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LA GUERRA ES UNA FORMA DE PENSAR – ECKHART TOLLE

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A nivel colectivo, la idea de que “Tenemos la razón y los otros están equivocados” está arraigada profundamente, en particular en aquellas zonas del mundo donde el conflicto entre las naciones, las razas, las tribus, las religiones o las ideologías viene desde tiempo atrás, es extrema y endémica.

Las dos partes del conflicto están igualmente identificadas con su propio punto de vista, su propio relato, es decir, identificadas con el pensamiento. Ambas son igualmente incapaces de ver que puede haber otro punto de vista, otra historia de igual validez.

Ambas partes se creen poseedoras de la verdad. Las dos se consideran víctimas y ven en la “otra” la encarnación del mal. Y como han conceptualizado y deshumanizado a la otra parte al considerarla enemiga, pueden infligir toda clase de violencia recíproca, sin sentir su humanidad y su sufrimiento. Quedan atrapadas en una espiral demente de acción y reacción, castigo y retaliación.

Es obvio entonces que el ego, en su aspecto colectivo del “nosotros” contra “ellos” es todavía más demente que el “yo”, el ego individual, si bien el mecanismo es el mismo.

La mayor parte de la violencia que los seres humanos nos hemos infligido a nosotros mismos no ha sido producto de los delincuentes ni de los locos, sino de los ciudadanos normales y respetables que están al servicio del ego colectivo.

Podemos llegar incluso a decir que, en este planeta, “normal” es sinónimo de demente. ¿Cuál es la raíz de esa locura? La identificación total con el pensamiento y la emoción, es decir, con el ego.

La codicia, el egoísmo, la explotación, la crueldad y la violencia continúan reinando en este planeta. Cuando no los reconocemos como manifestaciones individuales y colectivas de una disfunción de base o de una enfermedad mental, caemos en el error de personalizarlos.

Construimos una identidad conceptual para un individuo o un grupo y decimos: “Así es como es. Así es como son”.

Cuando confundimos el ego que percibimos en otros con su identidad, es porque nuestro propio ego utiliza esta percepción errada para fortalecerse considerando que tiene la razón y, por ende, es superior, y reacciona con indignación, condenación o hasta ira contra el supuesto enemigo.

Todo esto es una fuente de satisfacción enorme para el ego. Refuerza la sensación de separación entre nosotros y los demás, cuya “diferencia” se amplifica hasta tal punto que ya no es posible sentir la humanidad común ni la fuente común de la que emana la Vida que compartimos con todos los seres, nuestra divinidad común.

Los patrones egotistas de los demás contra los cuales reaccionamos con mayor intensidad y los cuales confundimos con su identidad, tienden a ser los mismos patrones nuestros pero que somos incapaces de detectar o develar en nosotros. 

En ese sentido, es mucho lo que podemos aprender de nuestros enemigos. ¿Qué es lo que hay en ellos que más nos molesta y nos enoja? ¿Su egoísmo? ¿Su codicia? ¿Su necesidad de tener el poder y el control? ¿Su deshonestidad, su propensión a la violencia, o cualquier otra cosa?

Todo aquello que resentimos y rechazamos en otra persona está también en nosotros. Pero no es más que una forma de ego y, como tal, es completamente impersonal. No tiene nada que ver con la otra persona ni tampoco con lo que somos. Es solamente si lo confundimos con lo que somos que su observación puede amenazar nuestro sentido del Ser.

La Guerra es una forma de pensar.

En ciertos casos quizás sea necesario protegerse o proteger a alguien más contra el ataque de otro, pero es preciso tener cuidado de no asumir una especie de misión para «erradicar el mal», pues podría convertirse precisamente en aquello contra lo cual se desea luchar. La lucha contra la inconciencia puede llevar a la inconciencia misma. Jamás será posible vencer la inconciencia, el comportamiento egotista disfuncional, mediante el ataque. Aunque lográramos vencer a nuestro oponente, la inconciencia se habrá alojado en nosotros, o el oponente reaparecerá con otro disfraz.

La lucha contra la inconciencia puede llevar a la inconciencia misma.

Todo aquello contra lo cual luchamos se fortalece y aquello contra lo cual nos resistimos persiste.

La guerra es una forma de pensar, y todos los actos derivados de esa mentalidad tienden, o bien a fortalecer al enemigo, la supuesta maldad o, en caso de ganar la guerra, a crear enemigos nuevos, males nuevos, generalmente iguales o peores al que fue derrotado.

Hay una conexión profunda entre el estado de la conciencia y la realidad externa.

Cuando caemos en las garras de una forma de pensar como la de la “guerra”, nuestras percepciones se tornan extremadamente selectivas y distorsionadas. En otras palabras, vemos solamente lo que deseamos ver y lo interpretamos equivocadamente.

Debemos reconocer al ego por lo que es: una disfunción colectiva, la demencia de la mente humana. Cuando logramos reconocerlo por lo que es, ya no lo vemos como la identidad de la otra persona.

Una vez que reconocemos al ego por lo que es, es mucho más fácil no reaccionar contra él. Dejamos de tomar sus ataques como algo personal. Ya no nos quejamos, ni acusamos, ni buscamos la falta en los demás.

Nadie está equivocado. Es sólo cuestión del ego que mora en los demás.

Comenzamos a sentir compasión cuando reconocemos que todos sufrimos de la misma enfermedad de la mente, la cual es más grave en unas personas que en otras.

Ya no avivamos el fuego del drama que caracteriza a todas las relaciones egotistas: ¿Cuál es el combustible? La reactividad. El ego se nutre de ella.

 

Eckhart Tolle  (Una Nueva Tierra).

 

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La infelicidad latente y el secreto de la felicidad-  Eckhart Tolle

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LA INFELICIDAD LATENTE

El ego crea separación y la separación crea sufrimiento. Por consiguiente, es obvio que el ego es patológico. Aparte de las formas más claras de negatividad como la ira, el odio y demás, hay otras más sutiles, las cuales son tan comunes que por lo general no se las reconoce por lo que son. Entre ellas se cuentan la impaciencia, la irritación, el nerviosismo, el hastío, etcétera. Esas formas de negatividad son la infelicidad latente, estado interior en el cual suelen permanecer muchas personas. Es necesario estar supremamente concientes y absolutamente presentes a fin de detectarlas. Siempre que lo hacemos así, tenemos un momento de despertar y se suspende la identificación con la mente.

El siguiente es uno de los estados negativos más comunes, el cual puede pasar desapercibido precisamente por ser tan común y normal. Seguramente usted estará familiarizado con él. ¡Suele usted experimentar una sensación de descontento que podría des­cribir como un resentimiento latente? Puede ser específico o ines­pecífico. Muchas personas pasan gran parte de sus vidas en ese estado. Se identifican hasta tal punto con él que no pueden tomar distancia para reconocerlo. Detrás de esa sensación hay ciertas creencias inconscientes, es decir, unos pensamientos. Sentimos esos pensamientos de la misma manera en que soñamos al dor­mir. En otras palabras, no sabemos que tenemos esos pensamien­tos, como tampoco el soñador sabe que sueña.

Los siguientes son algunos de los pensamientos inconscientes más comunes de los cuales se alimenta la sensación de desconten­to o de resentimiento latente.  Siempre que haya infelicidad latente (o manifiesta) en su vida, vea cuáles de estos pensamientos son aplicables y proporcióneles contenido de acuerdo con su situación personal:

"Algo debe suceder en mi vida para que yo pueda alcanzar la paz (la felicidad, la realización, etcétera). Y resiento que no haya sucedido todavía. Quizás con mi resentimiento logre que suceda finalmente".

"Algo sucedió en el pasado que no debió suceder y lo resien­to. Si eso no hubiera sucedido, tendría paz ahora".

"Me está sucediendo algo que no debería sucederme y me está impidiendo tener paz".

Muchas veces, las creencias inconscientes apuntan a una perso­na, de manera que la palabra "suceder" se reemplaza por "hacer".

"Deberías hacer esto o aquello para que yo pueda tener paz. Y resiento que no lo hayas hecho. Quizás con mi resentimien­to logre que lo hagas".

"Algo que tú (o yo) hicimos, dijimos o dejamos de hacer en el pasado me está impidiendo tener paz".

"Lo que haces o no haces ahora me está impidiendo tener paz".

 


EL SECRETO DE LA FELICIDAD

Todas las citas anteriores son supuestos que no se han examinado y que confundimos con la realidad. Son historias creadas por el ego para convencernos de que no podemos estar en paz en el presente y tampoco ser nosotros mismos. Estar en paz y ser quie­nes somos es lo mismo. El ego dice: quizás en un futuro podré tener paz si tal o cual cosa sucede o si obtengo aquello o me convierto en lo de más allá. También dice: no podré estar en paz jamás a causa de algo que sucedió en el pasado. En general, todo el mundo cuenta la misma historia, "por qué no puedo tener paz ahora". El ego no sabe que nuestra única oportunidad para estar en paz es ahora. O quizás sí lo sabe pero teme que lo averigüemos. Después de todo, la paz representa la aniquilación del ego.

¿Cómo podemos alcanzar la paz ahora? Haciendo las paces con el momento presente. El momento presente es el campo en el cual transcurre el juego de la vida. No puede jugarse en ningún otro lugar. Una vez hecha la paz con el momento presente, podemos ver lo que sucede, lo que podemos hacer o lo que optamos por hacer, o más bien, lo que la vida hace a través de nosotros. Hay cuatro palabras en las cuales se encierra el secreto del arte de vivir, el secreto del éxito y la felicidad: uno con la vida. Ser uno con la vida significa ser Uno con el Ahora. Entonces nos damos cuenta de que no vivimos la vida, sino que ésta nos vive. La vida es la bailarina y nosotros somos la danza.

Al ego le encanta estar resentido con la realidad. ¿Qué es la realidad? Cualquier cosa que es. Buda la denominó tatata, el tal o cual de la vida, es decir, nada más que el tal o cual de este momento. Oponerse a ese tal o cual es una de las principales carac­terísticas del ego. Esa oposición crea la negatividad de la cual se alimenta el ego, la infelicidad que tanto le gusta. De esta manera sufrimos y hacemos sufrir a los demás sin siquiera saberlo, sin darnos cuenta de que estamos creando el infierno en la tierra. Crear sufrimiento sin reconocerlo es la esencia de la vida inconsciente y es estar completamente bajo el control del ego. La incapacidad del ego para reconocerse y ver lo que hace es verdaderamente aterradora e increíble. El ego hace exactamente lo que condena en los demás y ni siquiera se da cuenta. Cuando se lo señala, recurre a la negación, la ira, los argumentos y las justificaciones que distorsionan los hechos. Y todo el mundo lo hace, las personas, las empresas y los gobiernos. Cuando todo lo demás falla, el ego recurre a los gritos y hasta a la violencia física. ¡Que manden al ejército! Es entonces cuando reconocemos la sabiduría de las palabras de Jesús en la cruz: "Perdónalos porque no saben lo que hacen".

Para poner fin a la desgracia que se ha cernido sobre la con­dición humana durante miles de años, debemos comenzar con nosotros mismos y asumir la responsabilidad por nuestro estado interior en todo momento. Eso significa que debe ser ahora mismo. Pregúntese si hay negatividad en su interior en este mismo momento. Entonces preste atención a sus pensamientos y tam­bién a sus emociones. Esté alerta a esa infelicidad latente a la cual me referí anteriormente, en cualquiera de sus formas: desconten­to, nerviosismo, hastío, etcétera. Esté alerta a los pensamientos que aparentemente justifican o explican esa infelicidad pero que en realidad son los causantes de la misma. Tan pronto como tome conciencia de un estado negativo en su interior no piense que ha fallado. Significa que ha tenido éxito. Mientras no hay esa conciencia, prevalece la identificación con los estados interiores, y esa identificación es el ego. Con la conciencia se suspende la identi­ficación con los pensamientos, las emociones y las reacciones. Este estado no debe confundirse con la negación. Al reconocerse los pensamientos, las emociones y las reacciones, se suspende automáticamente esa identificación. Entonces cambia nuestro sen­tido de lo que somos, nuestra sensación de ser: antes éramos pensamientos, emociones y reacciones; ahora somos conciencia, la Presencia consciente que observa esos estados.

"Un día me liberaré del ego". ¿Quién habla? El ego. Liberarse del ego realmente no representa un gran esfuerzo. Lo único que se necesita es tomar conciencia de los pensamientos y las emocio­nes en el mismo momento en el que suceden. No se trata realmente de "hacer", sino de "ver". En ese sentido, es cierto que no hay nada que podamos hacer para liberarnos del ego. Cuando se produce el cambio de pasar de pensar a observar, entra a operar en nuestras vidas una inteligencia muy superior a la astucia del ego. Las emociones y hasta los pensamientos se despersonalizan a través de la conciencia. Reconocemos su naturaleza impersonal. Dejan de estar cargados del "yo". Son solamente emociones y pensamientos humanos. Toda la historia personal, la cual no es más que un cuento, un paquete de pensamientos y emociones, pasa a ocupar un lugar secundario y deja de ocupar el primer lugar en la conciencia. Deja de ser la base de nuestro sentido de identidad. Pasamos a ser la luz de la Presencia, la conciencia profunda que antecede a los pensamientos y las emociones.

 Eckhart Tolle

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 Cómo elevarse por encima de los pensamientos - Eckhart Tolle

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 Traducido con Amor desde...https://evolutionarymystic.wordpress.com

 

Desbloquea el verdadero poder de tu mente

Tu mente es un instrumento, una herramienta. Los pensamientos están ahí para ser usados ​​para una tarea específica, y cuando la tarea se completa, los depones. Diría que alrededor del 80 a 90 por ciento de los pensamientos de la mayoría de las personas, no solo es  repetitivo e inútil, sino que, debido a su naturaleza disfuncional y, a menudo, negativa, gran parte también es perjudicial. Observa tu mente y encontrarás que esto es cierto. Causa una grave fuga de energía vital.

Este tipo de pensamiento compulsivo es en realidad una adicción. ¿Qué caracteriza a una adicción? En pocas palabras, ya no sientes que tienes la opción de parar. Parece más fuerte que tú. También te da una falsa sensación de placer; placer que invariablemente se convierte en dolor. 

¿Por qué somos adictos al pensamiento?

Porque te identificas con el pensamiento, lo que significa que derivas tu sentido del yo del contenido y la actividad de tu mente. Porque crees que dejarías de existir si dejaras de pensar. A medida que creces, formas una imagen mental de quién eres, basado en tu condicionamiento personal y cultural. Podemos llamar a este yo fantasma el "ego". Consiste en la actividad mental y solo puede mantenerse pasando por el pensamiento constante. El término ego significa diferentes cosas para diferentes personas, pero cuando lo uso aquí significa un falso yo, creado por la identificación inconsciente con la mente.

A medida que creces, formas una imagen mental de quién eres, basada en tu condicionamiento personal y cultural. Podemos llamar a este yo fantasma "ego". Consiste en la actividad mental y solo puede mantenerse pasando por el pensamiento constante. El término ego significa diferentes cosas para diferentes personas, pero cuando lo uso aquí significa un falso yo, creado por la identificación inconsciente con la mente.


La naturaleza del ego

Para el ego, el momento presente apenas existe. Solo el pasado y el futuro son considerados importantes. Esta inversión total de la verdad explica el hecho de que al modo del ego, la mente es muy disfuncional. Siempre se preocupa por mantener vivo el pasado, porque sin él, ¿quién eres?

Se proyecta constantemente hacia el futuro para garantizar su supervivencia y para buscar algún tipo de liberación o cumplimiento allí. Dice: "Un día, cuando suceda esto, aquello o lo otro, estaré bien, feliz, en paz". Incluso cuando el ego parece estar preocupado por el presente, no es el presente lo que ve.: Lo malinterpreta completamente porque lo mira a través de los ojos del pasado. O reduce el presente a un medio para un fin; un fin que siempre está en el futuro proyectado por la mente. Observa tu mente y verás que así es como funciona.

El momento presente es la clave de la liberación

Pero no puedes encontrar el momento presente mientras seas tu mente. No quieres perder tu capacidad de analizar y discriminar. No te importaría aprender a pensar más claramente, de una manera más enfocada, pero no quieres perder la cabeza. El don del pensamiento es lo más precioso que tenemos. Sin ella, solo seríamos otra especie de animal.

El predominio de la mente no es más que una etapa en la evolución de la conciencia. Tenemos que pasar a la siguiente etapa ahora con urgencia, de lo contrario, seremos destruidos por la mente, que se ha convertido en un monstruo. Hablaré de esto con más detalle más adelante. Pensamiento y conciencia no son sinónimos. Pensar es solo un pequeño aspecto de la conciencia. El pensamiento no puede existir sin la conciencia, pero la conciencia no necesita pensamiento.

¿Qué es la iluminación?

La iluminación significa elevarse por encima del pensamiento, no retroceder a un nivel por debajo del pensamiento, el nivel de un animal o una planta.

 En el estado iluminado, todavía usas tu mente pensante cuando es necesario, pero de una manera mucho más enfocada y efectiva que antes. La usa principalmente para propósitos prácticos, pero está libre del diálogo interno involuntario y hay quietud interna. Cuando usas tu mente, particularmente cuando se necesita una solución creativa, oscilas cada pocos minutos más o menos entre el pensamiento y la quietud, entre la mente y la no-mente. 

La no-mente es conciencia sin pensamiento. Solo así es posible pensar creativamente, porque solo así el pensamiento tiene un poder real. El pensamiento solo, cuando ya no está conectado con el vasto reino de la conciencia, rápidamente se vuelve estéril, demente, destructivo.

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La mente es esencialmente una máquina de supervivencia. Ataque y defensa contra otras mentes, reuniendo, almacenando y analizando información: esto es lo que hace bien, pero no es en absoluto creativa. Todos los verdaderos artistas, ya sea que lo sepan o no, crean desde un lugar de no-mente, desde la quietud interior. La mente entonces da forma al impulso creativo o al discernimiento. Incluso los grandes científicos han informado que sus avances creativos se produjeron en un momento de calma mental. El sorprendente resultado de una investigación a nivel nacional entre los matemáticos más eminentes de Estados Unidos, incluido Einstein, para descubrir sus métodos de trabajo, fue que:

[pensar] juega solo una parte subordinada en la breve fase decisiva del acto creativo en sí mismo.

Así que diría que la simple razón por la que la mayoría de los científicos no son creativos no es porque no saben cómo pensar, sino porque no saben cómo dejar de pensar.

No fue a través de la mente, a través del pensamiento, que el milagro que es la vida en la tierra o tu cuerpo se creó y se mantiene. Claramente hay una inteligencia en juego que es mucho más grande que la mente. 

¿Cómo puede una sola célula humana que mide 1 / 1,000 de pulgada de ancho contener instrucciones dentro de su ADN que llenen 1,000 libros de 600 páginas cada uno? Cuanto más aprendemos sobre el funcionamiento del cuerpo, más nos damos cuenta cuán vasta es la inteligencia que trabaja dentro de él y  lo poco que sabemos. 

Cuando la mente se vuelve a conectar con eso, se convierte en la herramienta más maravillosa. Entonces, sirve algo más grande que sí misma. 

 

https://evolutionarymystic.wordpress.com/2017/07/19/eckhart-tolle-on-how-to-rise-above-thoughts/

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Traducido con Amor desde...https://evolutionarymystic.wordpress.com

 

Si el objetivo principal de lo que haces es ganar dinero, estás utilizando lo que haces como un medio para un fin, que no es una forma de vida despierta.

El fin podría ser el dinero, el poder o el tipo de imagen, o la vida.

El momento presente se convierte en un medio hacia un fin. Cuando todo lo que haces en el momento presente es como medio hacia un fin, eso es pensamiento y acción no iluminados. Crea más sufrimiento, no importa cómo lo veas.

La energía que fluye en lo que haces no está relacionada con la vida, porque no estás alineado con la vida. Viene de la conciencia egoica.

El dinero es un buen ejemplo. Una persona o empresa iluminada no se preocupa principalmente por ganar dinero, porque si estás preocupado por ganar dinero, vas por el futuro más que el presente.

Cuando deseas algo para el futuro más que el presente, la verdadera inteligencia no puede fluir hacia lo que haces, porque solo puede hacerlo cuando estás totalmente alineado con el momento presente. 

Entonces, lo que haces es ego, o viene de ego.

Por supuesto, cuando tomas medidas, siempre hay un propósito, que está en el futuro. Hagas lo que hagas en tu vida diaria, conduciendo de aquí para allá, tratando de contactar a alguien por teléfono, haciendo esto o aquello, siempre vas hacia algún lugar. Eso es inevitable.

Pero la pregunta es: ¿Es ese propósito de futuro más importante para ti que lo que estás haciendo en el presente? Si lo es, entonces es una forma de ego. El ego siempre mira hacia el siguiente momento en busca de algún tipo de satisfacción.

La realineación significa que el propósito principal de tu vida es cualquier acción que estés realizando en este momento. El propósito principal de la vida es estar completamente en el mar de lo que estás haciendo.

Si está tratando de llegar hasta un lugar y  llegarás tarde, sabes que llegarás tarde y, sin embargo, puedes estar presente en el momento presente mientras estás atascado en un embotellamiento. Estás aceptando totalmente el momento.

O digamos que tienes que coger un avión, y estás empacando tu maleta y moviéndote rápido. La mayoría de la gente lo llamaría estrés. La mayoría de la gente vive estresada así todo el tiempo. La próxima vez que tengas una fecha límite, y que tengas que tomar medidas físicas, preparar, cumplir con la fecha límite, investigar y ver: ¿Te es posible estar tan presente en lo que estás haciendo ya que el momento futuro no es primario, sino que lo principal es la calidad de cómo haces lo que haces en el momento presente.

Eso significa hacerlo conscientemente. Eso significa disfrutar el hacerlo por sí mismo.

Sí, tienes que llegar al aeropuerto. Pero disfrutas del flujo de energía en este momento, mientras seleccionas cosas, las pones en tu maleta y miras lo que necesitas. Incluso al tomar un tren o un taxi, puedes disfrutar de la alta energía del momento.

Las personas se asombran al darse cuenta de que pueden disfrutar del momento en lugar de sentirse estresadas por él cuando se apresuran a una cita. Puedes disfrutar del movimiento de energía del momento cuando no tienes una proyección mental de un momento futuro al que necesitas llegar. Aún sabes que necesitas llegar allí, pero es una consideración secundaria.

Si lo disfrutas, ¡No puedes estresarte! Todavía puedes moverte rápido. El estrés significa que algo funciona mal y no estás alineado con la vida.

Por supuesto, la mayoría de las personas en este mundo están estresadas, y la mayoría de las personas que no están estresadas están aburridas. Entonces, tienes dos extremos: algunas personas están atrapadas en cosas tediosas, como sus trabajos, y están aburridas. Otras personas experimentan una cosa estresante tras otra.

Probablemente, si tienes éxito en este mundo estás estresado, y si eres un fracaso, ¡estás aburrido! Pero ambas son formas de no estar alineado.

Disfruta el momento presente, por sí mismo.

 

https://evolutionarymystic.wordpress.com/2018/01/01/eckhart-tolle-on-making-money-alignment-with-life-and-the-present-moment-ray-hemachandra/

 

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6 maneras de dejar ir el pasado y abrazar el poder del ahora

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Traducido desde… https://www.vishnusvirtues.com


"No dejes que el pasado te robe el presente". Terri Guillemets

Tengo una confesión que hacer.

Cualquiera que lea mi blog sabe que escribo mucho sobre el dolor y la angustia, inspirado principalmente por un divorcio doloroso y desgarrador.

En los últimos dos años, el divorcio me ha llevado a las profundidades de mi cordura, me ha llevado a cuestionar mi ser y me ha obligado a enfrentar el sufrimiento más profundo.

Sin lugar a dudas, este evento de la vida me ha detenido, me ha mantenido deprimido y paralizado mi vida.

Es un tema sobre el que escribí a menudo, sobre el que hablé a menudo y sobre el que pensé, incluso sobre el que soñé, más a menudo.

Permití que mis pensamientos agonizantes dominaran mi vida al embarcarme en un empinado camino de crecimiento y revitalización en mi vida.

Ahora que puedo mirar hacia atrás con un poco más de claridad, puedo ver cómo reemplacé a una persona (mi ex cónyuge) con dolor. Cómo hice angustia y dolor a mis compañeros.

A través de una conversación casual con un amigo de la infancia, fui relanzado a fines del año pasado al único autor y libro que había tocado mi vida anteriormente.

También puede haber leído esta guía y celebración definitiva de vivir en el momento presente: El Poder del Ahora , por el maestro espiritual de voz suave, Eckhart Tolle .

El mensaje de Tolle de vivir en el momento presente contiene un toque de claridad, sabiduría y verdad absoluta .

¿Cómo vives en el momento presente ?

Es fácil y, a veces, incluso placentero quedar atrapado y vivir en nuestro pasado.

Es probable que haya experimentado lucha, angustia, soledad, fracaso y pérdida.

¿Pero sabes qué es peor que experimentar cualquiera de estos eventos una vez en tu vida?

Ir repitiendo dolorosamente  cada uno de estos momentos una y otra vez en tu mente.

6 estrategias de “vivir en el momento” que Tolle comparte en The Power of Now :

Probablemente no pasará otra semana de su vida releyendo Tolle (aunque lo recomiendo mucho) y es probable que nos lleve un par de vidas comprender completamente las reflexiones de Tolle.

Voy a tratar de sacar los conceptos espirituales y explicar El Poder del Ahora como lo entendí.

Aquí hay 6 pasos prácticos y prácticos que Tolle sugiere.

Si simplemente implementas una de las estrategias a continuación y cambias tu forma de pensar, te prometo que tu vida cambiará para siempre.

  1. Deja de pensar"¿Qué demonios...?", mientras lees esta líneas .

Tolle proporciona una solución a la tristeza y el dolor recurrentes en tu vida. Tus pensamientos continúan reproduciéndose en tu mente como tu canción favorita .

Cada repetición es un recordatorio rápido y una continuación del dolor pasado.

“Cuando escuches esa voz, escúchala con imparcialidad. Es decir, no juzgues... Pronto te darás cuenta: está la voz, y aquí la escucho, la veo ", escribe Tolle.

Así que siéntate y toma conciencia de los momentos más oscuros de tu vida repitiéndose en tus pensamientos.

En el transcurso de tu día, cuando sientas tristeza y pérdida, simplemente di lo que piensas: “¡Ahí va de nuevo, mente! Llevándome a través de esta montaña rusa de emociones. Repitiendo ese triste y trágico pasado una vez más... "

Detén la repetición mental tomando conciencia de lo negativo.

Cuando dejas de pensar o de volver a reproducir eventos dolorosos en tu mente, Tolle dice: "Ya no estás energizando la mente a través de la identificación con ella. Este es el principio del fin del pensamiento involuntario y compulsivo”.

Acción: cuida tu mente. O ten cuidado con los sentimientos de tristeza y dolor a lo largo del día. Cuando sientas pena o dolor, recuerda inmediatamente los pensamientos que te llevaron allí.

¿Pensando en tu infancia difícil, la pérdida de un ser querido, tu mascota muriendo?

Enciende una linterna a estos ladrones furtivos que vagan por los callejones oscuros de tu mente.

  1. Estar muy alerta en el momento presente.

Bueno, cielos, ¿cómo haces eso? Al estar completamente presente en cualquier actividad o conversación en la que se encuentre.

Pregúntate, “¿Estoy en el momento presente? En lo que sea que estés haciendo.

“¿Me estoy centrando en la tarea en cuestión?”

“¿Estoy aquí o mis pensamientos están flotando en la tierra?”

Brinda a las actividades normales y cotidianas tu completa y máxima atención.

Como ejemplo, Tolle escribe: “Cada vez que subas y bajes las escaleras en tu casa o lugar de trabajo, presta mucha atención a cada paso, a cada momento, incluso a tu respiración. Estate totalmente presente 

Has esto mientras caminas por la ciudad, entres y salgas del ascensor, camines hasta la estación de tren o pasees por el supermercado.

Estate presente en cada momento prestando la mayor atención posible a ese momento.

  1. Toma conciencia del cuerpo del dolor dentro de ti.

Tolle define el cuerpo del dolor como un dolor emocional persistente.

Él señala que algunos de nosotros vivimos completamente a través de nuestro cuerpo del dolor, mientras que en otros, el cuerpo del dolor puede estar dormido el 90% del tiempo.

Por ejemplo, solía estar preocupado por el dolor de romper alrededor del 90% del tiempo.

Mi cuerpo del dolor se volvió cada vez más importante en mi vida porque me dio un nuevo y perturbador sentido del yo.

En el último par de años, he pasado menos tiempo pensando y experimentando el cuerpo de dolor y pérdida de dolor.

Cuando tú y yo nos convertimos en nuestros cuerpos de dolor, tenemos algo con lo que identificarnos.

"Soy la persona que sufrió la pérdida".

"Tengo el corazón partido."

"Soy esa persona que fracasó financieramente.”

Después de marinar en esta identidad, una oleada de dolor y tristeza te arrastra y te proporciona tu identidad. Tu ego se identifica con este cuerpo de dolor y tu dolor se convierte en tu autoimagen. Te conviertes en tu pasado, tu pérdida y tu dolor.

“Una vez que este cuerpo de dolor te haya dominado, querrás más dolor. Te conviertes en una víctima o un perpetrador. Quieres infligir dolor, o quieres sufrir dolor, o ambos... "Tolle reflexiona.

Entonces, ¿cómo disuelves este cuerpo del dolor?

Tolle resume este proceso: “Enfoca la atención en el sentimiento dentro de ti. Sepa que es el cuerpo del dolor. Acepta que está ahí. No lo pienses... no juzgues ni analices. No te hagas una identidad con eso”.

"Mantente presente y sigue siendo el observador de lo que está sucediendo dentro de ti... Este es el poder del Ahora, el poder de tu propia presencia consciente ".

  1. Se consciente de la diferencia entre tu "vida" y "situación de vida".

Tolle hace una distinción entre su vida y las circunstancias o situaciones de tu vida. Se refiere a las situaciones de la vida como "tiempo psicológico". Las situaciones de la vida son el pasado y el futuro.

Te resistes a lo que te sucedió en el pasado, no lo aceptes en el presente y estás ansioso por el futuro.

Lo que sea que te esté sucediendo es la situación de tu vida, lo que sucedió en el pasado o podría ocurrir en el futuro. Ambos lugares no son el momento presente.

Tolle dice que podrías tener muchos problemas de situación, y la mayoría de las vidas están llenas de ellos, pero debes encontrar total comodidad y paz en el momento presente.

“ Usa tus sentidos plenamente. Estar donde estas Mira alrededor. Sólo mira, no interpretes. Ve las formas de luces, colores, texturas. Sé consciente de la presencia silenciosa de cada cosa... "Tolle nos empuja suavemente.

No tienes que identificarte ni ser definido por tu pasado.

Si acepta el momento presente, puede lidiar con esas situaciones tal como son.

No puedes cambiar lo que ha sucedido y lo que se avecina: pasado y futuro.

Todo lo que tiene en este momento exacto es algo que debe ser tratado o aceptado. ¡Eso es! "¿Por qué hacerlo en un problema? "Tolle pregunta.

“Todo lo que se necesita es una elección simple, una decisión simple: no importa lo que suceda, no crearé más dolor para mí. No crearé más problemas”.

Aunque Tolle dice que esta es una elección simple, estoy seguro de que si adaptas esta filosofía y empiezas a vivirla, tu vida se transformará por completo. Serás una nueva persona que ya no será aplastada por el peso del pasado o del futuro.

  1. Soltar la negatividad como un trozo de carbón caliente.

Para obtener más felicidad y tranquilidad, Tolle propone dejar ir la negatividad.

“¿Cómo dejas caer un pedazo de carbón caliente que tienes en la mano? ¿Cómo sueltas un poco del equipaje inútil pesado que llevas? Al reconocer que ya no quieres sufrir el dolor ni cargar con la carga y luego soltarlo”.

Tienes la opción de atrincherarte en tu pasado o vivir el momento que tienes justo delante de ti.

A menudo estamos llenos de negatividad en nuestra vida porque nos negamos a aceptar algo que sucedió en el pasado o nos resistimos a algo que ocurre en el momento actual.

La sugerencia de Tolle es elegir el momento actual y aceptar lo que es, elegir soltar el equipaje pesado y dejar caer las brasas al elegir conscientemente dejar ir el dolor del pasado.

Cuando abandones el dolor que rodea al pasado y la negatividad asociada con él, encontrarás una paz mental siempre presente en el ahora.

  1. Suelta el futuro. Seguro que amo el futuro, ¿no? ¿Qué es no amarlo?

En mi futuro, hay felicidad, dicha, abundancia y alegría eterna.

Por supuesto, Tolle hace explotar todas nuestras burbujas e insiste en sacar el futuro de nuestras manos.

Olvida el futuro, dice:

“‘Cuando obtenga esto o me libere de eso, entonces estaré bien'. Esta es la mentalidad inconsciente que crea la ilusión de la salvación en el futuro ”, escribe Tolle.

Claro, podríamos encontrar paz, felicidad y satisfacción algún día, o podríamos rascar ese pensamiento futurista y elegir tener todo eso en este mismo momento.

No necesitas ir a ningún lado para encontrar este alegre estado de ser.

"Usted 'llega' allí al darse cuenta de que ya está allí", es una de las citas más poderosas de Eckhart Tolle en el Poder del Ahora .

Devoré este libro hace mucho tiempo, pero el año pasado, realmente comencé a entenderlo, y ha cambiado mi vida.

Puedes ELEGIR abandonar el dolor y el sufrimiento del pasado.

Toma conciencia de cómo esas desgracias pasadas resuenan con sentimientos, pensamientos y emociones negativos.

Sufriste una vez, ¿por qué sufrir de nuevo?

El futuro es otra historia que no está aquí: no se puede hacer nada al respecto, no se puede cambiar, no se puede garantizar la felicidad en él. Ni siquiera sabes si estarás allí cuando llegues. Entonces, ¿por qué vivir para un mañana que quizás nunca llegue?

Vive para el presente. Vive en este mismo momento.

Cambia tu mentalidad y acepta este mismo momento. En este momento, elige ser feliz, elige dejar ir, levantar esa pesada carga de tus hombros y liberar la pesadez del pasado y del futuro en este mismo minuto.

Date permiso para respirar con tranquilidad, aceptación y libertad emocional.

¿Sería demasiado llamar a esto iluminación?

¿Qué estás haciendo en este momento? ¿Estás totalmente presente? 

 

https://www.vishnusvirtues.com/power-of-now/

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Cuando están muy cansados, pueden volverse más pacíficos, más relajados, en relación con su estado normal. Esto se debe a que el pensamiento decae y no pueden recordar a su yo problemático mental. Van hacia el sueño. Cuando toman alcohol o ciertas drogas (siempre y cuando no disparen su cuerpo de dolor) también se pueden sentir más relajados, más libres y quizás más vivos por un tiempo. Pueden comenzar a cantar y a bailar, lo cual eran antiguas expresiones de la alegría de la vida. Como están menos recargados por parte de su mente, pueden vislumbrar la alegría de Ser. Quizás ésta sea la razón por la cual el alcohol también se denomina ‘espíritu’. Pero tiene un alto costo: la inconsciencia.

En lugar de elevarse por encima del pensamiento han caído por debajo de éste. Unos cuantos tragos más y habrán regresado al reino vegetal. La conciencia del espacio tiene poco que ver con estar ‘espaciados’. Ambos estados están más allá del pensamiento. Esto lo tienen en común. La diferencia fundamental sin embargo, es que en el primer caso ustedes se elevan por encima del pensamiento; en el segundo caen por debajo de este. Uno es el próximo paso en la evolución de la conciencia humana, el otro es la regresión a una etapa que hace eones dejamos atrás.

Cuando escuchan hablar del espacio interno, pueden comenzar a buscarlo y como están buscándolo como si estuviesen buscando un objeto o una experiencia, no pueden encontrarlo. Este es el dilema de todos los que buscan la realización espiritual o la iluminación. Por eso Jesús dijo, “el reino de Dios no viene con señales que puedan observarse, ni tampoco ellas dirán, ‘loado, aquí está’ o ‘ahí’, porque vean, el reino de Dios está en medio de ustedes”.

Si no se pasan toda su vida en estado de descontento, preocupación, ansiedad, depresión, desesperanza o consumidos por otros estados negativos; sin son capaces de disfrutar cosas tan simples como escuchar el sonido de la lluvia o del viento; si pueden ver la belleza de las nubes desplazándose por el cielo o estar solos a veces sin sentirse solos o necesitados del estímulo mental del entretenimiento; si se dan cuenta que están tratando a un extraño con bondad sentida sin querer nada de él o ella….significa que se ha abierto un espacio, por breve que sea, en el otrora incesante flujo de pensamiento que constituye la mente humana. Cuando esto sucede hay una sensación de bienestar, de paz viva, aunque pueda ser muy sutil. La intensidad variará desde una sensación de contento de fondo quizás imperceptible a lo que los sabios antiguos de la India llamaban ananda - el éxtasis de Ser. Porque ustedes han sido condicionados a prestar atención solamente a la forma, probablemente no están conscientes de ello excepto de forma indirecta. Por ejemplo, hay un elemento común en la capacidad para ver la belleza, para apreciar las cosas simples, para disfrutar su propia compañía, o para relacionarse con otras personas con bondad amorosa. Este elemento común es un sentido de contento, paz, y vivacidad que es el telón de fondo invisible sin el cual estas experiencias no serían posibles.

Siempre que haya belleza, bondad, el reconocimiento de lo positivo en las cosas simples en su vida, busquen el telón de fondo de esa experiencia dentro de sí mismos. Pero no lo busquen como si estuviesen buscando algo. No pueden identificarlo y decir ‘ahora lo tengo’ o captarlo mentalmente y definirlo de alguna forma. Es como un cielo sin nubes. No tiene forma. Es espacio; es quietud, la dulzura de Ser e infinitamente más que estas palabras, que son solamente punteros. Cuando son capaces de sentirlo directamente dentro de sí mismos, se profundiza. Así que cuando ustedes aprecien algo simple – un sonido, una vista, un contacto – cuando vean la belleza, cuando sientan la bondad amorosa hacia el otro, sientan la espaciosidad interior que es la fuente y telón de fondo de esa experiencia.

Extractado de Una Nueva Tierra de Eckhart Tolle, páginas 229-233

© derechos de autor 2008-2015. Eckhart Tolle. Todos los derechos reservados. http://www.eckharttolle.com/

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El ego crea separación, y la separación crea sufrimiento. Por tanto el ego es claramente patológico. Aparte de las formas más obvias como la ira, el odio y demás, hay otras formas de negatividad más sutiles que al ser tan comunes usualmente no se las reconoce como tales, por ejemplo, la impaciencia, la irritación, el nerviosismo, el estar “hastiado”.

Estas constituyen la infelicidad de fondo que es el estado interior predominante de muchas personas.

Necesitas estar extremadamente alerta y absolutamente presente para poder detectarlas. Cada vez que lo haces, es un momento de despertar, de des-identificación de la mente.

El siguiente es uno de los estados negativos más comunes que facilmente pasa desapercibido, precisamente por ser tan común, tan normal. Seguramente estarás familiarizado con él. ¿Sueles experimentar una sensación de descontento que podría describir mejor como una especie de resentimiento en segundo plano? Puede ser específico o inespecífico. Muchas personas pasan gran parte de sus vidas en ese estado. Están tan identificados con él que no pueden tomar distancia para reconocerlo. Por debajo de esa sensación subyacen sostenidas ciertas creencias inconscientes, es decir, ciertos pensamientos.

Pensamos estos pensamientos de la misma manera en que soñamos nuestros sueños cuando estamos dormidos. En otras palabras, no sabes que estás pensando esos pensamientos, tal como el soñador no sabe que está soñando.

Estas son historias creadas por el ego para convencernos de que no podemos estar en paz ahora o que no podemos ser nosotros mismos de forma total ahora. Estar en paz y ser quien eres, o sea, ser tú mismo, es una misma cosa.

El ego dice: quizás en algún momento en el futuro podré estar en paz - si esto, aquello o lo otro sucede, o si obtengo aquello o me convierto en aquello. O dice: no podré estar en paz jamás por causa de algo que sucedió en el pasado. Escuchen las historias de la gente y todas ellas podrían titularse "Por Qué No Puedo Estar En Paz Ahora". El ego no sabe que tu única oportunidad para estar en paz es ahora. O quizás sí lo sabe, y tiene miedo de que lo descubras. La paz, después de todo, es el fin del ego. ¿Cómo estar en paz ahora? Haciendo la paz con el momento presente. El momento presente es el campo en el cual sucede el juego de la vida. No puede jugarse en ningún otro lugar.

Una vez que has hecho las paces con el momento presente, observa lo que sucede, lo que puedes hacer o elegir hacer, o más bien lo que la vida hace a través tuyo. Hay cuatro palabras que expresan el secreto del arte de vivir, el secreto de todo éxito y felicidad: Uno Con La Vida. Ser uno con la vida es ser uno con el Ahora. Entonces descubres que tu no vives tu vida, sino que la vida te vive. La vida es la bailarina, y tu eres la danza.

 

Extraído de Una Nueva Tierra, de Eckhart Tolle, páginas 113-115

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Cuando el Cuerpo de Dolor Despierta - por Eckhart Tolle

 

El cuerpo de dolor despierta de su estado durmiente cuando tiene hambre, cuando es hora de reaprovisionarse. Alternativamente puede dispararse por un evento en cualquier momento. El cuerpo de dolor que está listo para alimentar puede utilizar el evento más insignificante como un disparador, algo que alguien dice o hace, o hasta un pensamiento. Si viven solos o no hay nadie cerca en el momento, el cuerpo de dolor se alimentará de los pensamientos de ustedes.

De pronto su pensamiento se vuelve profundamente negativo. Ustedes estaban posiblemente inconscientes de que justo antes del influjo del pensamiento negativo una ola de emoción invadió su mente – como un estado de ánimo oscuro y pesado, como ansiedad o una ira feroz. Todo pensamiento es energía y el cuerpo de dolor se alimenta ahora de la energía de sus pensamientos. Pero este no puede alimentarse de cualquier pensamiento. No necesitan estar particularmente sensibles para notar que un pensamiento positivo tiene un sentimiento-tono totalmente diferente al de uno negativo. Es la misma energía, pero vibra en una frecuencia diferente. Un pensamiento feliz, positivo es indigerible para el cuerpo de dolor. Solamente se puede alimentar de pensamientos negativos porque solamente los pensamientos negativos son compatibles con el propio campo de energía de este.

Todas las cosas son campos de energía vibratorios en movimiento incesante. La silla en la que se sientan, el libro que sostienen en sus manos, ambos parecen sólidos e inmóviles solamente porque es así cómo sus sentidos perciben la frecuencia vibratoria de estos, por así decirlo, el movimiento incesante de las moléculas, átomos, electrones y partículas subatómicas que de conjunto crean lo que ustedes perciben como silla, libro, árbol o un cuerpo. Lo que percibimos como materia física es energía en vibración (en movimiento) en un rango particular de frecuencias. Los pensamientos consisten en la misma energía que vibra a una frecuencia superior que la materia, y es la razón por la cual los mismos no pueden ser vistos o tocados. Los pensamientos tienen su propio rango de frecuencia, siendo los pensamientos negativos los que se ubican en el extremo inferior de la escala y los pensamientos positivos en el extremo superior. La frecuencia vibratoria del cuerpo de dolor resuena con la de los pensamientos negativos, y es la razón por la cual esos pensamientos pueden alimentar al cuerpo de dolor.

El patrón usual de pensamiento que crea la emoción se invierte en el caso del cuerpo de dolor, al menos inicialmente. La emoción proveniente del cuerpo de dolor gana rápidamente el control de su pensamiento, y una vez que el cuerpo de dolor se ha apropiado de su mente, su pensamiento se vuelve negativo. La voz en su cabeza les estará contando historias tristes, de ansiedad o de enojo respecto a ustedes mismos o a su vida, acerca de los demás, acerca del pasado, del futuro o de eventos imaginarios. La voz estará culpando, acusando, protestando, imaginando. Y ustedes se identifican plenamente con lo que la voz les dice, creyendo en todos los pensamientos distorsionados de ésta. En ese punto, se ha instalado la adicción a la infelicidad.

No se trata tanto de que ustedes no puedan detener su tren de pensamientos negativos, sino de que ustedes no quieren hacerlo. Esto se debe a que el cuerpo de dolor en ese momento está viviendo a través de ustedes, pretendiendo ser ustedes. Y para el cuerpo de dolor, el dolor es placer. Este devora ávidamente cada pensamiento negativo. De hecho, la voz usual en su cabeza ahora se ha convertido en la voz del cuerpo de dolor. Ha tomado el mando del diálogo interno. Se establece un círculo vicioso entre el cuerpo de dolor y el pensamiento de ustedes. Cada pensamiento alimenta al cuerpo de dolor, y a su vez el cuerpo de dolor genera más pensamientos. En algún punto, después de unas cuantas horas o hasta unos cuantos días, este se ha reabastecido y regresa a su estado durmiente, dejando tras de sí un organismo agotado y un cuerpo que está mucho más susceptible a la enfermedad. Si esto les suena a ustedes como un parásito psíquico, lo es. Es exactamente lo que es.

El comienzo de la liberación del cuerpo de dolor radica primeramente en la comprensión de que ustedes tienen un cuerpo de dolor. Entonces, lo más importante, es su capacidad para mantenerse lo suficientemente presentes, alertas, para notar el cuerpo de dolor en ustedes mismos como un influjo pesado de emoción negativa cuando este se activa. Cuando es reconocido, ya no puede pretender ser ustedes ni vivir y renovarse a sí mismo a través de ustedes.

Es su Presencia consciente la que destruye la identificación con el cuerpo de dolor. Cuando ustedes no se identifican con este, el cuerpo de dolor ya no puede controlar su pensamiento y por tanto no se puede renovar más a sí mismo al alimentarse de los pensamientos de ustedes. El cuerpo de dolor en la mayoría de los casos no se disuelve inmediatamente, pero una vez que ustedes han cortado el vínculo entre este y el pensamiento de ustedes, el cuerpo de dolor comienza a perder energía. El pensamiento de ustedes deja de nublarse con la emoción; sus percepciones actuales ya no estarán distorsionadas por el pasado. La energía que estaba atrapada en el cuerpo de dolor cambia entonces su frecuencia vibratoria y se transmuta a la Presencia.

Extractado de A New Earth

de Eckhart Tolle, páginas 145-161.

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CÓMO RECONOCER EL ESPACIO INTERIOR

Un maestro zen caminaba en silencio con uno de sus discípulos por un sendero de la montaña. Cuando llegaron donde había un cedro antiguo, se sentaron para comer su merienda sencilla a base de arroz y verduras. Después de comer, el discípulo, un monje joven que no había descubierto todavía la clave del misterio del Zen, rompió el silencio para preguntar: "maestro, ¿cómo puedo entrar en Zen?"
Obviamente se refería a la forma de entrar en el estado de la conciencia que es el Zen.
El maestro permaneció en silencio. 
Pasaron casi cinco minutos durante los cuales el discípulo aguardó ansiosamente la respuesta. Estaba a punto de hacer otra pregunta cuando el maestro le preguntó repentinamente, "¿oyes el sonido de esa quebrada en la montaña"?
El discípulo no se había percatado de ninguna quebrada. Estaba demasiado ocupado pensando en el significado del Zen. Entonces, prestó atención al sonido y su mente ruidosa comenzó a aquietarse. Al principio no oyó nada. Después, sus pensamientos dieron paso a un estado de alerta, hasta que escuchó el murmullo casi imperceptible de una quebrada en la distancia.
"Sí, ahora lo oigo", dijo.
El maestro levantó un dedo y con una mirada a la vez dura y gentil, le dijo, "Entra al Zen desde allí".
El discípulo quedó asombrado. Fue su Satori, un destello de iluminación. Sabía lo que era el Zen sin saber qué era lo que sabía.
Después siguieron su camino en silencio. El discípulo no salía de su asombro al sentir la vida del mundo que lo rodeaba. Lo experimentó todo como si fuera la primera vez. Sin embargo, poco a poco comenzó a pensar nuevamente. El ruido de su mente sofocó nuevamente la quietud de su conciencia y no tardó en formular otra pregunta: "maestro", dijo, "he estado pensando. ¿Qué hubiera dicho usted si yo no hubiera logrado oír la quebrada en la montaña?" El maestro se detuvo, lo miró, levantó el dedo y dijo, "Entra al Zen desde allí".

El espacio entre los pensamientos probablemente se haya manifestado esporádicamente en su vida sin que usted se haya percatado. 
Para la conciencia obnubilada por las experiencias y condicionada para identificarse exclusivamente con la forma, es decir, para la conciencia del objeto, es casi imposible reconocer el espacio en un principio. Esto implica que es imposible tomar conciencia de nosotros mismos porque siempre estamos conscientes de alguna otra cosa. La forma nos distrae continuamente. Hasta en los momentos en que nos parece estar conscientes de nosotros mismos nos hemos convertido en un objeto, una forma de pensamiento, de modo que tomamos conciencia de un pensamiento, pero no de nosotros mismos.

Al oír hablar del espacio interior quizás usted se disponga a buscarlo, pero si lo busca como si se tratara de un objeto o una experiencia, no podrá encontrarlo. 
Ese es el dilema de todas las personas que buscan la realización espiritual o la iluminación. 
Jesús dijo, "El reino de Dios no vendrá con señales que puedan observarse; tampoco diréis, 'Ha llegado' o 'Aquí está, porque el reino de Dios está entre vosotros".

Cuando nos pasamos la vida insatisfechos, preocupados, nerviosos, desesperados o agobiados por otros estados negativos; cuando podemos disfrutar las cosas sencillas como el sonido de la lluvia o del viento; cuando podemos ver la belleza de las nubes deslizándose en el cielo o estar solos sin sentirnos abandonados o sin necesitar el estímulo mental del entretenimiento; cuando podemos tratar a los extraños con verdadera bondad sin esperar nada de ellos, es porque se ha abierto un espacio, aunque sea breve, en medio de ese torrente incesante de pensamientos que es la mente humana. 
Cuando eso sucede, nos invade una sensación de bienestar, de paz vívida, aunque sutil. La intensidad varía entre una sensación de contento escasamente perceptible y lo que los antiguos sabios de la India llamaron "Ananda" (la dicha de Ser). 
Al haber sido condicionados a prestar atención a la forma únicamente, quizás no podamos notar esa sensación, salvo de manera indirecta. Por ejemplo, hay un elemento común entre la capacidad para ver la belleza, apreciar las cosas sencillas, disfrutar de la soledad o relacionarnos con otras personas con bondad. Ese elemento común es la sensación de tranquilidad, de paz y de estar realmente vivos. Es el telón de fondo invisible sin el cual esas experiencias serían imposibles.

Cada vez que sienta la belleza, la bondad, que reconozca la maravilla de las cosas sencillas de la vida, busque ese telón de fondo interior a través del cual se proyecta esa experiencia. Pero no lo busque como si buscara algo. No podría identificarlo y decir, "lo tengo", ni comprenderlo o definirlo mentalmente de alguna manera. Es como el cielo sin nubes. No tiene forma. Es espacio; es quietud; es la dulzura del Ser y mucho más que estas palabras, las cuales, son apenas una guía. Cuando logre sentirlo directamente en su interior, se profundizará. Así, cuando aprecie algo sencillo, un sonido, una imagen, una textura, cuando vea la belleza, cuando sienta cariño y bondad por otra persona, sienta ese espacio interior de donde proviene y se proyecta esa experiencia.

Desde tiempos inmemoriales, muchos poetas y sabios han observado que la verdadera felicidad (a la que denomino la alegría de Ser) se encuentra en las cosas más sencillas y aparentemente ordinarias. 
La mayoría de las personas, en su búsqueda incesante de experiencias significativas, se pierden constantemente de lo insignificante, lo cual, quizás no tenga nada de insignificante. 
Nietzsche, el filósofo, en un momento de profunda quietud, escribió: "¡Cuán poco es lo que se necesita para sentir la felicidad!
Precisamente la cosa más mínima, la cosa más suave, la cosa más liviana, el sonido de la lagartija al deslizarse, un suspiro, una brizna, una mirada, la mayor felicidad está hecha de lo mínimo. Es preciso mantener la quietud.

¿Por qué la "mayor felicidad" está hecha de "lo mínimo"? Porque la cosa o el suceso no son la causa de la felicidad, aunque así lo parezca en un principio. La cosa o el suceso es tan sutil, tan discreto que compone apenas una parte de nuestra conciencia. El resto es espacio interior, es la conciencia misma con la cual no interfiere la forma. 
El espacio interior, la conciencia y lo que somos realmente en nuestra esencia son la misma cosa. En otras palabras, la forma de las cosas pequeñas deja espacio para el espacio interior. Y es a partir del espacio interior, de la conciencia no condicionada, que emana la verdadera felicidad, la alegría de Ser; Ananda. Sin embargo, para tomar conciencia de las cosas pequeñas, es necesario el silencio interior.
Se necesita un estado de alerta muy grande. Mantenga la quietud. Mire. Oiga. Esté presente.

He aquí otra forma de encontrar el espacio interior: tome conciencia de estar consciente. Diga o piense, "Yo Soy" sin agregar nada más. Tome conciencia de la quietud que viene después del Yo Soy. Sienta su presencia, el ser desnudo, sin velos, sin ropajes. Es el Ser para el cual no hay juventud, vejez, riqueza o pobreza, bien o mal, ni ningún otro atributo. Es la matriz espaciosa de toda la creación, de toda la forma.

 

 


Eckhart Tolle
“Una Nueva Tierra”.

 
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EL EGO, EL TIEMPO Y EL AHORA . Eckhart Tolle

 

 

La relación más importante y primordial de la vida es la relación con el Ahora. O mejor aún, con cualquiera que sea la forma que adopte el Ahora. Es decir, lo que es o lo que sucede. Si la relación con el Ahora es disfuncional, esa disfunción se reflejará en todas las relaciones y en todas las situaciones de la vida. El ego podría definirse sencillamente como una relación disfuncional con el momento presente. Es en este momento cuando podemos decidir la clase de relación que deseamos tener con el momento presente.
Una vez que hemos alcanzado un cierto nivel de conciencia, es decir, de Presencia, estamos en capacidad de decidir qué clase de relación deseamos tener con el momento presente. ¿Deseo que este momento sea mi amigo o mi enemigo? 

El momento presente es inseparable de la vida, de tal manera que nuestra decisión se refiere realmente a la clase de relación que deseamos tener con la vida. Una vez tomada la decisión de ser amigos con el momento presente, nos toca dar el primer paso: mostrarnos amigables con él, acogerlo independientemente de su forma de presentarse. Y no tardaremos en ver los resultados. La vida se torna amable con nosotros. La gente nos ayuda y las circunstancias cooperan. Pero es una decisión que debemos tomar una y otra vez, hasta que aprendemos a vivir naturalmente de esa manera.

Con la decisión de hacer amistad con el momento presente, viene el fin del dominio del ego. El ego no puede nunca estar en consonancia con el momento presente. Es decir, en consonancia con la vida, puesto que su propia naturaleza lo induce a resistir, menospreciar o hacer caso omiso del Ahora. 
El ego se nutre del tiempo. Mientras más fuerte es el ego, mayor es el tiempo durante el cual controla nuestra vida. Casi todos nuestros pensamientos se refieren al pasado o al futuro y el sentido de lo que somos depende del pasado, donde encuentra una identidad, o del futuro donde busca su realización. El temor, la ansiedad, la expectativa, el remordimiento, la culpa, y la ira son disfunciones del estado de la conciencia atrapada en el tiempo.

El ego trata el momento presente de tres maneras: 

1. Como un medio para lograr un fin. 
2. Como un obstáculo.
3. Como un enemigo. 

Analicemos una a una de tal manera que cuando ese patrón se apodere de usted, pueda reconocerlo y decidir nuevamente.


1. COMO UN MEDIO PARA LOGRAR UN FIN. 

En el mejor de los casos, el ego ve en el momento presente un medio para cumplir una finalidad. Sirve para llevarnos a algún momento en el futuro considerado más importante. Pero el futuro nunca llega salvo como momento presente y, por tanto, nunca es más que un pensamiento en la cabeza. En otras palabras, nunca estamos totalmente aquí porque siempre estamos ocupados tratando de llegar a algún otro lugar.

2. COMO UN OBSTÁCULO.

Cuando este patrón se acentúa, el momento presente es visto o tratado como si fuera un obstáculo a superar. Es allí donde surgen la impaciencia, la frustración y el estrés. Y en nuestra cultura, esa es la realidad cotidiana, el estado normal de muchas personas. La Vida, la cual ocurre ahora, es vista como un "problema", y todos habitamos en un mundo lleno de problemas que debemos resolver para ser felices, sentirnos realizados o comenzar realmente a vivir. El problema está en que por cada problema que resolvemos, aparece uno nuevo. Mientras veamos un obstáculo en el momento presente, los problemas no tendrán fin. "Seré lo que deseas que sea", dice la Vida o el Ahora. "Te trataré como tú me trates. Si me ves como un problema, eso seré para ti. Si me tratas como a un obstáculo, seré un obstáculo".

3. COMO UN ENEMIGO. 

En el peor de los casos, el momento presente es visto como un enemigo.
Cuando odiamos lo que hacemos, nos quejamos de nuestro entorno, maldecimos de las cosas que suceden o han sucedido; o cuando nuestro diálogo interno está lleno de lo que deberíamos o no deberíamos hacer, de acusaciones y señalamientos, entonces nos peleamos con lo que es, con aquello que de todas maneras ya es como es. Convertimos la Vida en nuestra enemiga y ella nos dice, "si lo que quieres es guerra, guerra tendrás". 
La realidad externa, la cual es siempre el espejo de nuestro estado interior, se experimenta como algo hostil.

Una pregunta crucial que debemos hacernos con frecuencia es ¿cuál es mi relación con el momento presente? 
Después debemos estar alertas para descubrir la respuesta. ¿Trato el Ahora apenas como un medio para llegar a una finalidad? ¿Lo veo como un obstáculo? ¿Lo estoy convirtiendo en enemigo? 
Puesto que el momento presente es lo único que tenemos, puesto que la vida es inseparable del Ahora, lo que la pregunta significa realmente es, ¿cuál es mi relación con la vida? Esta pregunta es una forma excelente de desenmascarar al ego y de entrar en el estado de Presencia. Aunque la verdad absoluta no está encarnada en la pregunta (en últimas, yo y el momento presente somos uno), es una guía importante hacia el camino correcto. Hágase esa pregunta con frecuencia, hasta que ya no la necesite.

¿Cómo trascender una relación disfuncional con el momento presente? Lo más importante es reconocerla en nosotros mismos, en nuestros pensamientos y en nuestros actos. Estamos en el presente en el momento mismo en que notamos que nuestra relación con el Ahora es disfuncional. Ver equivale al afloramiento de la Presencia. Tan pronto como vemos la disfunción, ésta comienza a desvanecerse. Algunas personas se ríen cuando ven esto. Con el reconocimiento viene el poder de elegir: la posibilidad de decirle "sí" al Ahora y de aceptarlo como amigo.


LA PARADOJA DEL TIEMPO

A simple vista, el momento presente es "lo que sucede". Puesto que los sucesos cambian continuamente, parecería que cada día de la vida consta de miles de momentos en los cuales suceden distintas cosas. El tiempo es para nosotros como una cadena interminable de momentos, algunos "buenos" y otros "malos". Sin embargo, si analizamos más detenidamente, es decir, a través de nuestra experiencia inmediata, descubrimos que realmente no hay muchos momentos. Descubrimos que lo único que hay es este momento.
La Vida siempre es ahora. La vida entera se desenvuelve en este Ahora constante. Los momentos pasados o futuros existen solamente cuando los recordamos o los imaginamos, trayéndolos a la mente en el único momento que existe: éste.

¿Por qué tenemos la impresión de que hay muchos momentos? Porque confundimos el momento presente con lo que sucede, con el contenido. Confundimos el espacio del Ahora con lo que sucede en ese espacio. Al confundir el momento presente con el contenido no solamente creamos la ilusión del tiempo, sino también la ilusión del ego.
He aquí la paradoja. Por una parte, ¿cómo podemos negar la realidad del tiempo? Lo necesitamos para ir de aquí para allá, para preparar la cena, construir una casa, leer este libro. Lo necesitamos para crecer, aprender cosas nuevas. Al parecer, consumimos tiempo en todo lo que hacemos. Todo está sujeto a eso.  
Todo parece estar sujeto al tiempo y, no obstante, todo sucede en el Ahora. Esa es la paradoja. Nunca experimentamos el tiempo propiamente, lo único que experimentamos es el momento presente o, más bien, lo que sucede en él. Si nos guiamos solamente por la evidencia directa, entonces no hay tiempo y lo único que existe es el Ahora.

Cuando fijamos para el futuro la meta de liberarnos del ego, nos damos más tiempo y, más tiempo significa más ego.
No podemos fijarnos la meta de liberarnos del ego y dar los pasos necesarios para alcanzarla en un futuro. Lo único que obtenemos es mayor insatisfacción, más conflictos internos, porque siempre nos parecerá que nunca llegamos, que nunca "alcanzamos" ese estado de liberación. 
Examine con cuidado si su búsqueda espiritual es una forma disfrazada de ego. Hasta tratar de deshacernos del "yo" puede ser una forma de querer más si la fijamos como una meta para el futuro.

Darse más tiempo es precisamente eso: darle más tiempo al "yo". 
El tiempo, es decir, el pasado y el futuro, es lo que alimenta y empuja al falso yo fabricado por la mente, y el tiempo vive en la mente. No es algo que exista objetivamente en "alguna parte". Si bien es una estructura mental necesaria para la percepción sensorial, indispensable para efectos prácticos, es el mayor obstáculo para llegar a conocernos. 
El tiempo es la dimensión horizontal de la vida, la capa superficial de la realidad. Y está además la dimensión vertical de la profundidad, accesible solamente a través del portal del momento presente. Entonces, en lugar de sumarnos tiempo, debemos eliminarlo. Eliminar al tiempo de la conciencia es eliminar al ego, es la única práctica verdaderamente espiritual.
Claro está que cuando hablamos de eliminar el tiempo no nos referimos al tiempo del reloj, el cual representa el uso del tiempo para efectos prácticos como fijar una cita o planear un viaje. Sería casi imposible funcionar en este mundo sin el tiempo del reloj. A lo que nos referimos es a la eliminación del tiempo psicológico, la preocupación constante de la mente egotista con el pasado y el futuro, y su resistencia a ser una con la vida viviendo en consonancia con la existencia inevitable del momento presente.

Cada vez que en lugar de decirle "no" a la vida le damos un "sí, cada vez que permitimos que el momento presente sea como es, disolvemos el tiempo y también el ego. 
Para sobrevivir, el ego debe dar más importancia al tiempo (pasado y futuro) que al momento presente. El ego no soporta la amistad con el momento presente, salvo por breves momentos, lo suficiente para obtener lo que desea. Pero no hay nada que satisfaga al ego durante mucho tiempo. Mientras controle nuestras vidas, nos hará infelices de dos maneras. Una, al no obtener lo que deseamos y la otra al obtener lo que deseamos.

Todo aquello que es o que sucede, es la forma adoptada por el Ahora. Mientras nos resistamos internamente, la forma, es decir el mundo, se convertirá en una barrera impenetrable que nos separará de lo que somos más allá de la forma, de la Vida única informe que somos. Cuando damos un "sí" interior a la forma adoptada por el Ahora, esa forma se convierte en la puerta hacia la dimensión de lo informe. La separación entre la Conciencia Divina y el mundo se disuelve.

Cuando reaccionamos contra la forma que la vida adopta en este momento, cuando tratamos al Ahora como un medio, un obstáculo o un enemigo, fortalecemos nuestra propia identidad en la forma: el ego. De allí la reactividad del ego. 
¿Qué es reactividad? Es la adicción a la reacción. Mientras más reactivos somos, más nos enredamos con la forma. Mientras más identificados con la forma, más fuerte es el ego. Entonces nuestro Ser a duras penas logra proyectar su luminosidad a través de la forma.
Cuando no oponemos resistencia a la forma, aquello que está más allá de ella en nuestro interior emerge como una Presencia que lo abarca todo, un poder silencioso mucho más grande que la breve identidad con la forma, mucho más grande que la persona. Es nuestra esencia más profunda.

La no resistencia es la clave para el mayor de los poderes del universo. A través de ella, la conciencia (el espíritu) se libera de su prisión en la forma. No resistirse internamente a la forma (a lo que es o a lo que sucede) es negar la realidad absoluta de la forma. La resistencia hace que el mundo y las cosas, incluida nuestra propia identidad, parezcan más reales, más sólidos y más duraderos de lo que son. Dota al mundo y al ego de un peso y de una importancia absoluta que hacen que tomemos al mundo y a nuestra persona muy en serio. Entonces confundimos el juego de la forma con una lucha por sobrevivir, y al ser ésa nuestra percepción, se convierte en nuestra realidad.

El sinnúmero de sucesos y de formas que adopta la vida es por naturaleza efímero. Todo es pasajero. Las cosas, los cuerpos, los egos, los sucesos, las situaciones, los pensamientos, las emociones, los deseos, las ambiciones, los temores y el drama llegan con aire de gran importancia y cuando menos acordamos se han ido, desvanecidos en la nada de donde salieron. ¿Alguna vez fueron reales? ¿Fueron algo más que un sueño, el sueño de la forma?
Cuando abrimos los ojos en la mañana, el sueño de la noche se disuelve y decimos, "fue sólo un sueño, no fue real". Pero tuvo que haber algo real en el sueño o de lo contrario no habría podido suceder. Cuando se aproxima la muerte, podemos mirar hacia atrás y preguntarnos si la vida fue apenas otro sueño. Ahora mismo, si recuerda las vacaciones del año pasado o el drama de ayer, podrá ver que son muy parecidos al sueño de anoche.

Está el sueño y también el soñador del sueño. El sueño es un juego breve de las formas. Es el mundo: real en términos relativos, pero no absolutos. Y está el soñador, la realidad absoluta en la cual van y vienen las formas. El soñador no es la persona, la persona es parte del sueño. El soñador es el substrato en el cual aparece el sueño, la dimensión atemporal detrás del tiempo, la conciencia que vive en la forma y está detrás de ella. El soñador es la conciencia misma, es lo que somos.
Nuestro propósito ahora es despertarnos en el sueño. Cuando estamos despiertos en el sueño, el drama creado en la tierra por el ego llega a su fin y aparece un sueño más benigno y maravilloso. Es la nueva tierra.

 


Eckhart Tolle - “Una Nueva Tierra”.

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CÓMO DESCUBRIR NUESTRA VERDADERA ESENCIA- Eckhart Tolle

 

“No ser nada es la condición requerida para ser”. (Rumi)

 

¿Quién soy yo?

Las personas que viven en la inconsciencia, atrapadas en el ego, se apresuran a responder esta pregunta. Hablan de su nombre, ocupación, historia personal, la forma o el estado de su cuerpo, y de cualquier otra cosa con la cual se identifican. Otras parecerían más evolucionadas al decir que son espíritu o almas inmortales. ¿Pero realmente se conocen a sí mismas, o apenas han adoptado algunos conceptos de visos espirituales como parte del contenido de su mente?
Conocernos a nosotros mismos no es limitarnos a adoptar una serie de ideas o creencias. En el mejor de los casos, las ideas y las creencias espirituales son pautas importantes, pero rara vez encierran el poder para desalojar los conceptos medulares arraigados de lo que creemos ser, los cuales son parte del condicionamiento de la mente humana. El conocimiento profundo de nuestro ser no tiene nada que ver con las ideas que flotan en nuestra mente. Conocernos a nosotros mismos implica estar anclados en el Ser, en lugar de estar perdidos en la mente.

LO QUE CREEMOS SER

Nuestro sentido de lo que somos determina cuáles han de ser nuestras necesidades y las cosas a las cuales les atribuiremos importancia en la vida; y todo aquello que nos parezca importante tendrá el poder de perturbarnos e irritarnos. Esto se puede utilizar como criterio para descubrir hasta qué punto nos conocemos a nosotros mismos. 
Lo que nos importa no es necesariamente lo que expresamos ni aquello en lo cual creemos, sino aquello que se manifiesta como serio e importante a través de nuestros actos y de nuestras reacciones. Entonces conviene preguntarnos: "¿Cuáles son las cosas que me irritan y me alteran?" 

Si las nimiedades tienen el poder para molestarnos, entonces eso es exactamente lo que creemos ser: un ser insignificante. Esa será nuestra noción inconsciente. ¿Cuáles son las cosas insignificantes? En últimas, todas las cosas son insignificantes, porque todas las cosas son transitorias.
Podemos decir, "sé que soy un espíritu inmortal", o "estoy cansado de este mundo de locos y lo único que deseo es paz", hasta cuando suena el teléfono. Malas noticias: hubo un colapso de la bolsa de valores; se dañó el negocio; se robaron el automóvil; llegó la suegra; se canceló el viaje; se canceló el contrato; el compañero se ha ido; piden más dinero; dicen que es culpa nuestra. Entonces se levanta en nuestro interior una oleada de ira o ansiedad. La voz se torna dura: "no soporto más esto". Acusamos, culpamos, atacamos, nos defendemos o nos justificamos, y todo eso sucede en piloto automático.

 Obviamente hay algo más importante para nosotros que la paz interior que pedíamos hace un momento, y tampoco somos ya un espíritu inmortal. El negocio, el dinero, el contrato, la pérdida o la amenaza de pérdida son más importantes.
¿Para quién? ¿Para el espíritu inmortal que dijimos ser? No, para mí. Para ese pequeño yo que busca la seguridad o la realización en cosas transitorias y que se enoja o se pone nervioso cuando no las encuentra.
Bueno, por lo menos ahora sabemos quiénes creemos ser realmente.

Si la paz es realmente lo que deseamos, debemos elegir la paz. Si la paz fuera más importante para nosotros que todo lo demás y si supiéramos de verdad que somos espíritu en lugar de un pequeño yo, no reaccionaríamos, sino que nos mantendríamos totalmente alertas frente a situaciones o personas difíciles.
Aceptaríamos inmediatamente la situación y nos haríamos uno con ella en lugar de separarnos de ella. Entonces, a partir del estado de alerta, vendría nuestro actuar. Sería un actuar proveniente de lo que somos (conciencia) y no de lo que creemos ser (el pequeño yo). Sería entonces una respuesta poderosa y eficaz que no convertiría a la persona o a la situación en enemiga.

El mundo siempre se encarga de que no nos engañemos durante mucho tiempo acerca de lo que pensamos ser, mostrándonos las cosas que realmente nos importan. La forma como reaccionamos ante las personas y las situaciones, especialmente en los momentos difíciles, es el mejor indicador del conocimiento real que tenemos de nosotros mismos.
Mientras más limitada y más egotista sea nuestra idea de nosotros mismos, más atención prestaremos y más reaccionaremos ante las limitaciones del ego, ante la inconsciencia de los demás. 
Los "defectos" que vemos en los otros se convierten, para nosotros, en su identidad. Eso significa que veremos solamente el ego en los demás, reforzando así el nuestro. En lugar de mirar "más allá" del ego de los demás, fijamos nuestra atención en él. ¿Quién ve el ego? Nuestro ego.

Las personas que viven en estado profundo de inconsciencia, experimentan el ego viendo su reflejo en los demás. 
Cuando reconocemos que aquellas cosas de los demás que nos producen una reacción son también nuestras (y a veces sólo nuestras), comenzamos a tomar conciencia de nuestro propio ego. 
En esa etapa es probable que también nos demos cuenta que les hacíamos a los demás lo que pensábamos que ellos nos hacían a nosotros. Dejamos de considerarnos víctimas.

Puesto que no somos el ego, el hecho de tomar conciencia de él no significa que sepamos lo que somos: sólo reconocemos lo que no somos. Pero es gracias a ese conocimiento de lo que no somos que logramos eliminar el mayor obstáculo para llegar a conocernos realmente.

Nadie puede decirnos lo que somos. Sería apenas otro concepto más, incapaz de cambiarnos. No hace falta una creencia para saber lo que somos. En efecto, todas las creencias son obstáculos. Ni siquiera necesitamos alcanzar la realización, porque ya somos lo que somos. Pero sin la realización, nuestro ser no puede proyectar su luminosidad sobre el mundo. Permanece en el ámbito de lo inmanifiesto. Es decir, en nuestro verdadero hogar. Entonces somos como la persona que finge ser pobre mientras tiene cien millones de dólares en su cuenta, con lo cual el potencial de su fortuna jamás se manifiesta.

CONOCER LO QUE REALMENTE SOMOS 

A veces quizás no queramos saber lo que somos por miedo a descubrirlo. Muchas personas abrigan el temor secreto de ser malas. Pero no seremos nada de lo que averigüemos sobre nosotros. Nada que podamos saber sobre nosotros es nuestra esencia.
Mientras algunas personas no desean saber quiénes son por temor, otras tienen una curiosidad insaciable acerca de sí mismas y desean saber más y más. No confundamos el hecho de saber sobre nosotros con el hecho de conocernos a nosotros mismos.

Saber sobre nosotros es el contenido de la mente condicionada por el pasado. Todo aquello que averigüemos con el psicoanálisis o la observación propia es acerca de nosotros, acerca del yo. No es lo que somos, es contenido, no esencia. Ir más allá del ego implica salirnos del contenido.
Conocernos a nosotros mismos es ser nosotros mismos y, para ello, debemos dejar de identificarnos con el contenido.

La mayoría de las personas se definen a sí mismas a través del contenido de su vida. Todo lo que percibimos, experimentamos, pensamos o sentimos es contenido. El contenido es lo que absorbe por completo la atención de la mayoría de la gente y es aquello con lo cual se identifican.
Cuando pensamos o decimos, "mi vida", no nos referimos a la vida que somos sino a la vida que tenemos, o parecemos tener. Nos referimos al contenido: la edad, la salud, las relaciones, las finanzas, la situación laboral y de vida, y también el estado mental y emocional. Las circunstancias internas y externas de la vida, el pasado y el futuro, pertenecen al plano del contenido, al igual que los sucesos. Es decir, todo aquello que acontece.
Pero, ¿qué más hay aparte del contenido? Aquello que nos permite ser; el espacio interior de la conciencia. Aquello que únicamente podemos reconocer, cuando estamos, en total silencio.

 


Eckhart Tolle 
"Una Nueva Tierra".

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Aceptación y Perdón por Eckhart Tolle

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Hagan lo que tienen que hacer.

Mientras tanto, acepten lo que es.

Como la mente y la resistencia son sinónimos, la aceptación los libera inmediatamente del dominio de la mente y por tanto los reconecta con su Ser.

Como resultado, las motivaciones usuales del ego para ‘hacer’ – temor, avaricia, control, defender o alimentar el falso sentido del yo – dejarán de operar.

Ahora está a cargo una inteligencia mucho mayor que la mente, y así fluirá hacia su hacer una cualidad diferente de conciencia.

“Acepten lo que venga a ustedes entretejido en el formato de su destino, Porque, ¿qué podría ajustarse mejor a sus necesidades?

Esto fue escrito hace dos mil años por Marcus Aurelius, uno de aquellos humanos extremadamente raros que poseía tanto poder mundano así como sabiduría.

Parece que la mayoría de la gente necesita experimentar una gran cantidad de sufrimiento antes de que renuncien a la resistencia y acepten – antes de que perdonen.

Tan pronto como lo hace, ocurre uno de los grandes milagros: el despertar del Ser-consciencia a través de lo que aparenta ser malo, la transmutación del sufrimiento en paz interior.

El efecto final de todo el mal y el sufrimiento en el mundo es que forzará a los humanos a entender quienes son más allá del nombre y la forma.

Por tanto, lo que percibimos como malo desde nuestra perspectiva limitada es realmente parte del bien mayor que no tiene opuesto.

Esto, sin embargo, no se convierte en algo cierto para ustedes excepto a través del perdón.

Hasta que eso suceda, el mal no se ha redimido y por tanto se mantiene siendo mal.

 

© derechos de autor 2008-2014. Eckhart Tolle.

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Las Quejas y el Resentimiento – Eckhart Tolle

 

 

“Renegar es una de las estrategias predilectas del ego para fortalecerse”.

Cada queja es una historia inventada por la mente y la creemos ciegamente. No importa si manifestamos nuestras quejas o si las pensamos en silencio. Algunos egos sobreviven fácilmente a base de lamentos únicamente, quizás porque no tienen mucho más con lo cual identificarse. Cuando somos presa de esa clase de ego, nos lamentamos habitualmente, en particular de los demás. Sin embargo, es algo que hacemos inconscientemente, lo cual significa que no sabemos lo que hacemos.

Aplicar rótulos mentales negativos a los demás, ya sea en su cara o cuando se habla de ellos, suele ser uno de los componentes de este patrón. Utilizar adjetivos ultrajantes es la forma más cruda de esos rótulos y de la necesidad del ego de tener la razón y triunfar sobre los demás, son pronunciamientos definitivos contra los cuales no hay argumento posible. En el siguiente nivel más bajo en la escala de la inconsciencia están los gritos y las injurias, y bastante cerca, está la violencia física.

El resentimiento es la emoción que acompaña a las lamentaciones y a los rótulos mentales, refuerza todavía más al ego. El resentimiento equivale a sentir amargura, indignación, agravio u ofensa. Resentimos la codicia de la gente, su deshonestidad, su falta de integridad, lo que hace, lo que hizo en el pasado, lo que dijo, lo que no hizo , lo que debió o no hacer. Al ego le encanta. En lugar de pasar por alto la inconciencia de los demás, la incorporamos en su identidad.

¿Quién lo hace?
Nuestra inconciencia, nuestro ego.

A veces, la “falta” que percibimos en otra persona ni siquiera existe. Es una interpretación equivocada, una proyección de una mente condicionada para ver enemigos en los demás y elevarse por encima de ellos. En otras ocasiones, la falta puede existir pero la amplificamos al fijarnos en ella, a veces hasta el punto de excluir todo lo demás, entonces fortalecemos en nosotros aquello contra lo cual reaccionamos en otra persona.

No reaccionar al ego de los demás es una de las formas más eficaces no solamente de trascender el ego propio sino también de disolver el ego colectivo de los seres humanos. Pero solamente podemos estar en un estado donde no hay reacción si podemos reconocer que el comportamiento del otro viene del ego, que es una expresión de la disfunción colectiva de la humanidad.

Cuando reconocemos que no es personal, se pierde la compulsión de reaccionar como si lo fuera.

Al no reaccionar frente al ego logramos hacer aflorar la cordura en los demás, es decir, oponer la conciencia incondicionada a la condicionada. En ocasiones quizás sea necesario tomar medidas prácticas para protegernos contra personas profundamente inconscientes. Y podemos hacerlo sin crear enemistad. Sin embargo, la mayor protección es permanecer en la conciencia. Una persona se convierte en enemiga cuando personalizamos la inconciencia de su ego. No reaccionar no es señal de debilidad sino de fuerza. Otra forma de expresar la ausencia de reacción es el perdón. Perdonar es pasar por alto o no reparar. No reparamos en el ego sino que miramos la cordura alojada en la esencia de todos los seres humanos.

Al ego le encanta quejarse y resentirse no solamente con respecto a otras personas, sino también a las situaciones. Lo mismo que se le hace a una persona se le puede hacer a una situación: convertirla en enemiga. La implicación siempre es: esto no debería estar sucediendo; no quiero estar aquí; no quiero tener que hacer esto; es una injusticia conmigo. Por supuesto el peor enemigo del ego es el momento presente, es decir la vida misma.

No se deben confundir las quejas con el hecho de hacer ver a una persona una deficiencia o un error a fin que que pueda corregirlo. Y abstenerse de quejarse no significa tolerar la mala calidad o la mala conducta. No es cuestión del ego decirle a un mesero que la sopa está fría y que debe calentarse, siempre y cuando nos atengamos a los hechos, los cuales siempre son neutros.

Renegar es decir “Como se atreve a traerme una sopa fría”. Hay allí un “yo” al cual le encanta sentirse personalmente ofendido por la sopa fría y que va a sacar el mayor provecho de la situación, un “yo” que disfruta cuando encuentra la falta en el otro. Las quejas a las cuales nos referimos están al servicio del ego, no del cambio. Algunas veces es obvio que el ego realmente no desee cambiar a fin de poder continuar quejándose.

Trate de atrapar a la voz de su mente en el momento mismo en que se queja de algo, y reconózcala por lo que es: la voz del ego, nada más que un patrón mental condicionado, un pensamiento. Cada vez que tome nota de esa voz, también se dará cuenta de que Ud. No es la voz, el pensador está en primer plano. Es así como usted Se libera del ego, de la mente no observada. Tan pronto como tome conciencia del ego que mora en usted, deja de ser ego para convertirse en un viejo patrón mental condicionado. El ego implica inconsciencia. La conciencia y el ego no pueden coexistir. El viejo patrón o hábito mental puede sobrevivir y reaparecer durante un tiempo porque trae el impulso de miles de años de inconsciencia colectiva, pero cada vez que se le reconoce se debilita.

Eckhart Tolle

 

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Traducido con Amor desde…https://evolutionarymystic.wordpress.com/

 

 

 Eckhart Tolle : Siempre empieza con el momento presente. Empieza con dónde estás en lugar de tratar de alejarte de donde estás ...

Te sugiero, cuando viajas al trabajo todas las mañanas, que ingresa al estado de presencia en lugar de quedarte dormido en el pensamiento. Estáte allí en todo momento, ya sea que esté conduciendo o tomando el transporte público o caminando al trabajo. Presencia absoluta.

Y cuando esté en el trabajo, haga una cosa a la vez y cree espacios momentáneos tanto como sea posible. Pueden ser de solo unos segundos. Un respiro espacioso después de haber hecho una llamada telefónica. Y luego, cuando vayas a almorzar, repite con cada movimiento ese espacio de pausa y presencia.

Así que usas cuando de otra manera sería una "situación aburrida" como fondo para la presencia. En última instancia, no estás buscando algo de satisfacción en el trabajo, sino que le aportas un estado de conciencia diferente. En cierto modo, tu situación laboral se convierte en una excusa para practicar la presencia. Y tienes suerte si tienes un trabajo relativamente aburrido. Te da una gran oportunidad para practicar. Si tuvieras un trabajo muy estresante que te mantuviera en un estado de emoción durante todo el día, sería más difícil. Así que agradece si la vida te ha dado algo relativamente aburrido.

Ahora, a medida que aprendes a usar la situación como fondo para la presencia, a menudo el descontento desaparece, y esa es la marca de la verdadera entrega. Si hay descontento, todavía no hay rendición completa. Por ejemplo, aún piensas: "Prefiero estar en otro lugar" o "¿Cuántos años más me quedan hasta la jubilación?" Te estás perdiendo en el pasado y en el futuro y estás recargando tu mente. En el pasado o el  futuro, perdiendo la oportunidad del momento presente porque "¡no es lo suficientemente interesante!"

Practica y puedes encontrar que si te alineas con el momento presente, te sientes más vivo. Incluso dentro de las actividades de rutina, hay una dimensión adicional de vitalidad que entra y se realizan las actividades con un mayor sentido de vitalidad. Es a menudo entonces que el cambio entra en tu vida.

Cuando te alineas internamente con el momento presente en lugar de intentar alejarte de él, el poder comienza a fluir a través de él. Por eso lo llamo El Poder del Ahora. Es el poder de la vida misma. Comienza a fluir a través de ti.

Al principio, fluye en tus actividades de rutina y la forma en que te relacionas con tus colegas se vuelve más presente o algo diferente. Algunas personas pueden notarlo. Otros no pueden. Y así, gradualmente, el universo o la vida se da cuenta de que estás en un estado de conciencia diferente y, a menudo, es cuando el cambio llega a tu vida, ya sea a través de un evento casual o un encuentro fortuito o una idea o realización repentina que viene a tu cabeza una mañana.

Ahora de qué manera el cambio llega a tu vida, no lo sabemos. Es mucho más probable que entre, pero ya no dependes del cambio externo para tu estado interior. Eso es lo principal. Incluso si nada más entrara en tu vida, continuarás practicando hasta tu último aliento y tu último aliento será una respiración consciente y habrás cumplido tu propósito en este planeta en la forma, que es ser el vehículo para que la conciencia venga en este mundo.

Entonces, no dependes de nada. Es más probable que ocurra el cambio, sí, pero la práctica de la presencia no es un medio para un fin. No estás practicando para decir: "Está bien, practicaré, pero si no sucede nada dentro de seis semanas, dejaré de practicar".

Para todos ustedes que están aburridos en el trabajo: conviértanlo en una práctica espiritual, una práctica de conciencia. "Aburrido en el trabajo" también significa que no estás particularmente desafiado en el trabajo. En ausencia de desafíos en la vida, siempre existe el peligro de que caigas por debajo del pensamiento y te encuentres en una rutina que crees que es aceptación, pero realmente estás por debajo del pensamiento. Luego vas a trabajar y hay una disminución en tu sentido de alerta y vitalidad. Eso no es rendición o presencia.

 

https://evolutionarymystic.wordpress.com/2018/06/23/im-bored-and-id-like-to-change-jobs-how-can-i-find-out-what-will-give-me-joy-and-a-feeling-of-meaningfulness/

 

 

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“Todas las creencias son obstáculos” - por Eckhart Tolle

 

Nuestro sentido de lo que somos determina cuáles han de ser nuestras necesidades y las cosas a las cuales les atribuiremos importancia en la vida; y todo aquello que nos parezca importante tendrá el poder de perturbarnos e irritarnos. Esto se puede utilizar como criterio para descubrir hasta qué punto nos conocemos a nosotros mismos. Lo que nos importa no es necesariamente lo que expresamos ni aquello en lo cual creemos, sino aquello que se manifiesta como serio e importante a través de nuestros actos y de nuestras reacciones.

Entonces conviene preguntarnos: “¿Cuáles son las cosas que me irritan y me alteran?” Si las nimiedades tienen el poder para molestarnos, entonces eso es exactamente lo que creemos ser: un ser insignificante. Esa será nuestra noción inconsciente. ¿Cuáles son las cosas insignificantes? En últimas, todas las cosas son insignificantes, porque todas las cosas son transitorias.

Podemos decir, “sé que soy un espíritu inmortal”, o “estoy cansado de este mundo de locos y lo único que deseo es paz”, hasta que suena el teléfono. Malas noticias: hubo un colapso de la bolsa de valores; se dañó el negocio; se robaron el automóvil; llegó la suegra; se canceló el viaje; se canceló el contrato; el compañero se ha ido; piden más dinero; dicen que es culpa nuestra. Entonces se levanta en nuestro interior una oleada de ira o ansiedad. La voz se torna dura: “no soporto más esto”. Acusamos, culpamos, atacamos, nos defendemos o nos justificamos, y todo eso sucede en piloto automático.

Obviamente hay algo más importante para nosotros que la paz interior que pedíamos hace un momento, y tampoco somos ya un espíritu inmortal. El negocio, el dinero, el contrato, la pérdida o la amenaza de pérdida son más importantes. ¿Para quién? ¿Para el espíritu inmortal que dijimos ser? No, para mí. Para ese pequeño yo que busca la seguridad o la realización en cosas transitorias y que se enoja o se pone nervioso cuando no las encuentra. Bueno, por lo menos ahora sabemos quiénes creemos ser realmente.

Si la paz es realmente lo que deseamos, debemos elegir la paz.

Si la paz fuera más importante para nosotros que todo lo demás y si supiéramos de verdad que somos espíritu en lugar de un pequeño yo, no reaccionaríamos sino que nos mantendríamos totalmente alertas frente a situaciones o personas difíciles.

Aceptaríamos inmediatamente la situación y nos haríamos uno con ella en lugar de separarnos de ella. Entonces, a partir del estado de alerta, vendría la reacción. Sería una reacción proveniente de lo que somos (conciencia) y no de lo que creemos ser (el pequeño yo). Sería entonces una respuesta poderosa y eficaz que no convertiría a la persona o a la situación en enemiga.

El mundo siempre se encarga de que no nos engañemos durante mucho tiempo acerca de lo que pensamos ser, mostrándonos las cosas que realmente nos importan. La forma como reaccionamos ante las personas y las situaciones, especialmente en los momentos difíciles, es el mejor indicador del conocimiento real que tenemos de nosotros mismos.

Mientras más limitada y más egotista sea nuestra idea de nosotros mismos, más atención prestaremos y más reaccionaremos ante las limitaciones del ego, ante la inconsciencia de los demás.

Los “defectos” que vemos en los otros se convierten, para nosotros, en su identidad. Eso significa que veremos solamente el ego en los demás, reforzando así el nuestro. En lugar de mirar “más allá” del ego de los demás, fijamos nuestra atención en él. ¿Quién ve el ego? Nuestro ego.

Las personas que viven en estado profundo de inconsciencia experimentan el ego viendo su reflejo en los demás.

Cuando reconocemos que aquellas cosas de los demás que nos producen una reacción son también nuestras (y a veces sólo nuestras), comenzamos a tomar conciencia de nuestro propio ego. En esa etapa es probable que también nos demos cuenta que les hacíamos a los demás lo que pensábamos que ellos nos hacían a nosotros. Dejamos de considerarnos víctimas.
Puesto que no somos el ego, el hecho de tomar conciencia de él no significa que sepamos lo que somos: sólo reconocemos lo que no somos. Pero es gracias a ese conocimiento de lo que no somos que logramos eliminar el mayor obstáculo para llegar a conocernos realmente.

Nadie puede decirnos lo que somos. Sería apenas otro concepto más, incapaz de cambiarnos.

No hace falta una creencia para saber lo que somos. En efecto, todas las creencias son obstáculos. Ni siquiera necesitamos alcanzar la realización, porque ya somos lo que somos. Pero sin la realización nuestro ser no puede proyectar su luminosidad sobre el mundo. Permanece en el ámbito de lo inmanifiesto, es decir, en nuestro verdadero hogar. Entonces somos como la persona que finge ser pobre mientras tiene cien millones de dólares en su cuenta, con lo cual el potencial de su fortuna jamás se manifiesta.

 

Tomado de “Una Nueva Tierra” de Eckhart Tolle

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EL PROPÓSITO INTERNO - Eckhart Tolle

 

Tan pronto como trascendemos el simple estado de supervivencia, la pregunta acerca del significado y el propósito adquiere lugar preponderante en nuestra vida. Muchas personas se sienten prisioneras de la rutina diaria, la cual parece restar toda importancia a la vida. Hay quienes piensan que la vida pasa, que las está dejando o ya las ha dejado atrás. Otras personas se sienten enormemente preocupadas por las exigencias de su trabajo, por la necesidad de ver por su familia o por su situación económica y de vida. Algunas son víctimas del estrés agudo mientras que otras son presas del tedio. Hay quienes se pierden en medio de la actividad frenética mientras que otras sucumben al estancamiento. Muchas personas añoran la libertad y la expansión implícitas en la promesa de la prosperidad. Otras ya disfrutan de la libertad relativa que les ofrece la prosperidad pero descubren que ni siquiera eso le imprime significado a la vida. No hay nada que reemplace el verdadero propósito. Pero el propósito primario o verdadero de la vida no se encuentra en el plano externo. No tiene nada que ver con lo que hacemos sino con lo que somos, es decir, con nuestro estado de conciencia.

Por eso lo más importante que debemos reconocer es lo siguiente: tenemos un propósito interno y otro externo en la vida. El propósito interno se relaciona con el Ser y es primario. El propósito externo se relaciona con el hacer y es secundario. Si bien este libro se refiere principalmente a nuestro propósito interno, en éste capítulo y en el siguiente nos referiremos también a la pregunta de cómo lograr consonancia entre el propósito interno y el externoSin embargo, los dos propósitos están tan íntimamente ligados que es casi imposible hablar del uno sin hacer referencia al otro.

Nuestro propósito interno es el despertar. Es así de sencillo, es un propósito que compartimos con todos los demás seres humanos de este planeta, porque es el propósito de la humanidad. Nuestro propósito interno es parte esencial del propósito del todo, del universo y de su inteligencia. Nuestro propósito externo puede variar con el tiempo y es muy diferente según la persona. La base para poder cumplir con nuestro propósito externo está en encontrar el propósito interno y vivir en consonancia con él.Es la base del éxito verdadero. Sin esa consonancia podemos lograr determinadas cosas a base de esfuerzo, lucha, dedicación o simplemente mucho trabajo y sagacidad. Pero ese esfuerzo no encierra dicha alguna y termina invariablemente por traducirse en alguna forma de sufrimiento.

EL DESPERTAR

El despertar es un cambio de conciencia consistente en el divorcio entre el pensamiento y la concienciaEn la mayoría de los casos no es un suceso puntual sino un proceso. También es un proceso incluso para las pocas personas que experimentan un despertar súbito, dramático y aparentemente irreversible. Es un proceso en el cual el nuevo estado de conciencia toma posesión gradualmente transformando todo lo que la persona hace y convirtiéndose así en parte integral de la vida.

En lugar de permanecer perdidos en nuestros pensamientos, cuando despertamos reconocemos que somos el observador consciente. Es entonces cuando el pensamiento deja de ser la actividad autónoma y egoísta que domina nuestra vida. La conciencia asume las riendas y el pensamiento, en lugar de tener el control de la vida, pasa a servir a la conciencia. La conciencia es la conexión consciente con la inteligencia universal. Otra palabra para describirla es la Presencia: la conciencia sin pensamiento.

El inicio del proceso del despertar es un acto de gracia. No podemos hacer que suceda ni tampoco prepararnos para él ni acumular créditos para merecerlo. No hay una secuencia clara de pasos lógicos que conduzca al despertar, aunque eso sería lo que le encantaría a la mente. No tenemos que hacernos merecedores primero. Puede llegarle al pecador antes que al santo, pero no necesariamente. Es por eso que Jesús se relacionaba con toda clase de gente y no solamente con las personas respetables. No hay nada que podamos hacer para provocar el despertarLo que hagamos será cosa del ego, que estará buscando agregar el despertar o la iluminación a la lista de sus posesiones más preciadas para engrandecerse y adquirir todavía más importancia. De esa manera, en lugar de despertar, añadimos a la mente el concepto del despertar o la imagen de lo que es una persona iluminada, y nos esforzamos por vivir de acuerdo con esa imagen. Esforzarnos por ser como la imagen que tenemos de nosotros mismos o que otros tienen de nosotros no es vivir una vida auténtica sino representar otro de los personajes inconscientes del ego.

Por consiguiente, si no hay nada que podamos hacer con respecto al despertar, si es algo que ya ha sucedido o está por suceder, ¿cómo es posible que sea el propósito primario de la vida? ¿Acaso no está implícito en el propósito el hecho de poder hacer algo por lograrlo?

El primer despertar, el primer destello de conciencia sin pensamiento solamente sucede por la gracia, sin que hagamos nada. Si para usted este libro es incomprensible y no significa nada, es porque todavía no le ha llegado ese primer despertar. Sin embargo, si hay algo en su interior que responde a él, si de alguna manera reconoce algo de verdad en él, significa que ya ha entrado en el proceso. Una vez que se inicia el proceso, no hay marcha atrás, aunque el ego puede demorarlo. La lectura de este libro podrá ser el comienzo del despertar para algunas personas. Para otras, este libro ejercerá la función de ayudarlas a reconocer que ya han iniciado el proceso, y a intensificarlo y acelerarlo. Otra función es ayudar a la gente a reconocer su ego cada vez que trate de recuperar el control y de ensombrecer el surgimiento de la conciencia. En algunos casos, el despertar sucede cuando las personas se dan cuenta repentinamente de la clase de pensamientos que cruzan constantemente por su mente, especialmente los pensamientos negativos persistentes con los cuales quizás se hayan identificado durante toda la vida. Súbitamente se produce un estado de alerta que toma conciencia del pensamiento sin ser parte de él.

¿Cuál es la relación entre la conciencia y el pensamiento? La conciencia es el espacio en el cual existen los pensamientos cuando ese espacio ha tomado conciencia de sí mismo.

Después de haber visto el destello de la conciencia o la Presencia, aprendemos a conocerla de primera mano. En ese momento deja de ser simplemente un concepto mental y, por tanto, podemos tomar la decisión consciente de estar presentes en lugar de dejarnos arrastrar por pensamientos inútiles. Podemos invitar la Presencia a la vida, es decir, abrir espacio.Con la gracia de la conciencia viene la responsabilidad. Podemos optar por continuar como si nada hubiera sucedido, o podemos reconocer su importancia y aceptar que el surgimiento de la conciencia es lo más importante que puede sucedernos. Abrirnos a la conciencia y traer su luz a este mundo se convierte entonces en el propósito preponderante de la vida.

“Deseo conocer la mente de Dios”, dijo Einstein. “Lo demás son detalles”. ¿Qué es la mente de DiosConciencia. ¿Qué significa conocer la mente de DiosEstar conscientes. ¿Cuáles son los detalles? El propósito externo y lo que quiera que suceda en el plano externo.

Así, quizás mientras usted espera que suceda algo significativo en su vida, podría no darse cuenta de que lo más importante que puede sucederle a un ser humano ya le ha sucedido: el comienzo del proceso de separación entre el pensamiento y la conciencia.

Muchas personas que se encuentran en las primeras etapas del proceso de despertar sienten que ya no saben a ciencia cierta cuál es su propósito externo. Aquello que mueve al mundo ya no las motiva. Al ver con tanta claridad la demencia de nuestra civilización, podrían sentirse aisladas hasta cierto punto de la cultura que las rodea. Hay quienes sienten que habitan en tierra de nadie, en medio de dos mundos. Ya el ego no dirige su destino pero la conciencia todavía no se ha integrado plenamente a sus vidas. No se ha producido la fusión entre el propósito interno y el propósito externo.

Podrá haber un período de inseguridad e incertidumbre. ¿Qué debo hacer? A medida que el ego deja de controlar su vida disminuye la necesidad psicológica de contar con la seguridad de las cosas externas e ilusorias. Puede vivir en medio de la incertidumbre y hasta disfrutarlo.Cuando acepte la incertidumbre se abrirán una infinidad de posibilidades. Significa que el temor dejará de dominar su vida y de impedirle tomar la iniciativa para propiciar el cambio. Tácito, el filósofo romano, anotó acertadamente que “el anhelo de la seguridad interfiere con todas las empresas grandes y nobles”. Cuando no logramos aceptar la incertidumbre, se convierte en miedo. Cuando la incertidumbre es perfectamente aceptable, se traduce en mayor vivacidad, conciencia y creatividad.

 

Estar en unión con lo que es no implica no ser motor de cambio o ser incapaz de tomar la iniciativa. Lo que sucede es que la motivación para actuar proviene de un nivel más profundo y no de los deseos o los temores del ego. La consonancia interna con el momento presente abre la conciencia y nos pone en armonía con el todo, del cual el momento presente es parte integral. Entonces, el todo, o la totalidad de la vida, actúa a través de nosotros.

Por una parte, el todo comprende todo aquello que existe, es el mundo o el cosmos. Pero todo aquello que existe, desde los microbios hasta los seres humanos y las galaxias, forma una red de procesos multidimensionales conectados y no es una serie de cosas o entidades independientes.

Son dos las razones por las cuales no percibimos esta unidad y consideramos que todas las cosas son independientes. Una es la percepción, la cual reduce la realidad a lo que nos es accesible a través de nuestros pocos sentidos: lo que vemos, oímos, olemos, saboreamos y palpamos. Pero cuando percibimos sin interpretar ni adjuntar rótulos mentales, es decir, sin agregar pensamiento a nuestras percepciones, podemos sentir una conexión más profunda detrás de nuestra percepción de la separación.

La otra razón más seria por la cual vivimos en la ilusión de la separación es el pensamiento compulsivo. Es cuando permanecemos atrapados en el torrente incesante de pensamientos compulsivos que el universo realmente se aparta de nosotros y perdemos la capacidad de sentir la conexión entre todo lo que existe. El pensamiento fragmenta la realidad en pedazos inertes. Esa visión de la realidad da paso a unas actuaciones supremamente destructivas y carentes de inteligencia.

Sin embargo, más allá de la interconexión entre todo lo que existe hay un nivel más profundo. En ese nivel del todo, todas las cosas son una. Es la Fuente, la única Vida inmanifiesta. Es la inteligencia eterna que se manifiesta a través del desenvolvimiento del universo en el tiempo.

El todo está hecho de existencia y Ser, lo manifiesto y lo inmanifiesto, el mundo y Dios.Así, cuando entramos en armonía con el todo, nos convertimos en una parte consciente de la red del todo y de su propósito: el surgimiento de la conciencia en el mundo. El resultado es que comienzan a ocurrir con frecuencia las casualidades propicias, los encuentros fortuitos, las coincidencias y los sucesos sincronizados. Carl Jung describió la sincronicidad como “un principio unificador acausal”. Esto significa que no hay una conexión causal entre los sucesos sincronizados en el plano superficial de nuestra realidad. Es una manifestación externa de una inteligencia subyacente al mundo de las apariencias y una conexión más profunda incomprensible para la mente. Pero podemos ser partícipes conscientes del desenvolvimiento de esa inteligencia, del florecimiento de la conciencia.

La naturaleza existe en estado de unicidad inconsciente con el todo. Es, por ejemplo, la razón por la cual prácticamente ningún animal salvaje pereció en el desastre del tsunami del año 2004. Al estar en contacto más estrecho con la totalidad que los seres humanos, pudieron presentir la llegada del tsunami mucho antes de que se lo pudiera ver u oír, de manera que tuvieron tiempo para refugiarse en terrenos elevados. Quizás hasta esta afirmación sea producto de nuestro punto de vista humano. Quizás sencillamente avanzaron hacia las zonas más altas sin ninguna motivación deliberada. Hacer esto o aquello es parte de la forma como la mente fragmenta la realidad, mientras que la naturaleza sencillamente vive en unicidad inconsciente con el todo. Nuestro propósito y destino es traer a este mundo una nueva dimensión permaneciendo en unicidad consciente con la totalidad y en armonía consciente con la inteligencia universal.

¿Puede el todo utilizar a la mente humana para crear cosas o para producir situaciones que estén en armonía con su propósito?

Sí, cada vez que hay inspiración, palabra que significa “en espíritu”, y cada vez que hay entusiasmo, palabra que significa “en Dios”, se desata un poder creador que va mucho más allá de lo que una simple persona puede hacer.

 

 

 

Tomado del libro “Una Nueva Tierra”.de Eckhart Tolle

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El Falso yo

 
 
“Si no cambian las estructuras de la mente humana, terminaremos siempre por crear una y otra vez el mismo mundo con sus mismos males y la misma disfunción.”
~ Eckhart Tolle ~

La palabra "yo" encierra a la vez el mayor error y la verdad más profunda, dependiendo de la forma como se utilice.
La palabra "yo" encierra el error primordial, una percepción equivocada de lo que somos, un falso sentido de identidad. Ese es el ego. Albert Einstein lo llamaba "ilusión óptica de la conciencia".
Esa ilusión del ser se convierte entonces en la base de todas las demás interpretaciones y nociones erradas de la realidad, de todos los procesos de pensamiento, las interacciones y las relaciones.
La buena noticia es que cuando logramos reconocer la ilusión por lo que es, ésta se desvanece. La ilusión llega a su fin cuando la reconocemos. Cuando vemos lo que no somos, la realidad de lo que somos emerge espontáneamente.

¿Cuál es la naturaleza de este falso ser?
Cuando hablamos de "yo" generalmente no nos referimos a lo que somos. La profundidad infinita de lo que somos, el Ser, se confunde con el pensamiento del yo que tengamos en nuestra mente y con aquello con lo cual éste se identifique.
La naturaleza de la mente siempre tiende a ir hacia fuera, hacia el exterior, hacia los objetos de percepción, para identificarse con dichos objetos y buscar un sentido de identidad; 

La identificación con los objetos implica atribuir a las cosas y a los pensamientos que representan esas cosas, un sentido de ser alguien, derivando así una identidad a partir de ellas.
El pensamiento “yo” se identifica con la percepción del cuerpo, con el género, con las pertenencias, con la nacionalidad, la raza, profesión, la religión, etc. El yo también se identifica con otras cosas como las funciones (madre, padre, esposo, esposa, etc.), el conocimiento adquirido, las opiniones, los gustos y disgustos, y también con las cosas que me pasaron a "mí" en el pasado ("yo y mi historia"). Estas son apenas algunas de las cosas de las cuales derivamos nuestra identidad.

La mayoría de las personas continúan identificándose con el torrente incesante de la mente, el pensamiento compulsivo, repetitivo y banal. Eso es lo que significa vivir en la inconsciencia.

Pensar inconscientemente es el principal dilema de la existencia humana.

Cuando observamos un pájaro o una flor y permitimos que sea sin imponerle un sustantivo o una etiqueta mental, cuando no hay ningún juicio alguno, se despierta dentro de nosotros una sensación de asombro, de admiración. Así mismo es con todo lo que se experimenta en la vida; cuando no hay juicios ni etiquetas, hay belleza en todas partes, pues se ven las cosas tal y como son, sin interpretaciones mentales. Se ve la Verdad de todas las cosas.

Cuanto más se fija nuestra atención en atribuir etiquetas verbales a las cosas, a las personas o a las situaciones, más superficial e inerte se hace la realidad y más muertos nos sentimos frente a la realidad, a ese milagro de la vida que se despliega continuamente en nuestro interior y a nuestro alrededor.

La compulsión inconsciente de promover nuestra identidad a través de la asociación con un objeto es parte de la estructura misma de la mente egotista.

Una de las estructuras mentales básicas a través de la cual entra en existencia el ego es la identificación. El vocablo "identificación" viene del latín "ídem" que significa "igual" y "facere" que significa "hacer". Así, cuando nos identificamos con algo, lo "hacemos igual". ¿Igual a qué? Igual al yo. Dotamos a ese algo de un sentido de ser, de tal manera que se convierte en parte de nuestra "identidad".
En uno de los niveles más básicos de identificación están las cosas: el juguete se convierte después en el automóvil, la casa, la ropa, etc. Tratamos de hallarnos en las cosas pero nunca lo logramos del todo y terminamos perdiéndonos en ellas. Ese es el destino del ego.

El ego nunca tiene suficiente; esto es debido al sentido de carencia que hay en el interior de cada ser humano. Este sentido de carencia es producido por el olvido de lo que realmente somos, de nuestra verdadera naturaleza que ya es completa. 
El ser humano se pasa la vida buscando llenar esa carencia interna con objetos, con cosas, pero las cosas no pueden llenar permanentemente esa carencia interior. 

Claro está que en esta dimensión física las cosas son necesarias y son parte inevitable de la vida. Necesitamos vivienda, ropa, muebles, herramientas, transporte. Quizás haya también cosas que valoramos por su belleza o sus cualidades inherentes. Debemos honrar el mundo de las cosas en lugar de despreciarlo. Pero no debemos intentar llenar una carencia interna a través de las cosas. 

No podemos honrar realmente las cosas si las utilizamos para fortalecer nuestra identidad, si tratamos de encontrarnos a través de ellas. 

La vida nos pone en el camino las experiencias que más necesitamos para la evolución de nuestra conciencia.
 
¿Cómo saber si ésta es la experiencia que necesitas? Porque es la experiencia que estás viviendo en este momento.

Para el ego, tener es lo mismo que Ser: tengo, luego existo. Y mientras más tengo, más soy. El ego vive a través de la comparación. El sentido de valía del ego está ligado en la mayoría de los casos con la forma como los otros nos valoran.
Necesitamos de los demás para conseguir la sensación de ser alguien. Vivimos en una cultura en donde el valor de la persona es igual en gran medida a lo que se tiene. 

¿Cómo desprendernos del apego a las cosas? Ni siquiera hay que intentarlo. Es imposible. El apego a las cosas se desvanece por sí solo cuando renunciamos a identificarnos con ellas.
 
Lo importante es tomar consciencia del apego a las cosas.

Algunas veces quizás no sepamos que estamos apegados a algo, es decir, identificados con algo, sino hasta que lo perdemos o sentimos la amenaza de la pérdida. Si entonces nos desesperamos y sentimos ansiedad, es porque hay apego. 
Si reconocemos estar identificados con algo, la identificación deja inmediatamente de ser total. "Soy la conciencia que está consciente de que hay apego". Ahí comienza la transformación de la consciencia.

El ego se identifica con lo que se tiene, pero la satisfacción que se obtiene es relativamente efímera y de corta duración. Oculto dentro de él permanece un sentimiento profundo de insatisfacción, de "no tener suficiente", de estar incompleto.

La mayoría de los egos sienten deseos contradictorios. Desean cosas diferentes a cada momento o quizás no sepan lo que desean, salvo que no desean lo que es: el momento presente.
Como resultado de ese deseo insatisfecho vienen el desasosiego, la inquietud, el aburrimiento, la ansiedad y la insatisfacción.


El ego siempre es identificación con la forma. Es buscar un sentido de ser alguien, una identidad, en función de las formas. Las formas son: el cuerpo físico, objetos materiales, formas de pensamiento que brotan constantemente en el campo de la conciencia.

Aquella voz que oímos incesantemente en la cabeza es el torrente de pensamientos incansables y compulsivos. Cuando cada pensamiento absorbe nuestra atención completamente, cuando nos identificamos hasta tal punto con la voz de la mente y las emociones que la acompañan que nos perdemos en cada pensamiento y cada emoción, nos identificamos totalmente con la forma y, por lo tanto, permanecemos en las garras del ego.
El ego es un conglomerado de pensamientos repetitivos y patrones mentales y emocionales condicionados dotados de una sensación de "yo"; una sensación de ser algo o alguien. El ego emerge cuando el sentido del Ser, del "Yo soy", el cual es consciencia informe, se confunde con la forma. Ese es el significado de la identificación. Es el olvido del Ser, es la ignorancia, la ilusión de la separación la cual convierte la realidad en una pesadilla.

Cuando desaparecen o nos arrebatan las formas con las cuales nos hemos identificado y las cuales nos han proporcionado el sentido de identidad, entonces el ego se derrumba puesto que el ego es identificación con la forma. 
Por ejemplo: algunas personas, en algún momento de sus vidas, perdieron todos sus bienes, otras a sus hijos o a su cónyuge, su posición social, su reputación o sus habilidades físicas. En algunos casos, a causa de un desastre o de la guerra, perdieron todo eso al mismo tiempo, quedando sin "nada". Esto es lo que llamamos una situación extrema. Cualquier cosa con la cual se hubieran identificado, cualquier cosa que les hubiera dado un sentido de ser alguien, una identidad, desapareció.
Entonces, súbita e inexplicablemente, la angustia o el miedo profundo que las atenazó inicialmente dio paso a la sensación de una Presencia sagrada, una paz y serenidad interiores, una liberación total del miedo.

¿Qué es lo que somos cuando ya no tenemos nada con lo cual identificarnos?
 
Cuando las formas que nos rodean mueren o se aproxima la muerte, nuestro sentido del Ser, del Yo Soy, se libera de su confusión con la forma: el Espíritu vuela libre de su prisión material. Reconocemos que nuestra identidad esencial es informe, una omnipresencia, un Ser que está más allá y anterior a todas las formas y a todas las identificaciones. Reconocemos que nuestra verdadera identidad es la conciencia misma y no aquellas cosas con las cuales se había identificado la conciencia. Esa es la verdadera paz. La verdad última de lo que somos no está en decir yo soy esto o aquello, sino en decir Yo Soy.

No todas las personas que experimentan una gran pérdida tienen este despertar. Algunas crean inmediatamente una imagen mental fuerte o una forma de pensamiento en la cual se proyectan como víctimas, ya sea de las circunstancias, de otras personas, de la injusticia del destino, o de Dios. Esta forma de pensamiento, junto con las emociones que genera como la ira, el resentimiento, la autocompasión, etc., es objeto de una fuerte identificación y toma inmediatamente el lugar de las demás identificaciones destruidas a raíz de la pérdida. En otras palabras, el ego busca rápidamente otra forma, otra identificación. 

El hecho de que esta nueva forma o identificación sea profundamente infeliz no le preocupa demasiado al ego siempre y cuando le sirva de identidad. Este nuevo ego será más contraído, más rígido e impenetrable que el antiguo.
La reacción ante una pérdida trágica es siempre resistirse o aceptar. Algunas personas se vuelven amargadas y profundamente resentidas; otras se vuelven compasivas, sabias y amorosas. 
Toda acción emprendida desde el estado de resistencia interior (negatividad) generará más resistencia externa y el universo no brindará su apoyo; la vida no ayudará. El sol no puede penetrar cuando los postigos están cerrados.
Cuando aceptamos y nos entregamos, se abre una nueva dimensión de la consciencia. Si la acción es posible o necesaria, la acción estará en armonía con el todo y recibirá el apoyo de la inteligencia creadora; la conciencia incondicionada con la cual nos volvemos uno cuando estamos en un estado de apertura interior. Entonces, las circunstancias y las personas ayudan y colaboran. Si la acción no es posible, descansamos en la paz y la quietud interior.

Al ego le encanta quejarse y resentirse no solamente de las demás personas sino también de las situaciones. Siempre ve enemigos. 
Hay un "yo" al cual le encanta sentirse personalmente ofendido por las demás personas o situaciones y disfruta cuando encuentra la falta en el otro.
Trate de atrapar a la voz de su mente en el momento mismo en que se queja de algo, y reconózcala por lo que es: la voz del ego. Un patrón mental condicionado. 
Cada vez que tome nota de esa voz, también se dará cuenta de que usted no es la voz sino el ser que toma consciencia de ella. Usted es la consciencia que es consciente de la voz. Tan pronto como tome consciencia del ego que mora en usted, usted deja de identificarse y por tanto, deja de ser ego y es tan solo un viejo patrón mental condicionado. El ego es cuando usted se identifica con ese viejo patrón mental condicionado; al dejar de identificarse, el ego se desvanece. El viejo patrón mental puede sobrevivir y reaparecer durante un tiempo, porque trae el impulso de miles de años de inconsciencia colectiva, pero cada vez que se lo reconoce, se debilita.

El enojo y la ira son otras emociones más fuertes del ego. Son formas de estar en contra y en oposición a lo que es. Son formas de resistencia y falta de aceptación. Reaccionar contra una cosa u otra afirma y fortalece el sentido de yo.

Al ego le encanta tener la razón; no hay nada que fortalezca más al ego que tener la razón. Tener la razón es identificarse con una posición mental, un punto de vista, una opinión, un juicio o una historia. Y para tener la razón es necesario que alguien más esté en el error, de tal manera que al ego le encanta fabricar errores para tener razón.
Necesitamos que otros estén equivocados a fin de sentir fortalecido nuestro yo. 
Cuando tenemos la razón nos ubicamos en una posición de superioridad moral con respecto a la persona o la situación a la cual juzgamos. Esa sensación de superioridad es la que el ego ansía y la que le sirve para engrandecerse.

Todo aquello que resentimos y rechazamos en otra persona está también en nosotros. Pero no es más que una forma de ego y no tiene nada que ver con la otra persona ni tampoco con lo que somos. Lo que somos es más allá de un patrón mental condicionado; es la Vida misma manifestada en multiplicidad de formas para experimentar unas con otras. Cuando hay identificación, es decir, creencia de que somos la forma individual manifestada, es entonces cuando surge el ego.

Comenzamos a sentir compasión cuando reconocemos que todos sufrimos de la misma enfermedad de la mente, la cual es más grave en unas personas que en otras. Ya no avivamos el fuego del drama que caracteriza a todas las relaciones egotistas.
¿Cuál es el combustible? La reactividad. El ego se nutre de ella. Por tanto, no debemos reaccionar ante el ego de los demás, es preferible mantenerse en silencio.

La consciencia es el poder de la Presencia. La finalidad última de la existencia humana, es decir, nuestro propósito, es traer este poder de la Presencia al mundo.
Solamente la Presencia puede liberarnos del ego y solamente podemos estar presentes Ahora, no ayer ni mañana. 
Solamente la Presencia puede deshacer el pasado que llevamos sobre los hombros y transformar nuestro estado de consciencia.
La realización espiritual consiste en ver claramente que no somos lo que percibimos, lo que experimentamos, lo que pensamos o sentimos, y que no podemos encontrarnos en todas esas cosas que vienen y se van continuamente.
Cuando desaparecen las cosas que van y vienen, lo que queda es la luz de la consciencia; el verdadero Ser.
Lo único que finalmente importa es: ¿Puedo sentir mi Ser esencial, el Yo Soy, como telón de fondo en todo momento de mi vida? ¿Puedo sentir el Yo Soy que Soy que está más allá de toda manifestación en este mismo instante?



Eckhart Tolle 
“Una Nueva Tierra
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ACEPTACIÓN Y RENDICIÓN - Eckhart Tolle

 

Cuando puedas, echa una «mirada» a tu interior para ver si estás creando conflicto inconscientemente entre lo interno y lo externo, entre las circunstancias externas del momento —dónde estás, con quién y lo que estás haciendo— y tus pensamientos y sentimientos. ¿Puedes sentir lo doloroso que es oponerse internamente a lo que es?

Cuando reconoces este hecho, también te das cuenta de que ahora eres libre de renunciar a este conflicto fútil, al estado interno de guerra.

Si verbalizaras tu realidad del momento, ¿cuántas veces al día tendrías que decirte: «No quiero estar donde estoy»? ¿Cómo te sientes cuando no quieres estar donde estás: en el embotellamiento, en tu puesto de trabajo, en la sala de espera del aeropuerto con la gente que te acompaña?

Sin duda es cierto que lo mejor que se puede hacer en ciertos lugares es salir de ellos, y a veces eso es lo más apropiado. No obstante, en muchos casos, no tienes la opción de irte. En esas situaciones, el «no quiero estar aquí», además de inútil, es disfuncional. Te hace infeliz y hace infelices a los demás.

Ha sido dicho: dondequiera que llegues, allí estás. En otras palabras: estás aquí. Siempre. ¿Es tan duro de aceptar?

¿Realmente necesitas etiquetar mentalmente cada percepción sensorial y cada experiencia? ¿Necesitas tener esa relación reactiva de gusto o de disgusto ante la vida, que te lleva a estar continuamente en conflicto con personas y situaciones? ¿O se trata únicamente de un hábito mental profundamente arraigado que puedes romper? Sin hacer nada en particular; simplemente, dejando que este momento sea como es.

El «no» habitual y reactivo fortalece el ego. El «sí» lo debilita. Tu identidad en la forma, el ego, no puede sobrevivir a la rendición.

«Tengo muchas cosas que hacer.» Sí, pero ¿cuál es la calidad de tu hacer? Conducir yendo al trabajo, hablar con los clientes, trabajar en el ordenador, hacer recados, atender las innumerables cosas que constituyen tu vida... ¿Hasta qué punto eres total en lo que haces? ¿Es tu acción una rendición o una resistencia? Esto es lo que determina el éxito que consigues en la vida, no la cantidad de esfuerzo que pongas. El esfuerzo implica estrés, tensión, necesidad de alcanzar cierto punto en el futuro o de conseguir algún resultado.

¿Puedes llegar a detectar en tu interior la más leve sombra de no querer estar haciendo lo que estás haciendo? Eso es una negación de la vida, y por ello no puedes conseguir un resultado verdaderamente exitoso.

Si has sido capaz de detectar esa negación en ti ¿puedes también dejarlo y ser total en lo que haces?

«Hacer una cosa cada vez»; así es como un maestro Zen definió la esencia del Zen.

Hacer una cosa cada vez significa ser total en lo que haces, prestarle toda tu atención. Eso es acción rendida, acción poderosa.

Tu aceptación de lo que es te lleva a un nivel más profundo, donde tanto tu estado interno como tu sentido del yo no dependen ya de que la mente los juzgue «buenos» o «malos».

Cuando dices «sí» a la vida tal como es, cuando aceptas este momento como es, puedes sentir dentro de ti un espacio profundamente pacífico.

Superficialmente puedes seguir sintiéndote feliz cuando hace sol y menos feliz cuando llueve; puedes sentirte feliz si ganas un millón de euros e infeliz si pierdes todas tus posesiones. Sin embargo, la felicidad y la infelicidad ya no calan tan hondo. Son olas en la superficie de tu Ser. La paz de fondo que hay dentro de ti permanece inmutable en cualesquiera que sean las condiciones externas.

El «sí a lo que es» revela una dimensión de profundidad en ti que no depende ni de las condiciones externas ni de la condición interna de los pensamientos y emociones en constante fluctuación.

La rendición se vuelve mucho más fácil cuando te das cuenta de la naturaleza efímera de todas las experiencias, y de que el mundo no puede darte nada de valor duradero. Entonces sigues conociendo gente, sigues teniendo experiencias y participando en actividades, pero sin los deseos y miedos del ego. Es decir, ya no exiges que una situación, persona, lugar o suceso te satisfaga o te haga feliz. Dejas ser a su naturaleza pasajera e imperfecta.

Y el milagro es que, cuando dejas de exigirle lo imposible, cada situación, persona, lugar o suceso se vuelve no sólo satisfactorio, sino también más armonioso, más pacífico.

Cuando aceptas este momento completamente, cuando ya no discutes con lo que es, el pensamiento compulsivo mengua y es remplazado por una quietud alerta. Eres plenamente consciente, y sin embargo la mente no pone ninguna etiqueta a este momento. Este estado de no-resistencia interna te abre a la conciencia incondicionada, que es infinitamente mayor que la mente humana.

Entonces esta vasta inteligencia puede expresarse a través de ti y ayudarte, tanto desde dentro como desde fuera. Por eso, cuando abandonas la resistencia interna, a menudo descubres que las circunstancias cambian para mejor.

¿Estoy diciendo: «Disfruta este momento. Sé feliz»? No.

Permite que se exprese este momento tal como es. Eso es suficiente.

Rendirse es rendirse a este momento, no a una historia a través de la cual interpretas este momento y después tratas de resignarte a él.

Por ejemplo, puede que estés tullido y que ya no puedas caminar. Tu estado es lo que es.

Tal vez tu mente esté creando una historia que diga: «A esto se ha reducido mi vida. He acabado en una silla de ruedas. La vida me ha tratado con dureza, injustamente. No me merezco esto.»

¿Puedes aceptar que este momento es como es y no confundirlo con la historia que la mente ha creado a su alrededor?

La rendición llega cuando dejas de preguntar; « ¿Por qué me está pasando esto a mí?»

Incluso en las situaciones aparentemente más inaceptables y dolorosas se esconde un bien mayor, y cada desastre lleva en su seno la semilla de la gracia.

A lo largo de la historia, siempre ha habido mujeres y hombres que, cuando tuvieron que hacer frente a grandes pérdidas, enfermedades, prisión o muerte inminente, aceptaron lo aparentemente inaceptable, y así hallaron «la paz que supera toda comprensión».

La aceptación de lo inaceptable es la mayor fuente de gracia en este mundo.
Hay situaciones en las que todas las respuestas y explicaciones fracasan. La vida deja de tener sentido. O alguien que está pasando un apuro viene a pedirte ayuda, y tú no sabes qué decir ni qué hacer.

Cuando aceptas plenamente que no sabes, renuncias a esforzarte por encontrar respuestas con la mente pensante y limitada, y es entonces cuando una inteligencia mayor puede operar a través de ti. En ese instante, hasta el pensamiento puede beneficiarse, porque la inteligencia mayor puede fluir a él e inspirarlo.

A veces, rendición significa renunciar a tratar de comprender y sentirse cómodo en el desconocimiento.

¿Conoces a ese tipo de persona cuya principal función en la vida parece ser la de ser desgraciada y hacer desgraciados a los demás, la de extender la infelicidad? Perdónales, porque ellos también forman parte del despertar de la humanidad. Representan una intensificación de la pesadilla de la conciencia egótica, del estado de no-rendicíón. En su función no hay nada personal. Ellos no son eso.

Uno podría decir que rendirse es la transición interna de la resistencia a la aceptación, del «no» al «sí».

Cuando te rindes, tu sentido del yo pasa de estar identificado con una reacción o juicio mental a ser el espacio que rodea a la reacción o al juicio. Es pasar de identificarte con la forma —el pensamiento o emoción— a ser y reconocerte como aquello que no tiene forma, la conciencia espaciosa.

Lo que aceptes completamente te hará sentirte en paz, incluyendo la aceptación de que no puedes aceptar, de que te estás resistiendo.

Deja la Vida en paz. Déjala ser.

 

Eckhart Tolle

 

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Rendirse, el Permitir y La Crucifixión: Eckhart Tolle

Rendirse a este momento, o permitir que este momento sea tal como es, nos permite navegar por los desafíos más profundos... y {potencialmente o a veces} revela un regalo desapercibido .

"... Otro indicador que ayuda a entender esto es permitir. Permitiendo que este momento sea como es, solo este momento, no más. Solo este momento.

De repente, hay un espacio interior a su alrededor que lo libera de la limitación de la forma.

La imagen más grandiosa de eso es la crucifixión, la cual aun no puedes apreciar. A algunas personas no les gusta porque es muy negativa, pero creo que es un símbolo profundo de una verdad que quizás en ese momento no podría expresarse de ninguna otra manera.

 Se expresa en forma mítica y la cruz es la mayor limitación que puedas imaginar, un instrumento de tortura.

Hay un hombre clavado en la cruz, una gran limitación, pero la cruz es también el símbolo de lo divino y hay una profunda sabiduría en eso.

¿Cómo es que un instrumento de tortura es también un símbolo de lo divino? ... "

"... Se trata de rendirse a la limitación de la forma, y ​​la cruz es un ejemplo extremo de eso.

 La crucifixión no se trata acerca de mi voluntad, sino de que se hará tu voluntad, o sea la voluntadla totalidad de Lo que es.

Si te rindes a lo que es, la limitación extrema se convierte en una apertura espaciosa.

Esa es la regla más profunda realmente que existe para que los seres humanos se den cuenta de eso.

 Incluso lo peor que le puede pasar a usted puede convertirse en la puerta de entrada... se convertirá en la puerta a la trascendencia

La limitación se convierte en espacio

Ahí es donde entra el sufrimiento humano. Hay una gracia escondiéndose detrás de cada forma de sufrimiento. 

Siempre existe la posibilidad de la trascendencia, que proviene de no resistir el momento presente. 

Algunas personas necesitan un sufrimiento extremo para llegar a ese punto y de repente algo cambia.

La única cosa que los humanos necesitan aprender para que puedan vivir de otra manera, de modo que haya una libertad interior, es la trascendencia completa del condicionamiento del pasado”.

Extracto de la entrevista de Eckhart Tolle con  Common Ground, titulada Just Now . 

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Para darte cuenta de si has permitido que el tiempo psicológico te absorba, puedes usar un criterio simple. Pregúntate: 

¿Hay alegría, soltura, levedad, en lo que estoy haciendo? 

Si no las hay, el tiempo está enmascarando el momento presente, y la vida se percibe como una carga o una lucha.

Que no haya alegría, soltura o levedad en lo que haces, no necesariamente implica que debes cambiar lo que estás haciendo. 

Puede bastar con cambiar el “cómo.” El “cómo” siempre es más importante que el “qué.” Observa si puedes poner mucha más atención en lo que haces que en el resultado que quieres lograr con ello. Brinda tu atención más completa a lo que sea que el momento te presente.  Esto también implica que aceptas completamente lo que es, porque no puedes dar plena atención a algo y resistirte a ello al mismo tiempo.

Tan pronto como honras el momento presente, se disuelve toda infelicidad y toda lucha; la vida comienza a fluir con alegría y soltura. 

Cuando actúas desde la consciencia del momento presente, lo que haces – sea lo que sea –  se impregna de una sensación de calidad, esmero y amor;  hasta la acción más simple.

De modo que no te preocupes por el fruto de tu acción – sólo presta atención a la acción misma.  El fruto llegará por su cuenta.

  Esta es una práctica espiritual poderosa.  En el Bhagavad Gita, una de las enseñanzas más antiguas y más bellas que existen, el desapego por el fruto de tu acción se llama Karma Yoga.  Se lo describe como el sendero de la acción consagrada.

Cuando cesa la lucha compulsiva por escapar del Ahora, la alegría de Ser fluye en cada cosa que haces.

En el momento en que tu atención se vuelve hacia el Ahora, sientes una presencia, una quietud, una paz.  Ya no dependes del futuro para tu plenitud y tu satisfacción – ya no esperas de él tu salvación.  Por tanto, ya no te apegas a los resultados.

Ni el fracaso ni el éxito tienen poder para cambiar tu estado interior de Ser.  Has encontrado la vida por debajo de tu situación de vida.

En ausencia del tiempo psicológico, tu sentido del yo se deriva del Ser, no de tu pasado personal.  Por lo tanto, ya no persiste la necesidad psicológica de transformarte en algo distinto de quien ya eres.  En el mundo, al nivel de tu situación de vida, puede que te vuelvas rico, experto, exitoso, libre de esto o de aquello, pero en la dimensión más profunda del Ser estás completo e íntegro ahora.

Eckhart Tolle

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