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El Desarrollo como respuesta interna - Antonio Blay

 El Desarrollo como Respuesta Interna | Evoluciòn Consciente

 

Toda nuestra vida, toda, es constantemente un proceso de actualización de un potencial. Toda nuestra vida, sea desde el punto de vista físico, afectivo, mental, desde el punto de vista que sea, es una constante respuesta a estímulos internos o externos; y es mediante estas respuestas -sean de tipo energético, de tipo mental o de tipo afectivo-, que se va estructurando nuestra personalidad.

No hay nada absolutamente que nosotros podamos vivir, que no sea una actualización de un potencial interior. Yo no adquiero nada en sí del exterior sino que respondo al exterior y esta capacidad de respuesta es exactamente lo que constituye mi desarrollo.

Por lo tanto, si esto ocurre así en todos los aspectos de mi existencia, si toda mi vida es un constante proceso de actualización, eso quiere decir que yo ahora, de algún modo, ya soy todo lo que puedo llegar a actualizar. O sea, que si yo me imagino todo lo que yo podría llegar a actualizar, suponiendo unas condiciones determinadas, ideales, óptimas, favorables -lo que yo podría llegar a desarrollar como inteligencia, como felicidad, como conciencia de realidad, de plenitud-, todo esto me está dando indicios de eso que soy en ese centro de mi propia potencialidad.

MI VERDADERA IDENTIDAD

Esa potencialidad, de donde surgen todas mis respuestas, no es algo alejado de la realidad.

 A esa potencialidad, la llamo precisamente potencialidad sólo porque lo miro desde mi percepción física, o mi experiencia sensorial, ya que esta potencialidad, en su propio nivel, es mi realidad; y es en este plano de la experiencia concreta que se va manifestando como mi realidad personal en el tiempo y en el espacio. Pero todo lo que yo voy siendo y lo que pueda llegar a ser en este proceso de devenir, todo eso es la actualización en el tiempo, en lo fenoménico, de algo que yo ya soy en un nivel o en un punto más central. Y ese nivel o punto central es lo que realmente soy. Y además, lo soy constantemente, es mi identidad, es lo que soy en mí mismo; y lo que yo voy actualizando son modos de ser de ese Ser total.

Querría que esto quedara claro. El hecho es que, lo mismo si lo miramos desde el punto de vista de una realidad suprema -que podemos llamar Dios o el nombre que queramos-, como del punto de vista de una simple experiencia de nuestra propia vida concreta, vamos a parar a lo mismo: yo, mi verdadera identidad no es eso que aparece en mi conciencia actual, sino que mi verdadera identidad es lo que hace que yo sea yo. Es esa continuidad de identidad que yo tengo, es ahí donde soy toda mi capacidad de ser. Ese nivel central es mi verdadera identidad, de él surge mi noción de yo.

Como yo hasta ahora sólo he desarrollado una conciencia muy periférica, muy externa, y como además, toda la educación y la sociedad me están obligando a vivir en este nivel externo, yo he aprendido a aceptar que yo sólo soy ese modo de ser. Lo que yo soy en esa realidad central, es algo que lo soy ahora, es algo que lo soy en todo momento y que lo soy del todo.

 Mi único problema es que yo vivo creyendo que soy otra cosa, porque durante toda mi vida he sido educado, mentalizado, he recibido una suma de sugestiones, constantemente, para que yo acepte mi realidad sólo como un modo particular de ser; porque los demás viven así, porque me enseñan a vivir así y porque se molestan conmigo y me rechazan si yo no vivo con esta misma escala de valores. 

Todo lo que yo puedo llegar a vivir en el tiempo a través de un desarrollo, es lo que ya soy en un centro. El tiempo no añade nada a lo que soy. El tiempo es sólo un despliegue progresivo de esta identidad que soy. Por lo tanto, todo lo que yo pueda llegar a vivir con el tiempo, a través del tiempo, lo puedo vivir ahora en la medida en que yo me sitúe en este mismo nivel de profundidad donde está. O sea que el desarrollo en el tiempo es equivalente a mi profundidad actual ya que yo soy en todo momento esta realidad donde existe toda la plenitud.

PLENITUD, LUCIDEZ

Si yo ya soy eso ¿por qué no lo vivo? Porque estoy sugestionado para vivir creyendo ser otra cosa. Pero es que además hay otro hecho muy curioso: y es que esa realidad central que soy, lo que es mi verdadera realidad es, además, plenamente consciente, ya que esa realidad es básicamente conciencia, lucidez. Es inconcebible una realidad de la inteligencia que sea inconsciente. Si eso es algo, es pura conciencia, es lucidez. Eso es lo que somos: plenitud, conciencia y pura lucidez. Y ahí está la maravilla, que nosotros estamos viviendo como si esto no existiera. Podríamos decir que nosotros somos esa plenitud consciente, de la cual somos inconscientes. 

Esta plenitud y esta conciencia ya están dentro; ya la soy, no es que sea algo distinto a mí; es lo que siempre he sido.

El problema es: ¿en qué medida yo soy capaz de reconocer-me? ¿En qué medida vivo instalado en mi centro de ideas, de esquemas mentales, con sus separaciones, con sus dualidades, con sus contradicciones y sus tensiones? ¿En qué medida yo soy capaz de poder situarme en ese centro donde yo ya soy esa totalidad?

Lo que nosotros entendemos como Conciencia, apenas es conciencia. Lo que nosotros llamamos conciencia es como una minúscula porción superficial y parcial de esta Conciencia total que somos. Este fenómeno es muy curioso y lo podemos ver en nuestra vida diaria; nosotros somos siempre mucho más conscientes de lo que nos damos conscientemente cuenta.

Por ejemplo, sólo cuando yo estoy enfermo me doy cuenta que antes me encontraba muy bien. O sea, que sólo me doy cuenta de mi conciencia de salud cuando ésta se altera. Y por eso después de haber estado enfermo, de haber estado mal, el día en que nos sentimos bien gozamos ese sentirnos bien como siempre. Observad esas palabras: bien como siempre. Pero sólo lo gozamos los primeros momentos. A los tres días, o dos días, o a la media hora de sentirme bien, ya dejo de ser consciente de ese bien que me siento.

Y entonces es como si mi mente se volviera a cerrar y volviera a vivir ausente de una cosa real (como el estar bien), para estar preocupada de las cositas que se van moviendo en la periferia.

Si se entiende bien este ejemplo que todos conocemos por experiencia, observaremos que es un verdadero misterio el hecho de que siendo conscientes, vivimos como si no lo fuéramos.

 Nuestra realidad total es exactamente del mismo orden; somos ya esta plenitud total, sólo que hemos de recuperar esta conciencia, porque estamos viviendo con la mente crispada, cerrada, agarrándose a unas cuantas cosas en particular que hacen que yo en mi nivel externo no esté viviendo plenamente lo que ya estoy siendo y viviendo en el nivel más profundo.

 

 Extraído de La Realidad, de Antonio Blay

                                           

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HACIA EL SILENCIO, por Antonio Blay

 

Cuando yo inspiro, he de aprender a ser consciente de esa inspiración. Esa inspiración me conduce hacia dentro, pero llega un momento en que esa inspiración se detiene, se acaba.

Yo he de procurar seguir ese movimiento yendo hacia dentro, y un poco más adentro de ahí donde termina la inspiración. Por unos instantes estaré en una zona de vacío; luego surge la espiración. Yo he de estar atento y tratar de adivinar ese instante que antecede al movimiento de espiración.

Es decir, que he de utilizar ese movimiento natural de inspiración y de espiración como soporte para que mi atención, mi conciencia, se profundicen, y lo hagan hasta un punto, hasta una zona más allá del fenómeno, más allá del movimiento, más allá de lo que yo soy normalmente consciente.

Cuando he practicado esto, cuando sé lo que es conducir la conciencia un poco más adentro de donde termina la inspiración, cuando he conseguido captar el instante de donde procede el impulso de espiración, entonces puedo tratar de centrarme en ese momento, lugar y sensación del punto donde inciden la inspiración y la espiración, del punto donde sale este impulso a inspirar o a espirar. Porque ese punto es un punto, no una dimensión. Es decir, el punto que, en un sentido fisiológico, coincidiría con una zona determinada de nuestro sistema nervioso, y que, cuando se sigue mentalmente, conduce a un punto más allá de nuestras variaciones de conciencia, más allá de nuestro fenómeno de percepción. Nos conduce hacia un punto innominado, hacia un punto vacío, un punto que es un ventanal abierto.

Se trata aquí de un ejercicio sencillo, que en un momento dado querremos hacerlo y no podremos, pero que, sin embargo, en otros momentos saldrá muy bien.

Hemos de ejercitar lo mismo en ese otro momento que es nuestra vida cotidiana, cuando yo estoy hablando con alguien, cuando estoy en diálogo con alguien.

Cuando yo me expreso de un modo completo, completo en profundidad, en sinceridad, en conciencia de mí, cuando vivo una situación de expresión de un modo completo, el instante que sigue después de la expresión es un instante de vacío, de silencio; ahí es donde yo he de aprender a estar atento.

El instante en que se produce en mí una percepción y comprensión plena, y al decir plena quiero decir plenamente aceptada, es también aquel momento en que se produce en mí el silencio espontáneamente.

También cuando, de repente veo un paisaje grandioso, se produce en mí una exclamación y un instante de silencio. Igualmente, cuando he escuchado una obra musical extraordinaria, si yo estoy realmente centrado, se producirá en mí un silencio.

….

Antonio Blay

Del libro “Caminos de autorrealización (Yoga Superior)”

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El Centramiento

 

Podemos estar en la vida con una actitud muy exteriorizada, periférica, o, una centrada, profunda.

  A nivel físico, cuando voy por un lugar peligroso, pongo la atención en mis movimientos, el máximo control de mi actividad física, estoy buscando el centro.

En determinadas situaciones afectivas, trato de estar todo yo presente, no permito que salga algo inapropiado, sino que intento estar en el centro de lo que siento profundamente.

Cuando se trata de hablar, o tomar una decisión muy importante, ocurre lo mismo, me sitúo en una zona central, donde pueda decir lo que me parece más adecuado.

 Esta actitud de vivir desde ese punto donde yo soy más yo mismo y que me hace manejar mejor las cosas, la reservamos para momentos muy importantes o de urgencia.

Toda la vida está fluyendo desde ese centro, desde ese eje central (centro mental, centro afectivo y centro de energía) de donde surge toda capacidad de comprensión, de sentimiento y de acción; todo lo demás es manifestación periférica de ese centro.

Desde el centro, la identidad, se funciona con soltura, se actúa con rapidez y eficacia, y no hay identificación; hay plena disponibilidad de ver, sentir y actuar.

Todo trabajo  interior, cualquiera sea el enfoque, es para alcanzar ese fondo; algunos buscan el fondo energético (físico, mental), como las artes marciales; otros, como la meditación religiosa, tratan de llegar a vivir el fondo del sentir y amar desde ahí; en meditaciones de tipo  metafísico es llegar al fondo de la mente y desde allí conectar otros niveles de consciencia.

 Es aconsejable para un equilibrio personal,trabajar los tres niveles, de lo contrario, el nivel que esté menos desarrollado, nos traerá dificultades.

Centrarse, es aprender a vivirse como sujeto que ve, que siente, que conoce, que actúa; es tratar de estar más allí donde uno es uno mismo.

  Es una luz central que ilumina todo lo que  se mueve alrededor, entonces se puede ser consciente de una cosa o de otra, sin perder la consciencia del que ve, sin pensar

  En el pensar, la mente hace un gesto automático y se cierra sobre algo en particular, excluyendo el resto.

 La atención central, es una atención como sujeto, no hacia el objeto y está implicada en el centramiento en su fase mental. 

Estar centrado es una actitud interior profunda, significa vivir cada momento con toda mi lucidez, con toda mi capacidad de sentir, con toda la capacidad de movilizar la energía que pueda.

 

“CUANDO VIVAS CENTRADO, EL EXTERIOR NO TE PODRÁ AÑADIR NI QUITAR NADA DE LO QUE ERES."

   

   Antonio Blay                                                                                           

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¿QUÉ ES LA AUTORREALIZACIÓN? - Antonio Blay

 

Significado usual

Esta palabra se utiliza generalmente en un sentido. Examinando lo que quieren decir con ella muchas personas, descubrimos que entienden por autorrealización el hecho de que una persona encuentre un empleo que le llene completamente, una ocupación en la que pueda expresar sus mejores capacidades, que le satisfaga; algo así como si a través de ello, encontrara su lugar en la vida, en el mundo.

 Significado profundo

La palabra tiene realmente una significación mucho más profunda y elevada. Autorrealización, en su versión genuina, en su versión superior, indica una meta concreta a conseguir, que puede ser enfocada desde diversos ángulos. Así, podemos decir que autorrealización es el hecho de centrar y actualizar nuestra conciencia en lo Real. Esto puede parecernos algo abstracto, puesto que podemos preguntarnos qué quiere decir, qué es lo Real. Lo real es lo que es idéntico a sí mismo, lo que es permanente, lo que no cambia ni depende de ninguna otra cosa, puesto que es en sí mismo y por sí mismo. Además, lo real es aquello que tiene en sí, de un modo intrínseco, todas las cualidades y atributos posibles que descubrimos, que observamos en nosotros mismos por lo menos y en lo que nos rodea; es el componente de todas las cualidades y atributos que existen en lo fenoménico. Eso es lo Real.

 La autorrealización, vista desde otro ángulo, consiste en descubrir y vivir la verdadera identidad de nosotros mismos, de los demás, así como la verdadera naturaleza y sentido de todo cuanto existe. La palabra identidad aquí es clave. ¿Qué quiere decir identidad? Identidad indica aquello que es la verdadera naturaleza de uno, lo que hace que yo sea YO, lo que constituye la base de mi ser, lo que no está sujeto a nada, ni depende de nada, lo que es idéntico en sí mismo, aparte de todo cambio, aparte de toda mutación fenoménica.

 Otro enfoque de la autorrealización consistiría en sintonizar, armonizar y unificar nuestra conciencia con la fuente absoluta, de donde procede toda potencia y energía, toda inteligencia y razón de ser, todo amor, bondad, belleza y felicidad.

 Uno puede preguntarse por qué hablamos de esa fuente absoluta. Quizás el término no es adecuado, pero nuestra razón e intuición nos obligan a aceptar que todas esas cualidades, atributos que nosotros percibimos en nuestra vida interna y externa tienen un origen, una causa, una procedencia. Esta causa, como es lógico, está por encima de sus efectos y, por tanto, ha de tener en sí, de una manera intrínseca y en un grado eminente, esas mismas cualidades y atributos que percibimos. Las cualidades que se manifiestan en nosotros son la expresión de algo mayor. En ese sentido podemos hablar de una fuente, de un origen, de una causa absoluta que poseen en sí, en un grado total, esas cualidades. Así, pues, la autorrealización puede concebirse como una potencialización de todas nuestras capacidades. Pero va más allá, al pretender, incluso, llegar a una unificación con lo que es la razón de ser de todo cuanto existe.

                                                                                    

¿Es posible llegar a esta Autorrealización?

                       

 

 Todo lo que hasta aquí llevamos explicado nos parece algo muy elevado, muy ambicioso, y uno se pregunta si esto es una posibilidad real o sólo una utopía.

 

Esta autorrealización es posible, y hay testimonios de ello muy numerosos; testimonios de todas las edades, culturas y tradiciones, más o menos completos más o menos parciales, pero testimonios que están apuntando todos, en un grado u otro, hacia esa misma realización.

 Así, en Oriente existen los llamados rishios, o sabios videntes de la antigüedad, que vertieron en las escrituras estas intuiciones profundas, estas experiencias, que no las hubieran podido exponer de no haberlas vivido personalmente.

 En época más moderna tenemos todo un linaje de personas ilustres: Ramakrishna, Aurobindo, Ramana Maharshi, Swami Ramdas, Anandamayi Ma. Algunos de ellos son contemporáneos.

 También existen testimonios de esta realización en Occidente. Tenemos toda la tradición dentro de la línea cristiana de la iglesia ortodoxa, que se ha dedicado a este trabajo de iluminación interior, de realización experimental, con mucha más fuerza que la rama católica romana. Incluso dentro de esta última existen numerosas personas que han vivido, a su modo, un aspecto de esta realización, entre ellos San Juan de la Cruz, Santa Teresa, como más conocidos. Lo mismo vemos en los primeros cristianos, cuya realización no consistía en la aceptación de un credo, sino en una experiencia vivida, en la propia transformación interior en un Cristo viviente, para lograr, a través de este Cristo, la unión con Dios, Padre, y con todo lo existente. No hablemos ya de un San Juan Evangelista, cuyo Evangelio es una transcripción, en terminología religiosa, de esa misma realización; o de San Pablo, que está expresando lo mismo en sus epístolas y en todos sus escritos.

 Estos testimonios de realización existen en otras líneas que no son la religiosa. En una línea más intelectual existen las realizaciones de algunos grandes filósofos, tanto en la antigüedad como en tiempos más modernos. En el arte, todos quienes captan lo universal de un modo u otro y lo viven en su experiencia personal, cuando está captación no es accidental, episódica, sino que se convierte en algo más o menos instaurado, integrado, eso es ya lo que llamamos realización.

 En fin, conocemos la posibilidad de esta autorrealización, no sólo por esos personajes que despuntan en la historia de las tradiciones, sino principalmente porque sabemos que son muchas las personas que están viviéndola aunque permanezcan en el anonimato, aunque sean desconocidas. Porque no toda persona que llega a un grado de realización lo ha de proclamar a través de una acción especial. Muchas personas, quizá las de más categoría, por una razón u otra, hacen su labor en el silencio, en la oscuridad, sin que su nombre o sus acciones salgan a relucir para nada ante el público.

 

  Caminos de Autorrealización. Tomo I                A. Blay

                                                                    

  CON LA PALABRA AUTORREALIZACIÓN ABARCAMOS :

 

-  El llegar a vivirse con la máxima plenitud, independencia, espontaneidad, veracidad e intimidad posible, desarrollando el potencial de vida: inteligencia, amor y energía.

 2º- Aumentar la sensibilidad y sinceridad, expandiendo la consciencia, eliminando los desórdenes emocionales.

 3º-La experimentación genuina y personal, sin seguir  dogmas o creencias a ciegas.Ver y comprender por sí mismo y luego tomar la propia decisión.

 4º- Espiritualizarse: reconocer la identidad esencial del Ser. La clara consciencia-vivencia de quién o qué soy yo, es lo fundamental en lo que llamamos autorrealización.

  Se trata de un proceso de "espiritualización" de la mente, o bien, de desidentificación del error, es decir, objetivizar y trascender lo que no soy (ego, personaje), para que brille lo que soy: Ser, Esencia, Centro.

  Se trata de comprender la mente y sus contenidos, las estructuras psíquicas de impulsos y respuestas automáticas al estímulo externo, y comprender el porqué del nivel de asimilación y percepción de las circunstancias que se experimentan (personalidad).

 Para ello, se realizan una serie de trabajos, porque es necesaria primero una armonización mínima,  para poder después investigar y vivenciar la verdad no dual. Esta armonización se logra comprendiendo la mente y la personalidad, y luego trabajando sobre ellas mediante cinco terapias básicas:

 

CENTRAMIENTO: aprender a situarme donde yo soy yo mismo y vivir cada vez más centrado, dedicar tiempo al silencio mental.

 

 LA ACTITUD POSITIVA REALISTA: para el desarrollo del "yo experiencia", expresar lo que surja del vivir de manera plena y espontánea, el potencial de vida: energía-acción, sentir-gozo y consciencia-inteligencia; expresar sin esperar recompensas de valoración, admiración o afecto de las otras personas. Vivir con todo mi gozo, mi energía y mi inteligencia, porque cuando lo hago, soy yo más yo mismo existencialmente, y la existencia empuja a que ese potencial sea vivido con toda plenitud. Ese potencial, surge independientemente de los modelos sociales de comportamiento, o de ideales neuróticos de búsqueda de perfección. 

 

DESCUBRIR EL PERSONAJE: objetivar lo que no soy como esencia, descubrir el error y la negatividad que se ha construído, comprender la estructura de contenidos psíquicos que están marcando todas nuestras limitaciones, sobrepuestas por el error de la idea de mi y de las creencias.

Descubrir ese montaje de emociones, creencias, culpabilidades, que nos hacen vivir con falta de sinceridad y honestidad, con hipocresía y crítica hacia los demás.

 

REEDUCACIÓN DE LA MENTE PROFUNDA ( Inconsciente): hay que entender conscientemente muy bien, la nueva visión de mí como identidad y realidad  e ir mostrando al inconsciente (mente infantil), como si se tratara de un niño pequeño, la verdad, de un modo directo: que yo he sido en toda mi infancia al igual que ahora, un foco, un potencial de energía, inteligencia y afectividad.

 

LIBERACIÓN DEL SUBCONSCIENTE: (de las cargas del pasado), cuando la mente descubre en profundidad que no tengo nada que ver con mi modo de ser, que no soy ningún "yo idea", cuando esto llega a ser una evidencia, la mente suelta la prohibición rotunda de aceptar a uno tal cual es. Esto hace que vayan saliendo energías reprimidas, experiencias dolorosas, no asimiladas, que provocan huídas, ataques descontrolados y hábitos de placer compensatorio a la angustia.

 

 Alcanzada una mínima armonización de la personalidad, y junto con el Centramiento y la Reeducación de la mente profunda, se amplia en Meditación, Contemplación e Investigación de la Realidad.

 

https://www.centroelim.org

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La Realidad -Antonio Blay

 

Vivir la realidad es eminentemente vivir el presente; es descubrir que sólo existe el presente y que el presente es una totalidad, y que ahora yo no estoy viviendo esa totalidad porque hay una parte de mi que está pendiente del pasado que llevo dentro no liquidado, y esa parte del pasado no liquidado que llevo dentro es la que se proyecta mecánica e inevitablemente en un deseo de futuro determinado, entonces, este juego de que mi pasado dentro se está proyectando hacia mi futuro, mi idea de futuro, está impidiendo que yo viva toda la realidad que soy, y que encuentre la plenitud en el presente.

Realizarse es eliminar toda esa carga, todo ese lastre que llevamos del pasado; y cuando eliminamos todo esto, la necesidad compulsiva de proyectar hacia el futuro desaparece, y entonces, la persona descubre la dimensión ilimitada del presente, del instante. Sólo existe el instante, pero estamos resbalando por encima de ese instante porque no tenemos disponibilidad interior para vivir la situación hasta el fondo y desde el fondo, entonces, esta inercia mecánica que está funcionando en mí, constantemente me hace interpretar el presente en función del pasado y proyectarlo en función del futuro y eso es una distorsión que me está impidiendo vivir mi propia realidad a fondo, ahora, mucho más la realidad de los demás y de las cosas, porque siempre el cristal estará empañado por un pasado que me está echando sus motas negras.

Lo que afecta a la mente no es el que existan percepciones y fenómenos de conciencia, lo que afecta a la mente son todas las cosas vividas que yo no he liquidado, son todos los asuntos pendientes, deseos y temores que subsisten dentro, todo lo que son experiencias no finiquitadas, o sea no vividas del todo, no digeridas del todo.

Cuando era pequeño y luego de grande porque ya lo he aprendido, cuando tengo una experiencia desagradable, procuro olvidarme de ella, cuanto más pronto mejor, entonces, busco un estímulo que me sustituya esa cosa desagradable y esto impide que yo viva aquella experiencia desagradable del todo, que haga la digestión mental de ello, entonces esto yo lo corto, quiero que no exista porque es desagradable, lo estoy inhibiendo y así corto su digestión consciente; esto quedará allí, cortado, inhibido, no seré consciente de ello, pero estará empujando desde dentro constantemente y se traducirá en una tendencia a desear o temer, según sea la experiencia.

Si es una experiencia de dolor proyectará en mí el miedo a todas las situaciones similares a esa, inevitablemente, sin saber por qué; si la experiencia es agradable proyectará mi deseo hacia esa experiencia agradable para que esta se repita una y otra vez. Como nuestra vida está llena de cosas agradables y desagradables que no hemos vivido a fondo, nuestra mente es un tejido, una red que está llena de cosas pendientes y es por eso que nuestra cabeza no para nunca, y esto viene de toda la agitación interior que hay constantemente y afecta hasta el dormir en profundidad, porque hay tal cantidad de material dentro que está tratando de liquidarse, incluso a nivel inconciente que no se puede llegar a descansar en profundidad.

Porque todo asunto interior que no se ha vivido totalmente, tiende a quererse vivir totalmente, entonces es esa dinámica interior que me está proyectando compulsivamente hacia algo, lo que interfiere; no es el recuerdo del pasado, es la agitación mental, emocional, vital que está implicando este pasado no completado, no vivido totalmente. Ej. Si yo he tenido problemas de sentirme disminuido, menospreciado, habrá en mí una absoluta necesidad de resolver esa situación, y resolverla definitivamente, porque sino, estaré repitiendo el mismo problema una y otra vez, y mientras yo no elimine la situación a fondo, eso actuará compulsivamente a pesar mío.

Extraído de una conferencia de A. Blay

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Antonio Blay - Álex Rovira

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