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Una Oración para los Vivos- Jeff Foster

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Vida,

Deshaz en mí todo aquello que necesite ser deshecho.

Corrige mi esperanza de ser enmendado.

Úsame. Saca de mí cada ápice de creatividad.

Ayúdame a vivir una vida radicalmente extraordinaria,

forjando siempre un camino jamás-antes-transitado en el bosque.

Enséñame cómo amar con más profundidad,

como nunca antes creí que fuera posible.

 

Cualquier cosa de la que siga huyendo,

síguemela mostrando con absoluta evidencia.

 

Cualquier cosa con la que siga en conflicto, ayúdame a suavizarme en ella,

a relajarme en ella, a abrazarla completamente.

 

En donde mi corazón continúe cerrado,

muéstrame la forma de abrirlo sin recurrir a la violencia.

 

Todo aquello a lo que me siga aferrando, ayúdame a dejarlo ir.

 

Regálame desafíos, luchas y obstáculos aparentemente insuperables,

si crees que eso me ayude a tener

una más profunda humildad y confianza en la inteligencia de la vida.

 

Ayúdame a reírme de mi propia seriedad.

Permíteme encontrar el humor en los lugares más oscuros.

 

Muéstrame un profundo sentido de descanso en medio de cada tormenta.

 

No me libres de la verdad. Nunca.

Deja que la gratitud sea mi guía.

Deja que el perdón sea mi mantra.

Deja que este momento sea mi eterna compañía.

Permíteme ver tu rostro en cada rostro.

Permíteme sentir tu cálida presencia en mi propia presencia.

Sostenme cuando tropiece.

Respírame cuando yo no pueda respirar.

Permíteme morir viviendo, no vivir muriendo.

Amén.

 

- Jeff Foster

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LA NO-DUALIDAD: MÁS ALLÁ DE LA LEY DE ATRACCIÓN - Jeff Foster

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De acuerdo, entonces ya has logrado manifestar la vida perfecta: el hermoso auto, la maravillosa relación, el negocio exitoso, las perfectas experiencias espirituales colmadas de una dicha interminable... ¡todo ha llegado a buen puerto! Te hiciste rico, estás en perfecta salud física, has conquistado el mundo y has alcanzado una pura e insuperable iluminación ¡Maravilloso!

Pero, por supuesto, todo estará vacío y sin significado si no sabes quién eres en realidad, más allá de la manifestación y el tiempo.

Y luego está el lado oscuro de la manifestación: los miedos, las dudas, la ansiedad que retumba por debajo de todo este proyecto: "Todo lo que tengo lo puedo perder, todo lo externo puede ser retirado. Otros pueden hacerlo mejor que yo. Las manifestaciones pueden desaparecer. Incluso los estados de puro éxtasis espiritual están impregnados de impermanencia". Y la verdad cada vez más clara: "Por más que tengo, nunca es suficiente. Cuanto más acumulo, más insatisfecho me siento. ¿Cuándo alcanzaré el punto de absoluta felicidad o satisfacción? ¿Cuándo terminará esta búsqueda? ¿Cuándo podré descansar profundamente? ¿Cuándo me sentiré plenamente vivo? ¿Cuándo llegaré a Casa?"

Es natural que la Ley de Atracción no te lleve finalmente a la felicidad perfecta, sino a la desilusión perfecta. Esto no es un error, o una falla en la Ley (porque la Ley no falla en cuanto a sus propios términos), sino el comienzo de una madurez espiritual real. Todas las ilusiones están destinadas a morir, hasta las más preciadas. ¿Y la ilusión más grande de todas?... El 'yo' en sí.

¿Quién es el que lleva a cabo la manifestación? ¿Qué es el 'yo' que manifiesta o no manifiesta? ¿QUIÉN SOY YO? Esta pregunta llega hasta la raíz. Y la vida te llevará siempre hasta esta pregunta, de una forma u otra.

Pierdes tu dinero, tu éxito, tu popularidad, tu fama, tu apariencia. Te diagnostican alguna enfermedad. Alguien que te ama, te deja. El sufrimiento aparece de la nada. ¿Acaso tú manifestaste lo 'negativo' a través de tu actitud 'negativa'? ¿Todo esto es tu culpa? ¿Acaso fracasaste en cuanto a tu proyecto de manifestar? ¿Ese 'yo' no es como debería de ser? ¿Todo ha sido un gran error? ¿Acaso el universo se ha equivocado? ¿Es eso posible?

Si tú crees que eres tú - personalmente - quien está llevando a cabo la manifestación, si tú crees que tú eres quien lo controla todo, entonces la presión de manifestar 'adecuadamente' terminará sofocando tu alegría. Y habrá violencia interna - te culparás a ti mismo, habrá sentimientos de limitación y fracaso espiritual - cada vez que las manifestaciones se aparten de lo que deseabas o lo que planeaste. Te castigarás por no haber sido capaz de vivir a la altura de esa Ley. Y te esforzarás aún más, sudando la gota gorda, agotándote a ti mismo. ¿Para qué? ¿Para quién?

Relájate, amigo. Nunca fuiste 'tú' quien estaba manifestando nada, en primer lugar. El ego separado, el 'yo que está a cargo' es, y era, y siempre será la ilusión más grande de todas. El sueño de perfección del ego tiene que colapsar en una humildad extraordinaria, y en una absoluta gratitud por lo que es aquí, por lo que ha sido dado; por mucho que choque con los planes que tenía el ego. La vida nunca fue realmente tuya, para empezar. Lo bueno, lo malo y lo feo, son regalos inexplicables.

Esta es una noticia terriblemente deprimente para el 'yo,' pero una absoluta liberación para lo que realmente eres.

El Amor incondicional está por encima de cualquier Ley. La ola no puede manifestar el océano y ninguna ola puede controlar el océano, aunque puede creer en el control por algún lapso de tiempo. Entiende esto y siempre estarás en paz, independientemente de si las cosas van bien o mal, o de que la historia de tu vida parezca buena o mala, positiva o negativa, o de que tus manifestaciones sean maravillosas o no, o de que te amen o te crucifiquen a ti y todo lo que representas. Como una ola aparentemente perfecta o gloriosamente imperfecta, incluso en el medio de tus defectos, tu rareza y tus aparentes fracasos, tú siempre eres un perfecto movimiento de la innombrable no-dual Consciencia. Tú eres la Vida misma, y es allí donde radica tu compleción y tu inquebrantable alegría; y tu verdadera satisfacción.

Así que sí... ¡sueña, manifiesta, crea una vida increíble para ti mismo, si es lo que quiere moverse a través de ti! ¡Juega, juega, juega! Y sabe que no hay presión alguna para que tengas éxito. Sabe que incluso si fracasas, incluso en tu desesperación, incluso cuando tus sueños se conviertan en polvo, incluso cuando tus preciosas manifestaciones caigan en pedazos al suelo, incluso cuando estés lleno de dudas, todo está maravillosamente bien aunque no esté bien, y no hay ningún plan divino que se haya roto, y eres amado más allá de toda proporción, más allá del tiempo mismo. Simplemente no hay ninguna presión para que mantengas una imagen de ti mismo, y jamás la hubo. Siempre has sido lo máximo.

Hay una luz que nunca se apaga, y siempre has sido Tu.

- Jeff Foster

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Cómo hacerte amigo de la Ansiedad- Jeff Foster

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Cuando te sientas ansioso no pretendas no estar ansioso, porque eso alimenta la ansiedad, le añade una capa adicional. 

Aquello de lo que huyes siempre te persigue.
No ocultes tu malestar ni te distraigas de él, ni finjas estar 'bien.' Comer, beber, ir de compras, empastillarte, hablar sin parar, silbar, andar de prisa en forma irracional, apresurarte a revisar tus mensajes o querer ponerte en contacto con tus amigos de inmediato, tratar de controlar todo lo que te rodea, darle vueltas y vueltas a la idea de 'yo y mi atareada vida,' todas estas son formas de evitar el hecho de que estás ansioso, son formas de abandonarte cuando más lo necesitas. 

Respira. Siente tus pies en la tierra, tu vientre elevándose y relajándose con cada respiración. No pienses en tu ansiedad ni cómo deshacerte de ella - ese es el viejo paradigma. ¡Siente la ansiedad plenamente! Localízala en tu cuerpo - ¿se siente en tu barriga, en el pecho, en la garganta, en la cabeza? Olvida la palabra 'ansiedad' (porque es una palabra de segunda mano) y siente directamente las sensaciones vivas que están ahí, momento-a-momento, sin intentar deshacerte de ellas o detenerlas, sin siquiera desear que desaparezcan. 

Date la oportunidad de ser curioso y ver lo que está vivo en tu cuerpo en este momento, las sensaciones físicas de este momento. Sal del pasado y el futuro y sumérgete en la presencia. Respira en las sensaciones, dignifícalas con tu aliento, con oxígeno, con vida, con tu amorosa atención. 

¿Sientes mariposas en el estómago? ¿Tus músculos se sienten tensos? ¿Qué músculos? ¿Podrías brindarle a todo ello una amorosa atención y respirar allí? Hazles saber a las sensaciones que tienen permiso de estar aquí, que están incluidas en la vida, que finalmente no cuentas con ninguna agenda que pretenda destruirlas, que pueden quedarse, por ahora. Y que sólo hay el Ahora. 

Si los pensamientos están girando sin control y haciendo su fiesta, si hay demasiadas nubes de pensamiento en el cielo de la consciencia, es maravilloso. No intentes detener los pensamientos o silenciar todas esas voces, imágenes, recuerdos, fantasías, porque eso también te hará sentir más ansioso. Sólo los pensamientos querrían detener a los pensamientos. 

Sé el cielo, en donde las nubes de pensamiento pueden danzar. Los pensamientos no son la realidad, y no son lo que realmente eres. Son sólo sonidos e imágenes. 

Los pensamientos pueden dispararse hacia el futuro o el pasado, pero eso está bien - eso es lo que hace la mente, constantemente se regresa o se adelanta. Sin embargo tú estás aquí. Tú estás justo aquí; aquí es donde vive tu presencia. Deja que todos los pensamientos estén aquí, contigo, todos los sonidos, todos los sentimientos, todas las urgencias Incluso admite tus sentimientos de no-aceptación, tu prisa por escapar de este momento. Conforme tu cuerpo libera tensión, podrías encontrarte nervioso, bostezando, riendo, o hasta temblando, o simplemente descansando más profundamente... 

Si no puedes aceptarte a ti mismo como eres, entonces, ¿podrías aceptar plenamente tu incapacidad para aceptar? Y si no puedes aceptar eso, ¿serías capaz de ver que incluso tu incapacidad de aceptar es parte de la vida, parte de este momento, parte del movimiento del universo? No tienes que aceptarte a ti mismo, o aceptar este momento, porque ya ha sido aceptado. Ya está aquí, completamente vivo, y ya es como es. 

La ansiedad es como un niño pequeño que ha llegado a tu espacio. No ha venido a arruinarte, o a hacerte daño, sino a despertarte. Simplemente quiere ser reconocido, acogido, sólo quiere ser incluido en la inmensidad de este momento. 

La ansiedad anhela un hogar. ¿Huirás cuando se presente de nuevo, te distraerás, o finalmente le darás la bienvenida? 

 

 

Jeff Foster 

 

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El Hermoso Gurú de la oscuridad - Jeff Foster

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¡El despertar espiritual no tiene nada que ver con escapar de nuestra oscuridad y alcanzar la luz! No no, ¡es una revolución en la consciencia!

De hecho nos volcamos HACIA nuestra oscuridad, iluminándola y conociéndonos a nosotros mismos como la misma luz que ilumina. Así que ya no es oscuridad en absoluto...

No estamos aquí para destruir, erradicar, reparar, trascender o incluso "sanar" nuestra oscuridad - el dolor, el terror, la ira, la vergüenza, aquellos profundos sentimientos de culpa de nuestra infancia, ya que estos son lugares en nosotros mismos que no hemos estado dispuestos o hemos sido capaces de iluminar aún. No son inherentemente malvados, pecaminosos o peligrosos.

A medida que sanamos, comenzamos a bañar estos lugares tristes con amor.

Hacemos brillar nuestra ardiente y divina luz sobre los lugares adoloridos y tensos en nosotros. Y permitimos a estas preciosas energías saber que son incluidas, son bienvenidas, son sagradas, aquí en la Vastedad.

Así que no somos ya controlados por nuestros sentimientos "oscuros".

Así que podemos actuar desde la presencia, desde la claridad, desde el amor.

Así que podemos estar llenos de vida - alegría y tristeza, confusión y claridad, vulnerabilidad y coraje.

Los lugares "oscuros" en nosotros no son nuestros enemigos.

No son errores.

No son nuestra enfermedad.

Ellos son nuestros preciosos hijos, llorando, anhelando nuestro amor, nuestra luz, nuestro conocer.

Jeff Foster

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Un camino humilde - Jeff Foster

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Traducido desde...https://www.scienceandnonduality.com

 

 

El despertar no es un camino para los débiles de corazón.

Serás humillado Oh sí. Puesto de rodillas. Muchas, muchas veces.

Lo que creías saber ocasionalmente se disolverá en la nada.

Tus ideas más brillantes, tu asombrosa experiencia,

el trabajo de tu vida, todo puede desmoronarse.

A veces sin previo aviso.

Se te pedirá que comiences nuevamente,

y nuevamente, y nuevamente.Y otra vez.

(¿Dije que este no es un camino para los débiles de corazón?)

¡Oh, sí, tocarás la dicha y la alegría de la existencia, seguro!

Te reirás de la simplicidad de las cosas, ¡algunos días, por supuesto!

Pero también se te pedirá que confrontes tus miedos más profundos,

que enfrentes la oscuridad y la noche interior,

que vayas a los lugares donde habitan criaturas no deseables.

Entrarás en zonas de dolor que nunca supiste que estaban allí.

Llorarás mil millones de lágrimas por los niños perdidos y abandonados, dentro y fuera.

Te enfurecerás con el cielo, tus padres, todos los maestros que te fallaron,

las mentiras que  alimentaron,

con los que nunca aparecieron cuando más los necesitabas.

Temblarás de miedo algunos días.

Algunos días el suelo se abrirá y te tragará y te escupirá.

A veces pensarás que has llegado al final del camino, y luego

 te encontrarás de regreso al maldito comienzo.

A veces tendrás ganas de rendirte.

A veces sentirás que no has progresado en absoluto.

A veces maldecirás el día en que comenzaste este viaje.

Pero te estás curando. Sí, lo estás.

Estás descongelando, deshaciendo miles de millones de años de karma.

El condicionamiento basado en el miedo se está derritiendo

 y te encuentras con la vida en bruto.

Estás volviendo a la naturaleza, al jardín, a lo salvaje, donde fuiste concebido.

No siempre es fácil. No siempre es pacífico.

No siempre es la espiritualidad que te vendieron.

No siempre es amor, luz, alegría, positividad y conciencia pura e imperturbable.

(Esos son solo sueños para niños asustados).

No, es un auténtico despertar.

Ahora eres un guerrero de la realidad, cansado de las tonterías y las falsas promesas,

llorando y enfureciéndote y riéndote en la terrible y maravillosa totalidad que eres.

Todos tus viejos sueños se han derrumbado, pero tú no.

Las voces de miedo, vergüenza y duda aún pueden estar contigo,

pero ahora eres más grande que ellas.

Tienes días en los que te sientes pequeño, sí, pero tienes días en los que puedes

sostener todo el maldito Universo en la palma de tu mano.

Te has vuelto loco para ser normal, te has roto para ser completo,

has cambiado la vieja seguridad por una vida de aventura

 y has renunciado a los viejos y tristes dogmas por la emoción de no saber.

Estás encontrando seguridad en los lugares más oscuros,

  belleza en los lugares más solitarios,

y amor en los lugares que creías abandonados por el amor.

La vida nunca te abandona, amigo, porque eres vida,

e incluso cuando caes al suelo,

 estás completamente apoyado por fuerzas desconocidas.

Y qué. ¡Y qué! ¡Te caes! Te lastimas a ti mismo. Te sientes avergonzado por un tiempo.

 Lloras el viejo sueño. ¡Y qué!

Lloras la expectativa y te vuelves para enfrentar la realidad

y nunca, nunca es tan malo como temías.

Te levantas, te quitas el polvo, vuelves al camino y sigues caminando.

Nunca dejaste el camino, a decir verdad.

Porque el camino nunca te dejó.

Porque el camino se forma bajo tus pies, en cada Ahora,

con cada paso que das o no das, regocijándote en tu viaje único,

celebrándote exactamente como eres hoy,

 inclinándote ante tus fracasos y tus victorias.

Entonces, comienza de nuevo, amigo.

Empieza de nuevo. Y sigue caminando.

 

Jeff Foster

https://www.scienceandnonduality.com/article/a-humbling-path

 

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Muerte de un maestro espiritual - Jeff Foster

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Nadie ha despertado jamás. 
Quienes menos despiertos están son los que creen estar más despiertos.
El despertar es la broma más grande de todas. 

Nunca nadie ha trascendido el cuerpo, perdido el ego, ido más allá de la mente o extinguido el yo separado. 

¿Qué yo separado? Una idea ridícula. 

Nadie ha llegado a la meta.
No hay ninguna.
Las metas son solo para la mente. 

Al corazón no le interesan las metas, de todos modos. 

Demasiadas pretensiones.
Demasiadas imágenes. 
Cuántas historias nos contamos a nosotros mismos, solo para evitar nuestra vulnerable condición humana, nuestra angustia, nuestra mortalidad. 

¡Al diablo con la idea de ser un maestro! Me encanta ser nada. Me da total libertad para ser cualquier cosa en cualquier momento. Y entonces la enseñanza emerge de allí. Desde un corazón alegre. Desde la mente de un principiante. Desde la completa ausencia de respuestas. Desde el eterno estudiante que llevamos dentro. 

Cuidado con aquellos que saben.
Enamórate de no saber.
Arroja tus palabras al río, amigo.
Sacrifica tus conclusiones por la risa de un niño. 

Sé pura creatividad. 

~ Jeff Foster

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PROTEGIDO - Jeff Foster

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En mi corto tiempo en este planeta, he conocido lo que es una gran tristeza, me he hundido en las profundidades de la inmensa desesperación, he sido arrojado hasta lo más hondo de mi propia soledad creyendo que nunca más volvería a estar bien.

He saboreado los extáticos placeres de la meditación, la feroz intimidad del amor, los salvajes dolores de la angustia, la emoción del éxito inesperado, y la desdicha del fracaso repentino.

Hubo momentos en que pensé que nunca lo lograría, momentos en que mis sueños se destrozaron a tal grado, que jamás imaginé que la vida pudiera seguir adelante.

Y sin embargo, siguió adelante.

En ocasiones encontré la humildad en medio de la devastación, y desde las cenizas de los futuros imaginados, vi nacer nuevas y evidentes alegrías... y ninguna experiencia fue en vano.

He llegado a confiar plenamente en la vida, y confié incluso en momentos en que olvidé cómo confiar, confié en que la vida no siempre sale según lo planeado, porque no hay ningún plan, sólo vida.

Vi, incluso, que los momentos de gran incertidumbre contienen una inteligencia suprema, y que a veces tenemos que caer para ser capaces de levantarnos con más entereza, con más bondad.

Y, de alguna manera, siempre me he sentido protegido, en una forma que no puedo, ni quiero explicar. Ciertamente podría, en poco tiempo, ser nuevamente aplastado; podría llegar a experimentar desafíos y angustias aparentemente insuperables pero, de alguna manera, siempre estaré protegido. De algún modo, siempre estoy protegido.

- Jeff Foster

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La imagen puede contener: una o varias personas, personas sentadas y primer plano

Alrededor de las 3 am, la noche antes de enterrar a mi padre, escuché su voz, fuerte y tan clara como siempre. Tal vez fue mi propia voz más profunda, mi intuición, mi propio corazón. Mi presencia, su presencia, una y la misma. Quién sabe.

Él dijo: "No te preocupes por mí, hijo. Estoy bien. ¡Ya no necesitaba ese maldito cuerpo! Era viejo y agotador y demasiado pequeño para mí. Estoy aliviado de estar libre de eso ".

"No me busques, mi muchacho. No he ido a ningún lado. He perdido el cuerpo, pero nunca fui eso. Sólo me he acercado a ti. Soy lo que eres. Siempre lo fui.

"¿Puedo pedirte un favor, hijo?"

"Claro papá. Adelante ", le contesté.

Él dijo: "Ya no tengo ojos. Si necesito ver, ¿puedo mirar por los tuyos?

"Por supuesto, papá. Podemos ver las cosas de este mundo juntos, cuando lo desees ".

"¿Y tus oídos, hijo? ¿Puedo usarlos, a veces? Ya no tengo mis oídos”.

"Por supuesto, papá. Podemos escuchar el sonido y la música de nuestros días juntos. Te ofreceré mis oídos, siempre que necesites escuchar ".

"¿Y tu boca para saborear y hablar? ¿Tu nariz para oler y respirar? ¿Tus brazos y piernas? ¿Tu cuerpo? ¿Tu corazón?"

"Sí papá. Puedes sentir todo a través de mí. Siente todo.Te dejaré entrar, siempre que necesites experimentar esta materialidad ".

Y luego pensé: no, no, incluso eso no es cierto. "Él" no puede experimentar el mundo a través de "yo". Esa es una división falsa hecha por esta mente humana. "Él" y "yo" no estamos divididos.

Yo era papa Siempre lo había sido.

De todos modos, al día siguiente, "nosotros" nos sentamos juntos, viendo salir el sol antes de su funeral. Se sentía tan ordinario.

Estábamos vivos. Yo era él y él era yo, contemplando un amanecer por primera vez. Existimos en pura intimidad. No había ningún cuerpo separado para estorbar. No hay división mental. No había muerte por ningún lado.

Disfrutamos el funeral, si se dice la verdad. Nos reímos y lloramos juntos, nos echamos de menos y nos encontramos más cerca que nunca, nos despedimos de un cuerpo y saludamos a un Infinito Ahora y no tenía sentido, pero todo tenía mucho sentido.

Vivimos juntos ahora en perfecta armonía. Papá ve lo que veo, oye lo que oigo, siente lo que siento, piensa lo que pienso, se pierde y se encuentra a través de mí. Él te escribe estas palabras ahora. Para recordarte lo que siempre has sabido:

La muerte no es nada, solo un misterioso colapso del tiempo, la distancia, la memoria.

O, para decirlo simplemente,

El amor no puede morir.

Adiós papa
Y hola.

Jeff Foster

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SIN HUIR!- Jeff Foster

 

¿Qué sucede cuando, sólo por un momento, nos quedamos con nuestro miedo, nuestras dudas, nuestra incomodidad, nuestra pena, nuestras preguntas, nuestro dolor, nuestros corazones rotos, incluso con nuestra apatía, sin tratar de cambiar nuestra experiencia, o arreglarla, o tratarla con indiferencia, o deshacernos de ella de alguna manera?

¿Qué pasa cuando, aunque sintamos el deseo de salir corriendo y abandonar el momento por la promesa de una futura salvación, por un "mejor momento", nos quedamos sentados con la cruda, pura, e ilimitadamente viva energía de vida que está simplemente tratando de expresarse en este momento?

¿Qué pasa cuando, sólo por un instante, a pesar de la urgencia de lo contrario, no "hacemos" nada con respecto a nuestra incomodidad o pena, soltamos todos los trucos y tácticas e ingeniosas manipulaciones, y en su lugar, comenzamos a reconocer profundamente lo que hay aquí, honrándolo, escuchando su llamado más profundo, sumergiéndonos en su misterio, sintiendo la vida y la curación que hay en ella?

¿Qué pasa cuando hacemos el compromiso radical de nunca darle la espalda a este momento mientras danza en el vacío?

¿Qué pasa cuando, incluso en el medio de la aparente oscuridad, nos recordamos a nosotros mismos como la imperturbable Luz?

¿Qué pasa cuando dejamos de buscar una salida, y en su lugar, nos sumergimos sin ningún temor?

- Jeff Foster

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NO DUALIDAD DE LA CRUZ- Jeff Foster

Traducido con Amor, desde la página oficial de Facebook de Jeff Foster

San Agustín escribió: "Como un novio, Cristo salió de su habitación... Llegó al lecho nupcial de la cruz, y allí, al subir a ella, consumó su matrimonio. Y cuando percibió los suspiros de la misma, se entregó amorosamente al tormento en lugar de su novia y se unió a [ella] para siempre”.

¿La crucifixión como celebración de la vida? ¿Como  matrimonio? ¿Qué diablos está pasando?

Cuando nos despertamos de nuestros sueños de la infancia y dejamos de tomar literalmente nuestras metáforas religiosas y espirituales… cuando dejamos de creer que el hijo literal de un dios literal murió literalmente en una cruz literal y luego renació literalmente y ascendió literalmente a un cielo literal, el crucifijo revela su verdad más profunda, más íntima y profunda: que cuando el dolor ya no se resiste, cuando recordamos quiénes somos realmente:  el vasto espacio abierto abierta a toda la vida; cuando recordamos nuestra verdadera identidad como conciencia en sí misma, entonces nuestra humanidad, en toda su belleza y desorden y sus dolores, se ve como inseparable de lo divino, indivisible de la gracia.

La cruz apunta a lo que no puede ser crucificado, a quiénes somos antes de la historia, a quién fue Jesús, a la conciencia misma ("Dios"). En este lugar, la novia y el novio, el padre y el hijo, el tiempo y lo atemporal, la dualidad y la no dualidad, el vacío y la forma, incluso la vida y la muerte son meros opuestos mentales imaginarios, nadando en un amor y un silencio y una totalidad más allá de toda comprensión.

La salvaje tortura de la cruz te absorbe en su centro infinitamente tranquilo.

Y así, la crucifixión, entendida en su sentido más profundo, apunta más allá de la teología e incluso la psicología, y se convierte en esta última invitación a despertar, a morir a todo lo que es falso, y en medio de esa devastación, a descubrir la vida eterna que somos. Llama a esta quietud Dios o llámalo conciencia o no la llames en absoluto, realmente no importa, todo es simplemente una metáfora de quien ya eres, antes de las palabras.

Todos vivimos nuestra propia crucifixión. Todos enfrentamos la ruina y el ridículo y la desesperación y la pérdida de la imagen. Morimos como seres separados, nacemos de nuevo como conciencia y resucitamos como este cuerpo, en este tiempo, en este lugar, y el círculo de la vida se completa en un momento ordinario y como este.

Nadie escapa a las pruebas de la vida. Nadie escapa al dolor de la humanidad, como enseñó Buda. La única pregunta es, ¿cuál es tu relación con esta existencia? ¿Podemos "entregarnos amorosamente al tormento"? ¿Podemos "unirnos para siempre" a nosotros mismos, con una paz más allá de toda comprensión? ¿Podemos ver que la muerte no es nada que temer?

Si crees o no literalmente en la crucifixión,  si te llamas a ti mismo cristiano, judío,  no-dualista o ateo, no puedes negar el asombroso poder mitológico y simbólico de la crucifixión, y su importancia como una enseñanza universal de profundo despertar en medio del insoportable  dolor. Una enseñanza que trasciende la religión misma y habla a todos, sin importar la edad o el origen.

No me llamo cristiano, pero oculto a simple vista en el corazón del mensaje cristiano hay una enseñanza no dual asombrosamente poderosa de amor incondicional y profunda aceptación y perdón desgarrador, una enseñanza, por supuesto, que también está en el corazón de todas las otras grandes tradiciones religiosas del mundo. La verdad no puede ser contenida, es un río salvaje, que se desborda por todas partes. No es de extrañar que haya tantas religiones en el mundo, tantos sistemas de metáforas, cada uno a su manera tratando de expresar la única verdad inexpresable de la existencia: el instrumento de tu dolor, lo que una vez amenazó con quebrantar tu espíritu, eventualmente se convierte en tu salvación y te despierta a la vida. Así,cuando nos volvemos a enfrentar sin miedo a la aparente oscuridad, solo descubrimos luz no dividida. Esa libertad no reside en escapar sino en afirmar la vida tal como es, en consumar nuestro matrimonio con nuestra humanidad, incluidas todas sus pruebas y tribulaciones.

Somos crucificados y nacemos de nuevo, no mañana, no ayer, sino ahora, con cada respiración que tomamos.

¡Felices Pascuas!

 

Jeff

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¡RECUERDA LA LUZ! - Jeff Foster

 

Cuando digo cosas como: “Siempre estás exactamente donde tienes que estar,” o “Eres perfecto, incluso en tu imperfección,” algunas personas se enojan.


“¿Qué pasa con los niños que se mueren de hambre? ¿Qué pasa con la destrucción del planeta? ¿Qué hay de la gente que muere diariamente en guerras y genocidios? ¿Acaso todo eso es perfecto?”

Hago que todo esto suene demasiado fácil, dicen. Simplista. Poco sincero. Superficial. Que apoyo la filosofía de los que viven cómodamente, de los ricos, de los privilegiados, de los jóvenes, de quienes no han sufrido lo suficiente.

Lo entiendo.

En primer lugar, jamás le diría a un niño hambriento, “todo es perfecto.” Me encantaría verme a mí mismo ayudándolos de la mejor manera posible. Alimentarlos, ofrecerles mi apoyo. Nunca le diría a alguien que está sintiendo dolor, o una angustia profunda, o una pena, “tu dolor es sólo una expresión de la Unidad”. (A menos que estuviera abierto a escucharlo, por supuesto. Este tipo de conversación tiene su lugar, también.) Yo más bien me sentaría con ellos, tal y como se sienten. Hablaría en su propio lenguaje. Les tomaría de la mano. Caminaría con ellos.

Desde cierto punto de vista, esta enseñanza sobre la aceptación y la presencia puede llegar a sonar cruda, narcisista, arrogante, incluso cruel. Ciertamente, podría ser utilizada como una forma de negar o rechazar nuestra humanidad, de ignorar el sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo. Yo mismo estuve atrapado durante muchos años en ese tipo de espiritualidad que niega la vida, con mi corazón cerrado. Todo era perfecto, así que nada me importaba.

Pero despertar no es cerrar nuestros corazones, tampoco hacer pasar el sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas como una mera ilusión. Todos somos Una sola cosa, por eso no podemos negar ningún aspecto de la totalidad. Todo es importante para el corazón. Esta es una enseñanza radical, de eso si podemos estar seguros. Se trata de una enseñanza que llega hasta la raíz. Es una enseñanza que nunca será popular, y que podría muy fácilmente ser malinterpretada.

¿Cuál es la esencia? Tu valía, tu autoestima, tu felicidad, tu totalidad, nunca dependen de fuerzas externas. Al saber lo que eres, dejas de buscar fuera de ti. Dejas de buscar a los demás para completarte, para hacerte íntegro. Y dejas de utilizar cosas externas como una excusa para desconectarte de tu propio brillo. Tú eres un sol, brillando, y nada en el mundo puede despojarte de eso. Tú eres la luz de la consciencia misma, y esto es verdad tanto si estás en el supermercado, o en prisión, o en una cama de hospital, o en las calles. Tu valor es infinito ante los ojos del universo.

Nelson Mandela lo sabía, incluso en prisión. Martin Luther King lo sabía, incluso mientras las balas lo atravesaban. Jesús lo sabía, mientras lo clavaban en la cruz. Victor Frankl lo sabía, mientras consolaba a otros en las entrañas de un campo de exterminación nazi. Ana Frank lo sabía. Jacques Lusseyran lo sabía. Gandhi lo sabía. Sócrates lo sabía. Malala Yousafzai lo sabía. Podían dispararle, pero su luz no podía morir, y las balas hicieron que su luz brillara con mucha más intensidad. Desde un sitio de paz, incluso perdón, ella llevó esperanza a quienes nunca tuvieron una voz.

Nunca tienes que dejar de brillar.

Y no tienes que volverte perfecto. La gracia no es algo que uno se merezca, no es algo que deba justificarse, es algo que de cualquier forma nos es dado. No necesitas alcanzar estados trascendentes. No tienes que sentirte alegre todo el tiempo, o dichoso todo el tiempo, o seguro todo el tiempo, o sin miedo todo el tiempo. No necesitas contar con todas las respuestas. Tu duda, tu tristeza, tu inseguridad, incluso tu desesperación son todos santos, y espirituales, y están imbuidos de luz, y desean ser abrazados, no apartados. Incluso tu falta de confianza es confiable, y tu incapacidad de amar es digna de amor a la luz del amor. Eres íntegro, y siempre has sido íntegro, y el coraje no es la ausencia de miedo o duda, sino la disposición de incluir todo ello en tu inmenso corazón, mientras das el siguiente paso, y el siguiente…

Así que sí, tú estás exactamente donde se supone que debes estar. No porque todo haya sido predeterminado y predestinado y escrito previamente, tampoco porque eres superior o especial o incluso porque allí estés físicamente seguro, sino porque donde estás, exactamente donde estás, es el lugar donde la sanación es posible. Y así, la aceptación no es una excusa para la pasividad, o para la tolerancia, o para darte por vencido, sino una razón para la esperanza, una receta para sanar, el origen del cambio.

Incluso si el mundo se derrumba a tu alrededor, dentro, en tu corazón, no tienes porqué ser una víctima, porque recuerdas la luz, la luz que no puede extinguirse a causa del dolor, del hambre, de la tristeza, incluso por la amenaza de la ausencia de luz. Tú recuerdas la luz de la Vida misma, la fuente de tu asombroso poder. Tú eres eso. Y no estás solo. Y tu poder reside en tu conexión con tu aliento, y con tu vientre, y con tus pies, y con la tierra, y con el universo, y con la verdad viviente detrás de todas las concepciones de la verdad. Y continúas caminando, no siempre sabiendo a dónde te conducirá el camino.

Las cosas podrían no sentirse ‘perfectas’ para ti en este momento, amigo, pero eres de infinito valor, y tu futuro no está aún escrito, independientemente de lo que opine la mente.

Y verás estos días en retrospectiva, y sonreirás.

Y si no sonríes, entonces por lo menos, comprenderás.

- Jeff Foster

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Cuando todo se derrumba - Jeff Foster

 

Una relación finaliza inesperadamente, el éxito se convierte en fracaso de un día para otro, muere un ser querido, recibes un diagnóstico inesperado y, de repente, sientes una profunda incertidumbre, que la tierra se hunde bajo tus pies, tienes el sentimiento de que el mundo gira sin control. Nada parece ya real. Es como si tu vida ya no fuera "tu" vida, como si estuvieras en una extraña película impersonal y no supieras hacia dónde ir ni dónde quedarte.

 El futuro, que una vez parecía tan sólido y "real", se encuentra ahora expuesto a la mentira y el cuento de hadas que fue, y tus sueños del "mañana" se convierten en polvo. De todas formas, el "mañana" nunca iba a suceder, no en la forma que habías planeado inconscientemente.

Ahora no hay respuestas satisfactorias, ninguna autoridad para guiarte, ya que nadie puede experimentar tu experiencia por ti y nadie tiene tus respuestas; te sientes profundamente solo en un planeta girando en el espacio vasto e infinito. Te sientes como regresando al útero.

¡Estupendo! ¡Es una magnífica invitación! La vida no se ha equivocado, puesto que la vida no se puede equivocar, ya que todo es vida y la vida es todo. Solo pueden desmoronarse nuestros sueños y planes "sobre" la vida, pero no la vida misma. Esta experiencia presente, esta confusión y duda cósmica, esta angustia, no es contra la vida, esto ES vida, la sagrada vida del momento.

No es la escena "equivocada" en la película, ES la película; por más dura que parezca ahora, una vasta inteligencia está trabajando aquí, una inteligencia que nos hace respirar por la noche, hace latir nuestro corazón, bombeando sangre por todo el cuerpo, curando heridas, cuando "nosotros" ni siquiera estamos ahí para observarla o para que le prestemos atención.

¿Qué sucede cuando, por un momento, dejamos de intentar comprenderlo todo, dejamos de agarrarnos a los viejos sueños y dejamos de compadecernos por su pérdida y nos enfrentamos a la realidad pura y abierta de las cosas tal como son?, ¿qué sucede cuando, por un momento, tomamos realmente el paso radical e inesperado de decir SÍ a la incertidumbre, la duda, la confusión, el dolor, la angustia?, ¿qué sucede cuando afirmamos lo no conocido en lugar de intentar escapar de ello?, ¿qué sucede cuando nos enfrentamos a la desolación en lugar de alejarnos de ella?, ¿qué sucede cuando confiamos en la apertura de las cosas y permitimos que la inteligencia profunda de la vida trabaje con su magia en la desolación?, ¿puede ser correcto, por un momento, no tener las respuestas, no tener los puntos de referencia, no saber ya nada más?, ¿puede ser correcto, por un momento, sentir ESTO, sea la que sea la forma que ESTO toma ahora?

 Y en medio de los escombros, ¿podemos de nuevo respirar y contactar con ese lugar dentro de nosotros, ese lugar muy íntimo y familiar de silencio y presencia profunda?, ¿ese lugar que no necesita conocer ni preocuparse de los sueños y que no quiere ninguna respuesta?, ¿podemos recordar esa quietud que siempre ha sido secretamente nuestro mejor amigo?, ¿podemos relajarnos en esa claridad que nunca nos ha abandonado?, ¿podemos tomar nuestro lugar como esa conciencia que no puede destruirse?

Quizás la inteligencia cósmica no nos ha abandonado y justo en el centro de este desorden aparente de este momento, hay algo que no está involucrado en absoluto en este desorden. Lo podemos llamar amor, o Dios, o consciencia, o simplemente Quienes Somos Realmente, antes de nuestros sueños sobre cómo debería ser la vida, cómo debería ser la apariencia, el sabor, el sonido y el olor de este momento.

 Quizás nuestros sueños existen para que se rompan y nuestros planes existen para que se desmoronen, y nuestros "mañanas" existen para que se disuelvan en hoy, y quizás todo esto es una invitación gigantesca a despertar del sueño de la separación, a despertar del espejismo del control y abrazar de todo corazón aquello que está presente.

Quizás todo sea una llamada a la compasión, a un profundo abrazo de este universo en toda su felicidad y dolor, en toda su dulce y amarga gloria. Quizás nunca tuvimos realmente el control de nuestras vidas y quizás se nos invita constantemente a recordar esto, ya que lo olvidamos constantemente.

Quizás el sufrimiento no es en absoluto el enemigo, y en su núcleo hay una lección en tiempo real y de primera mano que todos debemos aprender, si hemos de ser realmente humanos y realmente divinos.

 Quizás los fracasos siempre contienen progresos. Quizás el sufrimiento es simplemente un derecho de paso, no una prueba o un castigo, no una señal que indica algo en el futuro o el pasado, sino un apuntador directo al misterio mismo de la existencia, aquí y ahora.

Quizás la vida no puede, en absoluto, "equivocarse".

 

Jeff Foster

 

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EL CORAZÓN DE LA MEDITACIÓN - Jeff Foster

A veces me preguntan: “Jeff, ¿tú meditas?”

Y la respuesta es: No, no lo hago.

O, bueno si, medito, dependiendo de cómo definan la meditación.

No tengo una manera formal de practicarla:

no tengo un horario, ni una técnica,

no enciendo inciensos ni tengo fotos de gurúes en la mesa.

 

Nunca me digo a mi mismo: “Ahora estoy meditando”.

Y aun así, a lo largo del día, me encuentro a mí mismo

en un estado de profunda meditación, absorto en la Inmediatez.

¿Qué clase de meditación es esta entonces?

 

Pura fascinación con este momento,

Exactamente como es.

Permitiendo que todo sea.

Inundando la experiencia presente con curiosidad.

 

Sin añadir algo,

Sin quitarle algo tampoco.

Sin objetivo, sin búsqueda, sin agenda,

Sin ningún estado especial que lograr,

Sin ninguna experiencia especial que tener.

 

Pura admiración,

La extraordinaria cotidianeidad de lo que es,

La vida siendo vivida.

Y en última instancia no se trata de algo que estoy haciendo,

Finalmente se trata de quien soy realmente.

 

Esta consciencia abierta, como de un niño,

absorbiendo amablemente cada sonido,

cada cosa que veo, que huelo, cada sensación,

sentimiento… que suavemente empujan hacia el “mundo”,

si, abrazando un mundo como una madre abraza a su pequeño.

 

Yo soy la madre de mi mundo entonces.

Yo soy el espacio que sostiene lo cotidiano.

Yo soy el silencio en el corazón de las cosas.

Yo soy la Capacidad para la alegría y para una gran pena.

 

Nunca necesito buscar una experiencia más “viva”,

más “profunda”, o más “espiritual”,

Ya que este momento es profundamente sagrado…tan hermoso,

Inundado de gracia…

Completo, siempre completo.

 

El vidrio roto de una caseta del autobús,

La mirada de un rostro desconocido,

ocultando y traicionando a la vez eones de dolor y anhelo.

 

El escalofrío en mi mejilla

mientras camino para encontrarme con un amigo.

Antes solía meditar,

Ahora la meditación la llevo en mis huesos.

Ahora yo soy meditación.

La vastedad que abraza un mundo entero.

 

- Jeff Foster

 

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TÚ NO ERES UNA VÍCTIMA. Jeff Foster

 

Nadie puede “hacer” que te sientas enojado, triste o con miedo.

Nadie puede “hacer” que te sientas deficiente, insignificante, menos-que-entero.

Ahora que eres un adulto, por favor no cedas a los demás tu poder, tu responsabilidad, tu sentido de acción y estabilidad.

No conviertas a nadie en tu autoridad. Escucha, pero no renuncies a tu poder.

Tú eres la consciencia misma.

Nadie respira por ti. El corazón de nadie late por ti. Las palabras y actos de los demás podrían liberar sentimientos de dolor, tristeza, vergüenza (o felicidad) en ti, pero sólo se trata de sentimientos que ya se encuentran dentro de ti. No han sido “causados,” sino liberados. Siéntelos plenamente, déjalos fluir a través tuyo; ellos quieren moverse.

Eres inocente; los sentimientos no son castigos, aunque se sientan intensos, incómodos o como una “amenaza” en un principio.

Observa la mente ahora; quiere encontrar a alguien o algo “culpable” de estos sentimientos difíciles, alguien que sea el “malo.” La mente echa a andar inmediatamente la historia de una víctima, y así es como te desconectas de tus sentimientos, de tu respiración, de tu precioso cuerpo y su hogar: del momento presente; buscando causas, castigo, venganza. La mente ataca a los demás, o se da la media vuelta para atacar tu propio núcleo. Nada de eso es necesario; pero permite el impulso, también.

Por ahora, por favor, no abandones tu precioso cuerpo. No te desconectes tratando de saltar por encima de tu propia experiencia. No eres ningún inútil. Mantente enraizado en la respiración. Ofrécele un santuario a cada sentimiento liberado, a esa parte lastimada. Crea un espacio para el que tiene miedo, para el que se siente triste, para el que está decepcionado. Expándete, eres un océano, y deja que las olas de sentimientos vengan.

En este momento tú eres realmente responsable; capaz de responder al sentimiento y a la situación conscientemente y con presencia, en lugar de reaccionar automáticamente, habitualmente, sin consciencia. Desde este lugar de presencia, podrás seguir expresando tu verdad, decir sí o no, pedir lo que quieras, irte, quedarte, compartir tu experiencia o no, todo sin culpa. Pero ahora, nadie estará controlándote y tampoco estarás tratando de controlar a nadie. No hay nadie con quien molestarte y nada de que avergonzarte. Tú no eres una víctima; estás establecido en tu propio poder, en la Tierra.

Tu sentido de autoestima no depende de lo que nadie haga, diga, piense o quiera. No eres ni peor ni mejor que nadie en este planeta; tú eres la misma Vida, tan vivo como cualquiera, conectado con lo que es real.

No eres una víctima porque estás profundamente conectado a ti mismo, dándole la bienvenida a tus pensamientos y sentimientos, honrando tu camino, inclinándote humildemente ante el sitio donde estás parado Ahora.

Poseyendo el suelo, tiernamente. 

Jeff Foster

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TÚ ERES EL AMOR DE TU VIDA

 

No busques amor. No te abandones a ti mismo buscando amor en los demás.

El amor no es un objeto, no puede ser ni dado ni quitado. No puede encontrase o perderse.

El amor no es un sentimiento, un estado, o una experiencia extraordinaria, sino lo-que-eres, la presencia misma.

No confundas el amor con atracción. La atracción viene y va y puede desaparecer con el tiempo. No confundas el amor con tus deseos. Los deseos son impermanentes, transitorios.

No confundas el amor con sentimientos de felicidad, placer, con un sistema nervioso excitado. Los estados pasajeros no pueden durar; no es su naturaleza. Incluso las promesas que hoy parecen tan seguras, y que nacen desde la mejor de las intenciones pueden desvanecerse el día de mañana, o romperse.

El amor, sin embargo, no se desvanece. El amor no puede disminuir con el tiempo. El amor no es una mercancía, una forma de intercambio.

El amor es un campo, un campo dentro y fuera de nosotros, un campo donde los pensamientos, los sentimientos, incluso los más aparentemente sólidos planes para el futuro pueden aparecer y desaparecer.

El amor incluye tanto la esperanza como la pérdida, el entusiasmo como el aburrimiento, la terrible decepción como la felicidad.

El amor es el campo para las formas cambiantes, el suelo que nos sostiene mientras caminamos, nos sentamos, hablamos o no; mientras sentimos lo que sentimos en presencia de los demás, mientras abordamos nuestros asuntos de este día, mientras planeamos, comemos; mientras sentimos esperanza, decimos adiós y tratamos de amar.

El amor es mucho más grande que nosotros. No lo generamos con palabras y hechos, o incluso con intenciones, sino que somos continuamente abrazados por él, acogidos en su inmensidad, sin importar lo que hagamos o dejemos de hacer.

Nos casamos, nos divorciamos; somos amigos, somos amantes; nos separamos, sufrimos juntos; nacemos, morimos; y el campo permanece imperturbable.

Nadie nos ha dado amor; esa es la más grande ilusión.

Simplemente hemos recordado el campo a través de la presencia del otro, a veces hemos reconocido la eternidad en medio de lo cotidiano para después atribuirle el hecho a alguien más. El amor nunca vino de fuera; lo que pasó es que simplemente acariciamos nuestra propia presencia, nos rendimos al amor que ya somos.

Y nadie nunca nos ha retirado el amor; simplemente olvidamos el campo, y ‘culpamos’ a los demás, y buscamos de nuevo el amor, sintiendo su ausencia, perdiéndonos en el relato de un ‘amor perdido.’

Sin embargo, el amor siempre estuvo allí, incluso en su aparente ausencia; estaba presente, incluso en la pérdida.

El amor no puede ser aplastado; una ola no es capaz nunca de aplastar al Océano.

No busques amor, no busques la luz. Sé eso, ofrécelo.

La alegría de amar es infinitamente mayor que la alegría de aferrarte temerosamente al amor de otro, porque muy en el fondo sabes que es una ilusión que aquello que siempre has anhelado pueda venir de fuera de ti.

Tú eres el Amor de tu Vida; tú siempre has sido el Indicado, el Uno.

La búsqueda termina exactamente donde comenzó: en la presencia.

Te das cuenta que eres el amor mismo, y esto lo cambia todo; el amor es tuyo, por siempre… incluso cuando no lo es.

Jeff Foster

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NUEVO AMANECER EN LA ESPIRITUALIDAD- Jeff Foster

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Está amaneciendo una nueva era en la espiritualidad, amigos.

Estamos ahora siendo testigos del surgimiento de una espiritualidad radicalmente inclusiva y accesible, libre de dogmas, de ideologías y de la creencia ciega sobre el pasado; una espiritualidad en la que nada ni nadie - incluyendo a los mismos maestros - puede escapar de la amorosa luz de una despiadada investigación y asombrosa transparencia, en la que nadie puede afirmar que tiene la verdad absoluta o algún tipo de conocimiento privilegiado.

La equidad, la profunda amistad, la honestidad, la humanidad, la humildad y la integridad son las nuevas diosas aquí.

Todos estamos en el mismo viaje. Sin excepciones.

Esa espiritualidad del pasado que niega el cuerpo, que practica el frío desapego, la desconexión, que niega la vida y que a menudo resulta una espiritualidad arrogante; la espiritualidad del "yo sí sé y tú no", la espiritualidad del "yo sí estoy despierto y tú no", la espiritualidad del "yo no tengo ya ningún ego, pero tú sí", la espiritualidad que dice "mi enseñanza es mejor que la tuya", la que afirma "he trascendido mis emociones humanas" está muerta y muriendo, y la cegadora magnificencia de la vida ordinaria está brillando a través de todo esto. El fundamentalismo, de cualquier tipo, finalmente colapsa bajo su propio peso.

Todos somos iguales ante los ojos del Amado, olas únicas en su vasto océano.

Y así, aquí es donde finalmente nos encontramos, maestro y no-maestro como iguales, gurú y discípulo como Uno; entre los incondicionalmente amorosos escombros de este momento presente.

Aquí, todos somos maestros, y aquí, nadie sabe absolutamente nada.

Todos somos recién nacidos ante la vida; llenos de asombro, de gratitud, de fascinación, abiertos a lo que es.

No hay gurús, ni linajes, ni nada que tenga una importancia 'especial.'

No hay ningún obstáculo para la gracia.

Bienvenidos a este nuevo amanecer, amigos míos.

- Jeff Foster

 

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ESCUCHA DESDE EL SILENCIO- Jeff Foster

Estate presente. Sé aquí.

Siente tus pies en el suelo,

tu vientre subir y bajar.

Sé abierto y receptivo

a toda la vida que hay a tu alrededor:

A los sonidos, a los olores, a los sabores,

A los sentimientos surgiendo inesperadamente,

Un hormigueo en la barriga,

Una contracción en la garganta,

A la pesadez en la cabeza,

Una vieja tristeza que viene a visitarte,

Mantente curioso mientras el momento danza.

 

Escucha. Escucha con todo el cuerpo.

Escúchate a ti mismo. Escucha a la otra persona.

Escucha el silencio que hay entre cada frase.

Deja que el silencio se prolongue un poco más.

No hay ninguna prisa. No hay ningún momento “mejor” que alcanzar.

 

El silencio no siempre necesita ser llenado.

Anda un poco más desnudo. Un poco más despacio.

Sabe un poco menos lo que estás a punto de decir.

Estate un poco menos preparado, más abierto al desorden,

un poco más dispuesto a exponer tu vulnerable corazón.

Sorpréndete ante tus propias respuestas.

No te anestesies con las mismas historias de siempre.

Tropieza si es necesario. Está bien. Estás a salvo.

Permite que tus palabras surjan desde el silencio y a él regresen.

 

Observa si estás hablando sólo para evitar el silencio.

Observa si estás regurgitando una historia que has contado en el pasado.

Observa si es que estás tratando de impresionar, o ganarte el amor de alguien,

O si estás evitando ser visto como realmente eres.

 

Amigo/a, en el silencio entramos realmente en comunión.

La auténtica comprensión está más allá de la mente.

El amor es silencioso, no necesita palabras.

Escucha el silencio, es volcánico.

 

- Jeff Foster

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UNA ORACION PARA LOS VIVOS-JEFF FOSTER

 

Deshaz en mí todo aquello que necesite ser deshecho.

Corrige mi esperanza de ser enmendado.

Úsame. Saca de mí cada ápice de creatividad. Ayúdame a Vivir una Vida radicalmente extraordinaria, forjando siempre un camino jamás antes transitado en el bosque.

Enséñame cómo Amar con más profundidad, como nunca antes creí que fuera posible.

Cualquier cosa de la que siga huyendo, muestramela con absoluta evidencia.

En cualquier cosa con la que siga en conflicto, ayúdame a suavizarme en ella, a relajarme en ella, a abrazarla completamente.

En donde mi Corazón continúe cerrado, muéstrame una forma de abrirlo sin recurrir a la violencia.

A todo aquello a lo que me siga aferrando, ayúdame a dejarlo ir.

Regálame desafíos, luchas y obstáculos aparentemente insuperables, si crees que eso me ayude a tener una más profunda humildad y confianza en la inteligencia de la Vida.

Ayúdame a reírme de mi propia seriedad.

Permíteme encontrar el humor en los lugares más oscuros.

Muéstrame un profundo sentido de descanso en medio de cada tormenta.

No me libres de la Verdad. Nunca.

Deja que la gratitud sea mi guía.

Deja que el perdón sea mi mantra.

Deja que este momento sea mi eterna compañía.

Permíteme ver tu rostro en cada rostro.

Permíteme sentir tu cálida presencia en mi propia presencia.

Sosténme cuando tropiece.

Respírame cuando yo no pueda respirar.

Permíteme morir viviendo, no vivir muriendo.

Amén.

 

Una Oración para los Vivos

 

Jeff Foster.

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¿Por qué Sufrimos?- Jeff Foster

 


                 He sido, la mayor parte de mi vida, un pequeño yo triste  y solitario, una ola deprimida en el océano cósmico de la vida. Me sentía totalmente separado de ese océano, y vivía en lucha constante conmigo mismo y con los demás, sin disfrutar jamás de un solo momento de descanso. Pasé muchos años intentando desesperadamente encajar, triunfar, conectarme con los demás, encontrar amor, descubrir mi sitio en el mundo, pero, a pesar de todos mis esfuerzos, caí en una depresión cada vez más profunda. Culpaba a todo y a todos de cómo me sentía: a mis genes, la química de mi cerebro, la educación que recibí, mis padres, mis amigos, mi jefe, la crueldad de la vida, nuestra sociedad obsesionada con el dinero, los medios de comunicación, los carnívoros, los políticos, las corporaciones, los «malhechores»... Mi desdicha nada tenía que ver conmigo, o eso creía yo. Era la única respuesta posible a una vida que se había vuelto contra mí. La vida era cruel, era injusta, era hostil; la vida me había maldecido. La culpaba de mi desdicha, y sentía que tenía perfecto derecho a hacerlo. «Si hubieras pasado por lo que yo he pasado, ¡tú también te sentirías como yo!»: así es como me gustaba justificar mi desdicha ante los demás.

                La vida no había estado a la altura de mis expectativas, la gente me había defraudado y, por más que lo intentara, no tenía ningún control sobre el rumbo que mi existencia había tomado. A consecuencia de todo ello, acabé postrado en cama, sin energía para levantarme, asqueado, con un sentimiento de opresión y ganas de morir, sin fuerzas ni ánimo para hacer frente al día que se presentaba. ¿Qué sentido tenía salir de la cama? Detrás de la puerta de mi habitación, lo único que me esperaba era más desdicha. Sabía lo que era la vida, y quería eludirla a cualquier precio. La vida era dolor, y yo no quería sentir dolor.

                ¿Cómo había terminado así? En pocas palabras, a lo largo de los años había forjado muchas ideas sobre cómo debía ser la vida. Había recopilado muchas creencias acerca de la realidad, muchas teorías sobre la manera en que realmente funcionaban las cosas, muchos conceptos sobre lo que debía y no debía suceder en el mundo. Había llegado a infinidad de conclusiones sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal, sobre lo que era bueno y era lo malo, lo que era normal y anormal, apropiado e inapropiado.

Y tenía muchas imágenes de mí mismo que había intentado sostener en pie, muchas exigencias sobre cómo quería que los demás me vieran y cómo quería verme a mí mismo.

                Deseaba ver y que los demás vieran en mí a un triunfador, a un hombre atractivo, inteligente, generoso, bueno, compasivo y virtuoso. Pero la vida se interponía continuamente en mi camino impidiendo que se cumplieran mis deseos; la vida, sencillamente, no me dejaba ser quien yo quería ser. La vida no me entendía. Nadie captaba quién era yo. ¡Nadie me entendería jamás! El hecho de ver frustradas mis expectativas de la vida y de juzgarme, además, a mí mismo continuamente me acarreaba dolor, y yo detestaba el dolor y no quería tener que soportarlo ni un minuto más.

                A pesar de todo, alrededor de los veinticinco años, tras una serie de percepciones muy lúcidas, empecé a entender con claridad que, en el nivel más básico, la depresión que sufría era en realidad la experiencia de mi profunda resistencia a la vida. No es que experimentara algo ajeno a mí llamado depresión. No es que algo llamado depresión me estuviera sucediendo. Lo que experimentaba era mi propia guerra interior con la manera de ser de las cosas, y, en la raíz de esa guerra, estaba mi propia ignorancia de quién era realmente. Había dejado de ver la completud de la vida; había olvidado cuál era mi verdadera naturaleza, e, indignado, me había lanzado a combatir la experiencia presente. Incapaz de darme cuenta de quién era en realidad, e identificándome por tanto como un «yo» separado, había entrado en guerra con el momento presente.

                La depresión estaba enteramente relacionada con mi forma de ver el mundo: con los juicios que hacía de él, las creencias que tenía de él, las exigencias que albergaba sobre cómo debería ser este momento. Por debajo de aquella tentativa de controlar la vida con el pensamiento, estaba el miedo a los desafíos, a las pérdidas y, en última instancia, a la muerte. La resistencia que le oponía a la vida me llevó a una depresión extrema, suicida..., pero todos estamos desconectados de la integridad en mayor o menor medida, y el grado en que nos desconectamos de la integridad es el grado en que sufrimos. Yo me había desconectado de la vida totalmente, y el sufrimiento se hizo insoportable. Me había convertido en un cadáver andante, pero no era la vida la culpable de ello; inocentemente, lo había hecho yo, en mi porfiada búsqueda de una integridad futura que nunca iba a llegar.

                En la raíz de la depresión estaba el sentimiento de que yo era una persona separada..., un yo individual, una entidad desvinculada de la vida en sí y apartada de este momento. Y aquel yo individual tenía que encontrar la manera de mantener, sostener y sustentar algo llamado «mi vida»..., de orquestarlo, de hacer que tomara la dirección en la que yo quería que fuera, de tener control sobre ello. Eso es lo que me habían enseñado desde muy niño, y eso es lo que el mundo me había estado gritando: se esperaba de mí que tomara las riendas de mi vida, que supiera lo que quería y friera capaz de lanzarme a conseguirlo. Los demás parecían saber todos dónde estaban, qué hacían, adonde iban, y yo, en cambio, era incapaz de sostener en pie el relato de mi vida sin que me cayera encima y me aplastara. La depresión fue la experiencia de no ser capaz de mantener mi vida en pie y de sentir, como consecuencia, que mi vida, literalmente, me deprimía.

                En la actualidad, veo que a todos nos «deprime» (del latín premere, «presionar», y de, «hacia abajo») el peso de nuestras vidas, el peso de nuestra historia y de nuestros futuros imaginados. En este sentido, puede decirse que ¡todos estamos deprimidos en mayor o menor medida!, pese a que solo cuando el peso se vuelve prácticamente imposible de acarrear nos atribuyamos el calificativo de «deprimidos» y nos separemos de nosotros mismos y de los demás. Aunque no todos suframos de depresión clínica, todos vamos por ahí cargados con un relato de nosotros mismos que hemos ido elaborando, intentando hacer que nuestra vida vaya por donde queremos que vaya. Y, en uno u otro nivel, todos fracasamos en esa tentativa de ser quienes no somos.

                Mi sufrimiento tomó forma de depresión, angustia existencial, timidez enfermiza y total falta de intimidad en mis relaciones. Pero todos sufrimos a nuestra manera; ahora bien, o vemos en el sufrimiento un estado terrible que se ha de evitar a toda costa o lo vemos por lo que realmente es: una señal muy clara que nos indica el camino de vuelta a casa.

                En medio de la depresión extrema, brilló de pronto otra posibilidad: quizá mi fracaso al intentar sostener mi vida no fuera en realidad una enfermedad, una perturbación mental ni una señal de debilidad o de disfunción. Quizá, de entrada, aquella no fuera mi vida, la vida que debía sostener en pie, y yo no fuera quien pensaba que era. Quizá la verdadera libertad no tuviera nada que ver con ser una ola mejor dentro del océano, con perfeccionar el relato de mí mismo que me contaba. Quizá la libertad tenía que ver sola y exclusivamente con despertar del sueño en el que somos olas separadas, y con abrazar todo lo que aparece en el océano de la experiencia presente. Quizá ese fuera mi trabajo, mi verdadera vocación en la vida: aceptar profundamente la experiencia presente, desprenderme de todas las ideas sobre cómo debería ser este momento, en vez de empeñarme en sostener una falsa imagen de mí mismo.

                Empecé a perder interés en fingir que era lo que no era. Empecé a perder interés en oponer resistencia al momento presente. Empecé a enamorarme de la experiencia presente. Descubrí la profunda aceptación inherente a cada pensamiento, a cada sensación, a cada sentimiento, y el sufrimiento comenzó a caer en picada. Me di cuenta de que no era un ser defectuoso ni nunca lo había sido, y de que esto era igualmente aplicable a todos los demás seres humanos del planeta.

                El sufrimiento humano puede parecer tan insondable, incontrolable, impenetrable..., un problema demasiado descomunal para poder remediarlo. A veces parece tan sin sentido, tan inexplicable o tan fortuito y repentino que lo único que uno puede decir es: «¿Qué me pasa? ¿Qué es lo que estoy haciendo mal?», «¡Debe de ser por mí, por mi forma de ser!», «Será que es mi sino sufrir así», «Seguro que es la genética, o algún desequilibrio químico del cerebro».

                Yo no creo que haya nadie fundamentalmente incapacitado para la vida, que nadie tenga que sufrir, que haya ninguna desdicha predestinada o inherente a nosotros en modo alguno.

                Lo que sí veo es que mucha gente busca, intentando escapar de lo que piensan y sienten en el momento. Oponen una resistencia férrea a la experiencia presente, pero no se dan cuenta de que es eso lo que hacen, y tienen así la sensación de que el sufrimiento les invade, casi como si les llegara del exterior y fueran víctimas de él. Si se dieran cuenta de la magnitud de su resistencia al momento, no tendrían que seguir recurriendo a todo tipo de extrañas teorías para explicar o justificar su sufrimiento. Dejarían de culpar de su sufrimiento a la vida, dejarían de culparse a sí mismos, a los demás o a las circunstancias; dejarían de culpar a la alineación de los planetas o de las estrellas, a las fuerzas electromagnéticas o las energías cósmicas, a su karma, a su gurú, a Dios o al diablo, y serían responsables en el auténtico sentido de la palabra: capaces de responder a la vida tal como es en este mismo instante, y no a la vida como imaginan que es o que debería ser.

                Todo mi sufrimiento resultó ser un regalo, no una maldición. La depresión apareció para hacerme ver —de la manera más dramática que cabe— hasta qué punto me había desconectado de la vida. Visto así, el sufrimiento siempre es una señal que nos indica el camino de vuelta a la integridad.

                Con frecuencia, solo cuando empezamos a sufrir comenzamos a escuchar a la vida. Así que, de algún modo, a todos se nos provee de la cantidad de sufrimiento exacta que necesitamos para reconocer quiénes somos realmente.

                Cada ola es una expresión única del océano, y cada ola sufrirá de una manera distinta. Tu sufrimiento es tu imitación sin par a que retornes al océano.

                Mi depresión apuntaba directamente al despertar espiritual. Mi depresión indicaba el camino de vuelta a quien soy realmente, que está siempre en profundo reposo; era una invitación a soltar la carga de mi pesado relato sobre el pasado y el futuro, y a descansar profundamente en la experiencia presente; era una invitación a despertar del sueño de la separación. Solo que tardé cierto tiempo en aceptarla.

                Comprender que nada exterior a nosotros provoca en realidad nuestro sufrimiento es la clave de una increíble libertad.

Las circunstancias nunca pueden ser realmente la causa de nuestro sufrimiento; es siempre la respuesta que damos a las circunstancias la que nos hace sufrir.

Sufrimos solo cuando buscamos la forma de escapar de ciertos aspectos de nuestra experiencia presente y, al hacerlo, nos separamos de la vida y entramos en guerra con nosotros mismos y con los demás —a veces de manera obvia y a veces de manera muy sutil—.

Nuestro sufrimiento tiene sus raíces en la negativa a sentir lo que sentimos, a experimentar lo que experimentamos ahora mismo.

El sufrimiento es inherente a nuestra guerra con la vida tal como es, inherente a la ceguera que nos impide ver que todo lo que sucede en el momento está siempre aceptado, en el sentido más profundo.

 

Jeff Foster

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LOS INESPERADOS REGALOS DEL DOLOR - Jeff Foster

 

"¿Qué hay de malo en mi? ¿Por qué mi dolor no se ha ido aún?"

A veces, cuando estás tratando de sanar tu dolor, o perdonarlo, o liberarlo, o incluso 'aceptarlo,' lo que en secreto estás tratando de hacer es deshacerte de él. En eso hay resistencia; violencia, incluso. No quieres que este momento sea como es. Este momento se ha convertido en tu enemigo. Quisieras ser alguien más o estar en otro lugar.

Te has dividido en dos: yo Vs. mi dolor. El dolor es visto como un terrorista dentro del cuerpo, un obstáculo para la paz, un gran error cósmico. Sientes como si tu organismo estuviera en tu contra, que has fallado, que el sanar está lejos, que eres una víctima, una causa perdida. El dolor es a menudo asociado con sentimientos de fracaso, abandono y desesperación.

Pero el sanar nunca está lejos, amigo, y tú no estás perdido. Y entiende esto: el sanar no necesariamente implica la desaparición de los síntomas. ¡No! Sanar podría implicar la permanencia del dolor, en este momento. Tal vez, incluso, su intensificación.

No estás lejos de sanarte. Verás, el sanar no es un destino final, sino una invitación siempre presente a recordar lo que realmente eres. Es una invitación al amor, en cada momento de nuestras vidas.

En el amor, el dolor no es atacado, sino acogido en su propio hogar. Tú no estás contenido 'en' el dolor, el dolor está 'en' ti; acogido en tu inmenso corazón. Es aceptado, incluso honrado por lo que es: una poderosa expresión de la vida misma, sin importar lo indeseable o inesperado, lo intensa o incómodo que resulte. No está fundamentalmente en tu contra, más bien se trata de una parte asustada, dentro de ti mismo, que quiere desesperadamente ser amada, incluida. No se trata de una amenaza, sino quizás, de tu más grande maestro, de tu más poderoso llamado a tu Presencia, a la vida misma.

Este es un amor firme, sin duda. Una invitación muy antigua a soltar todos los sueños con respecto a cómo debía lucir este día, y honrar la forma en como se ha presentado. Una invitación a ser inmenso, lo suficientemente inmenso como para recibir a la alegría y al dolor, a la decepción y a la alegría, al aburrimiento y a lo divertido de la vida. Y tal vez una invitación a la gratitud, por la vida que has llevado, por cada precioso aliento, por el alimento que se te ha dado, por la capacidad de amar, de perdonar, de conectarte, por ser capaz de encontrar el descanso, incluso en los momentos más oscuros.

Quizás tu dolor contiene tu propia medicina, las tan necesitadas enseñanzas de serenidad, Presencia, y de no dar nada por sentado. No te apresures a etiquetarlo como algo 'negativo' y a buscar su trascendencia u obliteración. Aquí hay una invitación para ser un poco más amable con él, sin importar lo cegadora que resulte su apariencia. No galopes hacia su aniquilación, más bien ve un poco más despacio, sé curioso, siente su fuego, su dignidad está en su ferocidad.

Tu dolor podría desaparecer mañana. Eso es posible, aunque la intención no es aferrarnos a la esperanza. Estamos interesados sólo en la verdad, ahora; el dolor exige la verdad. Así que por hoy, honremos nuestro dolor, por el tiempo que permanezca aquí.

La Presencia es la medicina más poderosa, independientemente de la medicina que estemos tomando o no a la hora de buscar algún tipo de comodidad física. En Presencia, dejamos de ser las víctimas, porque nos hemos alineado con 'lo que es', nos hemos puesto del lado de la vida. Y de eso se trata la verdadera sanación.

De aceptar el Ahora.

Amigo, tu dolor podría ser solamente el reflejo de cómo se siente sanar. No se supone que deba desaparecer en este momento.

- Jeff Foster

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