una idea de lo que realmente es este proceso mente-cuerpo, y puede trabajar con el miedo que surge viendo que el miedo no está relacionado con la experiencia presente, sino con alguna anticipación futura.

El miedo al dolor, miedo a ciertas emociones o sentimientos, miedo a la soledad. miedo a la ansiedad, miedo a la tristeza. miedo a la ira, miedo a ser vulnerable, miedo a la muerte, ¿cómo podemos convertirlos en una parte intrínseca dela vida? La primera actitud es no tomar los miedos a la ligera, no descartarlos con un simple entendimiento intelectual, sino tener respeto por ellos, porque son muy profundos. Entonces podemos ver que no tenemos que tener miedo a la sensación de miedo. Sobre todo, nunca nos ponemos detrás del miedo mismo. Cuando surge el miedo, el cuerpo se pone ansioso, hay vibración y ansiedad, pero si pudiéramos ver que está bien sentirse así, no tenemos que huir de él. Si seguimos huyendo del sentimiento de miedo, entonces construiremos barreras y defensas, encerrándonos en una pequeña y estrecha forma de vida. Y por supuesto, el miedo seguirá allí.

La resistencia a veces se vuelve muy sutil. Cuando surge el miedo en cualquier circunstancia, ya sea miedo al dolor o miedo a la muerte, el primer paso es ver que es solo otro sentimiento, como la tristeza, la felicidad o la ira, y hacerse amigo de él. A partir de ese fundamento de aceptación, entonces realmente podemos comenzar a trabajar con nuestros miedos con cierto grado de sabiduría.

Esto no significa ser imprudente, pero sí significa estar dispuesto a correr riesgos, simplemente saltar a lo que sea. Si tienes miedo a la oscuridad, sal al bosque de noche. Solo para ver cómo es.

No tenemos que pasar y actuar sobre cada miedo que tenemos, porque eso podría convertirse en otra fijación de la mente. Más bien, el objetivo es aprender de algunos experimentos que no tenemos que tenerle miedo al miedo. Una vez que aprendemos eso, entonces el miedo no importa. Entonces simplemente vivimos nuestras vidas, y cuando surge el miedo, podemos actuar de todos modos. 

También es importante mantener el sentido del humor. Uno de los riesgos de la meditación es que, por alguna razón, las personas a menudo se vuelven muy sombrías en su perspectiva, como si la tristeza fuera atención plena. La tristeza es solo tristeza. No tiene nada que ver con la conciencia. No pienses que es un componente necesario para practicar.

Otra forma de trabajar con miedo es desarrollando pensamientos amorosos. Cuando los sentimientos amorosos son fuertes en el corazón, entonces hay un sentido de comunicación y contacto con uno mismo, el medio ambiente y con otros seres. 

Cuando surge el miedo, significa que estamos al borde de descubrir cuan dispuestos estamos a permanecer, a aceptar. Justo allí es precisamente el lugar de práctica más interesante, porque es allí donde hemos establecido una limitación, un límite para nosotros mismos. Si podemos ver eso y reconocerlo, entonces ese es el lugar para trabajar, mirar, explorar. Ese es el lugar a abrir.

 

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Joseph Goldstein es cofundador de Insight Meditation Society en Barre, Massachusetts, donde es uno de los maestros guías residentes. Es autor de varios libros, incluido One Dharma: The Emerging Western Buddhism .

https://www.lionsroar.com/the-nature-of-fear/

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5 maneras de reducir la velocidad y ser feliz - Haemin Sunim

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Cuando tenemos prisa y tratamos de hacer las cosas rápidamente, nos damos cuenta de que casi no hay alegría en lo que hacemos. Se convierte solo en un medio para un fin mientras descuida su proceso. Sin embargo, cuando nos desaceleramos, comenzamos a notar que el mundo también se desacelera. Esto nos pone en una mentalidad diferente y nos permite disfrutar de lo que hacemos actualmente. Aquí están mis cinco consejos simples para desacelerar y redescubrir la alegría en lo que hacemos.

Primero, sienta la agradable sensación de la respiración profunda.

Es un hecho bien conocido que volver a nuestra respiración puede des estresarnos instantáneamente y ralentizar las cosas. Esto se debe a que la respiración profunda deja una sensación placentera y relajante en nuestro cuerpo a medida que el aire pasa a través de la garganta, el pecho y el vientre. Esta agradable y nutritiva sensación es natural, y no se necesita un gran esfuerzo para producirla. Simplemente respire profundamente y disfrute de la agradable sensación que surge simultáneamente en su cuerpo. A medida que practicamos esto con más frecuencia, nos volvemos más tranquilos, más felices y no nos distraemos tan fácilmente por el rápido ritmo de la vida.

Segundo, salga de casa diez minutos antes.

Si salimos de nuestra casa diez minutos antes de lo habitual para ir a trabajar, podemos tomar tiempo para disfrutar de la luz del sol en nuestra piel, el olor a aire fresco y la vitalidad de nuestros cuerpos relajados. Podemos tocar más fácilmente las maravillas de la vida dentro y alrededor de nosotros e incluso sonreír a las personas que conocemos en el camino. Incluso cuando su agenda esté llena de muchas reuniones, llegue a su cita diez minutos antes. Descubrirás micro-momentos de libertad y ocio.

Tercero, vea realmente lo que está frente a usted.

Cuando nos perdemos en nuestros pensamientos, a menudo terminamos preocupándonos por nuestro futuro o lamentando lo que sucedió en el pasado. Los pensamientos excesivos nos desconectan del momento presente y pueden causar sufrimiento mental. Para despertar del hábito del pensamiento constante, recomendaría que centremos nuestra atención en lo que está frente a nosotros y realmente veamos cada objeto. Si una persona está frente a usted, realmente vea su rostro con gran interés. Si hay un objeto presente, entonces realmente míralo también. A medida que prestamos más atención, cada objeto se vuelve bastante fascinante.

Cuarto, cierre los ojos y saboree la comida.

Según los científicos, entre los cinco sentidos, los seres humanos obtienen cantidades desproporcionadamente grandes de información a través de nuestros ojos. Ya sea que lo pretendamos o no, cuando nuestros ojos están abiertos, la información visual domina nuestro cerebro. Esto hace que sea difícil notar que la información llega a través de diferentes sentidos. Un antídoto fácil para este fenómeno es simplemente cerrar los ojos y prestar atención a otro sentido. En particular, recomendaría cerrar los ojos mientras tiene comida en la boca. Con los ojos cerrados, se hace más fácil saborear la comida lentamente y disfrutar de todo su sabor.

Quinto, deje de realizar múltiples tareas y simplemente disfrute de la música.

Vivir en grandes pueblos o ciudades puede hacernos sentir como si estuviéramos constantemente bombardeados con demasiado ruido y demasiadas vistas y olores, lo que nos hace sentir abrumados y estresados. En lugar de sentir que somos víctimas de nuestro entorno, ¿por qué no retomamos el control al escuchar la música de nuestra elección? La música es una gran fuente de relajación y placer. Detenga la multitarea y disfrute de la mono tarea de escuchar su música favorita.

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Sunim es uno de los maestros budistas zen preeminentes de Corea del Sur y el autor más reciente de Las cosas que puedes ver solo cuando disminuyes la velocidad.

 

 

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Zen..Camino sin camino – Venir a ser nadie en la Cotidianidad

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El Zen es un mensaje más allá de toda doctrina oral o escrita, que apunta directamente al corazón y lleva al despertar

“El Zen es un mensaje” no quiere decir que es una transmisión de un esquema de creencias, o de una nueva metafísica, de respuestas a las preguntas últimas, o ni tan siquiera la transmisión de enseñanza arcana de los maestros. Hace realmente referencia a la transmisión de la experiencia del despertar, experiencia viva, evolución esencial del devenir humano.

“… más allá de toda doctrina oral o escrita…” significa la no adscripción a religión, ideología o esquema de creencias. Si bien históricamente el Zen surgió en el marco del Budismo, en su encuentro fructífero con el Taoismo, es hoy patrimonio de la humanidad toda, y ha de ser practicado desde una perspectiva laica y con profundo respeto a las diferentes tradiciones, sea cual sea el marco de creencias del practicante.

“…que apunta directamente al corazón…” quiere decir que afecta al centro de la vida humana ya la vida de todos los seres sin intermediarios, sin que sea necesario una interpretación o un contenido mental, e impregna los diversos aspectos esenciales de la vida

“…y lleva al despertar…”. Despertar significa apertura de conciencia con la superación de la mente discriminativa, con la superación del ego-centrismo, viviendo sin separación, sin límites. Es la experiencia del vacío de realidad, en comunión con la vida. No es una práctica espiritual concreta, un método esotérico de sublimar la conciencia, algo extraordinario a hacer, sino la propia forma de vivir naturalmente, sin divisiones, afectando a nuestras acciones, nuestros valores y nuestra actitud vital general, individual y colectiva. Cualquier otra cosa es dicotomía que lleva al sufrimiento

Zazen es la práctica del silenciamiento y de la quietud. ¡Estad atentos! No es la práctica para el despertar de la conciencia, sino que es la propia práctica del despertar. Comienza con el silenciamiento de nuestros ruidos, nuestros apegos y nuestras expectativas, nuestras interpretaciones y nuestras identificaciones. Es un proceso de abismamiento en el momento presente, abandonando las cargas del pasado y la angustia por el futuro. Es un proceso de vaciamiento, en el que se produce el olvido del yo como supuesto referente de nuestra vida. El momento presente, la presencia de lo que realmente ocupa el foco vital, de forma que ya no queda atadura a la interpretación de mi existencia, al marco de mis deseos y necesidades. Mi ansia por la depredación, mi compulsión por la posesión y el rechazo, mi propia interpretación del mundo se extingue, quedando tan solo el gozo profundo de ser, de ser presente en este momento.

Y también es quietud, abandonando la justificación de la vida por lo que hago, lo que represento, viniendo a ser potencialidad pura. Dejo el cuerpo quieto y sereno, morando en la paz física, en la paz emocional y la paz mental, no dejándome arrastrar por el ritmo de mi racionalidad ni mis emociones o sensaciones, mirando a la pared, simbolizando con ello la renuncia a interpretaciones e identificaciones, de forma que me vacíe de todos mis personajes

No hay metas ni objetivos en el Zazen, como no lo hay en la razón de nuestra existencia. La respuesta a porqué practico no puede ser más que la práctica misma. La razon del zazen es el zazen mismo, como la manifestación d Zazen es la práctica de no hacer nada, de no querer nada, de no buscar nada, de no ser nada. En este sentido es la expresión vital más absoluta, más completa. Es la práctica del vacío.

Esta forma de practicar es un ejercicio, momento a momento, de vaciamiento y de presencia. Depuración, limpieza y vaciamiento de todo lo que me ata, me obliga a enfrentarme a mis dependencias de las posesiones, de las exclusiones y de las creencias e interpretaciones. Y por tanto me obliga a enfrentarme a mis asignaturas pendientes, a mis neurosis, a mis heridas vitales, y a emprender una acción terapéutica sobre mí mismo.

Cotidianidad de zen es el momento en que lo sagrado y lo profano vienen a ser uno. Hui Neng, el sexto patriarca del Ch´an decía que “… la espiritualidad que no está enraizada en lo ordinario y concreto de la vida de cada día no merece siquiera su nombre…” 

No hay un camino trazado en el Zen. Mazu Daoyi decía que el Chán es la práctica del camino sin camino. Deberé renunciar a elevar el zen a normas de vida, a formas de comportamiento o a actitudes a seguir. Cada cual debe atreverse a andar el siguiente paso por sí mismo. Un paso de vaciamiento, de pobreza de espíritu.

Zen es completa apertura a lo que realmente es. Es la habilidad de estar totalmente inmerso en lo que uno realiza en cada momento, de forma que las interpretaciones y la propia presencia de “alguien” haciendo “algo” pierde sentido.

Zen es incorporarse sin resistencia al flujo de lo que aparece, cambia y desaparece. Aceptar ser el espíritu de la evolución, ser el flujo mismo, y por tanto no ser nadie en particular. Para ello la mayor parte de nuestra actividad se irá en el proceso de silenciamiento de tanto ruido como hemos construido a lo largo de la vida, de forma que se produzca la desidentificación y vengamos a ser nadie. Aprenderemos a nacer, cambiar y morir

Zen es abrirse a la intuición, la simplicidad y el dejar hacer con alegría y sabiduría profunda, aceptando con humor la alegría y el drama de vivir.

Como Practicar

Me acercaré a la práctica del Cuenco Vacío. Significa confrontar en primer lugar mis ruidos, mis dependencias y apegos, y en segundo lugar iniciar un proceso de limpieza y depuración, de vaciamiento, no para llenarlo de otras teorías y metafísicas. Habré de comenzar curando mis heridas, aliviando mis cargas, incluso si requiere una revisión profunda, psicológica, emocional o mental de mi existencia. Implicará un proceso de superar la ego-centración, el marco de mis deseos y necesidades, y el cultivo del interés directo, no condicionado por el mundo, por lo concreto, por cada ser y por cada acontecimiento

Haré silencio cada día, varias veces al día si puedo, a través de la práctica del Zazen diario, de forma que se convierta en forma de vivir, en momento de refugio en quien realmente soy. Poco a poco este silenciamiento profundizará otros aspectos de mi vida, liberándome de ataduras, interrogándome por la existencia, sin necesitar añadir formulas mentales a mis preguntas.

Me haré uno con el flujo del cambio, aceptando aparecer, nacer, cambiar, crecer y decrecer, y desaparecer, morir. De forma que sea Nube y Agua. Nube que pasa, se manifiesta y se transforma. Agua que se derrama, fluye y se pierde en el océano, siendo océano en si misma. El agua es océano, el océano no es sino agua

Practicaré la experiencia del vacío, que significa acercarme a las cosas, a los seres y a los acontecimientos sin prejuicios, sin poner el nombre como punto de partida, sin calificar y juzgar. Es la experiencia de que no existe nada separado que merezca juicio y condena por sí mismo.

Me abriré a la práctica del Abrazo Gozosoabrazando cada ser y cada acontecimiento, en su concreción y su ordinariedad. Abandonaré progresivamente el marco de mis intereses cerrados, la posesión y la separación, el marco de mis creencias particulares, la compulsión de mis deseos y necesidades, sustituyéndolo por un pensar, sentir y vivir en comunión, en lo común. Esta es la expresión cotidiana de la Presencia.

Viviré por fin, si avanzo en estas tareas, desde la Gran Compasión, el Amor desinteresado, igualando lo desigual, protegiendo al vulnerable y cuidando del más pequeño, estando presente como instrumento de amor en el conjunto de las cosas y de los seres.

 

 Pedro San José, maestro zen 

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